AUTORES
- Noelia Hernández Lafuente. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
- Alba López Mendieta. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
- Cristina Gracia Piqueras. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
- Lydia Gómez Morante. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
RESUMEN
La sífilis es una infección bacteriana provocada por Treponema pallidum, que se transmite principalmente por contacto sexual y, en el caso de las mujeres embarazadas, de manera vertical al bebé. Aunque su diagnóstico es sencillo y el tratamiento accesible, persisten barreras sociales y estructurales que dificultan el acceso a la atención médica, lo que favorece su propagación. Esta infección progresa a través de tres fases: primaria, secundaria y terciaria, y puede generar problemas graves si no se trata adecuadamente. El diagnóstico se realiza mediante pruebas serológicas y métodos directos. El tratamiento más común es la Penicilina G Benzatina, con alternativas para personas alérgicas. La prevención mediante el uso adecuado de preservativos y la detección temprana son clave para controlar la enfermedad y evitar complicaciones, particularmente en mujeres embarazadas.
PALABRAS CLAVE
Sífilis, Treponema pallidum, prevención, enfermedad de transmisión sexual, pruebas serológicas, Penicilina.
ABSTRACT
Syphilis is a bacterial infection caused by Treponema pallidum, primarily transmitted through sexual contact and, in the case of pregnant women, vertically to the baby. Although its diagnosis is straightforward and treatment is accessible, social and structural barriers persist that hinder access to medical care, facilitating its spread. This infection progresses through three stages: primary, secondary, and tertiary, and can cause serious problems if not properly treated. Diagnosis is made through serological tests and direct methods. The most common treatment is Benzathine Penicillin G, with alternatives for allergic individuals. Prevention through the proper use of condoms and early detection are key to controlling the disease and preventing complications, particularly in pregnant women.
KEY WORDS
Syphilis, Treponema pallidum, prevention, sexually transmitted disease, serological tests, Penicillin.
DESARROLLO DEL TEMA
La sífilis es una infección causada por la bacteria Treponema pallidum, puede transmitirse a través del contacto sexual o vertical. A pesar de que su diagnóstico es sencillo y el tratamiento es accesible, sigue siendo un problema de salud pública, debido a diversas barreras institucionales, estructurales y subjetivas como la vergüenza, el miedo, la estigmatización y las condiciones sociales de vida, que dificultan que las personas busquen atención médica1,2.
En 2012, se registraron 5,6 millones de nuevos casos de sífilis, con una tasa de 25,1 por cada 100.000 adultos en 2014. A nivel mundial, la prevalencia fue similar entre mujeres y hombres, con tasas de 17,7 y 17,2, respectivamente. En Europa, la incidencia de sífilis es mayor en hombres que en mujeres. Según estimaciones de la OMS, en 2022, ocho millones de adultos de entre 15 y 49 años contrajeron sífilis. Se ha observado en algunos países un aumento relevante en los casos de sífilis congénita y entre hombres que tienen relaciones sexuales con hombres3,4.
El agente causante de la sífilis es el Treponema pallidum. Este microorganismo tiene una forma delgada y en espiral. No puede sobrevivir fuera de su único huésped natural, el ser humano1.
La principal forma de transmisión de la sífilis es a través del contacto sexual. El Treponema pallidum ingresa al cuerpo a través de las mucosas genitales o la piel, accediendo al sistema linfático y sanguíneo, lo que permite su diseminación y afectación a diversos órganos. El periodo de incubación puede oscilar entre 3 y 90 días. Las lesiones iniciales suelen aparecer en zonas como el recto, la vagina, la vulva, el cuello uterino, la zona perianal o la cavidad oral, en aproximadamente un 10-20% de los casos1,4.
Una forma de transmisión importante es la vertical, donde la infección puede ser transmitida al bebé durante el parto, si entra en contacto directo con una lesión4,5.
La sífilis es contagiosa en las fases primaria, secundaria y en la fase latente temprana, que en conjunto se conocen como sífilis infecciosa. Es más transmisible durante los primeros dos años después del contagio5,6.
Por otro lado, la mayoría de las personas que padecen sífilis no son conscientes de su infección, lo que les permite transmitir la enfermedad a sus parejas sexuales. Esto se debe a la falta o escasez de síntomas, los cuales pueden variar según la etapa de la enfermedad. La sífilis se presenta en tres fases a lo largo de su curso1,3:
-Sífilis primaria: En este estadio, la infección se limita a la zona de entrada del microorganismo, presentándose típicamente como una úlcera o chancro. El tiempo de incubación suele ser de 2 a 3 semanas, aunque puede extenderse hasta 90 días, y en el sitio de inoculación aparece una pequeña pápula que luego se ulcera, formando un chancro sifilítico, que es indoloro, firme y sin secreción purulenta. Esta úlcera se puede presentar en genitales, ano, labios o boca, y generalmente va acompañada de adenopatías que surgen de 7 a 10 días después del chancro. Aunque la úlcera tiende a sanar de manera espontánea en un período de 2 a 8 semanas, la infección puede propagarse al sistema circulatorio, dando inicio a la sífilis secundaria. En el 25% de los casos no tratados, la sífilis secundaria aparece entre 4 y 6 semanas después de la lesión primaria. Los chancros fuera de los genitales, como los orales, se observan entre el 40% y el 75% de los casos2,5,7.
