AUTORES
- Alejandro Hernández González. Enfermero, Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Daniel Martínez Laborda. Enfermero, Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza. España.
- Laura Ruiz Sánchez. Enfermera, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Verónica Oviedo Ortega. Enfermera, Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza. España.
- Ariadna García Domínguez. Enfermera, Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Selena Pauliuc. Enfermera, Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet, Zaragoza. España,
RESUMEN
La tuberculosis infantil representa una amenaza creciente para la salud pública mundial, especialmente en países con altos índices de pobreza y desigualdad. En los últimos años, se ha registrado un incremento significativo en la incidencia de esta enfermedad en la población pediátrica, lo que plantea nuevos retos para la prevención, el diagnóstico temprano y el abordaje terapéutico. Este artículo revisa las causas del aumento de casos en el ámbito europeo y concretamente en España, su impacto en la salud infantil, signos clínicos, diagnóstico y tratamiento además del papel del personal de Enfermería en el control y manejo de la tuberculosis pediátrica, con un enfoque centrado en el cuidado integral y la equidad en salud.
PALABRAS CLAVE
Tuberculosis, salud pública, personal de enfermería, diagnóstico precoz, enfermedades trasmisibles, pediatría.
ABSTRACT
Childhood tuberculosis represents a growing threat to global public health, particularly in countries with high levels of poverty and inequality. In recent years, there has been a significant increase in the incidence of this disease among the pediatric population, posing new challenges for prevention, early diagnosis, and therapeutic management. This article reviews the causes of the rising number of cases in the european milieu and specifically in Spain, its impact on child health, clinical signs, diagnosis and tretament as well as the role of nursing personnel in the control and management of pediatric tuberculosis, with a focus on comprehensive care and health equity.
KEY WORDS
Tuberculosis, public health, nursing staff, early diagnosis, comunicable diseases, pediatrics.
DESARROLLO DEL TEMA:
La tuberculosis (TBC) es una de las enfermedades infecciosas más antiguas y persistentes en la humanidad. Si bien afecta principalmente a personas adultas, en los últimos años se ha observado un aumento alarmante en los casos pediátricos, especialmente en regiones con sistemas de salud frágiles y limitaciones en el acceso a servicios de salud. La infancia es un periodo de vulnerabilidad inmunológica, lo que incrementa el riesgo de formas graves de tuberculosis, como la meningitis tuberculosa o la tuberculosis miliar. La detección precoz y el tratamiento adecuado dependen en gran medida del desempeño del personal de Enfermería en los diferentes niveles de atención1,2.
La evidencia acumulada en las últimas décadas ha demostrado que la incidencia de tuberculosis (TBC) infantil está fuertemente condicionada por los determinantes sociales de la salud, entre los que destacan la pobreza, el hacinamiento, la desnutrición y el acceso limitado o tardío a servicios sanitarios. Estos factores aumentan tanto la exposición al Mycobacterium tuberculosis como la vulnerabilidad del huésped, lo que explica la mayor carga de enfermedad en regiones con bajo nivel socioeconómico. La desnutrición infantil, por ejemplo, compromete la inmunidad celular mediada por linfocitos T, que constituye el principal mecanismo de defensa frente a la micobacteria. De igual modo, el hacinamiento y la convivencia con adultos bacilíferos facilitan la transmisión aérea del patógeno, especialmente en hogares y escuelas con ventilación deficiente. Las formas clínicas más frecuentes de TBC infantil incluyen tos persistente de más de dos semanas de evolución, fiebre prolongada y recurrente, pérdida de peso o retraso ponderoestatural y linfadenopatías, particularmente a nivel cervical. En los casos más graves, pueden presentarse manifestaciones extrapulmonares como meningitis tuberculosa, pleuritis, osteomielitis o tuberculosis miliar, las cuales revisten una elevada morbimortalidad en ausencia de diagnóstico precoz1-4.
