AUTORES
- Yaiza Gatell Hernández. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Manuel Lopéz Espin. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Hugo Ortega Romanillos. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Carmen Zorrilla Laguardia. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Sancho Bres. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Enrique Cardenas Viloita. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Adrián Borao Tutor. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
Las lesiones por presión constituyen una complicación frecuente en pacientes con movilidad reducida y representan un importante problema de seguridad y calidad asistencial. Aunque tradicionalmente se han relacionado principalmente con la presión mantenida, otras fuerzas mecánicas, como la fricción y el cizallamiento, también participan en su desarrollo. El cizallamiento adquiere especial relevancia cuando el paciente se desliza en la cama o el sillón, produciendo un desplazamiento entre las diferentes capas de los tejidos que puede comprometer su integridad.
La evidencia disponible indica que determinadas situaciones, como el deslizamiento hacia los pies de la cama, la sedestación prolongada y las movilizaciones mediante arrastre, pueden aumentar la exposición a fuerzas de cizallamiento. La prevención requiere un abordaje individualizado basado en el correcto posicionamiento, los cambios posturales, la movilización segura, el uso adecuado de superficies de apoyo y la reducción de situaciones que favorezcan el desplazamiento del paciente.
Enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención mediante la valoración del riesgo, la vigilancia de la integridad cutánea, la identificación de factores relacionados con el cizallamiento y la aplicación de medidas preventivas adaptadas a cada paciente. Reconocer el deslizamiento como un factor de riesgo y no únicamente como un problema postural permite mejorar la prevención de las lesiones por presión y favorecer una atención más segura e integral.
PALABRAS CLAVE
Lesiones por presión, cizallamiento, fricción, presión, movilidad, posicionamiento del paciente, cuidados de enfermería.
ABSTRACT
Pressure injuries are a frequent complication in patients with reduced mobility and represent an important patient safety and quality-of-care concern. Although they have traditionally been associated mainly with sustained pressure, other mechanical forces, such as friction and shear, also contribute to their development. Shear is particularly relevant when a patient slides in bed or in a chair, producing displacement between the different tissue layers that may compromise tissue integrity.
Available evidence indicates that certain situations, such as sliding toward the foot of the bed, prolonged sitting, and repositioning techniques involving dragging the patient, may increase exposure to shear forces. Prevention requires an individualized approach based on appropriate positioning, regular repositioning, safe patient handling, the appropriate use of support surfaces, and the reduction of situations that promote patient displacement.
Nursing plays a fundamental role in prevention through risk assessment, monitoring of skin integrity, identification of factors associated with shear, and implementation of preventive measures adapted to each patient. Recognizing sliding as a risk factor rather than merely a postural problem may improve pressure injury prevention and promote safer and more comprehensive care.
KEY WORDS
Pressure injuries, shear, friction, pressure, mobility, patient positioning, nursing care.
INTRODUCCIÓN
Las lesiones por presión (LPP) constituyen un problema relevante de seguridad del paciente y de calidad de los cuidados de Enfermería, especialmente en personas con movilidad reducida, dependencia, alteraciones de la perfusión o estancias hospitalarias prolongadas. Su aparición puede aumentar la morbilidad, dificultar la recuperación y generar una importante carga asistencial. Por ello, la prevención requiere una valoración individualizada del riesgo y la aplicación sistemática de medidas dirigidas a mantener la integridad de la piel y de los tejidos1,2.
Tradicionalmente, la presión mantenida se ha considerado el principal mecanismo implicado en el desarrollo de estas lesiones; sin embargo, actualmente se reconoce la importancia de otras fuerzas mecánicas, especialmente la fricción y el cizallamiento. Este último adquiere especial relevancia cuando el paciente se desliza hacia los pies de la cama o del sillón mientras la piel permanece parcialmente adherida a la superficie de apoyo. El desplazamiento relativo de las diferentes capas tisulares puede generar deformación de los tejidos y alteraciones de la microcirculación, favoreciendo el daño profundo y aumentando el riesgo de lesión por presión1,3.
