Aspiración de secreciones en el paciente intubado: cuidados de enfermería y seguridad durante la técnica

29 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Pablo Gascón Sáez. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. José Ricardo Sánchez Carbó. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

La aspiración de secreciones a través del tubo endotraqueal es una intervención frecuente en pacientes adultos sometidos a ventilación mecánica, pero puede ocasionar complicaciones si se realiza de forma innecesaria o inadecuada. La acumulación de secreciones puede dificultar la permeabilidad de la vía aérea, la ventilación y la oxigenación, por lo que resulta fundamental valorar individualmente la necesidad de realizar el procedimiento y adaptar los cuidados a la situación clínica de cada paciente.

Las recomendaciones actuales destacan la importancia de una adecuada valoración y preparación previa, la preoxigenación cuando esté indicada y la selección correcta del sistema y del catéter. También se recomienda limitar la presión y la duración de la aspiración, comenzar con una técnica superficial y reservar la aspiración profunda para situaciones en las que sea necesaria, así como evitar la instilación rutinaria de solución salina. La vigilancia continua durante y después del procedimiento permite detectar precozmente alteraciones en la oxigenación, la situación hemodinámica o la tolerancia del paciente.

Enfermería desempeña un papel fundamental en la seguridad de esta intervención, ya que participa en la valoración de la indicación, la preparación, la realización de la técnica y la posterior reevaluación del paciente. La formación continuada y el uso de protocolos actualizados pueden favorecer una aplicación más homogénea de las recomendaciones y contribuir a reducir intervenciones innecesarias y posibles complicaciones. La aspiración debe entenderse, por tanto, como una intervención individualizada cuyo objetivo es conseguir una eliminación eficaz de las secreciones con la menor agresión posible para la vía aérea.

PALABRAS CLAVE

Aspiración endotraqueal, intubación endotraqueal, secreciones, ventilación mecánica y cuidados de Enfermería.

ABSTRACT

Endotracheal suctioning is a common intervention in adult patients receiving mechanical ventilation, but it may lead to complications if performed unnecessarily or incorrectly. The accumulation of secretions can impair airway patency, ventilation, and oxygenation; therefore, it is essential to individually assess the need for the procedure and adapt nursing care to each patient’s clinical condition.

Current recommendations emphasize the importance of appropriate assessment and preparation, preoxygenation when indicated, and the correct selection of the suction system and catheter. Suction pressure and duration should also be limited, shallow suctioning should be performed initially, and deep suctioning should be reserved for situations in which it is necessary. Routine instillation of saline solution is not recommended. Continuous monitoring during and after the procedure allows early detection of changes in oxygenation, hemodynamic status, or patient tolerance.

Nurses play a key role in ensuring the safety of this intervention, as they are involved in assessing the indication, preparing the patient, performing the procedure, and reassessing the patient afterwards. Continuing education and the use of updated protocols can promote more consistent implementation of recommendations and help reduce unnecessary interventions and potential complications. Endotracheal suctioning should therefore be considered an individualized intervention aimed at effectively removing secretions while causing the least possible trauma to the airway.

KEY WORDS

Endotracheal suctioning, endotracheal intubation, secretions, mechanical ventilation and nursing care.

INTRODUCCIÓN

La aspiración de secreciones a través del tubo endotraqueal es una intervención habitual en los pacientes intubados y sometidos a ventilación mecánica. Estos pacientes tienen limitada la capacidad para eliminar por sí mismos las secreciones respiratorias, que pueden acumularse y dificultar la permeabilidad de la vía aérea, la ventilación y la oxigenación. Por ello, la aspiración puede ser necesaria cuando existen signos de acumulación de secreciones, pero no se recomienda realizarla de forma rutinaria si no existe una indicación clínica1,2.

