Carcinoma epidermoide esofágico tras ingesta cáustica en la infancia: la importancia del seguimiento endoscópico a largo plazo

7 julio 2025

AUTORES

  1. Ainara Baines García. Facultativo Especialista de Área de Aparato Digestivo en el Hospital Reina Sofia de Tudela. Navarra. España.
  2. Julia García García. Facultativo Especialista de Área de Aparato Digestivo en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Madrid. España.
  3. Laura Rayón Moreno. Facultativo Especialista de Área de Aparato Digestivo en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Madrid. España.
  4. Mercedes Vicente de Vera Bueno. Médico en Hospital Universitario Joan XXlll. Tarragona. España.

 

RESUMEN

La ingesta de cáusticos representa una urgencia médica con potencial de provocar secuelas graves tanto en el corto como en el largo plazo. El esófago es especialmente vulnerable, y las lesiones profundas pueden derivar, décadas después, en carcinoma epidermoide. Presentamos el caso de un varón de 50 años con antecedentes de ingesta de sosa cáustica en la infancia, sin seguimiento posterior. Desarrolló disfagia progresiva en la vida adulta, no estudiada durante décadas. Finalmente, un tránsito baritado y posterior endoscopia diagnosticó una estenosis benigna y una lesión infranqueable, cuya biopsia reveló un carcinoma epidermoide infiltrante. El paciente fue tratado con quimiorradioterapia y cirugía con éxito. Este caso resalta la necesidad crítica del seguimiento endoscópico en pacientes con antecedentes de lesión cáustica grave, dada la elevada incidencia de transformación maligna a largo plazo.

PALABRAS CLAVE

Ingesta cáustica, carcinoma epidermoide esofágico, seguimiento a largo plazo.

ABSTRACT

The ingestion of caustic substances constitutes a medical emergency with the potential to cause serious short- and long-term consequences. The esophagus is particularly vulnerable, and deep injuries can lead, decades later, to squamous cell carcinoma.

We present the case of a 50-year-old man with a history of caustic soda ingestion during childhood, with no subsequent follow-up. He developed progressive dysphagia in adulthood, which remained uninvestigated for decades. Eventually, a barium swallow followed by endoscopy revealed a benign stricture and an impassable lesion, whose biopsy confirmed an infiltrating squamous cell carcinoma. The patient was successfully treated with chemoradiotherapy and surgery.

This case highlights the critical need for endoscopic surveillance in patients with a history of severe caustic injury, given the high incidence of malignant transformation over the long term.

KEY WORDS

Caustics, esophageal squamous cell carcinoma, long-term follow-up.

INTRODUCCIÓN

La ingesta de cáusticos constituye una urgencia médica frecuente con potencial para generar consecuencias devastadoras tanto en el corto como en el largo plazo. Este tipo de intoxicación puede afectar a cualquier tramo del tracto digestivo, aunque el esófago es uno de los órganos más comprometidos al ser el primer segmento que entra en contacto con el tóxico y carecer de mecanismos de defensa que permitan modificar su pH o diluirlo.

La gravedad de las lesiones depende de múltiples factores: el tipo de agente (ácido peor que alcalino), la concentración, el volumen ingerido, el estado de ayuno del paciente y el tiempo de contacto con la mucosa gastrointestinal1.

En adultos, la ingesta de cáusticos suele estar relacionada con intentos autolíticos o conductas impulsivas, mientras que en niños predomina el carácter accidental. En la fase aguda, el manejo está relativamente protocolizado e implica estabilización del paciente, evaluación de la necesidad de endoscópica digestiva alta (EDA) precoz y tratamiento de las complicaciones inmediatas, como perforaciones, hemorragias o infecciones mediastínicas.

No obstante, las secuelas a largo plazo de estas lesiones, especialmente las estenosis esofágicas y el riesgo aumentado de carcinoma epidermoide de esófago, son frecuentemente subestimadas o directamente desatendidas. El daño mucoso profundo genera fibrosis progresiva, conllevando un riesgo elevado de transformación maligna. Estudios retrospectivos han estimado que el riesgo de desarrollar cáncer esofágico en estos pacientes es entre 1.000 y 3.000 veces mayor que en la población general2. La latencia para la aparición del carcinoma puede ser muy prolongada, con una media superior a los 20 años, lo que subraya la importancia de un seguimiento endoscópico a largo plazo en pacientes con antecedentes de lesiones cáusticas graves2,3.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Se presenta el caso de un varón de 50 años que acudió a consulta de aparato digestivo por disfagia leve y episódica de larga evolución, sin repercusión ponderal. Como antecedente personal de interés, refería la ingesta accidental de sosa cáustica (hidróxido sódico) a los 18 meses de edad, sin haber sido estudiado endoscópicamente en su momento ni haber recibido seguimiento especializado posterior.

Se inició el estudio mediante un tránsito baritado que mostró un defecto de repleción en el tercio superior del esófago. Ante estos hallazgos, se recomendó realizar una EDA para caracterización de la zona y exclusión de neoplasia, explicando el riesgo elevado de malignidad en pacientes con antecedentes de ingesta cáustica. Sin embargo, el paciente rechazó el procedimiento en ese momento.

