AUTORES
- Alexandra Lona Calomarde. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Claudia Plana Pérez. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Ana María Sánchez Oliván. Hospital Universitario San Jorge. Huesca. España.
- Alba Rodríguez Lanao. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Carlota Aguareles Barón. CRP Santo Cristo de los Milagros. Huesca. España.
- Larissa Neres Souza. Hospital Universitario Santa Bárbara. Soria. España.
- Mª Ángeles Borrás Mandrión. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. España.
RESUMEN
Introducción: La menopausia es una etapa fisiológica de la vida que marca el final de la función reproductiva y puede acompañarse de cambios vasomotores, genitourinarios, psicológicos, sexuales y sociales que afectan de forma variable a la calidad de vida. En este contexto, enfermería puede contribuir mediante la valoración integral, la educación sanitaria, la promoción del autocuidado, el acompañamiento y la coordinación de los cuidados.
Objetivo: Analizar la evidencia científica disponible sobre el papel de la enfermería en la atención integral de las mujeres durante la transición menopáusica e identificar intervenciones orientadas a mejorar su salud y calidad de vida.
Metodología: Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica consultada en PubMed/MEDLINE, CINAHL, Scopus, Web of Science y SciELO. Se consideraron publicaciones relacionadas con atención, educación sanitaria, autocuidado y calidad de vida durante la menopausia, con especial atención a intervenciones enfermeras y multidisciplinares.
Resultados: La literatura revisada sugiere que las intervenciones educativas, el apoyo centrado en la persona, las estrategias de promoción de estilos de vida y determinadas intervenciones enfermeras pueden mejorar el conocimiento, favorecer el autocuidado y contribuir a la calidad de vida. Los estudios específicos de enfermería y matronas muestran resultados favorables, aunque existe heterogeneidad en las intervenciones y variables de resultado.
Conclusiones: Enfermería puede desempeñar un papel relevante en la atención integral de la mujer durante la menopausia mediante la valoración individualizada, la educación para la salud, la promoción de hábitos saludables, el seguimiento y la coordinación interdisciplinar. Se recomienda desarrollar programas estructurados en atención primaria y reforzar la formación específica de los profesionales.
PALABRAS CLAVE
Menopausia, atención de enfermería, educación en salud, atención primaria de salud, calidad de vida.
ABSTRACT
Introduction: Menopause is a physiological life stage marking the end of reproductive function and may be accompanied by vasomotor, genitourinary, psychological, sexual, and social changes that variably affect quality of life. Nursing can contribute through comprehensive assessment, health education, self-care promotion, support, and care coordination.
Objective: To analyze the available scientific evidence on the role of nursing in the comprehensive care of women during the menopausal transition and to identify interventions aimed at improving health and quality of life.
Methodology: A narrative literature review was conducted using scientific publications identified in PubMed/MEDLINE, CINAHL, Scopus, Web of Science, and SciELO. Publications addressing care, health education, self-care, and quality of life during menopause were considered, with particular attention to nursing and multidisciplinary interventions.
Results: The reviewed literature suggests that educational interventions, person-centred support, healthy lifestyle strategies, and selected nursing interventions may improve knowledge, support self-care, and contribute to quality of life. Nursing- and midwife-specific studies report favorable outcomes, although substantial heterogeneity exists across interventions and outcome measures.
Conclusions: Nursing can play an important role in comprehensive menopausal care through individualized assessment, health education, healthy lifestyle promotion, follow-up, and interdisciplinary coordination. Structured primary care programs and specific professional training should be strengthened.
KEY WORDS
Menopause, nursing care, health education, primary health care, quality of life.
INTRODUCCIÓN
La menopausia se define como el cese permanente de la menstruación durante al menos 12 meses consecutivos, consecuencia de la disminución de la producción de estrógenos. Este proceso fisiológico no se considera una patología, aunque conlleva múltiples cambios sistémicos que pueden afectar de manera significativa a la calidad de vida de las mujeres. La edad media de aparición se sitúa en torno a los 51 años.
A medida que las mujeres envejecen, sus folículos ováricos disminuyen en número. Se produce una disminución de las células de la granulosa del ovario, que eran las principales productoras de estradiol e inhibina. Como consecuencia de la falta de inhibición por parte del estrógeno y la inhibina sobre las gonadotropinas, aumenta la producción de la hormona foliculoestimulante (FSH) y de la hormona luteinizante (LH). La disminución de los niveles de estrógenos altera el eje hipotálamo-hipófisis-ovario. Como resultado, se produce un fallo en el desarrollo endometrial, lo que provoca ciclos menstruales irregulares hasta el cese definitivo.
