Asociación del síndrome de fragilidad y riesgo cardiovascular en pacientes de una clínica de primer nivel en Orizaba Veracruz

30 diciembre 2024

 

 

DOI:10.34896/RSI.2024.58.52.001

 

 

AUTORES

  1. Dra. Nadia Velasco Malagon. Médica Especialista en Medicina Familiar. Unidad de Medicina Familiar No. 7, Orizaba. México.
  2. Dr. Hugo Hilarion Moha Arias. Médico Residente en Medicina Familiar. Unidad de Medicina Familiar No. 1, Orizaba. México.

 

RESUMEN

Antecedentes: los cambios fisiológicos del envejecimiento son el resultado del paso del tiempo y son universales y graduales: implican modificaciones morfológicas y fisiológicas. En el paciente anciano, la fragilidad es un síndrome común, en el que existe una baja considerable de la reserva fisiológica que genera vulnerabilidad frente a factores estresantes. En la actualidad, la evidencia que correlaciona la fragilidad y la enfermedad cardiovascular va en aumento.

Objetivo general: determinar la asociación entre el síndrome de fragilidad y riesgo cardiovascular de pacientes en una clínica de primer nivel en Orizaba, Veracruz.

Material y métodos: estudio, analítico, transversal, prospectivo, observacional, en 194 pacientes adultos mayores de 60 – 74 años se utilizaron medidas de frecuencia y porcentajes para variables cualitativas, medidas de tendencia central y de dispersión para variables cuantitativas. Se determinará la asociación por medio del chi cuadrado.

Resultados: de un total de 194 pacientes, 129 fueron mujeres y 65 hombres, se obtuvo que el grupo con mayor frecuencia de fragilidad en mujeres fue el de 65 – 69 años con 25 (19.4 %). En hombres, el grupo con mayor estado de fragilidad fue el de 65 – 69 con 16 (24.6%). Con respecto al riesgo cardiovascular en mujeres la frecuencia más elevada se obtuvo en grupo de 60 – 64 años con 29 participantes con riesgo cardiovascular moderado, el grupo de hombres con mayor frecuencia fue el de 60 – 64 años con 19. Al aplicar la herramienta estadística se obtuvo un valor de p= 0.001 siendo significativo la asociación del síndrome de fragilidad y el riesgo cardiovascular.

Conclusiones: se concluye que el síndrome de fragilidad y el riesgo cardiovascular guardan asociación, al relacionarse con la edad y el sexo, se observa significancia en los resultados obtenidos.

PALABRAS CLAVE

Síndrome de fragilidad, riesgo cardiovascular, adulto mayor.

ABSTRACT

Background: Physiological changes in aging are the result of the passage of time and are universal and gradual: they involve morphological and physiological modifications. In the elderly patient, frailty is a common syndrome, in which there is a considerable decrease in the physiological reserve that generates vulnerability to stress factors. Currently, the evidence that correlates frailty and cardiovascular disease is increasing.

General objective: to determine the association between frailty syndrome and cardiovascular risk in patients in a first-level clinic in Orizaba, Veracruz.

Material and methods: analytical, cross-sectional, prospective, observational study in 194 elderly patients aged 60 – 74 years. Frequency and percentage measures were used for qualitative variables, central tendency and dispersion measures for quantitative variables. The association will be determined by means of the chi square.

Results: Of a total of 194 patients, 129 were women and 65 men, it was found that the group with the highest frequency of frailty in women was the 65-69 age group with 25 (19.4%). In men, the group with the highest state of frailty was the 65-69 age group with 16 (24.6%). Regarding cardiovascular risk in women, the highest frequency was obtained in the 60-64 age group with 29 participants with moderate cardiovascular risk, the group of men with the highest frequency was the 60-64 age group with 19. When applying the statistical tool, a value of p= 0.001 was obtained, the association of frailty syndrome and cardiovascular risk being significant.

Conclusions: It is concluded that frailty syndrome and cardiovascular risk are associated; when related to age and sex, significance is observed in the results obtained.

KEY WORDS

Frailty syndrome, cardiovascular risk, elderly.

INTRODUCCIÓN

El síndrome de fragilidad hoy en día es un padecimiento que se presenta en adultos mayores, este se define como el estado clínico asociado a la edad, en cual presenta una disminución de la reserva fisiológica y de la función en múltiples órganos y sistemas, haciendo que disminuya la respuesta al estrés, asociándose a mayores complicaciones agudas y crónicas como caídas y hospitalizaciones1.