Aunque se trata de una técnica frecuente, no está exenta de complicaciones. Una aspiración inadecuada puede provocar desaturación, alteraciones de la frecuencia cardiaca y la presión arterial, traumatismo de la mucosa o pérdida de volumen pulmonar. Por este motivo, aspectos como la valoración previa del paciente, la oxigenación, la duración de la aspiración y la elección del sistema y del catéter deben adaptarse a las características de cada persona1.

Enfermería tiene un papel fundamental, ya que participa directamente en la valoración de la necesidad de aspiración, la preparación del paciente, la realización de la técnica y la vigilancia posterior. Conocer las recomendaciones actuales permite reducir riesgos y realizar el procedimiento de forma más segura, evitando intervenciones innecesarias y adaptando los cuidados a la situación clínica del paciente. La evidencia reciente también señala la importancia de la formación y del cumplimiento de las recomendaciones para mejorar la práctica enfermera1,3.

OBJETIVOS

General:

Analizar las recomendaciones actuales para realizar de forma segura la aspiración de secreciones en pacientes adultos intubados.

Específico:

Describir los principales cuidados de Enfermería antes, durante y después de la aspiración, así como las medidas dirigidas a prevenir sus posibles complicaciones.

METODOLOGÍA

Se ha realizado una revisión bibliográfica narrativa sobre la aspiración de secreciones en pacientes adultos intubados. Se consultaron las bases de datos PubMed, CINAHL, Scopus, Cochrane Library y SciELO, seleccionando publicaciones relacionadas con la indicación, realización, seguridad y cuidados de Enfermería durante la aspiración endotraqueal.

La pregunta de investigación planteada fue: ¿Cuáles son las recomendaciones más adecuadas para realizar de forma segura la aspiración de secreciones en pacientes adultos intubados y qué cuidados de Enfermería deben aplicarse para prevenir complicaciones? Siendo:

  • P (Población): pacientes adultos intubados con tubo endotraqueal.
  • I (Intervención): aspiración de secreciones endotraqueales siguiendo las recomendaciones de seguridad.
  • C (Comparación): diferentes técnicas y sistemas de aspiración según las características del paciente.
  • O (Resultados): eliminación eficaz de secreciones, mantenimiento de la oxigenación y reducción de complicaciones.

La búsqueda se limitó a publicaciones de los últimos cinco años, 2021-2026, en español e inglés, con texto completo y acceso gratuito. Se utilizaron como palabras clave previamente consultadas al DeCS: aspiración endotraqueal, intubación endotraqueal, secreciones, ventilación mecánica y cuidados de Enfermería, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR.

Se incluyeron estudios y documentos de consenso realizados en pacientes adultos con vía aérea artificial, centrados en la aspiración de secreciones y sus cuidados. Se excluyeron estudios pediátricos o neonatales, pacientes con traqueostomía como población principal, publicaciones duplicadas y trabajos que no aportaran información relevante sobre la técnica o la seguridad del procedimiento.

La selección permitió identificar como referencia principal las recomendaciones de la American Association for Respiratory Care (AARC) de 2022, que abordan específicamente la indicación de la aspiración, la preoxigenación, los sistemas abierto y cerrado, la presión de aspiración, el tamaño del catéter, la profundidad y la duración del procedimiento.

RESULTADOS

Indicación y valoración previa del paciente:

Los estudios revisados coinciden en que la aspiración de secreciones debe realizarse cuando existen signos clínicos que indiquen la presencia de secreciones en la vía aérea, y no de manera rutinaria o siguiendo una frecuencia previamente establecida. Entre los principales indicadores se encuentran la presencia visible de secreciones en el tubo endotraqueal, la aparición de ruidos respiratorios compatibles con secreciones y determinados cambios en la curva de flujo del ventilador. Esta valoración permite identificar al paciente que realmente puede beneficiarse de la intervención y evitar una manipulación innecesaria de la vía aérea 1,2.