Si bien los síntomas vasomotores, como los sofocos, son los más frecuentes, la menopausia tiene un impacto multisistémico que incluye alteraciones urogenitales, psicológicas y cardiovasculares. Además, el aumento de la esperanza de vida implica que las mujeres puedan pasar hasta un tercio de su vida en etapa posmenopáusica, lo que refuerza la importancia de un abordaje integral desde los cuidados de salud.
Además de sus implicaciones biológicas, la menopausia puede tener un impacto relevante en la esfera funcional, sexual y social, especialmente cuando los síntomas son intensos y persistentes. Por ello, su abordaje requiere una valoración más completa que contemple no sólo la sintomatología, sino también el contexto psicosocial y las necesidades individuales de cada paciente. En este escenario, la enfermería desempeña un papel esencial en la detección precoz de síntomas, la educación para la salud y el acompañamiento durante esta etapa de transición, contribuyendo a mejorar la calidad de vida y a favorecer un envejecimiento saludable.
OBJETIVO
- Sintetizar la evidencia científica disponible sobre el papel de la enfermería en la atención integral de la mujer durante la menopausia. Con el propósito de identificar intervenciones efectivas orientadas a la mejora de la calidad de vida y el bienestar biopsicosocial.
- Describir los cambios fisiológicos y clínicos asociados a la menopausia y su repercusión en la salud integral de la mujer.
- Identificar las necesidades de cuidado en mujeres menopáusicas centrado en la persona.
- Analizar las intervenciones enfermeras basadas en la evidencia para el manejo de síntomas asociados a la menopausia.
- Evaluar el rol de la enfermería en la educación para la salud, especialmente en la promoción de estilos de vida saludables durante esta etapa.
- Examinar la coordinación interdisciplinar en la atención de la mujer menopáusica y el papel de enfermería dentro del equipo de salud.
- Proponer recomendaciones para la práctica enfermera basadas en la evidencia científica disponible.
MATERIAL Y MÉTODO
Se realizó una revisión narrativa de la literatura con el objetivo de analizar el papel de la enfermería en la atención integral de la mujer durante la menopausia, con especial interés en las intervenciones educativas, preventivas, de promoción del autocuidado y de seguimiento en atención primaria. La búsqueda bibliográfica se efectuó en PubMed/MEDLINE, CINAHL, Scopus, Web of Science y SciELO mediante la combinación de términos relacionados con «menopause», «nursing», «nursing care», «health education», «primary health care», «quality of life» y «lifestyle», utilizando los operadores booleanos AND y OR. Se priorizaron publicaciones en español e inglés relacionadas directamente con la atención sanitaria de mujeres durante la transición menopáusica y con intervenciones educativas o de cuidados, así como documentos de organismos sanitarios de referencia. Se excluyeron publicaciones duplicadas, trabajos sin relación directa con el objetivo del estudio, estudios centrados exclusivamente en patologías concretas no vinculadas al abordaje integral de la menopausia y documentos sin información suficiente sobre la intervención o los resultados. Tras el proceso de selección para la síntesis narrativa final se incluyeron 9 fuentes: 7 artículos científicos publicados entre 2020 y 2026 y 2 documentos de referencia clínica (Organización Mundial de la Salud y National Institute for Health and Care Excellence). Entre los artículos científicos se incluyeron 4 estudios de intervención, 2 revisiones de la literatura y 1 ensayo clínico de intervención educativa dirigido por matronas. La síntesis se realizó de forma cualitativa, agrupando los hallazgos en las siguientes categorías: educación sanitaria, promoción de estilos de vida y autocuidado, calidad de vida, atención primaria y seguimiento enfermero. Debido al carácter narrativo de la revisión, no se realizó metaanálisis ni evaluación formal del riesgo de sesgo y no se aplicó un diagrama PRISMA.
La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo en bases de datos electrónicas: PubMed/MEDLINE, CINAHL, Scopus, Web of Science y SciELO.
Criterios de inclusión:
Estudios publicados en español o inglés.
Publicaciones realizadas entre enero de 2020 y junio de 2026, con el objetivo de priorizar evidencia científica reciente.
