Ansiedad y depresión en pacientes con infección por VIH: revisión bibliográfica

30 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Carmen Arto Fernández. FEA Medicina Interna, Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
  2. Alberto Carrillo Sola. FEA Medicina de Urgencias y Emergencias, Hospital Sant Pau i Santa Tecla (Tarragona). España.
  3. Carolina Hortoneda López. FEA Medicina de Urgencias y Emergencias. Servicio de Emergencias Sanitarias de la CV (Valencia). España.
  4. Raquel Díez Ramírez FEA Medicina de Urgencias y Emergencias, Servicio de Emergencias Sanitarias de la CV (Valencia). España.
  5. ⁠Ana Romeo Aparicio. FEA Ginecología y Obstetricia. Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
  6. Naomi Artal López. FEA Obstetricia y Ginecología, Parc Sanitari Sant Joan de Déu (Barcelona). España.

RESUMEN

La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ha pasado de considerarse una enfermedad de elevada mortalidad a una patología crónica gracias al desarrollo del tratamiento antirretroviral. Sin embargo, continúa asociándose a una importante carga clínica, psicológica y social. Entre las manifestaciones psiquiátricas más frecuentes en las personas que viven con VIH destacan la ansiedad y la depresión, cuya prevalencia es superior a la observada en población general y comparable a la descrita en otras enfermedades crónicas.

El objetivo de esta revisión es analizar la relación entre VIH, ansiedad y depresión, así como sus principales factores asociados y repercusiones clínicas. La aparición de síntomas ansioso-depresivos puede estar condicionada por factores biológicos, como el neurotropismo del virus y la afectación del sistema nervioso central, y por factores psicosociales, entre ellos el estigma, el rechazo social, el curso crónico de la infección y el impacto del diagnóstico. Su identificación puede ser compleja por el solapamiento con síntomas propios de la infección, efectos adversos del tratamiento o consumo de sustancias.

La ansiedad y la depresión se asocian a peor adherencia al tratamiento antirretroviral, menor asistencia a controles médicos, peor calidad de vida y posible peor evolución clínica. Por ello, el abordaje del paciente con VIH debe incluir una valoración sistemática de la salud mental, intervenciones psicoterapéuticas, educación sanitaria y, cuando sea necesario, tratamiento farmacológico individualizado. La atención multidisciplinar resulta esencial para mejorar los resultados clínicos y psicosociales de estos pacientes.

PALABRAS CLAVE

VIH, ansiedad, depresión, salud mental, terapia antirretroviral, calidad de vida.

ABSTRACT

Human immunodeficiency virus (HIV) infection has evolved from a disease with high mortality to a chronic condition due to the development of antiretroviral therapy. However, it remains associated with a significant clinical, psychological and social burden. Anxiety and depression are among the most frequent psychiatric manifestations in people living with HIV, with a prevalence higher than that observed in the general population and similar to that described in other chronic diseases.

The aim of this review is to analyse the relationship between HIV infection, anxiety and depression, as well as their main associated factors and clinical consequences. Anxiety and depressive symptoms may be influenced by biological factors, such as the neurotropism of the virus and central nervous system involvement, and by psychosocial factors, including stigma, social rejection, the chronic course of the disease and the emotional impact of diagnosis. Their identification may be challenging due to symptom overlap with HIV infection itself, treatment-related adverse effects or substance use.

Anxiety and depression are associated with poorer adherence to antiretroviral therapy, lower attendance at medical follow-up visits, worse quality of life and potentially poorer clinical outcomes. Therefore, the clinical management of people living with HIV should include systematic mental health assessment, psychotherapeutic interventions, health education and, when required, individualized pharmacological treatment. A multidisciplinary approach is essential to improve both clinical and psychosocial outcomes in these patients.

KEY WORDS

HIV, anxiety, depression, mental health, antiretroviral therapy, quality of life.