Antes de iniciar el procedimiento, Enfermería debe realizar una valoración global del estado respiratorio y hemodinámico. Es necesario comprobar la saturación de oxígeno, el patrón respiratorio, la frecuencia cardiaca y la presión arterial, además de observar los parámetros de ventilación mecánica y la presencia de signos que sugieran obstrucción o acumulación de secreciones. También debe comprobarse la correcta fijación del tubo endotraqueal y preparar previamente el material necesario para evitar interrupciones durante la técnica1,3.

La valoración previa adquiere especial importancia en pacientes con una situación respiratoria inestable o con escasa reserva pulmonar, ya que la aspiración puede producir cambios transitorios en la oxigenación y en la situación cardiovascular. Por ello, la decisión de aspirar debe basarse en el estado clínico del paciente y en la relación entre el beneficio esperado y los posibles efectos adversos del procedimiento1,4.

Preparación y preoxigenación:

La preparación del paciente constituye una fase esencial para reducir los riesgos asociados a la aspiración. Antes de comenzar, debe comprobarse la disponibilidad y funcionamiento del sistema de aspiración, seleccionar el catéter adecuado y disponer del material necesario para mantener una técnica segura. En los sistemas abiertos, además, deben respetarse las medidas de asepsia correspondientes1,3.

La preoxigenación antes de la aspiración está recomendada en pacientes adultos y tiene como finalidad disminuir el riesgo de deterioro de la oxigenación durante el procedimiento. Su aplicación debe integrarse en la situación clínica del paciente y en sus necesidades de oxígeno, especialmente en aquellos con hipoxemia o mayor riesgo de desaturación. La evidencia recomienda, por tanto, que la oxigenación previa forme parte de la preparación del paciente antes de realizar la aspiración1.

La preparación no debe limitarse a una actuación técnica. Cuando el nivel de consciencia del paciente lo permite, es conveniente explicar el procedimiento y valorar su tolerancia. Una adecuada preparación facilita además que la aspiración pueda realizarse de forma breve y controlada, evitando prolongar innecesariamente la manipulación de la vía aérea3,5.

Selección del sistema y del catéter:

En pacientes adultos pueden utilizarse tanto sistemas de aspiración abiertos como cerrados. La evidencia disponible indica que ambos pueden eliminar las secreciones de forma eficaz y segura cuando se emplean correctamente. El sistema cerrado presenta la ventaja de permitir la aspiración sin desconectar al paciente del ventilador, lo que puede resultar especialmente útil cuando interesa mantener la ventilación y disminuir la pérdida de presión positiva durante el procedimiento1,2.

La elección entre ambos sistemas debe individualizarse y relacionarse con las características clínicas del paciente y con las condiciones de ventilación mecánica. El sistema cerrado puede ser especialmente interesante en pacientes que requieren concentraciones elevadas de oxígeno o niveles elevados de presión positiva, mientras que el sistema abierto requiere una preparación que permita realizar la técnica manteniendo las condiciones de asepsia adecuadas. No se considera, sin embargo, que uno de los dos sistemas sea universalmente superior para todos los pacientes adultos1,2,4.

El tamaño del catéter constituye otra medida de seguridad. En adultos se recomienda utilizar un catéter cuyo diámetro no ocluya más del 50 % de la luz interna del tubo endotraqueal. La elección de un catéter excesivamente grande puede favorecer una mayor alteración del flujo de aire y de la ventilación durante la aspiración, por lo que su selección debe realizarse teniendo en cuenta tanto el diámetro del tubo como las características de las secreciones1.

Técnica de aspiración:

La técnica debe realizarse de forma controlada, evitando maniobras innecesarias y procurando que cada episodio de aspiración sea lo más breve posible. La recomendación actual establece que la aplicación de la aspiración no debe superar los 15 segundos por episodio. Limitar el tiempo de exposición a presión negativa permite reducir la posibilidad de desaturación y de otras alteraciones derivadas de la manipulación de la vía aérea1.