Estudios realizados en mujeres durante la transición menopáusica o etapa posmenopáusica.
Investigaciones relacionadas con la atención sanitaria, educación para la salud, promoción del autocuidado, modificación de estilos de vida, calidad de vida o seguimiento de las mujeres durante la menopausia.
Estudios que incluyeran intervenciones enfermeras, intervenciones desarrolladas en atención primaria o intervenciones multidisciplinares en las que la enfermería o profesionales vinculados a la atención de la salud de la mujer tuvieran un papel relevante.
Revisiones de la literatura y documentos de organismos sanitarios de referencia que aporten recomendaciones relevantes para la práctica clínica.
Criterios de exclusión:
Estudios publicados en idiomas diferentes del español o inglés; (b) publicaciones anteriores a enero de 2020, salvo documentos de referencia clínica considerados necesarios por su relevancia.
Estudios centrados exclusivamente en patologías específicas no relacionadas con el abordaje integral de la menopausia.
Investigaciones realizadas exclusivamente en población masculina.
Estudios que no aborden aspectos relacionados con la atención, educación, autocuidado, calidad de vida o seguimiento de la mujer durante la menopausia.
Publicaciones duplicadas; (g) cartas al editor, opiniones, comentarios, resúmenes de congresos y documentos sin resultados o información suficiente para su valoración.
Estudios cuyo contenido no permitiera establecer una relación clara con el objetivo de la presente revisión.
RESULTADOS
La literatura revisada indica que la atención durante la transición menopáusica debe orientarse a una valoración integral e individualizada. La Organización Mundial de la Salud reconoce que la transición puede afectar al bienestar físico, emocional, mental y social, mientras que las recomendaciones clínicas actuales destacan la necesidad de adaptar la atención a los síntomas, preferencias y circunstancias de cada mujer1,2.
En conjunto, los resultados sugieren que la enfermería puede aportar valor especialmente en educación sanitaria, promoción del autocuidado, modificación de hábitos y seguimiento continuado. Sin embargo, la heterogeneidad metodológica, la diversidad de intervenciones y la limitada cantidad de estudios específicamente centrados en enfermería impiden establecer una única estrategia enfermera como estándar de atención.
DISCUSIÓN
Finalmente, los resultados deben interpretarse teniendo en cuenta que el presente trabajo es una revisión narrativa y no una revisión sistemática. Por tanto, la síntesis no permite estimar el tamaño global del efecto de las intervenciones ni establecer una jerarquía definitiva entre ellas. Aun así, la coincidencia entre los estudios de intervención y las revisiones recientes proporciona una base razonable para defender la incorporación de la educación sanitaria, el apoyo individualizado y el seguimiento enfermero dentro de una atención multidisciplinar de la menopausia³,⁹. La principal implicación para la práctica es avanzar desde una atención centrada exclusivamente en la presencia de síntomas hacia un modelo de acompañamiento continuado, basado en la evidencia y orientado a las necesidades y preferencias de cada mujer.
A partir de estos hallazgos, para la práctica asistencial sería razonable plantear programas de atención enfermera que incluyan una valoración inicial de síntomas y necesidades, educación sobre la transición menopáusica, promoción de actividad física y hábitos saludables, orientación sobre salud sexual y genitourinaria, identificación de problemas emocionales o del sueño, establecimiento de objetivos individualizados y seguimiento posterior. La estructura concreta debería adaptarse a los recursos de cada centro y a las competencias de los profesionales. Además, los futuros estudios deberían describir con mayor precisión las intervenciones, utilizar muestras más amplias, incorporar periodos de seguimiento prolongados y comparar diferentes modelos de atención para determinar qué componentes producen mayores beneficios.
En conjunto, los estudios analizados permiten sostener que la enfermería puede desempeñar un papel relevante en la atención integral de la mujer durante la menopausia, especialmente mediante intervenciones educativas estructuradas, promoción del autocuidado, entrevista motivacional, apoyo centrado en la persona y seguimiento continuado. La consistencia de los resultados entre estudios diferentes resulta alentadora, aunque la heterogeneidad metodológica obliga a evitar conclusiones excesivamente categóricas. La principal aportación de la evidencia no parece ser demostrar que una determinada técnica enfermera sea superior a las demás, sino mostrar que los cuidados planificados, individualizados y continuados pueden contribuir a mejorar conocimientos, conductas relacionadas con la salud y diferentes dimensiones de la calidad de vida.
