Autocuidado en mujeres inmigrantes con trastorno mental grave. Necesidades y factores condicionantes

11 marzo 2026

 

AUTORES

  1. Raquel Valdovinos Garrido. Enfermera. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. José Ignacio Vela Lacarra. Enfermero. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. María Estela García García. Enfermera. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Lydia Traid Hernando. Enfermera. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Ana Baeyens Gracia. Enfermera. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. María Esther López Mosteo. Enfermera. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

 

RESUMEN

Este estudio se centra en identificar las necesidades de autocuidado en mujeres migrantes adultas diagnosticadas con trastornos mentales graves (TMG) a través de un análisis cualitativo basado en entrevistas semiestructuradas. Se reconoce la importancia de abordar estas necesidades desde una perspectiva transcultural, considerando la interseccionalidad de género, migración y salud mental.

Se han explorado las experiencias y perspectivas de estas mujeres y los resultados han revelado varios déficits de autocuidado, como la gestión de la salud mental, la medicación y el afrontamiento del estigma y la discriminación. Se han identificado asimismo diversos factores condicionantes, incluido el acceso limitado a servicios de salud, la falta de recursos económicos, el estigma social y la discriminación, y el apoyo social fragmentado, así como potenciales facilitadores, como el apoyo en las tareas diarias y la participación en actividades de aprendizaje. Los resultados servirán como punto de partida para diseñar un plan de intervención de enfermería centrado en la educación y el empoderamiento de estas mujeres para mejorar su capacidad de autocuidado y buscar ayuda en caso de necesidad.

PALABRAS CLAVE

Autocuidado, enfermedad mental grave, investigación cualitativa, migrantes, salud de la mujer.

ABSTRACT

This study focuses on identifying the self-care needs of adult migrant women diagnosed with severe mental disorders (SMD) through a qualitative analysis based on semi-structured interviews. The importance of addressing these needs from a transcultural perspective is recognized, considering the intersectionality of gender, migration, and mental health.

The experiences and perspectives of these women have been explored, and the results have revealed several self-care deficits, such as mental health management, medication adherence, and coping with stigma and discrimination. Various conditioning factors have also been identified, including limited access to healthcare services, lack of financial resources, social stigma and discrimination, and fragmented social support, as well as potential facilitators, such as assistance with daily tasks and participation in learning activities. The findings will serve as a starting point for designing a nursing intervention plan focused on education and the empowerment of these women to enhance their self-care capacity and seek help when needed.

KEY WORDS

Self-care, severe mental illness, qualitative research, transients and migrants, women’s health.

INTRODUCCIÓN

Cada vez se reconoce más la necesidad de que las personas con enfermedades crónicas, como pueden ser los trastornos mentales, asuman la responsabilidad de su propia salud y participen activamente en su autocuidado. Existe también una creciente concienciación entre los profesionales sanitarios de que apoyar y capacitar a estas personas y ayudarles a realizar actividades de autocuidado puede mejorar su bienestar, disminuir la morbi-mortalidad y reducir los costes sanitarios1. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) determina que el núcleo de los sistemas sanitarios debe complementarse con un modelo de autocuidado que permita a las personas tomar decisiones activas e informadas para promover y mantener su salud y prevenir y/o hacer frente a la enfermedad y la discapacidad2.

Una revisión de los estudios existentes indica que hay una gran cantidad de investigaciones sobre los niveles de autocuidado de las personas con diversos trastornos crónicos (hipertensión, diabetes, insuficiencia renal, etc.), pero apenas existen trabajos que se centren en el análisis del autocuidado y de los factores que lo condicionan en personas con trastornos mentales3. Estos trabajos coinciden en señalar que las personas con trastornos mentales graves (TMG) presentan elevadas tasas de comorbilidades físicas y su esperanza de vida es entre 15 y 20 años menor que la población general. Las alteraciones del pensamiento, la percepción, el estado de ánimo y la motivación influyen en la autoeficacia, el estilo de vida, el comportamiento y la vida familiar y dificultan notablemente el autocuidado de estas personas y el diseño de intervenciones eficaces para promoverlo4.

Por otra parte, la existencia de desigualdades de género en la salud mental y el creciente interés por abordar las necesidades específicas de las mujeres con problemas de salud mental ha dado lugar a un conjunto de estudios que recogen las necesidades de las propias mujeres, así como de familiares y profesionales de atención directa5,6. Estos estudios muestran que, como consecuencia de la triple discriminación que sufren (mujer, discapacidad y estigma relacionado con el problema de salud mental), las mujeres con enfermedad mental presentan peores resultados en calidad de vida que mujeres con otras discapacidades o sin enfermedad. Se pone de manifiesto asimismo que la intersección de estos factores de discriminación se traduce en su ocultamiento, aislamiento social y negación como personas con derecho a un desarrollo pleno, siendo un colectivo especialmente invisibilizado y más vulnerable a sufrir violencia de género7. Sin embargo, la mayoría de los estudios focalizados en las mujeres no analizan aspectos relacionados con su autocuidado y en la literatura este tema se limita en general a estudios sobre las conductas sexuales de riesgo8, las necesidades derivadas de la maternidad y la participación en programas de cribado de cáncer de mama y cáncer de cuello de útero9.