En el informe mundial de la OMS sobre el envejecimiento y salud del 2015, se define a las personas mayores como aquellas que han superado la esperanza de vida media al nacer. Clasificando a las personas de 60 a 74 años, como de edad avanzada, de 75 a 90 años como viejas o ancianas y los que sobrepasan los 90 años los denomina grandes, viejos o longevos. Acordando que a todo individuo mayor de 60 años se le llamará de forma indistinta persona de la tercera edad 2.

En México, de acuerdo con la encuesta intercensal en el 2015 la población de personas mayores era del 10.4% de la población mexicana total y se estima que para el 2030 sea del 14.6%. Datos de la Encuesta Nacional Sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) reflejan que la población mayor de 60 años en el país representa el 53.6% de la población total mayor de 50 años la cual se calcula en 22.9 millones. En Veracruz, según el censo del 2020 indica que la población total del estado es de 8 062 579 habitantes en donde los mayores de 60 años representan el 14.4%3–5.

Los cambios fisiológicos del envejecimiento son el resultado del paso del tiempo y son universales y graduales: implican modificaciones morfológicas y fisiológicas, con afectación de todos los sujetos y sistemas orgánicos. Dichos cambios están determinados por factores de carácter genético y molecular. El envejecimiento no es una enfermedad; sin embargo, representa un suceso multidimensional en el que intervienen varios mecanismos en la evolución irreversible de los órganos, todo lo cual provoca mayores riesgos en cuanto a la morbilidad y la mortalidad6,7.

En el paciente anciano, la fragilidad es un síndrome común, en el que existe una baja considerable de la reserva fisiológica que genera vulnerabilidad frente a factores estresantes. Por lo que el término de fragilidad ha tomado relevancia en el ámbito clínico ya que es creciente la evidencia que demuestra que su presencia aumenta el riesgo de discapacidad, mortalidad, estancia hospitalaria y costos en la atención en salud. En términos prácticos, el paciente frágil es aquel que tiene un estado de salud delicado, débil y que no es vigoroso o robusto. Es un síndrome que conlleva riesgo alto de mortalidad, discapacidad, institucionalización, así como hospitalizaciones, caídas, fracturas, complicaciones posoperatorias, mala salud, e incluso tromboembolismo venoso8-10.

En la actualidad no se cuenta con un estándar de oro para el diagnóstico de fragilidad, sin embargo, los criterios propuestos por Fried y cols son los más empleados en la literatura, sin embargo, aún no son aplicables en nuestro medio, dado que no hay un punto de corte en la población mexicana.11.

La asociación internacional de nutrición y envejecimiento desarrollaron el cuestionario “FRAIL”, recomendado como una forma rápida y sencilla, factible y económica, para detectar síndrome de fragilidad. Este instrumento está validado en 6 diferentes estudios y consta de 5 reactivos: F. Fatiga. R. Resistencia (incapacidad para subir un tramo de escaleras). A. Aeróbica, (incapacidad para caminar una cuadra). I. Ilnes (5 o más enfermedades). L. Loss of weigth (pérdida de 5 o más kilos). Interpretación: 0 puntos = paciente robusto. 1-2 puntos = paciente pre frágil. 3 o más puntos= paciente frágil12.

Clínicamente el síndrome de fragilidad se caracteriza por: 1. Pérdida no intencionada de peso ≥ 4,5 kg en el último año, 2. Debilidad muscular: fuerza máxima de agarre con la mano 3. Sensación de agotamiento. 4. Lentitud en la marcha. 5. Bajo nivel de actividad física.15 También existen diversos índices utilizados para medir la fragilidad como el Groningen el cual considera 15 déficits en 4 dominios: físico, polifarmacia, cognición, psicosocial. El índice de Tilburg que también considera 15 déficits en 4 categorías: físico, psicológico y social. La Edmonton Frail Scale es otra herramienta utilizada para evaluar la fragilidad: Incluye 17 déficits en los dominios de cognición (test del reloj), estado de salud general, independencia funcional, apoyo social, uso de medicamentos, nutrición, estado de ánimo, continencia y desempeño funcional. Un estado de fragilidad se establece con un puntaje de 8 o mayor. Es válida, fiable y factible para la utilización por los no geriatras, pero su precisión diagnóstica no está muy estudiada13.