También debe considerarse que los resultados positivos sobre calidad de vida no implican necesariamente que todos los síntomas de la menopausia desaparezcan ni que las intervenciones educativas sean suficientes para todas las mujeres. La guía NICE recomienda valorar individualmente los síntomas y discutir las opciones de tratamiento disponibles, incluyendo tratamiento hormonal para síntomas vasomotores cuando esté indicado y otras alternativas según las características de cada persona.² En este sentido, la función de enfermería debe centrarse en la valoración, educación, apoyo, seguimiento y coordinación, respetando las competencias profesionales y evitando sustituir la valoración clínica o la prescripción de otros profesionales.
Sin embargo, la evidencia revisada también presenta limitaciones que deben tenerse en cuenta. En primer lugar, existe heterogeneidad considerable en las intervenciones, duración, instrumentos de evaluación y características de las participantes. La revisión de McFeeters et al.⁷ puso de manifiesto precisamente la dificultad para reproducir los programas debido a la descripción insuficiente de sus componentes. En segundo lugar, algunos estudios presentan muestras relativamente pequeñas, como el de Rathnayake et al.³ con 72 participantes y el de Öztürk Eyimaya y Tezel⁵ con 64 mujeres. En tercer lugar, no todos los estudios analizados son exclusivamente de enfermería: algunos son multidisciplinares, de atención primaria o dirigidos por matronas. Por ello, no sería metodológicamente correcto atribuir todos los efectos observados exclusivamente a la intervención enfermera.
Desde la perspectiva de atención primaria, los resultados de Rindner et al.⁶ son especialmente aplicables, ya que la intervención se desarrolló en este nivel asistencial y mostró beneficios mantenidos en determinados resultados. La continuidad asistencial propia de atención primaria facilita que enfermería pueda realizar una valoración inicial, establecer objetivos, proporcionar educación, reforzar la adherencia y reevaluar los resultados. Este seguimiento también permite detectar cambios en la sintomatología y decidir cuándo es necesario coordinar la atención con medicina de familia, matrona, ginecología, fisioterapia del suelo pélvico u otros profesionales. De este modo, el papel enfermero no debe entenderse como aislado, sino integrado en un equipo multidisciplinar.
La promoción de estilos de vida saludables constituye otra línea transversal de la evidencia. El estudio de Rathnayake et al.³ y el ensayo de Orhan y Yağmur⁸ muestran que las intervenciones educativas pueden acompañarse de cambios relacionados con hábitos saludables. La revisión de McFeeters et al.⁷ confirma que alimentación, actividad física, manejo del estrés y otros factores de estilo de vida aparecen con frecuencia en los programas educativos. No obstante, estos resultados deben interpretarse de manera prudente: las intervenciones sobre estilos de vida no deben presentarse como sustituto universal de los tratamientos indicados para síntomas moderados o graves. Su función dentro de los cuidados enfermeros debe entenderse como parte de un abordaje global de promoción de la salud y prevención.
Otro aspecto relevante es que la calidad de vida durante la menopausia no depende exclusivamente de los síntomas vasomotores. Los estudios revisados incluyen dimensiones físicas, psicológicas, sexuales y urogenitales, lo que respalda una valoración biopsicosocial⁴,⁶,⁸,⁹. Esto resulta especialmente importante en la consulta enfermera, donde una entrevista centrada únicamente en sofocos puede dejar sin detectar problemas relacionados con sueño, sexualidad, salud genitourinaria, estrés, estado de ánimo o hábitos de vida. Las recomendaciones NICE establecen que la atención debe individualizarse y contemplar las preferencias de la mujer, así como las diferentes opciones terapéuticas disponibles.² Por ello, la enfermería puede actuar como un punto de identificación de necesidades y de orientación hacia otros profesionales cuando la situación lo requiera.
La comparación entre estos estudios permite observar que los componentes de las intervenciones pueden ser diferentes, pero existe un núcleo común: información comprensible, participación activa de la mujer, promoción del autocuidado, modificación de conductas y seguimiento. Rathnayake et al.³ ponen el énfasis en educación y estilos de vida; Rindner et al.⁶ combinan educación grupal con apoyo centrado en la persona; Öztürk Eyimaya y Tezel⁵ aplican una intervención enfermera sustentada en la teoría de las transiciones; Orhan y Yağmur⁸ utilizan entrevista motivacional; y Benli et al.⁹ desarrollan educación estructurada dirigida por matronas. Por tanto, la evidencia no apunta a una única intervención, sino a un modelo de cuidados flexible que puede incorporar diferentes herramientas según las necesidades detectadas.
