AUTORES
- Laura Tercero Antoni. Enfermera Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Susín Estremé. Enfermera Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Marina Cutié Arnalda. Terapeuta Ocupacional Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Marcos Jaime Elpón. Auxiliar Administrativo. Aragón, España.
- Miriam Revuelta Vicente. Auxiliar Administrativo Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El estrés laboral en el personal sanitario constituye un fenómeno complejo que impacta de manera significativa en la salud física y mental de los profesionales, así como en la calidad de la atención brindada a los pacientes. Este estrés surge cuando las demandas del entorno laboral exceden la capacidad de afrontamiento del trabajador, generando consecuencias tanto individuales como organizacionales, y afectando la atención, la comunicación y la toma de decisiones dentro de los servicios de salud.
La respuesta frente a estos estresores depende de factores individuales, como la resiliencia, las estrategias de afrontamiento, la inteligencia emocional y la red de apoyo social, así como de factores contextuales y organizacionales, incluyendo la carga laboral, la seguridad en el empleo y el clima laboral. Por ello, su manejo requiere un enfoque integral que combine intervenciones personales y medidas institucionales.
Entre las estrategias más efectivas destacan el desarrollo de la resiliencia, el Mindfulness, la respiración diafragmática, el fortalecimiento de habilidades de comunicación y resolución de problemas, así como la implementación de programas de apoyo psicológico y la creación de un ambiente laboral saludable. La combinación de estas acciones favorece el bienestar del profesional, mejora el desempeño laboral y contribuye a la eficiencia, la seguridad y la calidad del sistema sanitario en su conjunto.
PALABRAS CLAVE
Estrés laboral, profesionales de la salud, estrategias de afrontamiento, síndrome de Burnout.
ABSTRACT
Work-related stress among healthcare personnel is a complex phenomenon that has a significant impact on the physical and mental health of professionals, as well as on the quality of care provided to patients. This stress arises when the demands of the work environment exceed the worker’s coping capacity, generating both individual and organisational consequences and affecting care, communication and decision-making within health services.
The response to these stressors depends on individual factors, such as resilience, coping strategies, emotional intelligence and social support networks, as well as contextual and organisational factors, including workload, job security and work environment. Therefore, managing stress requires a comprehensive approach that combines personal interventions and institutional measures.
Among the most effective strategies are the development of resilience, mindfulness, diaphragmatic breathing, strengthening communication and problem-solving skills, as well as the implementation of psychological support programmes and the creation of a healthy work environment. The combination of these actions promotes the well-being of professionals, improves work performance and contributes to the efficiency, safety and quality of the healthcare system as a whole.
KEY WORDS
Occupational stress, health personnel, coping behavior, Burnout, professional.
INTRODUCCIÓN
El estrés puede definirse como un desequilibrio sustancial percibido entre las demandas del entorno y la capacidad de respuesta del individuo, generando un impacto significativo en su calidad de vida. Aunque constituye una respuesta adaptativa presente a lo largo del ciclo vital y necesaria para afrontar diversas situaciones cotidianas, cuando se mantiene de forma prolongada o supera los recursos personales disponibles, puede tornarse patológico y convertirse en un riesgo para la homeostasis del ser humano¹.
En el ámbito laboral, el estrés es un fenómeno frecuente que surge como consecuencia de problemáticas organizacionales o contextuales que exceden la capacidad de afrontamiento del trabajador. Se manifiesta tanto a nivel psicológico como físico y repercute directamente en el funcionamiento individual. Este tipo de estrés no solo afecta el desempeño profesional, sino que también influye negativamente en las relaciones interpersonales dentro y fuera del trabajo, produciendo un deterioro progresivo en la capacidad de desempeño. Sus consecuencias trascienden al individuo, impactando en su entorno cercano, en las instituciones donde labora y en los usuarios de los servicios prestados1-4.
