Artículo monográfico. Cólico renal

20 septiembre 2025

AUTORES

  1. María Sánchez Funes. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza) España.
  2. María Rubio Aguerri. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza) España.
  3. Esther Sancho Guillen. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza) España.
  4. Paula Pros Jiménez. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza) España.

 

RESUMEN

El cólico renal (CR) es una urgencia urológica frecuente, caracterizada por un dolor súbito e intenso, generalmente causado por una obstrucción ureteral litiásica que provoca distensión del sistema colector y síntomas asociados, como náuseas y vómitos.

Su aparición sigue patrones circadianos y estacionales, siendo más frecuente en la madrugada y en épocas de calor, factores que favorecen la formación de cálculos. Los hombres de mayor edad son más susceptibles.

Desde la perspectiva de la enfermería, la atención se centra en el control del dolor, la monitorización de los signos vitales, el manejo de los síntomas asociados y la educación del paciente para prevenir las recurrencias, con el fin de proporcionar una atención integral y segura.

PALABRAS CLAVE

Cólico renal, litiasis renal, epidemiología, cuidados enfermería.

ABSTRACT

Renal colic (RC) is a common urological emergency characterised by sudden, intense pain. It is typically caused by lithiasic ureteral obstruction, resulting in distension of the collecting system. Associated symptoms include nausea and vomiting.

RC tends to occur more frequently in the early morning and during hot weather, as these conditions favour stone formation. Older men are particularly susceptible.

From a nursing perspective, care focuses on pain management, monitoring vital signs, treating associated symptoms, and educating patients on how to prevent recurrence. The aim is to provide comprehensive, safe care.

KEY WORDS

Renal colic, renal lithiasis, epidemiology, nursing care.

DESARROLLO DEL TEMA

El cólico renal (CR) es una urgencia urológica frecuente, caracterizada por la aparición súbita de un dolor de elevada intensidad, considerado entre los más incapacitantes en la práctica clínica. Se origina como consecuencia de una obstrucción aguda del uréter, ya sea parcial o completa, cuya etiología, en la mayoría de los casos, es de origen litiásico. Esta obstrucción provoca un aumento brusco de la presión intraluminal y una distensión aguda del sistema colector urinario, lo que desencadena el dolor característico y puede asociarse a náuseas, vómitos e inquietud motora1.

La aparición del cólico renal sigue patrones circadianos y estacionales, registrándose con mayor frecuencia durante las primeras horas de la mañana y en épocas de clima cálido. Esto se relaciona con una reducción de la producción urinaria durante la noche y con pérdidas insensibles elevadas, como la sudoración intensa. Tales condiciones incrementan la concentración de la orina, constituyéndose en un factor predisponente para la formación de cálculos y la manifestación de episodios agudos de dolor1,2.

EPIDEMIOLOGIA:

Desde el punto de vista epidemiológico, los hombres de mayor edad presentan una mayor vulnerabilidad frente al cólico renal en comparación con otros grupos poblacionales. En España, la incidencia de litiasis renal se sitúa alrededor del 4,2 %, siendo el cólico renal responsable de hasta el 5 % de las atenciones en urgencias. Factores de riesgo como dieta rica en proteínas animales, bajo consumo de líquidos, antecedentes familiares y climas cálidos contribuyen a su aumento2.

FISIOPATOLOGÍA:

El cólico renal se produce por un aumento súbito de la presión intraluminal derivado de una obstrucción ureteral aguda, ya sea parcial o completa. Este incremento de presión estimula las terminaciones nociceptivas, quimiorreceptores y mecanorreceptores, ubicadas en la submucosa y la lámina propia de la cápsula renal peripiélica, responsables del dolor renal en la pelvis renal. La musculatura lisa ureteral reacciona con contracciones dirigidas a expulsar la obstrucción, si fracasa, se produce espasmo. Estas contracciones prolongadas generan ácido láctico, que irrita las fibras nerviosas tipo A (mielinizadas) y tipo C (no mielinizadas), transmitiendo señales a los segmentos medulares D11-L2 y, finalmente, al sistema nervioso central, donde se integra la localización, intensidad y carácter del dolor, potenciando las crisis.

El dolor se distribuye siguiendo los dermatomas por convergencia somato-visceral en la médula espinal, lo que explica su irradiación hacia áreas inervadas por los nervios genitofemoral, ilioinguinal e iliohipogástrico. Los síntomas viscerales asociados, como náuseas, vómitos, taquicardia o disminución del peristaltismo intestinal se atribuyen a la comunicación entre los plexos renal, celíaco y mesentérico, que alcanzan la médula espinal al mismo nivel y generan irritación.

Durante la obstrucción ureteral aguda se reconocen tres fases sucesivas. En la fase inicial (0–1,5 horas), se produce un aumento del flujo sanguíneo renal y de la presión ureteral, debido a la vasodilatación preglomerular mediada por eicosanoides como la prostaglandina E2 y la prostaciclina, así como por la posible acción del óxido nítrico. En la fase intermedia (1,5–5 horas), el flujo sanguíneo renal comienza a descender mientras la presión ureteral se mantiene elevada. Finalmente, en la fase tardía (más de 5 horas), tanto el flujo sanguíneo como la presión ureteral disminuye como consecuencia de la vasoconstricción preglomerular mediada por sustancias como angiotensina II, tromboxano A2, ADH y endotelinas.

La PGE2 también inhibe la secreción de hormona antidiurética, aumentando la PU al elevar el flujo urinario. La posterior reducción de PU se relaciona con la disminución del filtrado glomerular y con mecanismos de escape de orina por reflujos pielovenosos y pielolinfáticos, lo que explica la frecuente mejoría espontánea del dolor horas después de iniciado. Es importante resaltar que el dolor no se produce directamente por espasmos ureterales, por lo que los fármacos espasmolíticos tienen eficacia limitada y podrían incluso retrasar la expulsión del cálculo.