Dada la importancia creciente del fenómeno de la migración y su reconocimiento como un determinante de la salud, en el ámbito científico-sanitario se han llevado a cabo numerosas investigaciones sobre diferentes aspectos de la salud mental en migrantes, generalmente sin una perspectiva de género clara, y focalizados sobre todo en analizar cómo afecta el proceso migratorio a la salud mental de estas personas y en las diferencias en la prevalencia de patologías de salud mental entre los migrantes y la población general10. Se constata que cualquiera de los determinantes sociales de la salud presenta peores resultados cuando se superponen varios ejes de desigualdad y que los migrantes con peor estatus socioeconómico muestran peores indicadores en salud mental, especialmente las mujeres. No obstante, ninguno de los estudios encontrados se focaliza en el autocuidado de migrantes diagnosticadas de TMG.

En este contexto, el presente estudio tiene como objetivo identificar las necesidades de autocuidado de salud en mujeres inmigrantes adultas diagnosticadas de TMG. Para ello, debemos establecer un modelo focalizado en el autocuidado con una perspectiva transcultural, analizando el impacto que supone la interseccionalidad de todos los ejes de desigualdad que caracterizan a estas mujeres, entendiendo como interseccionalidad la interacción compleja entre diferentes dimensiones de la identidad de una persona, como identidad de género, orientación sexual, raza, etnia, clase social, entre otras, y cómo estas dimensiones se combinan para dar forma a las experiencias de vida y las desigualdades que enfrenta una persona. En el caso de las mujeres inmigrantes con TMG, la interseccionalidad de género, condición de migrante y enfermedad mental desempeña un papel crucial en la configuración de sus necesidades de autocuidado y bienestar, ya que además de los obstáculos que pueden afrontar las mujeres inmigrantes debido a las expectativas culturales y sociales en relación con su rol de cuidadoras y su posición en la sociedad de acogida, estas dificultades pueden agravarse en el contexto del TMG, afectando así a su capacidad para acceder a servicios de salud y abordar actividades de autocuidado de manera adecuada.

Por otra parte, la identificación de los facilitadores y barreras que experimentan las mujeres migrantes con TMG para acceder a los servicios de salud es esencial en el análisis de sus necesidades de autocuidado. Estos facilitadores y barreras tienen un impacto directo en su capacidad para recibir atención médica adecuada y llevar a cabo prácticas de autocuidado efectivas.

Comprender cómo estos factores se entrelazan y afectan la vida de estas mujeres permitirá a los profesionales de enfermería abordar sus necesidades de manera más efectiva y empática y desarrollar intervenciones y políticas de salud más inclusivas, culturalmente sensibles y adaptadas a las necesidades específicas de las mujeres migrantes con trastorno mental grave.

OBJETIVOS

El objetivo general fue explorar las necesidades de autocuidado de salud de las mujeres inmigrantes adultas diagnosticadas de trastorno mental grave de la zona de estudio.

Además, los objetivos específicos a conseguir a partir de este estudio fueron:

  • Identificar las necesidades de autocuidado para los diferentes ámbitos de la salud específicas de este grupo de personas.
  • Identificar los principales factores básicos condicionantes que influyen en el autocuidado de estas mujeres.
  • Identificar las posibles barreras que impiden o dificultan el autocuidado de estas mujeres y los potenciales facilitadores.

 

METODOLOGÍA

Se realizó un estudio piloto de diseño cualitativo basado en el análisis fenomenológico descriptivo11, el cual enfatiza el estudio de las experiencias personales y se centra en hechos que adquieren gran relevancia para quienes los viven. Se ha utilizado la entrevista semiestructurada para formular preguntas que permitan explorar en profundidad los significados construidos sobre estas vivencias y obtener los datos a partir de los cuales se buscan patrones, temas y conceptos emergentes y se desarrollan categorías que reflejen las experiencias y perspectivas de las participantes.

La población de estudio estuvo constituida por todas las mujeres residentes en el municipio de análisis con un diagnóstico de TMG que estaban siendo tratadas en el Centro de Salud Mental de Adultos derivadas desde el Centro de Atención Primaria correspondiente.

Las participantes debían cumplir los siguientes criterios de inclusión:

  • Mujeres inmigrantes con trastorno mental diagnosticado según el DSM-V o CIE-10.
  • Que acepten voluntariamente participar en el estudio y firmen el consentimiento informado.
  • Mayores de 18 años.
  • Capacidad para entender y expresarse.
  • Cisexuales.

 

Asimismo, se establecieron los siguientes criterios de exclusión:

  • Mujeres que presenten barrera idiomática que impida entender las preguntas de la entrevista.
  • Mujeres con trastornos mentales graves que requieran hospitalización en el momento del estudio.
  • Mujeres que presenten una enfermedad o comorbilidad grave que pueda interferir en la evaluación o en la intervención.

 

La selección de las participantes en el estudio se ha realizado en la consulta de la enfermera de salud mental referente de esa área. Una vez informadas y tras su aceptación a participar fueron contactadas con la investigadora del proyecto.