La presión negativa utilizada debe ser suficiente para conseguir la eliminación de las secreciones, pero sin emplear valores excesivos. En pacientes adultos, la AARC recomienda mantener la presión de aspiración por debajo de −200 mm Hg. El objetivo es alcanzar una eliminación eficaz de las secreciones utilizando la menor intensidad necesaria y reduciendo así el riesgo de traumatismo de la mucosa y otras complicaciones asociadas a una aspiración agresiva1,2.

Respecto a la profundidad, se recomienda comenzar con una aspiración superficial y reservar la aspiración profunda para aquellos casos en los que la primera resulte insuficiente. La introducción sistemática del catéter hasta una mayor profundidad no aporta un beneficio que justifique realizarla de forma rutinaria y puede aumentar la estimulación y el traumatismo de la vía aérea. La profundidad debe, por tanto, adaptarse a la respuesta del paciente y a la eficacia obtenida con la técnica inicial1,3.

Medidas dirigidas a prevenir complicaciones:

Una de las principales medidas de seguridad identificadas es evitar la aspiración innecesaria. Cada manipulación de la vía aérea puede asociarse a efectos adversos, por lo que la indicación basada en signos clínicos constituye la primera medida preventiva. La vigilancia de la saturación de oxígeno y de la respuesta cardiovascular permite detectar precozmente una mala tolerancia al procedimiento y decidir si es necesario interrumpirlo o modificar la estrategia utilizada1,4.

La evidencia también desaconseja la instilación rutinaria de solución salina antes de la aspiración. No se recomienda utilizarla de manera sistemática como método para facilitar la movilización de las secreciones, por lo que su empleo debe evitarse salvo que exista una indicación clínica concreta. Esta recomendación forma parte de las medidas destinadas a reducir intervenciones que no han demostrado un beneficio suficiente durante la aspiración endotraqueal1,2,5.

La prevención de complicaciones requiere asimismo controlar la duración de cada aspiración, utilizar una presión adecuada y seleccionar correctamente el tamaño del catéter. Estas medidas deben acompañarse de una técnica cuidadosa que limite el traumatismo de la mucosa y evite manipulaciones repetidas cuando no sean necesarias. La aparición de desaturación, cambios importantes de la frecuencia cardiaca o de la presión arterial, broncoespasmo o signos de deterioro respiratorio debe considerarse una señal para reevaluar inmediatamente la tolerancia del paciente1,3.

Cuidados y vigilancia posterior:

Una vez finalizada la aspiración, es necesario comprobar la respuesta del paciente y valorar si se ha conseguido el objetivo de la intervención. Enfermería debe reevaluar la saturación de oxígeno, la frecuencia cardiaca, la presión arterial, el patrón respiratorio y, cuando corresponda, los parámetros del ventilador. También debe comprobarse la presencia de secreciones residuales y la necesidad real de repetir el procedimiento1,3.

La observación de las secreciones obtenidas aporta información adicional para la valoración posterior. Su cantidad, aspecto y características deben registrarse cuando resulten clínicamente relevantes, especialmente si presentan cambios respecto a las características habituales del paciente. Esta información puede contribuir a identificar modificaciones en la situación respiratoria y orientar la necesidad de nuevas intervenciones3,5.

La vigilancia posterior permite además detectar complicaciones que pueden aparecer inmediatamente después de la técnica. La persistencia de una disminución de la saturación, la aparición de alteraciones hemodinámicas o un empeoramiento del patrón respiratorio requieren una nueva valoración clínica. De este modo, la aspiración no se considera finalizada simplemente con la retirada del catéter, sino cuando se ha comprobado la respuesta del paciente y la recuperación de unas condiciones respiratorias adecuadas1,4,6.

Formación y papel de Enfermería:

Los resultados ponen de manifiesto que Enfermería desempeña un papel central en todas las fases de la aspiración endotraqueal. Su intervención incluye la identificación de la necesidad de aspiración, la valoración previa, la preparación del material y del paciente, la aplicación de la técnica y la vigilancia posterior. Esta continuidad permite adaptar la intervención a la evolución clínica y detectar precozmente posibles complicaciones3,5.