En este contexto, la prevención del cizallamiento constituye una intervención relevante dentro de los cuidados enfermeros. La correcta movilización y reposicionamiento, la reducción del deslizamiento del paciente, el empleo adecuado de superficies de apoyo y dispositivos de transferencia y la vigilancia de las zonas de mayor riesgo pueden contribuir a disminuir la exposición a estas fuerzas. Por tanto, reconocer el cizallamiento como un mecanismo independiente de daño y no únicamente como una consecuencia de la presión permite establecer estrategias preventivas más completas e individualizadas2,4,5.
OBJETIVOS
General:
Analizar la importancia del cizallamiento en la aparición de lesiones por presión y las principales estrategias de prevención desde los cuidados de Enfermería.
Específicos:
- Diferenciar el cizallamiento de otras fuerzas mecánicas implicadas en el desarrollo de lesiones por presión, especialmente la presión y la fricción.
- Identificar las principales situaciones y factores que favorecen la exposición del paciente a fuerzas de cizallamiento.
- Describir las intervenciones de enfermería dirigidas a reducir el deslizamiento y prevenir las lesiones asociadas al cizallamiento.
MATERIAL Y MÉTODO
Se ha llevado a cabo una revisión bibliográfica sistemática sobre la importancia del cizallamiento en el desarrollo de lesiones por presión, prestando especial atención a las situaciones de deslizamiento del paciente y a las medidas preventivas aplicables desde los cuidados de Enfermería.
Se consultaron las bases de datos PubMed, CINAHL, Scopus, Cochrane Library y SciELO, seleccionadas por su relevancia en el ámbito de las ciencias de la salud y la Enfermería. La búsqueda se complementó con literatura científica relacionada con la prevención de lesiones por presión.
La pregunta de investigación se formuló mediante la estrategia PICO:
- P (Paciente o población): personas adultas con riesgo de desarrollar lesiones por presión.
- I (Intervención): medidas dirigidas a prevenir o reducir las fuerzas de cizallamiento.
- C (Comparación): cuidados habituales o ausencia de medidas específicas frente al cizallamiento.
- O (Resultados): prevención de lesiones por presión y reducción del daño tisular asociado al cizallamiento.
Pregunta de investigación: En personas adultas con riesgo de desarrollar lesiones por presión (P), ¿la aplicación de medidas específicas para reducir el cizallamiento (I), frente a los cuidados habituales (C), disminuye la aparición de lesiones por presión y el daño tisular asociado (O)?
Las palabras clave, seleccionadas y comprobadas en DeCS, fueron: lesiones por presión, presión, fricción, movilidad, posicionamiento del paciente, cuidados de enfermería. Se combinaron mediante los operadores booleanos AND y OR para ampliar y delimitar los resultados de búsqueda.
La búsqueda se limitó a publicaciones correspondientes a los últimos cinco años (2021-2026). Se incluyeron artículos publicados en español o inglés, disponibles a texto completo y de acceso gratuito. Se excluyeron publicaciones duplicadas, estudios realizados exclusivamente en población pediátrica, artículos sin relación directa con el cizallamiento o la prevención de lesiones por presión y documentos que no aportaran información aplicable a los objetivos de la revisión.
RESULTADOS
Concepto y mecanismos implicados en las lesiones por presión:
Las lesiones por presión (LPP) son daños localizados en la piel y/o los tejidos subyacentes que suelen aparecer sobre prominencias óseas como consecuencia de una presión mantenida o de la combinación de presión con otras fuerzas mecánicas. Su aparición está condicionada también por factores individuales, como la movilidad, la perfusión tisular, el estado nutricional, la humedad y la capacidad de respuesta del paciente1,2.
Aunque tradicionalmente la presión mantenida se ha considerado el principal mecanismo responsable, actualmente se reconoce que las fuerzas de fricción y cizallamiento también intervienen en el desarrollo de estas lesiones. La interacción entre estos factores puede incrementar la deformación de los tejidos y favorecer el deterioro de la integridad cutánea y tisular1,3.