Tras el diseño de las entrevistas semiestructuradas que constituyen el instrumento de obtención de datos en nuestro estudio, cuyas preguntas se presentan a continuación, se prepararon y tramitaron los documentos necesarios para la autorización pertinente del Comité de Ética:

  • ¿Por qué acude al centro de salud?
  • ¿Cómo considera que es su nivel de salud?
  • ¿Le preocupa su salud física o mental? Si es así, ¿qué hace para cuidarla?
  • ¿Qué cree que hay en su entorno o su día a día que le puede perjudicar para su salud?
  • ¿Cree que cuenta con los recursos y ayuda necesarios para cuidar de todas sus necesidades? ¿Qué recursos del sistema de salud utiliza? ¿Con qué frecuencia?
  • Si cree que no cuenta con recursos, ¿Qué necesitaría y que ahora no recibe ayuda?
  • ¿En qué cree que necesita más ayuda para su cuidado personal? ¿Cómo cree que podría necesitar menos ayuda?
  • ¿Cómo suele ser su día a día? ¿siente que hay alguna dificultad o riesgo?
  • ¿Podría explicar alguna situación en la que se ha sentido discriminada o marginada? ¿Por qué cree que sucedió? ¿Cómo se sintió en esa situación?
  • ¿Tiene algún miedo o necesidad que le gustaría explicar acerca de su salud física o mental, el hogar, la convivencia, la pareja, las relaciones con los demás o cualquier otro aspecto de su vida que le preocupe?

 

A todas las mujeres que aceptaron participar se les convocó a una primera cita presencial e individual en la que se les proporcionaron las hojas informativas del consentimiento informado relativas al proyecto y al tratamiento de datos personales y se les explicó verbalmente el contenido de dichas hojas, subrayando el carácter voluntario de su participación y que podían retirarse en cualquier momento, sin necesidad de dar explicaciones y sin que ello tenga ninguna consecuencia negativa en sus cuidados médicos. Se les explicó asimismo que sus datos estarían protegidos en todas las fases del proyecto, se garantizaría su anonimato y toda la información que se recogiera se procesaría de acuerdo con la normativa vigente en materia de protección de datos. Durante toda la explicación y al finalizar la misma se les invitó a realizar todas las preguntas que deseasen. Tras atender a todas las cuestiones que plantearon, se les facilitó la hoja de firmas del consentimiento informado, que se leyó en voz alta para asegurar que comprendían todos los aspectos a los que prestaban su consentimiento.

Las entrevistas se han realizado en una sala que cumple con los requisitos para la realización de este tipo de entrevistas, proporcionando un espacio acogedor, con una temperatura agradable, sin ruidos molestos y sin la presencia de terceras personas. La actitud de la entrevistadora ha buscado ser asertiva, respetuosa y abierta, favoreciendo en todo momento la comunicación.

Las entrevistas tuvieron una duración media de 31 minutos y fueron registradas con una grabadora digital de voz. Tras la realización de las entrevistas, se efectuó una transcripción de las mismas desde los archivos de audio grabados a un documento de texto mediante la escucha repetida de dichas grabaciones.

Se ha llevado a cabo un análisis de contenido convencional, que ha comenzado con la realización de la entrevista y la lectura repetida para obtener una idea de conjunto. Para encontrar y destacar las palabras exactas del texto que capten pensamientos o conceptos clave relacionados con el objetivo, se leyeron las transcripciones palabra por palabra y se han determinado las unidades de significado. Para organizar los datos cualitativos, se ha codificado el texto mediante etiquetas que describen todos los aspectos del contenido y se han clasificado los distintos códigos en función de su relación y vinculación11. El contenido de cada categoría se ha clasificado en subcategorías para captar su complejidad. Las categorías y sus nombres se han derivado de los datos y no de categorías preconcebidas, de acuerdo con el enfoque inductivo utilizado.

La presente investigación se fundamenta en un marco teórico sólido que permite comprender el concepto de autocuidado en enfermería, así como su relevancia en poblaciones vulnerables. En el ámbito del autocuidado en enfermería, el modelo más influyente es el propuesto por la enfermera y teórica estadounidense Dorothea E. Orem, denominado “Teoría de déficit de autocuidado”12. Esta teoría general se compone de tres teorías relacionadas: la teoría del autocuidado, la teoría del déficit de autocuidado y la teoría de los sistemas de enfermería.

La teoría del autocuidado se establece como la base fundamental para las demás teorías, ya que en ella se encuentra el propósito, el método y los resultados de cuidarse a uno mismo. El objetivo del autocuidado es mantener la propia vida, la salud y el bienestar y, para alcanzarlo, es necesario expresar un conjunto de acciones a las que Orem denomina requisitos de autocuidado. Se definen tres tipos de requisitos de autocuidado: universales, de desarrollo y de desviación de la salud.

La conducta de autocuidado se ve afectada por diversos factores condicionantes que influyen tanto en las acciones, objetivos y resultados del autocuidado, como en la agencia de autocuidado, definida como la propia capacidad de la persona para ejercer la acción de autocuidado, a los que Orem denominó factores básicos condicionantes.

El segundo componente de la teoría general de Orem es la teoría del déficit de autocuidado, que describe cómo la enfermera puede intervenir y ayudar a las personas que presentan déficits en su capacidad de autocuidado y no pueden llevar a cabo todas las acciones necesarias para mantener su salud y bienestar. El tercer y último componente de la teoría de Orem es la teoría de los sistemas de enfermería, que se centra en las formas en las que la enfermera interviene para ayudar a satisfacer los requisitos de autocuidado de las personas.