En la misma línea, el estudio de Benli et al., publicado en 2026, evaluó un programa educativo dirigido por matronas en 101 mujeres de 45 a 55 años en proceso de menopausia natural. El grupo intervención recibió un programa estructurado durante cuatro semanas y fue evaluado inmediatamente después y a los seis meses⁹. El estudio encontró efectos favorables sobre la intensidad de los síntomas y la calidad de vida específica de la menopausia. Aunque esta intervención fue dirigida por matronas y no debe atribuirse exclusivamente a la enfermería generalista, resulta pertinente para el presente trabajo porque demuestra el potencial de los profesionales de enfermería y de disciplinas estrechamente relacionadas con los cuidados de salud de la mujer para desarrollar programas educativos estructurados y con seguimiento longitudinal.
La literatura más reciente refuerza esta relación entre intervención enfermera, cambio conductual y calidad de vida. Orhan y Yağmur realizaron en 2025 un ensayo clínico aleatorizado con 136 mujeres, 68 en el grupo experimental y 68 en el grupo control. La intervención consistió en seis sesiones de entrevista motivacional y dos entrevistas de seguimiento desarrolladas en dos centros de salud familiar.⁸ Los resultados mostraron mejoras estadísticamente significativas en diferentes dimensiones de los estilos de vida saludables, entre ellas responsabilidad sobre la salud, nutrición, relaciones interpersonales y manejo del estrés. Asimismo, se observaron mejoras en los dominios vasomotor, psicosocial, físico y sexual del MENQOL. Este estudio aporta un elemento de interés para la práctica enfermera: la intervención no se limita a transmitir información, sino que utiliza una estrategia de comunicación orientada a facilitar el cambio de conducta y a establecer objetivos adaptados a la persona.
La importancia del enfoque individual también se observa en el estudio de Öztürk Eyimaya y Tezel, que evaluó una intervención específicamente enfermera basada en la Teoría de las Transiciones de Meleis. El estudio incluyó 64 mujeres y utilizó el cuestionario MENQOL para valorar la calidad de vida específica de la menopausia. Tras la intervención, la puntuación media MENQOL disminuyó de 4,61 a 3,88 en el grupo experimental, mientras que en el grupo control aumentó de 4,57 a 4,81⁵. Los autores concluyeron que los cuidados enfermeros estructurados según la teoría de las transiciones fueron capaces de mejorar la calidad de vida específica de la menopausia. Aunque se trata de un estudio con una muestra relativamente pequeña y realizado en un contexto concreto, sus resultados son especialmente relevantes para el presente trabajo porque muestran de forma directa el potencial de una intervención enfermera planificada y sustentada en un marco teórico.
La evidencia disponible también respalda el valor del abordaje individualizado. El ensayo clínico de Rindner et al. incluyó 370 mujeres de 45 a 60 años atendidas en atención primaria y comparó educación grupal, apoyo individual centrado en la persona, la combinación de ambas estrategias y atención habitual. La educación grupal se desarrolló en cuatro sesiones semanales y el apoyo individual en cinco sesiones, con seguimiento a seis y doce meses⁶. Los resultados mostraron mejoras en calidad de vida y síntomas físicos, psicológicos y urogenitales, con efectos especialmente mantenidos en el grupo que recibió apoyo individual centrado en la persona. Estos resultados refuerzan la idea de que la educación puede ser más eficaz cuando se combina con una valoración individual y un seguimiento adaptado a las necesidades de cada mujer.
La revisión rápida de McFeeters et al. aporta una perspectiva todavía más amplia. Los autores analizaron 39 estudios sobre programas educativos de menopausia, con un total de 4.751 participantes. La mayoría de los programas se desarrollaron en formato grupal y los contenidos más frecuentes fueron los signos y síntomas de la menopausia, las opciones de tratamiento y manejo y los factores relacionados con el estilo de vida. Además, los estudios mostraron resultados favorables principalmente en conocimiento, síntomas y calidad de vida⁷. Sin embargo, los autores también identificaron una importante limitación: la descripción insuficiente de los componentes de las intervenciones dificulta su reproducción e implementación. Este aspecto tiene especial relevancia para la práctica enfermera, ya que si se pretende implantar programas de menopausia en atención primaria sería necesario definir con precisión la duración, número de sesiones, contenidos, metodología educativa y seguimiento.