En el caso específico del personal sanitario, el estrés laboral adquiere especial relevancia debido a la responsabilidad inherente al cuidado de la Salud. Aragón, España.Este fenómeno engloba a médicos, enfermeras y otros profesionales del área asistencial, así como al personal administrativo, operativo y de limpieza, todos ellos fundamentales para el correcto funcionamiento del sistema sanitario. Cuando los niveles de presión superan la capacidad de actuación de estos profesionales, se produce un deterioro en la calidad del servicio ofrecido, lo que repercute directamente en la atención brindada a la ciudadanía1-4.
Los profesionales de la salud están expuestos a múltiples factores estresantes que pueden afectar negativamente tanto su salud física como mental¹. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran la fatiga crónica, la ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño y el Síndrome de Burnout. Este último se compone de tres dimensiones fundamentales: agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. El término burnout hace referencia a una tensión física y emocional crónica vinculada específicamente al entorno laboral, por lo que también se le denomina síndrome de estrés laboral crónico⁴. Estas alteraciones influyen directamente en el desempeño profesional, reduciendo la capacidad de los trabajadores para ejercer sus funciones con eficacia. La disminución de la atención, el deterioro en la comunicación y la falta de concentración dificultan la toma de decisiones adecuadas y oportunas, comprometiendo la calidad asistencial².
Entre los factores organizacionales que contribuyen al estrés laboral se encuentra la inseguridad en el empleo, caracterizada por amenazas de despido, cambios frecuentes en la administración o inestabilidad del mercado laboral. Estas circunstancias generan un entorno impredecible que incrementa los niveles de estrés y ansiedad al poner en duda la continuidad laboral del trabajador. De igual manera, las fluctuaciones en la carga de trabajo (como incrementos repentinos en la demanda asistencial o plazos ajustados inesperados) dificultan la planificación efectiva y pueden provocar sobrecarga, afectando tanto el bienestar como el rendimiento profesional³.
Asimismo, diversos estudios señalan que el desajuste entre las exigencias del puesto y los recursos disponibles, la sobrecarga laboral, las condiciones del entorno de trabajo, la experiencia profesional, los conflictos interpersonales, la discriminación de género, el estado civil, el nivel educativo, la satisfacción laboral y la percepción de una remuneración inadecuada constituyen factores significativamente asociados al estrés ocupacional en los profesionales de la Salud. Aragón, España.Estos elementos, cuando se presentan de manera sostenida, incrementan la vulnerabilidad del trabajador y potencian el riesgo de desarrollar estrés crónico y sus consecuencias asociadas4.
OBJETIVO
El objetivo del presente artículo es el de analizar las causas, consecuencias y estrategias de prevención y manejo del estrés laboral en el personal sanitario, considerando tanto los factores individuales como los organizacionales, con el fin de promover el bienestar de los profesionales de la salud y mejorar la calidad y eficiencia de la atención asistencial.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica sistemática de artículos publicados en los últimos cinco años, en los idiomas español, inglés y portugués. Para ello, se consultaron las bases de datos PubMed y Google Scholar, seleccionadas por su amplia cobertura de literatura científica y revisiones académicas.
La estrategia de búsqueda incluyó la aplicación de filtros para identificar estudios originales, revisiones sistemáticas y artículos de revisión narrativa. Se excluyeron aquellos documentos que no contaban con texto completo o que no abordaban de manera específica el papel de la enfermería en el manejo de la enfermedad. La información recopilada se organizó de forma temática, lo que permitió identificar hallazgos relevantes y reconocer tendencias en la práctica profesional de enfermería.
RESULTADOS
Diversas investigaciones han demostrado que la prevención y el manejo del estrés laboral en el personal sanitario requieren la integración de estrategias tanto individuales como organizacionales, ya que el estrés no solo depende de factores externos, sino también de la manera en que cada profesional percibe y enfrenta los desafíos cotidianos del trabajo. En este sentido, los programas de entrenamiento en habilidades de afrontamiento y en desarrollo de resiliencia se presentan como herramientas fundamentales, pues permiten a los trabajadores adquirir técnicas concretas para manejar la presión, fortalecer sus recursos internos y mejorar su capacidad de adaptación ante situaciones complejas o inesperadas. Estos programas no solo benefician al profesional de manera individual, sino que también contribuyen a la creación de un clima laboral más saludable, ya que los trabajadores más resilientes y preparados tienden a interactuar de manera más efectiva con sus compañeros y a responder mejor ante la sobrecarga laboral¹.