Algunos autores han puesto de manifiesto que el autocuidado en presencia de una enfermedad crónica, como es un TMG, requiere el desarrollo de una la teoría de rango medio que complemente la teoría general de Orem. Así, en 2012, Riegel et al. plantearon la Teoría de Rango Medio del Autocuidado de la Enfermedad Crónica13, según la cual el autocuidado se concibe como un proceso en el que se busca mantener la salud a través de la promoción de prácticas saludables y la gestión de la enfermedad, junto con los procesos subyacentes de reflexión y toma de decisiones. En esta teoría, se destacan tres conceptos interconectados: el mantenimiento del autocuidado, la monitorización del autocuidado y la gestión del autocuidado.

Si bien los valores, cultura y creencias se contemplan como factores condicionantes tanto en la teoría de Orem como en la de Riegel et al., dada la importancia que tiene el concepto de transculturalidad al abordar las necesidades de autocuidado de mujeres inmigrantes, es preciso tener en cuenta los postulados de la Teoría transcultural de Madeleine Leininger14, que contiene tres conceptos principales: cuidado culturalmente congruente, competencia cultural, y conocimiento cultural.

La teoría de Orem proporciona la base teórica principal de este estudio, en el que nos apoyamos en los conceptos de requisitos de autocuidado, agencia de autocuidado y factores básicos condicionantes, entre los que el género, el estado de salud determinado por la enfermedad mental y la condición de migrante, conceptualizada como un factor básico condicionante multidimensional, constituirán los tres elementos clave. Adicionalmente, incluimos en el análisis del autocuidado y de la agencia de autocuidado de estas mujeres las actividades de mantenimiento, monitorización y gestión del autocuidado definidos en la Teoría del Autocuidado de la Enfermedad Crónica y exploramos las interrelaciones existentes entre la cultura y el autocuidado a partir de la narración de sus vivencias y perspectivas.

DESARROLLO

Un total de 10 mujeres diagnosticadas de trastorno bipolar (40%), esquizofrenia tipo paranoide (40%) o trastorno depresivo mayor (20%) han participado en el estudio, con edades comprendidas entre 20 y 55 años (M = 37,5; SD = 11,2). El país de origen más representado es Marruecos (50%), siendo Gambia, Guinea Ecuatorial, Senegal, Venezuela y Bolivia los países de procedencia del resto de las mujeres. El 60% de las mujeres tienen pareja en el momento de realizar la entrevista y el 50% tienen hijos. La mayoría convive con sus familiares (90%) y solamente una de ellas vive sola. Por lo que respecta a su nivel de estudios, el 20% tiene estudios universitarios y el 40% ha completado estudios secundarios. Ninguna de ellas trabaja de forma regular, estando algunas de ellas en situación de incapacidad temporal (20%) o permanente (10%). El 40% recibe algún tipo de prestación social económica.

A partir del análisis efectuado, se han identificado 327 conceptos que se han vinculado a las 4 categorías principales y 14 subcategorías siguientes:

  1. Accesibilidad a los servicios de sociales y de salud:
  2. Acceso a los recursos de salud.
  3. Percepción de la atención sanitaria recibida.
  4. Acceso a servicios sociales.
  5. Calidad de vida y autocuidado personal:
  6. Impacto de la medicación en la calidad de vida.
  7. Impacto de las comorbilidades físicas.
  8. Autocuidado personal y estrategias de salud.
  9. Limitaciones económicas para el autocuidado.
  10. Condiciones de vida y vivienda.
  11. Dificultades y desafíos específicos.
  12. Relaciones y estigma familiar y social:
  13. Relaciones familiares.
  14. Relaciones sociales.
  15. Discriminación y estigma.
  16. Perspectivas y sentimientos relacionados con el futuro:
  17. Barreras para el autocuidado.
  18. Facilitadores para el autocuidado.

 

Accesibilidad a los servicios sociales y de salud:

Las entrevistas han revelado una serie de desafíos significativos que las mujeres migrantes con trastornos mentales graves afrontan al intentar acceder a servicios de salud. Estos desafíos influyen directamente en su capacidad para gestionar y cuidar su salud mental de manera efectiva. Se observa una dualidad en la percepción de la atención a su salud mental, pues aunque se encuentra alivio y apoyo en las sesiones con profesionales de la salud mental, se destaca también la dificultad para obtener citas de psicología, la espera prolongada entre citas y los cambios frecuentes de psicólogo o psiquiatra: «cuando me veo con el psicólogo, cuando me veo con la enfermera, oye me siento muy bien me siento como como aliviada, sí pero después para volverlos a ver estamos hablando de tres meses y wow tres meses para un bipolar es mucho, mucho, mucho tiempo» (P4, 48 años). “Me siento cómoda hablando con mi psiquiatra, pues la peor ahora que me la han quitado, ahora ya no es el mismo de antes, entonces ahora me va a costar más abrirme, ahora qué voy a hacer, me va a dar más vergüenza” (P6, 33 años). “Psicología sí que ha habido muchos cambios de, yo al menos en un año que llevo, ya he visto como tres o cuatro psicólogos diferentes” (P9, 22 años).

Esta necesidad no cubierta de atención a su salud mental por parte de la sanidad pública se ve agravada por la falta de recursos económicos para acudir a profesionales privados: “Un psicólogo privado y un psiquiatra privado me cuesta mucho dinero […] entonces claro, tú dices, bueno no puedo, porque si tengo un sueldo pobre no me lo puedo permitir, porque solo me puedo permitir el… sólo pagar las cuentas y ya y lo mental al carajo” (P4, 48 años).