-Sífilis secundaria: Esta etapa aparece cuando el microorganismo se dispersa a través de la sangre y afecta diversos órganos. Aparece entre 2 y 24 semanas después del chancro. Se observan erupciones cutáneas generalizadas, (palmas de las manos y plantas de los pies), fiebre, ganglios linfáticos inflamados, caída de cabello, uveítis, y problemas neurológicos como neuritis óptica o sordera. Entre el 21% y el 58% de los pacientes presentan lesiones mucocutáneas, condiloma plano en los genitales o la boca, y parches mucosos. Aunque el tratamiento permite la curación, si no se trata, la enfermedad puede avanzar a la fase terciaria2,5,7.
-Sífilis terciaria: Esta fase se caracteriza por complicaciones graves que afectan al sistema nervioso, cardiovascular y otros órganos. Aparecen lesiones como gomas sifilíticas, que son tumores indoloros, y pueden dañar la piel, mucosas, huesos y órganos internos. La sífilis terciaria también puede llevar a trastornos neurológicos y cardiovasculares graves, como aneurismas en la aorta torácica. Un tercio de los pacientes no tratados desarrollan sífilis terciaria entre 1 y 30 años después de la infección inicial2,5,7.
Por otra parte, la sífilis también se puede manifestar en diferentes situaciones como4,6:
-Sífilis latente: En la fase latente de la sífilis, el paciente no muestra signos de infección, pero las pruebas serológicas detectan la presencia del Treponema pallidum. Se divide en dos tipos: precoz, cuando ocurrió en los 12 meses anteriores o tardía, cuando ha transcurrido más tiempo. A pesar de que no haya síntomas visibles, la infección sigue presente y puede ser contagiosa, sobre todo en la fase latente precoz4,6.
-Sífilis congénita: La sífilis congénita ocurre cuando se transmite de manera vertical, de madre a hijo durante el embarazo o en el parto. La probabilidad de transmisión vertical es mayor en la fase primaria de la infección, con un riesgo del 70-100%. Se observan manifestaciones clínicas como sarpullido, ganglios linfáticos inflamados, alteraciones óseas, hepatoesplenomegalia y problemas neurológicos. Los niños que adquieren esta infección pueden desarrollar la triada de Hutchinson, que incluye sordera, incisivos en forma de destornillador y queratitis intersticial4,6.
-Neurosífilis: Puede darse la afectación del sistema nervioso central cuando los pacientes no se tratan (entre el 10-40%). Puede aparecer en cualquier etapa de la enfermedad, incluso sin síntomas evidentes. Se diagnostica mediante pruebas serológicas en el líquido cefalorraquídeo4,6.
Si la sífilis se trata a tiempo, es poco probable que cause complicaciones a largo plazo. Por otra parte, si no se trata, la enfermedad puede extenderse a otros órganos, provocando complicaciones como: un aumento de riesgo de contraer VIH u otras infecciones de transmisión sexual como gonorrea, clamidia, etc.; sífilis avanzada en fase terciaria; neurosífilis, sífilis ocular y otosífilis; sífilis congénita, graves consecuencias para el bebé como bajo peso al nacer, parto prematuro o muerte fetal2,4.
El diagnóstico de la sífilis se realiza mediante la observación de los signos y síntomas clínicos, la historia clínica, el examen microscópico y las pruebas serológicas. El diagnóstico puede llevarse a cabo mediante métodos directos o indirectos. Los métodos directos se consideran definitivos, mientras que los indirectos se consideran presuntivos. En la mayoría de los casos, la sífilis se diagnostica utilizando métodos indirectos (serológicos) debido a su alta capacidad predictiva. La elección del método diagnóstico dependerá del estadio de la enfermedad y de la presentación clínica del paciente3,7.
Métodos directos: Los métodos directos disponibles (inmunohistoquímica y los anticuerpos fluorescentes). Estas técnicas permiten detectar T. pallidum en muestras de lesiones exudativas o tejidos. Son útiles para confirmar el diagnóstico en pacientes con lesiones (chancro duro, condilomas o lesiones ampollares), es decir, para detectar la sífilis en sus etapas más tempranas, cuando las pruebas no treponémicas aún no se han positivizado3,7.