La población geriátrica es el grupo etario en el que más prevalecen enfermedades crónicas, no transmisibles, siendo las enfermedades cardiovasculares, las de mayor incidencia, mortalidad e impacto sanitario, social y económico. En la actualidad, la evidencia que correlaciona la fragilidad y la enfermedad cardiovascular va en aumento14.

De acuerdo con la organización mundial de la salud, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de defunción en el mundo y, según estimaciones, se cobran 17.9 millones de vidas cada año. Estas enfermedades constituyen un grupo de trastornos del corazón y de los vasos sanguíneos que incluyen cardiopatías coronarias, enfermedades cerebrovasculares y cardiopatías reumáticas15.

El desarrollo de enfermedad cardiovascular es atribuido a diversos factores de riesgo, como son edad, género masculino, colesterolemia total, colesterolemia de lipoproteínas de baja densidad colesterolemia de lipoproteínas de alta densidad, hipertrigliceridemia, tabaquismo, presión arterial, diabetes, presencia de enfermedad coronaria, antecedentes familiares de la enfermedad, obesidad y sedentarismo. Algunos de estos factores, pueden ser modificables y sujetos a medidas preventivas, dicho esto la prevención de estas enfermedades, deben enfocarse en grupos específicos, empezando por los pacientes con enfermedad ya establecida y por los individuos con alto riesgo16.

Un factor importante en la elevación del riesgo cardiovascular es la dislipidemia, que representa uno de los principales factores de riesgo, para la cardiopatía isquémica, primera causa de mortalidad en el mundo. No obstante, existen numerosas evidencias sobre su manejo clínico, la tasa de pacientes que consiguen un buen control de sus niveles de lípidos, sobre todo en los pacientes de alto y muy alto riesgo cardiovascular aún es muy baja17.

La hipercolesterolemia ayuda al desarrollo de la aterosclerosis, que es uno de los procesos que está en el origen de las enfermedades cardiovasculares. La aterosclerosis es un fenómeno complicado, caracterizado por la acumulación de lípidos en las paredes de las arterias, provocando una reacción inflamatoria y el inicio de procesos que forman placas de ateroma. Esta situación se inicia en las primeras décadas de la vida y progresa lentamente a lo largo de los años. Se ve favorecido por la presencia no sólo de la dislipidemia sino también de otros factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión, la diabetes y el tabaquismo18.

El tabaquismo es otro de los factores influyentes en relación con el riesgo cardiovascular fue responsable de 37% del riesgo atribuible poblacional de infarto agudo al miocardio en el estudio INTERHEART a nivel mundial, también en los fumadores pasivos hubo un mayor riesgo de un 13%. Al analizar los datos de América Latina encontramos que el tabaquismo es el tercer factor más importante en relación con el riesgo cardiovascular global que se determina en una persona. El tabaquismo se relaciona con diversos componentes que inician la aparición de trombosis, hemorragia o vasoconstricción, los cuales derivan en oclusión vascular e isquemia, entre los que se incluyen un menor suministro de sangre oxigenada al miocardio y el posterior incremento en el gasto cardíaco19–20.

La diabetes también es otro factor que modifica el riesgo cardiovascular en una persona, los años de diagnóstico de la enfermedad, el mal control de la glucemia, el mal apego al tratamiento y la presencia de complicaciones microvasculares (como enfermedad renal o proteinuria) aumenta tanto el riesgo relativo de eventos cardiovasculares. Las Guías europeas desarrolladas en 2019 expresaron que los pacientes con diabetes tipo 2 y tres o más factores de riesgo, o con más de 20 años de duración de la enfermedad, tienen un riesgo cardiovascular muy alto21.

La macroangiopatía diabética es el daño fisiopatológico a las arterias de mediano y gran calibre. Afecta a las arterias coronarias dando lugar a procesos como la cardiopatía isquémica, los accidentes isquémicos o hemorrágicos cerebrales. En los pacientes con diabetes tipo 2 mal controlados, la combinación de la hiperglucemia con otros factores de riesgo frecuentes en estos pacientes acelera el desarrollo de macroangiopatía, cuya base fisiopatológica es la progresión de la enfermedad aterosclerótica y sus complicaciones trombóticas22.

Es importante recalcar la existencia de factores de riesgo antes mencionados que aceleran la progresión de la enfermedad cardiovascular como son el hábito tabáquico, la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia o la diabetes, sobre todo si estos se presentan de manera conjunta, en este sentido el estudio de Framingham (desarrollado para identificar, factores que pudieran estar relacionados con el desarrollo de enfermedad cardiovascular) ha aportado desde 1948, información muy relevante23.