Todas las entrevistadas declaran que no perciben barreras significativas para acceder a los servicios de salud para sus problemas físicos, si bien en algún caso se resalta el impacto que tiene su condición de enfermas mentales en la atención recibida a su salud física: “Porque el CAP también me dice que, si voy por algo, todo es por la medicación. Y bueno, el otro día me echó una bronca de que era yo la que me imaginaba las cosas, que era yo la que me… que yo era la que me hacía… que como si yo era la que provocaba mis cosas” (P5, 37 años).

Un factor facilitador esencial para muchas de estas mujeres es la asistencia por parte de alguna persona que les ayude en su día a día, aunque solamente una de ellas declara recibir ayuda por parte de los servicios sociales para realizar sus actividades cotidianas: “Me ha dado una chica que viene a comprarme una vez a la semana. Es la única ayuda que tengo ahora y lo agradezco. Me han hecho un trámite, pero es largo. Las leyes son así” (P7, 55 años). “Recibir más ayuda en el tema del DNI que está caducado” (P10, 43 años).

Calidad de vida y autocuidado personal:

El impacto que tiene la medicación para el tratamiento del trastorno mental en la vida diaria de estas mujeres constituye una preocupación recurrente e influye en múltiples aspectos de su calidad de vida, incluida la funcionalidad física: “Yo tomo litio y algunos otros medicamentos. Yo de un tiempo para acá, me está costando mucho la motricidad, la motricidad fina y la motricidad gruesa también con alguna dificultad” (P4, 48 años). “Tomo las pastillas y… Pero las pastillas ahora me hacen un efecto muy… muy malo“ (P7, 55 años).

Sin duda, el efecto secundario de la medicación que preocupa de forma más frecuente a estas mujeres es el aumento de peso: “A consecuencia de la medicación de noche, siento que he subido de peso y me gustaría mejorar este aspecto” (P8, 20 años). “Sí, sobre todo la subida de peso, me preocupa” P8, 20 años). ”Estaba pesando 53 kilos. Ahora peso 65. Entonces tú me dirás cómo ha sido la cosa” (P4, 48 años).La última vez que trabajé activamente, hace dos años, bueno con regularidad, me echaron de donde solía ir porque cogí 20 kilos y se notaba mucho” (P3, 33 años).

Para la mayor parte de estas mujeres la salud física queda en un segundo plano en sus prioridades respecto a la salud mental, pero las que padecen comorbilidades físicas importantes, las viven con angustia y preocupación: “Yo tengo miedo. Tengo papiloma. Tengo miedo a venir cáncer” (P1, 40 años). El déficit de autocuidado en la salud sexual por adoptar prácticas de riego se ha puesto también de manifiesto en algún caso: “Yo contraí una gonorrea a finales de año, a finales del año pasado, y entonces no podía ejercer” (P3, 33 años).

Las prácticas de cuidado personal y las estrategias adoptadas para mantener una buena salud se ven impactadas significativamente por su estado de salud y los efectos de la medicación: “¿Qué puedo hacer? Aunque quiero hacer, no puedo. No puedo moverme” (P7, 31 años). “Cuando me encuentro bien salgo a caminar. Pero ya cuando miro para los lados y me siento a lo mejor que me están mirando o cualquier cosa o que me ven sola o… yo cojo y me voy para mi casa” (P7, 31 años). “Han dicho que he cogido peso. El cuerpo no puedo aguantarme. Si me siento, no me levantaré. Siento solamente cansando, cansando, cansando, no puedo levantarme” (P2, 46 años). ”Cuando gorda no puedo caminar, no puedo hablar, no puedo hacer faena en casa, no puedo hacer faena en casa, no puedo. No fregar platos, no puedo, cansada, cansada. Esto gorda, mucho, quiero a bajar peso” (P1, 40 años). “Sí, cocinar obligante, fregar obligante, todo obligante. No tengo ganas de nada. […] Si no tengo ganas, no hacerlo” (P1, 40 años). “En mi caso la bipolaridad me afecta a la rutina, la disciplina. No tengo disciplina, no hay disciplina, entonces mi día a día es que no hay disciplina, no hay rutina, no” (P9, 22 años).

No obstante, aunque escasos, también existe algún ejemplo de búsqueda activa de prácticas de autocuidado que contribuyan a mejorar su calidad de vida: “El gimnasio nunca lo he dejado, la física nunca lo he dejado. Lo típico, beber mucha agua, intento comer bien” (P9, 22 años). “Los masajes, para mí, a mí me encanta, es un autocuidado que yo me siento realizada, satisfecha y feliz” (P9, 22 años).

La atención en el centro de salud actúa en muchos casos como un factor motivador para el autocuidado personal, como refieren algunas entrevistadas: “Cuando vengo aquí, al menos, pues, sobre todo con la enfermera, al menos te intenta transmitir que tienes que cuidarte. Te ayuda si tienes algún problema, la verdad. La verdad que es una parte muy importante venir aquí. Me ayuda. Porque al menos me hace salir también” (P5, 37 años).

A la enfermedad mental se añade la falta de recursos económicos como factor que dificulta en gran medida la adopción de estrategias adecuadas de salud: “Sí, quiero hacer gimnasia, pero… dinero poco, quiero para pagar gimnasia, pero poco dinero” (P1, 40 años).

