- Laura Aragón Capone. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Paula Aso Cortés. Enfermera del Servicio Riojano de Salud. La Rioja, España.
- Fernando Broto Lueza. Enfermero del Servicio Navarro de Salud. Navarra, España.
- Lorena Escolano Arruebo. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Larisa Torrens Becerril. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
Esta revisión de la literatura, basada en estudios publicados entre 2010 y 2025, examina la evidencia científica sobre los beneficios de una ingesta adecuada de líquidos y el papel de la enfermería en la promoción de la hidratación.
Los hallazgos indican que una hidratación óptima previene caídas, mejora la función cognitiva, reduce las infecciones del tracto urinario y contribuye a la regulación de la presión arterial y la función renal. Intervenciones efectivas, incluyendo estrategias educativas, conductuales y ambientales, han demostrado incrementar significativamente la ingesta diaria de líquidos. En conclusión, una hidratación adecuada es una medida costo-efectiva que mejora la calidad de vida y la independencia funcional en adultos mayores, y debería integrarse de manera sistemática en la práctica de enfermería.
PALABRAS CLAVE
Hidratación, personas mayores, enfermería, prevención, salud pública, deshidratación.
ABSTRACT
This literature review, based on studies published between 2010 and 2025, examines the scientific evidence on the benefits of adequate fluid intake and the role of nursing in promoting hydration. Findings indicate that optimal hydration prevents falls, improves cognitive function, reduces urinary tract infections, and supports blood pressure and renal function regulation. Effective interventions, including educational, behavioral, and environmental strategies, have been shown to significantly increase daily fluid intake. In conclusion, adequate hydration is a cost-effective measure that enhances quality of life and functional independence in older adults, and should be systematically integrated into nursing practice.
KEY WORDS
Hydration, older adults, nursing, prevention, public health, dehydration.
INTRODUCCIÓN
La deshidratación en adultos mayores constituye un problema significativo de salud pública, asociado con un aumento de la morbilidad y la mortalidad. Factores fisiológicos, como la reducción de la sensación de sed, los cambios en la función renal y el deterioro cognitivo, incrementa el riesgo de déficit de líquidos en esta población.
OBJETIVOS
Objetivo general:
- Analizar los beneficios clínicos, funcionales y psicosociales de una correcta hidratación en personas mayores y su relevancia en la práctica enfermera.
Objetivos específicos:
- Describir los cambios fisiológicos relacionados con la hidratación en la vejez.
- Revisar la evidencia científica sobre los beneficios de una adecuada ingesta hídrica en mayores.
- Identificar los principales factores de riesgo y barreras para mantener una correcta hidratación.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de la literatura, con enfoque descriptivo y analítico Fuentes y criterios de búsqueda:
- Bases de datos consultadas: PubMed, SciELO, CINAHL y Cochrane Library.
- Palabras clave utilizadas (en español e inglés): “hidratación”, “personas mayores”, “enfermería”, “dehydration”, “older adults”, “hydration interventions”, “nursing care”.
- Periodo de publicación: 2010–2025.
- Criterios de inclusión: estudios en humanos, población ≥ 65 años, intervenciones y revisiones con medición de ingesta o estado de hidratación, y artículos en español o inglés.
- Criterios de exclusión: estudios con población menor de 65 años, revisiones no sistemáticas sin base científica y artículos duplicados.
Proceso de selección:
De un total inicial de 312 artículos, tras aplicar criterios de inclusión y exclusión se seleccionaron 45 estudios: 15 ensayos clínicos, 10 estudios observacionales y 20 revisiones sistemáticas o metaanálisis.
La información se organizó en tres bloques:
- Fisiología de la hidratación y cambios en la vejez.
- Beneficios clínicos y funcionales de la hidratación adecuada.
- Intervenciones efectivas y rol de enfermería.
RESULTADOS
En el ámbito de la enfermería, el cuidado integral de la persona mayor exige comprender y abordar factores que, aunque aparentemente simples, tienen un impacto decisivo en su salud global. Entre ellos, la hidratación ocupa un lugar central. Mantener un equilibrio hídrico adecuado no es un mero hábito de autocuidado, sino una necesidad fisiológica que condiciona el correcto funcionamiento de sistemas vitales como el cardiovascular, renal, neurológico y musculoesquelético.
La deshidratación en personas mayores es una complicación frecuente y, sin embargo, a menudo infradiagnosticada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y múltiples revisiones señalan que entre el 20 % y el 60 % de los mayores, especialmente los institucionalizados o con deterioro cognitivo, presentan algún grado de déficit hídrico ¹˒². Este problema se agrava en entornos hospitalarios, donde la movilidad reducida, la polimedicación y la dependencia para actividades básicas incrementan el riesgo.
Las consecuencias de una hidratación deficiente son múltiples: desde alteraciones leves como cefaleas, estreñimiento o somnolencia, hasta complicaciones graves como hipotensión ortostática, insuficiencia renal aguda, delirium, infecciones urinarias recurrentes, mayor tasa de caídas y aumento de la mortalidad hospitalaria3,4,5. A nivel comunitario, la deshidratación se relaciona con pérdida de masa muscular, disminución del rendimiento cognitivo y deterioro de la autonomía funcional⁴.
Pese a su relevancia, la hidratación sigue sin recibir la misma atención que otras intervenciones de prevención primaria. Esto se debe, en parte, a la dificultad para establecer un diagnóstico precoz, ya que los síntomas iniciales son inespecíficos y los marcadores bioquímicos pueden alterarse tardíamente⁵. Además, factores como la disminución de la sensación de sed con la edad, problemas de movilidad, barreras de acceso a líquidos, miedo a la incontinencia y desconocimiento sobre los requerimientos diarios contribuyen a perpetuar esta situación. ⁶˒⁷.
En este contexto, la enfermería desempeña un papel fundamental como agente promotor de hábitos saludables y como garante de la vigilancia continua del estado de hidratación. Intervenciones tan simples como ofrecer líquidos regularmente, favorecer su acceso visual, utilizar utensilios adaptados o incorporar la hidratación como parte del plan de cuidados pueden marcar la diferencia en el pronóstico del paciente mayor.
El presente trabajo tiene como objetivo analizar los beneficios de la hidratación adecuada en personas mayores, así como describir y evaluar las estrategias de intervención que han demostrado ser efectivas, con especial énfasis en aquellas aplicables desde la práctica enfermera.
CONCLUSIÓN
La revisión realizada permite afirmar que la hidratación en personas mayores es un aspecto clave de los cuidados de enfermería y que su abordaje no puede considerarse secundario frente a otras intervenciones clínicas. Mantener un adecuado balance hídrico no solo previene complicaciones agudas como infecciones urinarias, delirium o caídas, sino que también contribuye a preservar la autonomía funcional y mejorar la calidad de vida.
Los estudios revisados muestran que la deshidratación en este grupo poblacional sigue siendo frecuente y, en muchos casos, infradiagnosticada, lo que resalta la necesidad de reforzar la detección precoz y la implementación de estrategias efectivas desde la práctica enfermera. Acciones sencillas como facilitar el acceso a líquidos, educar a pacientes y cuidadores, y adaptar la ingesta a las condiciones individuales han demostrado ser intervenciones costo-efectivas y de gran impacto.
En definitiva, el papel de la enfermería resulta esencial no solo en la vigilancia del estado de hidratación, sino también en la promoción de hábitos que garanticen un consumo suficiente de líquidos en la vida diaria de los mayores. Invertir en estas medidas preventivas representa una oportunidad para reducir complicaciones, optimizar los recursos sanitarios y, sobre todo, favorecer un envejecimiento más saludable.
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