La clasificación de Framingham utiliza un método de puntuación con base en las siguientes variables, edad, sexo, colesterol total, presión arterial sistólica, tabaquismo, calculando con estos parámetros el riesgo cardiovascular a 10 años, y la probabilidad de desarrollar una enfermedad coronaria total (angina inestable, infarto de miocardio y muerte coronaria) estadificando el riesgo en bajo moderado y alto24.

La importancia de reducir la morbimortalidad por enfermedades cardiovasculares ha sido motivo de diversos estudios como el de Hierrezuelo Rojas y cols que realizaron un estudio en 2019 para estimar el riesgo cardiovascular en adultos mayores con hipertensión arterial. Estudiaron variables sociodemográficas (edad, sexo y color de piel) y clínicas (clasificación y control de la enfermedad) encontrando un riesgo cardiovascular moderado en el 56% de la población estudiada25.

Quintero Cruz y colaboradores, realizaron un estudio en 2018 con pacientes de 60 años y más con algún tipo de padecimiento cardiovascular, evaluaron mediante criterios de FRIED los cuales se utilizan para evaluar fragilidad, incluyendo: pérdida de peso involuntaria, baja energía o “agotamiento”, debilidad muscular y baja actividad física, resultando con fragilidad una proporción del 23%, con mismo porcentaje para mujeres y hombres, llamando la atención que el 54 % presentaban ya algún indicio de pre fragilidad, con el sexo femenino mayormente afectado26.

Una de las principales complicaciones que se desencadena secundaria a riesgo cardiovascular alto, es la insuficiencia cardiaca (IC), en 2019 Pandey Ambarish y colaboradores realizaron un metaanálisis en donde determinaron que la prevalencia de síndrome de fragilidad con IC, encontrando que en pacientes ambulatorios oscila entre el 19 y el 52%, según el fenotipo de fragilidad de Fried, siendo una tasa mucho más alta de los ancianos entre 65 y 70 años que viven sin fragilidad la cual es tan baja como el 3% y hasta el 23 % en pacientes mayores de 90 años, en pacientes hospitalizado la prevalencia de IC y fragilidad asciende hasta el 76%27.

En 2020 la sociedad europea del corazón realizó un estudio en relación con el riesgo cardiovascular y su posterior complicación con enfermedades cardiovasculares con la fragilidad en donde se encontró que hay una asociación con una mayor mortalidad en pacientes con insuficiencia cardiaca y en aquellos sometidos a intervenciones percutáneas coronarias, reemplazos de válvulas aórticas y cirugías cardiacas en general. En el implante percutáneo se investigaron a 175 pacientes con estenosis aórtica severa todos los predictores favorecieron hacia la mortalidad de pacientes con fragilidad en las arritmias los pacientes mayores de 70 años fueron en proporción los que presentaron mayor índice de fragilidad en donde la arritmia más prevalente fue la fibrilación auricular con una proporción de hasta 72 %. En la cirugía cardiaca con fragilidad se estudiaron a 3826 pacientes en donde la mortalidad se asoció con mayor incidencia a nivel hospitalario, es de relevancia que la fragilidad no es considerada en las calculadoras de riesgo quirúrgico común28.

En el año 2020 la sociedad cubana realiza una investigación en relación con el riesgo cardiovascular en personas adultas mayores y la actividad física que estos realizan encontrando que de la muestra de 106 adultos entrevistados, el 91.51% eran del sexo femenino y que las personas que no presentaban actividad física eran quienes tuvieron un índice mayor de riesgo cardiovascular, teniendo factores asociados mayormente como colesterol elevado y tensión arterial elevada 29.

 

OBJETIVOS

Objetivo general:

Determinar la asociación entre el síndrome de fragilidad y el riesgo cardiovascular en pacientes de una clínica de primer nivel en Orizaba Veracruz

Objetivos específicos:

  • Examinar las características clínicas de la población de 60 a 74 años en una clínica de primer nivel en Orizaba Veracruz
  • Identificar el síndrome de fragilidad en la población que participe en el estudio
  • Determinar el riesgo cardiovascular en la población a aquellos pacientes que se encuentren con fragilidad

 

MATERIAL Y MÉTODO

Posterior a la evaluación y autorización del comité local de investigación y ética en investigación y salud (clis 3101) con sede en el hospital general regional de Orizaba No 1, así como autorización por escrito al director de la unidad de medicina familiar No 7 de Orizaba Veracruz, para la realización de dicho estudio.