En casos de obstrucción prolongada, la presión elevada en el sistema colector puede llevar a la anulación del filtrado glomerular y, ocasionalmente, a la rotura de los fórnix caliciales con extravasación perirrenal de orina. Esta puede reabsorberse a través de los sistemas venosos y linfáticos como mecanismo de defensa. Según la literatura, el riesgo de daño renal irreversible aparece varias semanas después de una obstrucción completa prolongada2.

ETIOLOGÍA:

En la mayoría de los pacientes (hasta un 90 %), el cólico renal se debe a una obstrucción ureteral por litiasis. Entre un 5–10 % se relaciona con alteraciones no litiásicas de la vía urinaria, como el síndrome de la unión pieloureteral, coágulos por tumoraciones renales, atonía ureteral por pielonefritis, necrosis papilar o procesos neoplásicos uroteliales. El resto de los casos puede deberse a obstrucción ureteral extrínseca secundaria a enfermedades intestinales (apendicitis, diverticulitis, enfermedad de Crohn), ginecológicas, retroperitoneales, vasculares (aneurismas aortoilíacos, uréter retrocavo), oncológicas, hematológicas o complicaciones postquirúrgica2.

CLÍNICA:

Los signos y síntomas principales se manifiestan con un dolor súbito, unilateral e intenso, generalmente localizado en la fosa lumbar y el ángulo costovertebral, que puede irradiarse siguiendo el trayecto del uréter hacia la vejiga, los genitales externos o incluso la cara interna del muslo. Los pacientes suelen mostrarse muy agitados, buscando sin éxito una posición que alivie el dolor, sujetándose la fosa renal. Con frecuencia, el cuadro se acompaña de síntomas digestivos como náuseas, vómitos y constipación por íleo reflejo. Cuando el cálculo se encuentra próximo a la vejiga, pueden aparecer síntomas de irritación vesical, como polaquiuria o tenesmo, mientras que la fiebre no suele estar presente en casos no complicados2.

DIAGNÓSTICO:

Para su diagnóstico resulta fundamental la clínica. En la mayoría de los cólicos renales se presenta hematuria, ya sea macroscópica o microscópica, aunque esto no siempre ocurre, esta ausencia no se relaciona con el grado de obstrucción, ni con el tamaño o la localización del cálculo. La tira reactiva de orina es útil y sensible para hematuria y leucocituria, incluso sin infección. El análisis sanguíneo solo se requiere ante sospecha de complicación (fiebre, oligoanuria, obstrucción bilateral) para evaluar leucocitos, función renal y signos de sepsis. También podría realizarse una exploración morfológica para diagnosticar su causa (Rx simple, urografía, ECO, etc.2,3.

TRATAMIENTO:

En referencia al tratamiento no farmacológico, el manejo conservador es la primera línea para el cólico renal simple, los objetivos del tratamiento son controlar el dolor y preservar la función renal, aliviando la obstrucción ureteral. No se recomienda aumentar la ingesta de líquidos o el uso de diuréticos en la fase aguda, ya que no hay evidencia de que aceleren la expulsión y podrían aumentar el riesgo de rotura de la vía urinaria. La aplicación de calor sobre la zona lumbar puede disminuir el dolor al alterar la señalización de los nociceptores y reducir la actividad simpática. Es una medida segura, sencilla y útil como complemento en el manejo del dolor agudo. El tratamiento farmacológico para el cólico domiciliario u hospitalario se realizaría con analgésicos-espasmolíticos y sintomático (ej. metamizol + buscapina) y si la causa fuera por litiasis sería etiológico además de abundantes líquidos, incluso litotricia o cirugía2.

ABORDAJE ENFERMERO:

  1. Valoración inicial: Escala de dolor, constantes vitales, antecedentes.
  2. Manejo del dolor: Según clínica o etiología priorizar tratamiento no farmacológico como primera elección o farmacológico.
  3. Soporte clínico: Hidratación intravenosa, control de diuresis, vigilancia de complicaciones.
  4. Realización de pruebas complementarias o radiológicas.
  5. Educación sanitaria: Instrucciones sobre hidratación, dieta y seguimiento urológico.

 

CONCLUSIÓN

El cólico renal continúa siendo una de las urgencias más frecuentes en la práctica hospitalaria. El rol de enfermería es determinante para garantizar una atención rápida, segura y humanizada, así como para prevenir recurrencias mediante educación y seguimiento. Las tendencias epidemiológicas apuntan a un incremento futuro, lo que hace prioritario reforzar protocolos de actuación y estrategias de prevención.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Esquena S., Millán Rodríguez F., Sánchez-Martín F.M., Rousaud Barón F., Marchant F., Villavicencio Mavrich H.. Cólico renal: Revisión de la literatura y evidencia científica. Actas Urol Esp  [Internet]. 2006  Mar [citado  23 julio 2025];  30( 3 ): 268-280. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0210-48062006000300004&lng=es.
  2. Sayas Herazo, M.E. et al. (2020) ‘Manejo del Cólico renal en urgencias’, RECIMUNDO, 4(3), pp. 138–152. doi:10.26820/recimundo/4.(3).julio.2020.138-152.
  3. Nicolau, C., Salvador, R. and Artigas, J.M. (2015) ‘Manejo Diagnóstico del Cólico renal’, Radiología, 57(2), pp. 113–122. doi:10.1016/j.rx.2014.11.003.

 

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