La formación y la existencia de protocolos actualizados aparecen como elementos relevantes para mejorar la aplicación práctica de las recomendaciones. La literatura enfermera ha señalado que la estandarización de los cuidados y la formación específica pueden favorecer un mayor cumplimiento de las medidas de seguridad durante la aspiración. Por ello, no basta con conocer los pasos de la técnica: es necesario comprender cuándo está indicada, qué medidas deben adoptarse para reducir sus riesgos y cómo valorar la respuesta del paciente3,6,7.

En conjunto, los resultados indican que una aspiración endotraqueal segura depende de una actuación individualizada y basada en la valoración clínica. La indicación adecuada, la preparación y preoxigenación, la selección correcta del sistema y del catéter, el control de la presión y la duración, la evitación de la instilación rutinaria de solución salina y la vigilancia posterior constituyen los principales elementos de seguridad identificados en la literatura revisada1,5,6.

DISCUSIÓN

Los resultados de esta revisión muestran que la aspiración de secreciones debe realizarse a partir de una valoración clínica individualizada y no de forma rutinaria. Las recomendaciones actuales coinciden en la importancia de identificar signos de acumulación de secreciones, realizar una adecuada preparación y preoxigenación cuando esté indicada, y adaptar la técnica a las características del paciente. Medidas como utilizar un catéter adecuado, limitar la presión y la duración de la aspiración, comenzar con una técnica superficial y evitar la instilación rutinaria de solución salina contribuyen a disminuir la agresividad del procedimiento1,2.

La elección entre sistema abierto y cerrado debe individualizarse, ya que ambos pueden utilizarse de forma segura y eficaz. El sistema cerrado puede ofrecer ventajas en pacientes en los que interesa mantener la ventilación y la presión positiva, aunque la evidencia disponible no permite establecer una superioridad general de un sistema sobre otro. Del mismo modo, la vigilancia durante y después de la aspiración resulta esencial para detectar precozmente desaturación, alteraciones hemodinámicas o deterioro respiratorio. En este contexto, la actuación de Enfermería resulta fundamental, ya que integra la valoración previa, la realización de la técnica y la reevaluación posterior1,3,5.

Finalmente, la literatura señala que la existencia de recomendaciones no garantiza por sí sola su aplicación adecuada. Se han descrito diferencias en el conocimiento y en el cumplimiento de algunas medidas relacionadas con la aspiración endotraqueal, lo que pone de manifiesto la importancia de la formación continuada y de disponer de protocolos actualizados. No obstante, debe considerarse que la evidencia sobre algunos aspectos de la técnica sigue siendo limitada, por lo que las recomendaciones deben aplicarse con criterio clínico e individualizando los cuidados. En conjunto, una práctica basada en la evidencia y adaptada a cada paciente puede favorecer una aspiración más segura y reducir intervenciones innecesarias 1,6,7.

CONCLUSIONES

La aspiración de secreciones en el paciente adulto intubado debe realizarse cuando existe una necesidad clínica, evitando su aplicación rutinaria. La valoración individualizada permite identificar cuándo el procedimiento puede aportar un beneficio y seleccionar las medidas necesarias para realizarlo de forma segura.

Los cuidados de enfermería son fundamentales en todo el proceso, desde la valoración y preparación del paciente hasta la realización de la técnica y la vigilancia posterior. La aplicación de medidas como la preoxigenación cuando esté indicada, la correcta selección del catéter y del sistema de aspiración, el control de la presión y del tiempo y la evitación de la instilación rutinaria de solución salina contribuyen a reducir el riesgo de complicaciones.

La actualización de los conocimientos y el uso de protocolos basados en la evidencia son necesarios para favorecer una práctica enfermera segura y homogénea. La técnica debe adaptarse siempre a la situación clínica del paciente, manteniendo como objetivo la eliminación eficaz de las secreciones con la menor agresión posible para la vía aérea.

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