Esta falta de recursos económicos no solamente afecta negativamente a la capacidad de estas mujeres para llevar a cabo actividades de autocuidado, sino que emerge como principal factor generador de angustia y ansiedad, especialmente en lo que se refiere a la carencia de una vivienda digna: “Yo vivo en una habitación con mi madre, o sea, las dos vivimos en la misma habitación y… es un poco claustrofóbico, ¿no?” (P3, 33 años). ”Ahora yo me quedaré sola en el piso que estábamos con mi pareja y ahí se paga mucho. Porque yo le he dicho, que yo hablo con él, tú sabes que yo no tengo dónde ir, ¡es que no tengo!” (P6, 31 años). “El hogar que me eche, ese es mi miedo. Tengo miedo de encontrarme en la calle porque nunca estás segura” (P5, 37 años). ”En este momento no tengo casa donde vivo” (P2, 46 años). ”Ahora no tengo casa. Tengo una habitación, la dormimos con mi hijo, tiene dieciséis años, dormimos con mi hijo” (P1, 40 años). “Otro piso para que puedan volver las niñas, porque sólo así pueden volver. Estamos en una pensión, son habitaciones que no se pueden traer a los niños ahí” (P10, 43 años).

Algunas de estas mujeres expresan desafíos específicos que afrontan para gestionar sus actividades cotidianas y necesidades no satisfechas para enfrentarse con éxito a ellos: “La asistencia y llegar puntual a los sitios es lo que me preocupa. No me doy cuenta del tiempo, no sé vigilar el tiempo. Un profesional que me pueda ayudar y que entable unas metas con él” (P8, 20 años). “Para la ducha. Me cuesta mucho ducharme sola. (Necesitaría) tener alguna persona que viene a ayudarme en casa” (P7, 55 años). “No puedo concentrarme, no hay manera” (P6, 31 años). ”Y a nivel mental siento que hay como una… hay como un cortocircuito en la concentración” (P4, 48 años). “En mi caso la bipolaridad me afecta a la rutina, la disciplina. No tengo disciplina, no hay disciplina, entonces mi día a día es que no hay disciplina, no hay rutina, no […] Súper alboroto, muy caótico” (P9, 22 años).

Relaciones y estigma familiar y social:

La pareja, la familia y los amigos se constituyen tanto en barreras como facilitadores dependiendo del caso, pero el apoyo o la falta del mismo que reciben estas mujeres, así como las relaciones de pareja conflictivas, actuales o pasadas, condicionan por completo su capacidad para afrontar su enfermedad: “Yo tengo mi pareja, que bueno ya la tenía, porque hay veces me da cosas buenas, hay veces me da cosas malas. Entonces cuando me da cosas malas pues digo, esto no me ayuda en nada, me hace sentir más mal todavía” (P6, 31 años). “Yo tengo un brazo que lo tengo fatal, lo tenía desde que me rompió mi ex marido el brazo” (P5, 37 años). “A veces estoy inestable porque tengo muchas disputas con mis hermanos y tal, y yo emocionalmente, a veces ellos, todos saben que tengo una enfermedad mental, o a veces no es que se burlen de mí, sino que hagan comentarios, aunque no sea para burlar de mí, que hagan comentarios como ¿estás mal de la cabeza? o esto, a mí me afecta esto” (P8, 20 años). “Tengo amistades buenas y como te he dicho, también tengo malas que se han alejado por saber mi enfermedad, pero también es verdad que tengo buenas amistades que me ayudan a seguir adelante” (P8, 20 años). “Me perjudica que mis hijas no me entiendan, porque no te entienden en realidad” (P5, 37 años). ”Ya mis hijos son mayores de edad. Ellos quien me ayudan. Con mi marido también. Pero en este momento mi marido no está, está para Francia, trabajando, esto es lo que pasa, pero volverá” (P2, 46 años). “No hay nada de persona. Yo soy sola. A veces mi hijo, está ayudándome” (P1, 40 años). ”Tengo una familia muy comprensiva, pero mucho, que está comprendiendo mucho esta enfermedad” (P9, 22 años).

Se comprueba asimismo la existencia de una alta dificultad para establecer relaciones sociales derivada principalmente de su trastorno mental: “No poder relacionarme con personas, el desconfiar. Lo que me molesta, me perjudica más, son las voces. Mis voces me perjudican mucho” (P5, 37 años). “Yo no tengo amigas, nunca he tenido amigas. Soy muy cerrada. A lo mejor me gustaría tener unas amiguitas con quien salir, ir a tomarme algo, hablar” (P6, 31 años). “Entonces oye hacer amistades aquí es muy difícil” (P4, 48 años). “No, no tengo muchos amigos que digamos, la verdad” (P3, 33 años). “No tengo amigas […] El apoyo de mis padres y de mi pareja, totalmente” (P9, 22 años).

La discriminación y el estigma es también un tema común en muchas de las entrevistadas, que ejemplifican con vivencias en diferentes ámbitos incluyendo el sanitario y el educativo: “Es lo único que me perjudica, que me trata muy mal. Que me hace la vida imposible y no me tratan como persona” (P7, 55 años). “Este mes he ido tres veces de urgencias por el dolor de cabeza, pero no he querido ir con mi doctor. Sí, por los comentarios. Es que yo creo que me ha dicho de todo” (P5, 37 años). ”No sé si fue discriminación o son las leyes o son las normas, no lo sé, pero me sentí muy mal, muy mal porque no es que yo no quiera venir a clase, es que tengo una condición médica que…. ya está” (P9, 22 años).