El diagnóstico de la infección tuberculosa en niños sigue siendo un desafío debido a la dificultad de aislar el bacilo en muestras respiratorias, ya que los pacientes pediátricos suelen presentar escasa expectoración. Por ello, se emplean herramientas indirectas como la prueba de tuberculina (Mantoux), que consiste en la inyección intradérmica de 0,1 mL de derivado proteico purificado (PPD) del M. tuberculosis en la cara anterior del antebrazo. La lectura se realiza entre las 48 y 72 horas posteriores, midiendo el diámetro transversal de la induración (no del eritema). Se considera positiva si la induración supera los 5 mm en pacientes con factores de riesgo (contacto estrecho con caso bacilífero, inmunosupresión, infección por VIH), más de 10 mm en niños sin factores de riesgo en áreas de alta prevalencia y más de 15 mm en individuos sanos sin antecedentes epidemiológicos relevantes. No obstante, esta prueba presenta limitaciones: puede dar falsos positivos en individuos vacunados con BCG y falsos negativos en casos de inmunosupresión, desnutrición severa o en fases muy tempranas de la infección1-4.
Por otro lado, las pruebas IGRA como el QuantiFERON-TB se realizan en laboratorio a partir de una muestra sanguínea y resultan más fiables ya que no requieren de una doble lectura y no se ven limitadas por la vacunación o la infección por otras micobacterias, aunque informan de los mismos datos y en mayores de 2 años inmunocompetentes se pueden utilizar de forma indistinta. El diagnóstico se realiza a partir de la recogida de 3 muestras en 3 días consecutivos de lavado gástrico o esputo inducido de unos 3-4 mL. El tratamiento debe ser antibiótico, con fármacos antituberculosos de primera línea por vía oral que deben tomarse en ayunas. En España actualmente estas formulaciones medicamentosas con licencia no están disponibles para el paciente pediátrico exceptuando la rifampicina, en caso de utilizar otro fármaco de primera línea se deberá entonces realizar controles de toxicidad periódicos hasta finalizar el tratamiento1-4.
A nivel mundial afecta a más de un millón de niños menores de 15 años cada año según la OMS y aunque España es un país desarrollado se generan casos a varios cientos de miles de niños y adolescentes. Aunque su incidencia en Europa es baja y se ha disminuido entre los años 2015-2020, se trata de un problema en aumento ya que por primera vez desde 2005 la mortalidad asociada a la Tuberculosis ha aumentado. El personal de Enfermería participa activamente en la vigilancia epidemiológica, la administración del tratamiento directamente observado (DOT) y la educación sanitaria a familias y comunidades. El repunte de la tuberculosis infantil evidencia deficiencias en los programas de salud pública y en la cobertura de vacunación con BCG, así como debilidades en el seguimiento de contactos intradomiciliarios. El estigma asociado a la enfermedad y la falta de formación específica dificultan el abordaje oportuno. El personal de Enfermería cumple un papel vital, ya que no solo en la administración de medicamentos, sino también en la contención emocional, la promoción de estilos de vida saludables y la coordinación con redes de apoyo social. En este contexto es esencial poder dotar a familias en vías de exclusión y bajo nivel socioeconómico de recursos y educación sanitaria1,4-8.
CONCLUSIONES
El incremento de casos de tuberculosis infantil constituye un llamado urgente a reforzar las estrategias de salud pública, con un enfoque centrado en la equidad y la atención integral. Se trata de una patología que tiene mayor incidencia y prevalencia en países subdesarrollados aunque actualmente está en auge en países como España, por ello es importante reconocerla y tratarla de forma adecuada. El personal de Enfermería debe ser protagonista en la detección precoz, la educación sanitaria y la adherencia terapéutica, actuando como agente clave en la prevención de complicaciones y en la protección de los derechos de la infancia. La inversión en programas comunitarios y la eliminación de barreras estructurales son fundamentales para revertir esta tendencia.
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