Examen de campo oscuro (FO): Permite visualizar treponemas vivos y móviles. La limitación es que debe realizarse de inmediato tras la toma de la muestra y las lesiones deben estar húmedas2,6.
Reacción en cadena de la polimerasa (PCR): Es el método de elección para lesiones orales y para derivar muestras a laboratorios de mayor complejidad ya que no requiere la presencia de un microorganismo vivo. Este método es más sensible que el examen de campo oscuro2,6.
Un resultado negativo de FO o PCR no descarta el diagnóstico de sífilis. Son métodos más efectivos para confirmar la infección, un resultado positivo confirma el diagnóstico1,2.
Métodos indirectos: Para el diagnóstico de sífilis, existen dos tipos de pruebas serológicas: las pruebas No Treponémicas y las Treponémicas. Estas se diferencian en los antígenos utilizados y en el tipo de anticuerpo que se detecta1,2.
Pruebas No Treponémicas (PNT): Entre estas pruebas se encuentran la VDRL (Venereal Disease Research Laboratory), USR (VDRL modificada para suero no calentado) y RPR (prueba rápida de reagina plasmática). Son pruebas económicas y de fácil ejecución3,4,6.
Pruebas Treponémicas (PT): Estas pruebas confirmatorias incluyen la TP-PA (aglutinación de partículas para Treponema pallidum), HA-TP (hemaglutinación para anticuerpos contra TP), MHA-TP (microhemaglutinación para anticuerpos contra TP), FTA-abs (prueba de anticuerpos treponémicos fluorescentes absorbidos), LIA (inmunoensayo en línea), EIA (inmunoensayos enzimáticos) y CIA (inmunoensayos quimioluminiscentes)3,4,6.
También se incluyen las pruebas rápidas para el diagnóstico de sífilis (PRS), Son inmunocromatografías en fase sólida de flujo lateral (en formato tira o cassette). Son pruebas específicas y confirmatorias, ya que utilizan antígenos recombinantes treponémicos para detectar anticuerpos. Son fáciles de realizar permitiendo realizar el diagnóstico y administrar el tratamiento de manera inmediata3,4,6.
El tratamiento indicado para la sífilis no complicada consiste en una única dosis de 2,4 millones de unidades de Penicilina G Benzatina administrada por vía intramuscular. En caso de alergia a las penicilinas, se puede recurrir a la doxiciclina (100 mg, dos veces al día durante dos semanas). Para la sífilis latente o cardiovascular, se administra Penicilina G Benzatina por vía intramuscular una vez a la semana durante tres semanas. En pacientes alérgicos, se utilizarán tetraciclinas1,3.
En pacientes con VIH, es posible que los síntomas vuelvan a aparecer tras el tratamiento con penicilina benzatínica. Debido al riesgo de neurosífilis, algunos expertos recomiendan examinar el líquido cefalorraquídeo en pacientes con VIH, especialmente aquellos con un conteo de linfocitos CD4 inferior a 250 células/ml para evaluar si se requiere un tratamiento adicional para la neurosífilis. En estos casos, se recomienda la administración de tres dosis de Penicilina Benzatina4,6,7.
La Penicilina Benzatina es la única recomendada por la OMS para mujeres embarazadas4,6,7.
Cabe señalar que, en personas con implantes o inyecciones de silicona, este tratamiento no tendría la misma efectividad1,3.
La sífilis es una enfermedad de transmisión sexual que se puede prevenir. El uso adecuado de preservativos es la manera más eficaz de evitar la sífilis y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS). Sin embargo, también puede contagiarse mediante el contacto con áreas del cuerpo que no están protegidas por el preservativo, como los genitales, el ano o la boca. Aquellas personas con mayor riesgo de contraerla deberían someterse a pruebas al menos una vez al año.
Las personas diagnosticadas con sífilis deben informar a sus parejas sexuales para prevenir la transmisión de la infección4.
CONCLUSIÓN
En conclusión, la sífilis es una infección bacteriana prevenible y tratable, pero sigue siendo un reto para la salud pública debido a su capacidad para pasar desapercibida en muchas personas que no presentan síntomas evidentes. La transmisión de la infección puede ocurrir durante el contacto sexual o a través de la transmisión congénita, lo que subraya la importancia de la prevención, especialmente mediante el uso de preservativos. Por ello, es esencial que todos los profesionales de la salud estén capacitados para reconocer los signos clínicos de esta ITS, realizar el diagnóstico adecuado, proporcionar tratamiento, notificar los casos, hacer seguimiento y buscar a los contactos sexuales de los pacientes. La mayoría de las personas infectadas con sífilis no están al tanto de su estado, lo que aumenta el riesgo de transmisión a sus contactos sexuales, debido a la falta o escasez de síntomas, que varían según la fase de la infección.
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