Esta percepción de discriminación y estigma se extiende a todo su entorno: “Me perjudica que no me entiendan. Porque encuentro que muy poca gente me entiende” (P5, 37 años). ”Y a veces que vas por la calle y te dicen, vete a tu puto país. Muchas veces. Mora de mierda. Yo es que ya ni le hago caso, porque a veces creo que… O a lo mejor son mis voces, o no, es que no hago caso ya… Pero muchas veces me discriminan” (P5, 37 años). “Cuando estaba en el cole, tenía muchas peleas. Que era de otro país y… sí, se metían conmigo en el cole” (P6, 31 años). ”Entonces, es como muy… Está muy mal vista la depresión y la bipolaridad. Es lo que yo he percibido durante todos estos años, que la gente todavía no ve la depresión como un problema importante” (P4, 48 años). “Unos amigos que tenía y que, al saber de mi enfermedad, pues como que se alejaban más, porque no entendían” (P8, 20 años). La estrategia de ocultar el trastorno mental evidencia la lucha contra el estigma social: “El tema es que, con el tema de bipolaridad lo he mantenido en secreto siempre, siempre, desde que me lo identificaron” (P4, 48 años).

Perspectivas y sentimientos relacionados con el futuro:

Apenas existen perspectivas a largo plazo y los sentimientos relacionados con el futuro son en general poco esperanzadores, lo que supone una barrera crítica para que estas mujeres consideren el autocuidado una tarea esencial en sus vidas: “Y es que me veo como una tonta, que todo el mundo se ríe de mí, se burla de mí y yo ya no tengo ganas de nada, no tengo ganas de nada y ya… no puedo conseguir nada” (P6, 31 años). “Mi vida… no me preocupa nada porque ya no me importa mi vida. Mi vida es como un… un cuerpo sin nada. Ya no me preocupan ni mis hijas, me va a preocupar mi vida. Cuando no te interesa nada, no te interesa nada” (P5, 37 años). “Siento que soy un despojo humano, que no tengo propósito” (P9, 22 años). “Miedos… Por ejemplo, que vuelva a ingresarme o vuelva a recaer otra vez, por ejemplo” (P8, 20 años).

Las mujeres de mayor edad que llevan a cabo alguna actividad de aprendizaje junto con otras personas declaran los beneficios que les produce en lo que se refiere a reducir su nivel de ansiedad y mejorar su autoestima: “El enfermero me ayudó para conseguir unos estudios. Ahí voy, ahí voy. Bien, bien, bien. Bueno, sí, porque hay mujeres con toda la gente. Sí, me gusta. Para aprender, para saber” (P2, 46 años). ”Ahora está estudiando. Tres veces a la semana. Sí, yo quiero estudiar para… Mejor me voy a la escuela, sentar, a escribir, a mirar cosas. Mejor de sentar en casa. Está sentada en casa muy agobiada, agobiada, mucho” (P1, 40 años).

En definitiva, las entrevistas revelan diferentes déficits de autocuidado relacionados con el mantenimiento de la salud mental, la gestión de la medicación y sus consecuencias y el afrontamiento del estigma y la discriminación. Asimismo, emergen como factores condicionantes el acceso limitado a los recursos económicos, el estigma social y la discriminación, el apoyo social fragmentado, los desafíos del entorno social y cultural y las limitaciones en la participación social.

Uno de los principales factores condicionantes identificados en el análisis es la falta de acceso a recursos y servicios de salud adecuados. Estas mujeres se enfrentan a barreras económicas, sociales y culturales que limitan su capacidad para obtener atención médica y psicológica, lo que impacta negativamente en su capacidad de gestionar su propia salud mental. La dualidad en la percepción de la atención mental se manifiesta en el alivio y apoyo encontrados en las sesiones profesionales, contrastando con la dificultad para obtener citas, largas esperas y cambios frecuentes de profesionales. La carencia de atención psicológica, especialmente en el sistema público, genera incertidumbre sobre qué tratamiento seguir.

Las estrategias de autocuidado se ven afectadas por la salud y la medicación, limitando la capacidad para mantener rutinas saludables. La medicación para trastornos mentales afecta a múltiples aspectos de su calidad de vida, desde la funcionalidad física hasta la concentración mental. El aumento de peso emerge como un efecto secundario particularmente preocupante, afectando la autoimagen y la salud física. La preocupación por la salud física se intensifica en aquellas con comorbilidades importantes, que les limitan en sus actividades cotidianas y les dificulta llevar a cabo actividades saludables, viviendo esta situación, en general, con angustia y preocupación.

La falta de recursos económicos no solo obstaculiza las prácticas de autocuidado, sino que también genera angustia y ansiedad, especialmente en temas de vivienda. Las condiciones de vivienda de estas mujeres se revelan como una barrera sustancial para llevar a cabo un autocuidado adecuado. La falta de estabilidad en la vivienda crea un entorno inseguro y estresante. Las mujeres que se ven sometidas a cambios frecuentes de residencia, ya sea por motivos económicos o por la falta de opciones de vivienda sostenibles, y experimentan una constante sensación de inseguridad. Las limitaciones económicas impactan directamente en la capacidad de estas mujeres para dedicar recursos a su propio cuidado, ya que gran parte de sus esfuerzos y recursos se centran en asegurar un techo sobre sus cabezas. El apoyo de personas que ayuden en las tareas diarias se presenta como esencial, aliviando algunas de las dificultades prácticas asociadas con la enfermedad.