De manera complementaria, las intervenciones destinadas a mejorar el ambiente laboral, así como los programas de apoyo psicológico dirigidos a los profesionales, se han identificado como estrategias clave para disminuir la incidencia del estrés. Estas intervenciones incluyen medidas concretas como la mejora de la comunicación entre los diferentes niveles jerárquicos, la definición clara de funciones y responsabilidades, y el fortalecimiento de los sistemas de apoyo institucional que permitan a los trabajadores sentirse respaldados ante situaciones difíciles. Asimismo, la implementación de políticas y estrategias organizacionales se considera esencial, ya que no solo busca actuar de manera preventiva frente al estrés laboral, sino también establecer estructuras que promuevan entornos de trabajo saludables, reduciendo los factores de riesgo psicosocial que pueden generar desgaste profesional y repercusiones negativas tanto en la salud del personal como en la calidad de la atención sanitaria¹.
Por otro lado, la respuesta ante los estresores no depende únicamente del entorno laboral, sino que está influida de manera significativa por características personales y contextuales. Entre los factores individuales más relevantes se encuentran la resiliencia, las estrategias de afrontamiento, la historia de vida y la red de apoyo social, elementos que determinan si un estímulo externo es percibido como un desafío manejable o como una amenaza abrumadora. Estos factores interactúan de manera dinámica con las circunstancias actuales del individuo, como el estado de salud, la estabilidad económica, la calidad de las relaciones personales y el equilibrio entre la vida laboral y familiar, condicionando así la vulnerabilidad al estrés y la capacidad de respuesta frente a situaciones adversas. En este sentido, se puede considerar que la combinación de fortalezas personales y un contexto favorable permite que los profesionales afronten de manera más eficaz los retos cotidianos del trabajo sanitario, minimizando el riesgo de desgaste emocional y promoviendo un mayor bienestar integral³.
Estrategias de afrontamiento al estrés laboral:
En relación con las técnicas generales para el manejo del estrés, se ha identificado que la implementación de prácticas como la relajación, la meditación, la planificación y organización del tiempo y de las tareas, así como el fortalecimiento del trabajo en equipo y la comunicación efectiva, contribuyen de manera significativa a mejorar el bienestar general de los profesionales y a gestionar de forma más eficiente las demandas laborales. Estas técnicas permiten que los trabajadores respondan de manera más adaptativa a situaciones de presión y que mantengan un rendimiento adecuado, incluso en entornos altamente exigentes. Sin embargo, es importante destacar que el manejo del estrés no recae únicamente en el individuo, ya que los empleadores desempeñan un papel fundamental al establecer medidas que faciliten la prevención y la reducción del estrés laboral. Entre estas medidas se incluyen la promoción de un clima laboral positivo, la reducción de la sobrecarga de trabajo, la implementación de programas institucionales de bienestar y la adopción de intervenciones estructuradas y planificadas, que permitan a los profesionales sentirse respaldados y contar con recursos para manejar la presión diaria1,2.
En cuanto a las estrategias de afrontamiento más utilizadas, los estudios han identificado que la evitación del problema, la revaloración positiva y la focalización en la solución de problemas son las más frecuentes. No obstante, algunas estrategias como la religión se emplean de manera ocasional, mientras que otras, como la búsqueda de apoyo social, la autofocalización negativa y la expresión emocional abierta, se utilizan con menor frecuencia. Estas diferencias reflejan la diversidad de estilos de afrontamiento presentes en el personal sanitario y muestran que no existe una única manera de manejar el estrés, sino que la efectividad de cada estrategia depende del contexto y de las características individuales⁴.