INTRODUCCIÓN

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) fue descrito a comienzos de la década de 1980 y posteriormente identificado como el agente causal del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA)¹. Desde entonces, la infección por VIH se ha consolidado como un problema de salud pública global, con importantes implicaciones sanitarias, sociales y económicas². En España, se ha estimado una prevalencia aproximada del 0,4% en población adulta, con un porcentaje relevante de personas no diagnosticadas³.

El desarrollo del tratamiento antirretroviral ha modificado de forma sustancial la historia natural de la enfermedad, permitiendo que la infección por VIH sea considerada actualmente una patología crónica⁴. No obstante, pese al control virológico, las personas que viven con VIH continúan expuestas a complicaciones médicas, neurocognitivas, psicológicas y sociales. El VIH es un virus con capacidad neurotrópica y puede afectar al sistema nervioso central desde fases tempranas, tanto de forma directa como indirecta, lo que se ha relacionado con alteraciones neurológicas, cognitivas y psiquiátricas⁴˒⁵.

Entre las manifestaciones psiquiátricas descritas en esta población destacan los síndromes depresivos y ansiosos⁶. Estas alteraciones pueden aparecer como respuesta emocional al diagnóstico, al curso crónico de la enfermedad, al estigma asociado, al miedo a la transmisión o al rechazo social, pero también pueden relacionarse con mecanismos orgánicos derivados de la propia infección⁴.

La depresión puede manifestarse mediante tristeza persistente, anhedonia, apatía, alteraciones del sueño, dificultades de concentración, desesperanza o ideas de muerte. La ansiedad, por su parte, puede presentarse con preocupación excesiva, temor, inseguridad, síntomas vegetativos y manifestaciones somáticas como palpitaciones, sensación de ahogo, temblor, sudoración o molestias gastrointestinales⁷.

La prevalencia de síntomas ansioso-depresivos en personas con VIH es variable, con cifras descritas entre el 10% y el 56%, probablemente por diferencias en las poblaciones estudiadas, el estadio clínico de la infección, el contexto sociodemográfico y los instrumentos diagnósticos utilizados²˒˒⁷. En cualquier caso, su frecuencia parece superior a la observada en población general y comparable a la descrita en otras enfermedades crónicas⁴.

OBJETIVOS

El objetivo principal de esta revisión es analizar la relación entre la infección por VIH y la presencia de ansiedad y depresión.

Como objetivos secundarios se plantean describir los principales factores asociados a los trastornos ansioso-depresivos en personas con VIH, valorar su impacto sobre la adherencia terapéutica y la evolución clínica, y revisar las principales estrategias de abordaje psicológico y farmacológico.

MATERIAL Y MÉTODO

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa a partir de documentos institucionales, artículos científicos, revisiones sistemáticas y estudios incluidos en la bibliografía original del trabajo. Se seleccionaron referencias relacionadas con la epidemiología del VIH, la afectación neurocognitiva, la psicopatología asociada, la ansiedad, la depresión y las intervenciones terapéuticas en personas que viven con VIH.

La información se organizó en torno a cuatro bloques temáticos: características generales de la infección por VIH, prevalencia y factores asociados a ansiedad y depresión, repercusión clínica de los trastornos ansioso-depresivos y abordaje terapéutico.

RESULTADOS

La ansiedad y la depresión son manifestaciones frecuentes en personas con infección por VIH. Su aparición puede estar condicionada por factores biológicos, psicológicos y sociales. Entre los factores biológicos destaca la afectación del sistema nervioso central, ya sea por el propio neurotropismo del virus, por alteraciones neurocognitivas asociadas al VIH o por infecciones oportunistas y neoplasias en fases avanzadas⁴˒⁵.

Entre los factores psicosociales se incluyen el carácter crónico de la infección, la ausencia de tratamiento curativo, el impacto emocional del diagnóstico, el estigma, el rechazo familiar o social, las dificultades laborales y el miedo a transmitir la infección a otras personas⁴. Estos elementos pueden favorecer síntomas de ansiedad, depresión, aislamiento, culpa y deterioro de la calidad de vida.