Estos resultados son coherentes con la revisión sistemática con metaanálisis de Keye et al., que incluyó ocho estudios y analizó específicamente el efecto de la educación sobre la menopausia en la calidad de vida⁴. La revisión encontró que los programas educativos pueden producir beneficios en la calidad de vida de las mujeres, aunque los autores señalaron heterogeneidad entre las intervenciones y entre las medidas de resultado. Esta heterogeneidad es importante porque impide afirmar que exista un único formato educativo óptimo. Para enfermería, por tanto, la evidencia parece apoyar más el principio de una educación estructurada, adaptada y centrada en las necesidades de la mujer que la aplicación de un programa rígido y uniforme.
Uno de los hallazgos más consistentes de los estudios revisados es el beneficio potencial de la educación sanitaria. Rathnayake et al. evaluaron una intervención de educación para la promoción de estilos de vida en 72 mujeres posmenopáusicas, distribuidas en un grupo intervención de 37 participantes y un grupo control de 35. El programa se desarrolló durante ocho semanas y posteriormente se realizó un seguimiento de seis meses. Los autores observaron mejoras en el conocimiento y la actitud hacia la menopausia, así como resultados favorables en diferentes dimensiones de la calidad de vida³. Estos resultados son relevantes para la práctica enfermera porque muestran que la educación estructurada puede superar una información puntual y convertirse en una intervención continuada, con contenidos relacionados con el manejo de la menopausia y la modificación de estilos de vida.
Los resultados de esta revisión narrativa muestran que la atención a la mujer durante la transición menopáusica debe plantearse desde un modelo integral, centrado en la persona y orientado no solo al control de los síntomas, sino también a la adquisición de conocimientos, el autocuidado, la modificación de hábitos y el mantenimiento de la calidad de vida. Esta perspectiva coincide con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y con las guías clínicas actuales, que consideran la menopausia una etapa fisiológica en la que la atención sanitaria debe adaptarse a la sintomatología, las preferencias y las circunstancias individuales de cada mujer¹,². En este contexto, enfermería dispone de una posición especialmente relevante en atención primaria por la continuidad de sus cuidados y por su capacidad para desarrollar intervenciones educativas y de seguimiento.
CONCLUSIONES
La menopausia constituye una etapa fisiológica de transición que puede repercutir de manera variable en las dimensiones física, psicológica, sexual y social de la salud. A partir de la evidencia revisada, su atención no debería limitarse al control aislado de los síntomas vasomotores, sino orientarse hacia un modelo integral, individualizado y centrado en la persona, que tenga en cuenta las necesidades, preferencias, circunstancias y expectativas de cada mujer. Esta perspectiva coincide con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de NICE sobre la necesidad de proporcionar información, apoyo y opciones de manejo adaptadas a cada situación¹,².
Los estudios analizados permiten concluir que la educación sanitaria constituye una de las principales herramientas de intervención en el ámbito enfermero. Los programas educativos se han asociado con mejoras en el conocimiento sobre la menopausia, la adopción de conductas relacionadas con la salud y diferentes dimensiones de la calidad de vida³,⁴,⁷. Estos resultados respaldan la incorporación de intervenciones educativas estructuradas en la práctica asistencial, siempre que se adapten al nivel de conocimientos, necesidades y características individuales de las mujeres.
La evidencia también apoya la utilidad de intervenciones centradas en el autocuidado y en la modificación de estilos de vida. La promoción de actividad física, alimentación saludable, manejo del estrés, descanso adecuado y otras conductas relacionadas con la salud puede integrarse en el seguimiento enfermero como parte de una estrategia de promoción de la salud³,⁷,⁸. Sin embargo, estas medidas deben plantearse como componentes de un abordaje integral y no como sustitutos universales de los tratamientos farmacológicos o no farmacológicos que puedan estar indicados según la sintomatología y la situación clínica de cada mujer².
Los resultados de los estudios específicamente relacionados con enfermería refuerzan asimismo la importancia de un acompañamiento planificado y continuado. La intervención basada en la Teoría de las Transiciones de Meleis mostró mejoras en la calidad de vida específica de la menopausia⁵, mientras que la entrevista motivacional desarrollada en atención primaria consiguió mejoras en diferentes conductas relacionadas con estilos de vida y en varios dominios de calidad de vida⁸. Estos hallazgos sugieren que la intervención enfermera puede ser especialmente útil cuando combina educación, comunicación terapéutica, establecimiento de objetivos individualizados y seguimiento.