Las relaciones familiares y de pareja pueden actuar como facilitadores o barreras, dependiendo del nivel de comprensión y apoyo recibido. En los casos en los que las mujeres han manifestado que existe comprensión y apoyo por parte de la familia y la pareja, estas relaciones se convierten en facilitadores esenciales para el autocuidado. La familia y la pareja pueden desempeñar un papel fundamental al colaborar en la organización de la vida diaria, proporcionar apoyo emocional y participar activamente en el proceso de tratamiento. Sin embargo, no son mayoría las mujeres que han declarado encontrarse en esta situación, siendo en muchos casos la familia más cercana una fuente de ansiedad, bien por la necesidad de atenderlos cuando se trata de hijos, o por la existencia de relaciones de pareja conflictivas.

El aislamiento social es un desafío significativo, con dificultades para establecer nuevas amistades y el miedo a ser juzgadas. Se ha puesto de manifiesto que estas mujeres no cuentan con redes sociales sólidas que les sirvan de apoyo, si bien la presencia de amigas que brindan apoyo emocional y práctico ayuda a contrarrestar el aislamiento y la soledad de las pocas mujeres que disponen de ellas. Sin embargo, el miedo al rechazo o la discriminación lleva en algunos casos a un aislamiento autoimpuesto, limitando las oportunidades para establecer y mantener relaciones significativas. De hecho, el estigma social se refuerza por la discriminación experimentada en su entorno por algunas de esas mujeres y, sobre todo, por la sensación de no ser comprendidas suficientemente por sus familiares y amigos. Esta falta de conexión familiar y social puede impactar negativamente en el autocuidado al privar a estas mujeres de un sistema de apoyo crucial.

Además, la discriminación y el estigma que también perciben estas mujeres en los ámbitos públicos que se deberían erigir como su apoyo fundamental, como son el sanitario y el educativo, puede dificultar la búsqueda de ayuda y la adhesión a los tratamientos por una parte y, por otra, sobre todo en las mujeres más jóvenes, les impide acceder a una formación que les permita romper el círculo vicioso de pobreza, aislamiento y falta de perspectivas de futuro en el que se encuentran, siendo un obstáculo adicional para el autocuidado efectivo.

La perspectiva de futuro es generalmente desalentadora, con miedos recurrentes relacionados con el trastorno mental y la incapacidad percibida para lidiar con el aspecto académico y laboral. La falta de apoyo social y económico agrava la sensación de no tener un propósito en la vida y solamente la participación en actividades de aprendizaje se destaca como una experiencia beneficiosa para reducir la ansiedad y mejorar la autoestima.

Este estudio presenta algunas limitaciones importantes que deben ser tenidas en cuenta y se debe destacar por ello el carácter exploratorio del trabajo realizado. En primer lugar, la cantidad de entrevistas analizadas es reducida, por lo que los resultados pueden no ser representativos de la diversidad de experiencias de todas las mujeres migrantes con trastorno mental grave. Por otra parte, cada persona tiene una experiencia única y es posible que las necesidades varíen según factores culturales, idiomáticos, geográficos, etc. por lo que sería conveniente tener una amplia representación de diferentes culturas, razas, idiomas y países de procedencia. Por otra parte, las entrevistas se basan en un momento específico en el tiempo. Las necesidades y experiencias pueden cambiar con el tiempo, y los resultados pueden no reflejar completamente la dinámica cambiante de la vida de las participantes.

Se deben tener también en cuenta los posibles sesgos metodológicos que podrían afectar a la validez y la generalización de este estudio. El análisis se ha llevado a cabo por una única persona, por lo que la interpretación de las respuestas y la asignación a categorías es subjetiva y podría variar entre analistas al no haberse llevado a cabo una triangulación de investigadores.

CONCLUSIONES

El análisis de las entrevistas con mujeres migrantes con trastornos mentales graves revela aspectos cruciales relacionados con el autocuidado en diversas dimensiones de su vida. Desde la gestión de la medicación hasta la navegación por los servicios de salud mental y de asistencia social, estas mujeres afrontan desafíos sustanciales que afectan a su capacidad para mantener un bienestar integral y factores socioeconómicos, como la falta de recursos, así como la discriminación y el estigma emergen como determinantes clave que moldean las prácticas de autocuidado.

A pesar de estos desafíos, se identifican potenciales facilitadores que pueden mejorar el autocuidado de estas mujeres. El apoyo en las tareas diarias y la participación en actividades de aprendizaje emergen como factores beneficiosos.

En resumen, este análisis resalta la complejidad de las necesidades de autocuidado de las mujeres migrantes con trastornos mentales graves, subrayando la importancia de abordar no solo los aspectos clínicos, sino también los sociales y económicos. A pesar de las limitaciones y del carácter exploratorio de este trabajo, las conclusiones ofrecen una base para futuros estudios más amplios y profundos y para el diseño de intervenciones y políticas que busquen mejorar la calidad de vida y el bienestar de este grupo específico.

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