El diagnóstico de ansiedad y depresión en pacientes con VIH puede ser complejo. Algunos síntomas, como astenia, pérdida de peso, insomnio, disminución del apetito o dificultades de concentración, pueden atribuirse tanto a trastornos afectivos como a la propia infección, al tratamiento antirretroviral o a otras comorbilidades⁴˒˒⁹. Además, en determinados pacientes debe realizarse diagnóstico diferencial con deterioro neurocognitivo asociado al VIH o con síntomas derivados del consumo, intoxicación o abstinencia de sustancias¹⁰.

Los trastornos ansioso-depresivos tienen repercusión clínica relevante. Se han relacionado con peor adherencia al tratamiento antirretroviral, menor asistencia a controles médicos, peor control virológico y mayor morbimortalidad⁹. La relación entre salud mental y adherencia terapéutica parece bidireccional, ya que la ansiedad y la depresión pueden dificultar el cumplimiento terapéutico, mientras que la mala evolución clínica o la percepción de fracaso terapéutico pueden agravar el malestar psicológico¹⁰.

Respecto al abordaje terapéutico, las intervenciones psicológicas han mostrado utilidad en personas con VIH y síntomas ansiosos o depresivos⁸˒⁹. El acompañamiento psicológico permite trabajar la aceptación del diagnóstico, la expresión emocional, la reducción del estigma, el afrontamiento de la enfermedad y la mejora de la adherencia terapéutica. La educación sanitaria también es fundamental, ya que permite resolver dudas sobre transmisión, tratamiento, pronóstico y medidas preventivas⁴.

Cuando existe indicación de tratamiento farmacológico, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina son una opción frecuente⁴˒¹⁰. La prescripción debe individualizarse, teniendo en cuenta posibles interacciones farmacológicas con el tratamiento antirretroviral, comorbilidades, tolerancia, riesgo de efectos adversos y presencia de deterioro cognitivo.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

La ansiedad y la depresión son comorbilidades frecuentes en las personas que viven con VIH y deben considerarse parte del abordaje integral de la infección. Su origen es multifactorial y combina mecanismos biológicos, como el neurotropismo del virus y la posible afectación del sistema nervioso central, con factores psicosociales relacionados con el impacto emocional del diagnóstico, el estigma, la cronicidad de la enfermedad y las dificultades de integración familiar, laboral y afectiva⁴⁷.

Su detección no siempre es sencilla, ya que algunos síntomas, como la astenia, la pérdida de peso, las alteraciones del sueño o las dificultades de concentración, pueden solaparse con manifestaciones propias de la infección por VIH, con efectos adversos del tratamiento, con deterioro neurocognitivo asociado al VIH o con síntomas derivados del consumo, intoxicación o abstinencia de sustancias. Por ello, la valoración clínica debe ser sistemática, individualizada y orientada a diferenciar trastornos afectivos, alteraciones neurocognitivas y otras causas médicas o tóxicas⁴,¹⁰.

La presencia de ansiedad o depresión puede comprometer la adherencia al tratamiento antirretroviral y el seguimiento clínico, con repercusión potencial sobre el control virológico, la evolución de la enfermedad y la mortalidad⁹,¹⁰. En consecuencia, la salud mental debe integrarse en el seguimiento habitual de las personas con VIH, especialmente en aquellos pacientes con factores de vulnerabilidad psicosocial, mala adherencia terapéutica o deterioro de la calidad de vida⁴,,⁹.

El tratamiento debe combinar apoyo psicológico, educación sanitaria, intervención social cuando sea necesaria y tratamiento farmacológico individualizado en los casos indicados. Las intervenciones psicoterapéuticas han mostrado utilidad en pacientes con VIH y síntomas ansiosos o depresivos, mientras que el uso de psicofármacos debe ajustarse a las características clínicas del paciente, posibles interacciones farmacológicas y comorbilidades asociadas⁴,⁸⁻¹⁰. La coordinación entre Medicina Interna, Enfermedades Infecciosas, Atención Primaria, Urgencias, Salud Mental, Enfermería y Trabajo Social es esencial para mejorar tanto los resultados clínicos como la calidad de vida de estos pacientes⁴,⁶.

BIBLIOGRAFÍA

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