La atención primaria se presenta, por tanto, como un entorno especialmente adecuado para desarrollar programas de seguimiento enfermero. La proximidad y continuidad asistencial permiten realizar una valoración inicial, identificar síntomas y factores de riesgo, proporcionar educación, establecer objetivos de autocuidado, reevaluar la evolución y coordinar la atención con otros profesionales cuando sea necesario⁶. Este modelo puede contribuir a evitar una atención fragmentada y favorecer una visión longitudinal de la salud de la mujer durante la transición menopáusica.
Un aspecto fundamental que se desprende de la revisión es la necesidad de ampliar la valoración más allá de los sofocos y otros síntomas vasomotores. La evidencia revisada contempla dimensiones psicológicas, físicas, sexuales y genitourinarias de la calidad de vida⁴,⁶,⁸,⁹. Por ello, la consulta enfermera debería facilitar un espacio en el que la mujer pueda expresar problemas relacionados con sueño, sexualidad, síntomas genitourinarios, estado emocional, estrés y repercusiones sociales. La identificación de estas necesidades permite ofrecer educación específica y, cuando corresponda, coordinar la atención con medicina de familia, matrona, ginecología, fisioterapia u otros profesionales.
Desde una perspectiva práctica, se considera recomendable que los programas enfermeros de atención a la menopausia incluyan una valoración individualizada de síntomas y necesidades, educación sanitaria, promoción de hábitos saludables, apoyo para el autocuidado, valoración de la esfera sexual y genitourinaria, detección de necesidades emocionales, establecimiento de objetivos compartidos y seguimiento posterior. La intensidad y frecuencia del seguimiento deberían adaptarse a las necesidades de cada mujer y a los recursos disponibles en cada centro sanitario.
No obstante, las conclusiones deben interpretarse teniendo en cuenta las limitaciones de la evidencia disponible. Los estudios presentan diferencias importantes en las características de las participantes, duración y componentes de las intervenciones, instrumentos utilizados y variables de resultado³,⁹. Además, no todas las investigaciones son exclusivamente de enfermería; algunas corresponden a intervenciones multidisciplinares, de atención primaria o dirigidas por matronas. Por ello, no puede afirmarse que una única intervención enfermera sea superior a las demás ni atribuir todos los efectos observados exclusivamente a la enfermería. La evidencia disponible permite hablar de un papel relevante y potencialmente beneficioso, pero no de una intervención única y universalmente establecida.
Asimismo, al tratarse de una revisión narrativa, los resultados deben considerarse una síntesis cualitativa de la literatura seleccionada y no una estimación cuantitativa del efecto de las intervenciones. Serían necesarios ,estudios con muestras más amplias, intervenciones claramente protocolizadas, instrumentos de resultado homogéneos y periodos de seguimiento prolongados para determinar con mayor precisión qué componentes de los programas enfermeros generan mayores beneficios y en qué perfiles de mujeres son más eficaces.
En definitiva, la evidencia revisada respalda la incorporación de enfermería a programas específicos de atención a la menopausia, especialmente en educación sanitaria, promoción del autocuidado, modificación de estilos de vida, apoyo centrado en la persona, entrevista motivacional, seguimiento y coordinación interdisciplinar³,⁹. El principal valor de la intervención enfermera no reside únicamente en proporcionar información, sino en acompañar a la mujer durante el proceso de transición, facilitar la toma de decisiones informada, favorecer su autonomía y detectar de forma precoz necesidades que puedan requerir otras intervenciones sanitarias.
Por tanto, se propone avanzar hacia un modelo de atención en el que la menopausia sea abordada como una oportunidad para reforzar la promoción de la salud y no únicamente como un conjunto de síntomas que deben tratarse. La implementación de programas estructurados y evaluables en atención primaria, junto con una mayor formación específica de los profesionales de enfermería, podría favorecer una atención más accesible, continuada y centrada en las necesidades reales de las mujeres. La investigación futura debería evaluar estos programas con diseños metodológicamente sólidos para consolidar la evidencia sobre el impacto específico de la enfermería en la calidad de vida y el bienestar durante la menopausia.
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