Tres años después, el paciente volvió a consultar por empeoramiento progresivo de la disfagia, que había evolucionado hacia una dificultad marcada para la deglución de sólidos y, en etapas avanzadas, de líquidos. En esta ocasión accedió a realizarse la EDA, que evidenció dos hallazgos relevantes: una estenosis benigna en el esófago cervical, a 20 cm de la arcada dentaria, con un diámetro aproximado de 12 mm, y una segunda estenosis, esta de aspecto infiltrativo y con mucosa friable, localizada a 30 cm de la arcada dentaria, que resultó infranqueable con el endoscopio.

Se tomaron biopsias de ambas lesiones, siendo la más distal compatible con un carcinoma epidermoide infiltrante. El paciente fue evaluado en el comité multidisciplinar de tumores esofagogástricos, decidiéndo iniciar tratamiento con quimiorradioterapia neoadyuvante seguida de cirugía resectiva, con adecuada respuesta al tratamiento combinado.

 

DISCUSIÓN

Este caso clínico ejemplifica las complicaciones a largo plazo de una ingesta cáustica no seguida ni monitorizada en el tiempo. A pesar de haber transcurrido casi cinco décadas desde el evento inicial, el paciente desarrolló una neoplasia esofágica maligna sobre un sustrato de estenosis crónica, sin haber presentado síntomas graves durante la mayor parte de su vida adulta. Este patrón silente es característico en pacientes con lesiones por cáusticos, en quienes el daño profundo en la mucosa puede cicatrizar con estenosis fibrosas que, a su vez, predisponen a una transformación displásica y finalmente maligna2.

Según las recomendaciones actuales, tras un episodio de ingesta de cáusticos es aconsejable la realización de una EDA en las primeras 6 a 48h. El hacerla antes de las 6 horas de la ingesta puede infestar las lesiones, mientras que la EDA realizada posteriormente a las 48 horas de la ingesta puede incrementar el riesgo de perforación.

Puede considerarse innecesaria la realización de la EDA en casos en los que la ingestión haya sido accidental, de escaso volumen ingerido y siendo de un álcali débil o ácido en baja concentración, que se encuentren asintomáticos y sean colaboradores, pudiéndose explicar los síntomas de alarma4. Además, existen contraindicaciones para su realización, como la sospecha de perforación, inestabilidad hemodinámica o insuficiencia respiratoria grave5.

En dicha endoscopia se estratificarán los daños según la clasificación de Zargar6: el grado 0 lo constituye la ausencia de lesión, el grado I el edema y eritema de la mucosa, el grado IIa los exudados, erosiones, hemorragias y úlceras superficiales, el grado IIb las úlceras profundas o circunferenciaes, el grado IIIa las áreas aisladas de necrosis, y el grado IIIb las áreas de necrosis extensa.

A largo plazo, las guías europeas recomiendan seguimiento endoscópico cada 1–3 años en pacientes con lesiones moderadas o graves (Zargar ≥ IIb), con el fin de detectar precozmente lesiones premalignas o malignas7. Sin embargo, en la práctica clínica, estos seguimientos son irregulares o inexistentes, en parte por la escasa conciencia sobre el riesgo oncológico y por la falta de protocolos uniformes en la transición de pacientes pediátricos a atención adulta.

Además del riesgo tumoral, estos pacientes pueden sufrir complicaciones funcionales significativas, como disfagia crónica, malnutrición, dolor retroesternal o impactación alimentaria. En muchos casos, estos síntomas son tolerados o infravalorados por los propios pacientes, lo que contribuye a retrasar el diagnóstico de complicaciones mayores.

En conclusión, la ingesta de cáusticos, aunque pueda parecer un evento aislado en la infancia, puede condicionar secuelas graves décadas después. El riesgo elevado de carcinoma epidermoide esofágico en estos pacientes obliga a establecer medidas de seguimiento endoscópico sostenido a largo plazo, especialmente en aquellos con lesiones graves en la fase aguda. Este caso clínico pone de manifiesto la necesidad de un cambio en la práctica clínica y en la conciencia sobre los riesgos diferidos de esta entidad, y subraya el papel crucial del seguimiento periódico para prevenir o detectar precozmente complicaciones potencialmente letales.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Hoffman RS, Burns MM, Gosselin S. Ingestion of caustic substances. N Engl J Med. 2020;382(18):1739–48. doi:10.1056/NEJMra1810769.
  2. Cano-Valderrama O, Lázaro-Quintela M, García-Sánchez M. Cáncer esofágico tras ingestión cáustica: ¿cuándo realizar seguimiento endoscópico? Rev And Patol Dig. 2016;39(6):387–90.
  3. Contini S, Swarray-Deen A, Scarpignato C. Oesophageal corrosive injuries in children: a forgotten social and health challenge in developing countries. Bull World Health Organ. 2009;87(12):950–4. doi:10.2471/BLT.08.058065.
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  5. Chirica M, Kelly MD, Siboni S, et al. Esophageal emergencies: WSES guidelines. World J Emerg Surg. 2019;14:26. doi:10.1186/s13017-019-0245-2.
  6. Zargar SA, Kochhar R, Mehta S, Mehta SK. The role of fiberoptic endoscopy in the management of corrosive ingestion and modified endoscopic classification of burns. Gastrointest Endosc. 1991;37(2):165–9. doi:10.1016/S0016-5107(91)70678-0.
  7. European Society of Gastrointestinal Endoscopy (ESGE). Guideline for endoscopic management of caustic ingestion. Endoscopy. 2017;49(2):195–206. doi:10.1055/s-0042-122609.

 

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