En los últimos años, el apoyo social se ha consolidado como una de las estrategias más relevantes para el manejo del estrés laboral. Este apoyo puede provenir de profesionales de la psicología, familiares, amigos y compañeros de trabajo, y contribuye a facilitar la adaptación al entorno laboral, mejorar la capacidad de afrontamiento y favorecer la calidad de la atención y el cuidado al usuario. Además, el desarrollo de habilidades de comunicación y de resolución de problemas proporciona a los trabajadores recursos adicionales para preservar la salud mental y mantener un rendimiento laboral óptimo dentro de las instituciones sanitarias⁴.
El entrenamiento en Inteligencia Emocional (IE) ha demostrado ser una estrategia efectiva para mejorar el desempeño profesional, aumentar la retención laboral y la satisfacción en el trabajo, impactando positivamente tanto en la calidad de vida de los profesionales como en la de los pacientes. La IE contribuye al bienestar psicosocial, mejora la práctica clínica y refuerza el rendimiento institucional. De manera complementaria, el Mindfulness se ha identificado como un factor protector frente al estrés laboral, ya que los programas de entrenamiento en IE y Mindfulness promueven una mayor conciencia, aceptación y diferenciación de las emociones propias y ajenas, mejorando la regulación emocional y aumentando la resiliencia frente a los estresores2,4.
A nivel del sistema sanitario, la práctica del Mindfulness también se asocia con mayor productividad y eficiencia, reducción del agotamiento profesional y disminución de sobrecostos en los servicios de salud2,4.
Por último, la respiración diafragmática o abdominal constituye una técnica específica altamente eficaz para combatir el estrés, ya que ayuda a reducir la activación fisiológica, mejora la concentración y estabiliza el ritmo cardíaco. Para su práctica³ se recomienda buscar un lugar cómodo y tranquilo, colocar una mano en el pecho y otra en el abdomen para tomar conciencia de la respiración, inhalar lentamente por la nariz permitiendo que el abdomen se expanda mientras el pecho permanece inmóvil, mantener la respiración un segundo y exhalar lentamente por la boca, relajando el cuerpo. Se aconseja iniciar con sesiones de aproximadamente cinco minutos, aumentando gradualmente la duración conforme se adquiera mayor familiaridad con la técnica³.
En síntesis, abordar el estrés laboral en el personal sanitario requiere combinar estrategias individuales y organizacionales, fortaleciendo la resiliencia, el apoyo social y la inteligencia emocional, al tiempo que se promueve un entorno laboral saludable, lo que repercute tanto en el bienestar de los profesionales como en la calidad de la atención a los pacientes1-4.
CONCLUSIÓN
El estrés laboral en el personal sanitario es un fenómeno complejo que afecta tanto la salud física y mental de los profesionales como la calidad de la atención que brindan. Su presencia se ve influida por factores individuales, como la resiliencia, las estrategias de afrontamiento, la inteligencia emocional y la capacidad de autorregulación, así como por factores organizacionales relacionados con el entorno laboral, la carga de trabajo y el apoyo institucional. Comprender esta interacción es fundamental para diseñar intervenciones efectivas que protejan el bienestar del personal y aseguren un desempeño óptimo en los servicios de salud.
El abordaje del estrés laboral requiere un enfoque integral. Por un lado, las estrategias individuales, como el desarrollo de la resiliencia, el Mindfulness, la respiración diafragmática y el fortalecimiento de las habilidades de comunicación, permiten a los profesionales enfrentar situaciones de presión de manera más adaptativa, regulando sus emociones y mejorando su capacidad de toma de decisiones. Por otro lado, las intervenciones organizacionales, como la creación de un ambiente laboral saludable, la reducción de la sobrecarga de trabajo y el establecimiento de programas de apoyo psicológico, contribuyen a generar espacios que favorecen la estabilidad emocional y el desempeño eficiente del equipo sanitario.
En conjunto, estas medidas fortalecen la salud integral de los profesionales y repercuten positivamente en la calidad de los servicios de salud, la seguridad de los pacientes y la sostenibilidad del sistema sanitario. La prevención y el manejo adecuado del estrés laboral no solo benefician al individuo, sino que son clave para garantizar un entorno laboral equilibrado y productivo, promoviendo una práctica sanitaria de calidad y sostenible a largo plazo.
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