Se realizó un estudio de tipo observacional prospectivo, transversal y analítico, en el cual se abordó a pacientes adultos de 60 a 74 años mientras se encontraban en la sala de espera de la consulta externa de la unidad de medicina familiar No 7 de Orizaba Veracruz, en periodo comprendido de mayo a julio del 2023. Se les invitó a participar y al firmar consentimiento informado se recabo edad y sexo de cada paciente y posteriormente se aplicó el cuestionario FRAIL para identificar síndrome de fragilidad el cual cuenta con 5 ítems, los cuales evalúan fatiga, resistencia, actividad aeróbica, ser portador o no de 11 principales enfermedades y perdida de porcentaje de peso corporal en un año, cada ítem aporto 1 punto, teniendo como resultado lo siguiente: 3–5 puntos es fragilidad, 1 a 2 puntos se traduce en pre fragilidad y robustez en 0 puntos. Seguido de esto se identificó a los pacientes con síndrome de fragilidad que contaron con determinación de colesterol no mayor de 3 meses, para determinar el riesgo cardiovascular mediante las tablas de FRAMINGHAM las cuales evalúan diferentes características clínicas y factores de riesgo como son el sexo, la edad, hábito tabáquico, diabetes, tensión arterial y colesterol total, para fines de determinar la tensión arterial se tomó el valor que el paciente haya tenido en su consulta y/o el valor marcado por el servicio de medicina preventiva en su cartilla nacional de salud; en relación al colesterol, se obtuvo el valor que especificó el paciente en sus últimos exámenes de laboratorio (se corroboró en sistema de laboratorio con número de seguridad social) y/o la determinación de colesterol del servicio de medicina preventiva, si este es reciente y que esté marcado en su cartilla nacional de salud, clasificando en alto, moderado y bajo el porcentaje obtenido de acuerdo a la puntuación de cada tabla.

RESULTADOS

Se aplicaron a 194 adultos mayores de 60 a 74 años los instrumentos antes descritos de los cuales 129 (66.5%) participantes fueron mujeres y 65 (33.5%) hombres. Con respecto al rango de edad por género se organizó en grupos, de 60 – 64 obteniendo una frecuencia 80 (41%), 65 – 69 con frecuencia de 82 (42%) y 70 – 74 años con frecuencia de 33 (17%).

Se utilizó el instrumento FRAIL para conocer el estado de fragilidad, se agruparon a los participantes en rangos de edad y género de los cuales se obtuvo en hombres: fragilidad en 35 (18%), prefragilidad en 18 (9.2%) participantes y 12 (6.1%) participantes sin fragilidad y en mujeres: fragilidad en 61(31.4%), prefragilidad 38 (19.5%)y sin fragilidad en 30 (15.4%) participantes (ver Gráfica 1).

Para el cálculo del riesgo cardiovascular a 10 años, mediante la aplicación del instrumento Framingham se clasifica como alto, moderado y bajo obteniendo en el grupo de hombres de 60 -74 años 5 (2.5%) un riesgo cardiovascular alto y en mujeres 8 (4.1%) del total.

El riesgo moderado fue variable en hombres ya que en donde se arrojaron mayores resultados de dicho rubro es en el grupo de edad de 60 – 64 años con 19 (9.7%), en las mujeres de igual forma el mismo grupo obtuvo el mismo resultado proporcional con 29 (14.9) mujeres. Los hombres que obtuvieron riesgo cardiovascular bajo fueron en total 10 (5.1%) de los 65 totales, con 2 (1,03%) en el grupo de 60 – 64, 7 (3.6%) en el de 65 .69 y 1 en el grupo de 70. 74. En las mujeres 42 obtuvieron riesgo bajo de un total de 129 participantes (ver Gráfica 2).

Al asociar el riesgo cardiovascular con la edad, sexo y estado de fragilidad, el valor de p obtenido al aplicar la herramienta estadística de X2 fue de 0.001 en relación al estado de fragilidad y el riesgo cardiovascular comprobando que existe la asociación entre ambas variables, obteniendo que los pacientes que presentan fragilidad tienen mayor riesgo cardiovascular, además de encontrar igual asociación estadística con la edad y sexo (ver Tabla 1).

DISCUSIÓN

En 2021 se publicó un estudio en la revista Atención Primaria realizado por Menendez- González e Izaguirre Riesgo en donde incluyeron 408 participantes en donde como en el presente estudio la mayoría fueron mujeres (59.1%), obteniendo frecuencia de fragilidad del 27.7% dicho porcentaje es menor al obtenido en esta investigación el cual fue del 47.2% estimándose que debido a que en el presente estudio fue menor la cantidad de mujeres con relación al total de los participantes

Según el boletín informativo del ENASEM del 2020, se estima que la frecuencia de la fragilidad en México en adultos mayores de 60 años es del 25 %, no así los resultados obtenidos presentan que la frecuencia en la población estudiada oscila en el 49% es decir casi el doble de la media calculada para la población en general de la república, siendo mayor relativamente en hombres4.

Quintero y Cruz en 2018 realizaron un estudio con 35 adultos mayores de 60 años, encontrándose que 23 % presentaban fragilidad de estos ya presentaban padecimientos cardiovasculares, evidenciando los resultados presentados en donde el riesgo cardiovascular calculado se eleva conforme se presenta la fragilidad, obteniéndose en la población general un porcentaje de 49 % (frecuencia de 95) con fragilidad en donde alrededor 57 participantes cuentan ya con riesgo cardiovascular alto26.

CONCLUSIÓN

La fragilidad es un síndrome geriátrico, de prevalencia casi desconocida en la población mexicana, actualmente ya existen estudios en otros países en donde se relaciona su presencia con complicaciones a diversos niveles fisiológicos del ser humano, sobre todo en padecimientos cardiovasculares como la hipertensión o patologías que aumentan el riesgo cardiovascular, teniendo en cuenta que la población adulta mayor será mayoría dentro de algunos años, es importante trabajar en relación a este grupo etarios y conocer cuáles son las causas de las complicaciones de las enfermedades crónicas que los aquejan.

Es importante dejar un precedente que muestre e informe sobre la relación que existe entre el síndrome de fragilidad y el riesgo cardiovascular a 10 años, puesto que se considera que por edad los adultos mayores ya tendrán riesgo cardiovascular alto, los resultados aquí presentados, muestran variaciones en dicha afirmación, por lo tanto, trabajar en prevención de dicho síndrome, es de suma importancia, para evitar una causa más de complicación, traduciéndose en la disminución de visitas al medio hospitalario y mejorando en todo sentido la calidad de vida de nuestros pacientes.

Realizar más estudios que engloben prevalencia y otros padecimientos asociados a la fragilidad se reflejará en mayor prevención de complicaciones de enfermedades crónicas en los pacientes adultos mayores, los resultados descritos en el presente estudios, nos muestran un panorama general de cómo se encuentra ya presente dicho síndrome geriátrico en nuestra población y su asociación demostrada con el riesgo cardiovascular alto a 10 años, por lo que resulta preciso que se tomen ya medidas para trabajar en dicho padecimiento.

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ANEXOS

Gráfica 1. Fragilidad por grupo de edad en hombres y mujeres.

A: Destaca en el grupo de edad de 65-69 16(8.2%) mayor estado de fragilidad en hombres n= 31. B: El grupo de mujeres con mayor frecuencia fue el de 65 – 69 con 25 (12.8%). n = 61. Autores: Dra. Nadia Velasco Malagon; Dr. Hugo Hilarion Moha Arias.

Gráfica 2. Riesgo cardiovascular por grupo de edad en hombres.

A: En el grupo de 60 – 64 años obtuvo mayor frecuencia con un total de 19 (12%) teniendo riesgo moderado n=61. B: El riesgo cardiovascular por rango de edad con mayor frecuencia en el rango de 60 – 64 años. Autores: Dra. Nadia Velasco Malagon; Dr. Hugo Hilarion Moha Arias.

 

Tabla 1. Asociación del riesgo cardiovascular con edad, género y estado de fragilidad.

Riesgo cardiovascular
Bajo Moderado Alto Valor de p
Edad 60-64 8.2% 24.7% 8.2 % 0.05
65-69 14.9% 14.4% 12.9%
70-74 3,6% 6.2% 6.7%
Genero Hombre 5.2% 17% 11.3 0.035
Mujer 21.6% 28.3% 16.5%
Estado de fragilidad Fragilidad 5.7% 19% 24.7% 0.001
Prefragilidad 8.8% 17.5% 2.6%
Sin fragilidad 12.4% 8.8% 1.9%

Autores: Dra. Nadia Velasco Malagon; Dr. Hugo Hilarion Moha Arias.

 

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ID:3540

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