Diferencias entre presión, fricción y cizallamiento:
La presión se produce cuando una fuerza externa comprime los tejidos entre una estructura corporal y una superficie de apoyo. Cuando esta presión se mantiene durante un periodo prolongado puede comprometer la circulación local y favorecer la aparición de daño tisular, especialmente en personas con movilidad reducida 1,2,3.
La fricción aparece cuando la piel se desplaza sobre una superficie, como puede ocurrir durante una movilización realizada arrastrando al paciente sobre la cama. Esta fuerza puede provocar deterioro de las capas superficiales de la piel y aumentar su vulnerabilidad frente a otras fuerzas mecánicas1,2.
El cizallamiento implica un desplazamiento relativo entre diferentes capas de los tejidos. Mientras una parte del cuerpo permanece en contacto con la superficie de apoyo, las estructuras internas pueden desplazarse en otra dirección. Este fenómeno produce deformación de los tejidos y puede alterar la microcirculación, favoreciendo lesiones que pueden comenzar en planos profundos y no ser inicialmente evidentes en la superficie cutánea1,3.
Cizallamiento asociado al deslizamiento del paciente:
Una de las situaciones más habituales en las que pueden generarse fuerzas de cizallamiento se produce cuando el paciente se desliza hacia los pies de la cama. Esto puede ocurrir especialmente cuando el cabecero permanece elevado y el paciente no puede mantener una posición estable. La gravedad favorece el desplazamiento del cuerpo, mientras determinadas zonas de la piel permanecen adheridas al colchón, generando un movimiento diferencial entre las distintas capas tisulares3.
Este mecanismo también puede producirse en pacientes que permanecen sentados durante periodos prolongados y se deslizan progresivamente hacia delante en el sillón o la silla de ruedas. La repetición de estos movimientos puede aumentar la exposición de los tejidos a fuerzas mecánicas y favorecer la aparición de lesiones, especialmente en personas con movilidad limitada o incapacidad para modificar su posición de manera autónoma2,4.
Por este motivo, el deslizamiento del paciente no debe interpretarse únicamente como una alteración de la postura o una cuestión de comodidad. Constituye una situación potencial de riesgo para la integridad tisular que debe ser identificada y corregida dentro de las medidas preventivas de Enfermería3,5.
Factores que aumentan el riesgo de cizallamiento:
El riesgo de sufrir lesiones relacionadas con el cizallamiento aumenta cuando existen dificultades para realizar cambios posturales, dependencia para la movilidad o alteraciones de la sensibilidad. También pueden contribuir la sedestación prolongada, determinadas posiciones en la cama, una técnica incorrecta durante las movilizaciones y el uso inadecuado de superficies de apoyo2,3.
La presencia de humedad, alteraciones nutricionales o una perfusión tisular comprometida puede disminuir, además, la capacidad de los tejidos para tolerar las fuerzas mecánicas. Por ello, la valoración del riesgo debe considerar tanto los factores externos como las características individuales del paciente1,2.
Valoración y detección precoz:
La valoración enfermera debe incluir la inspección y palpación de la piel, especialmente en las zonas sometidas a mayor carga, así como la identificación de situaciones que favorezcan el deslizamiento. La observación del comportamiento postural del paciente durante el día puede proporcionar información relevante sobre la exposición repetida a fuerzas de cizallamiento2,4.
Además de valorar la integridad cutánea, es necesario identificar la capacidad del paciente para realizar cambios de posición y determinar si necesita ayuda durante las movilizaciones. La detección precoz de factores de riesgo permite adaptar el posicionamiento y establecer medidas preventivas antes de que aparezca una lesión3,5.
Estrategias enfermeras para reducir el cizallamiento:
La prevención debe orientarse principalmente a evitar el arrastre y reducir el desplazamiento del paciente sobre las superficies de apoyo. Para ello, deben emplearse técnicas de movilización adecuadas y dispositivos que faciliten las transferencias, disminuyendo la fricción y las fuerzas de cizallamiento durante los movimientos3,4.
En pacientes encamados, es importante revisar el posicionamiento y evitar que permanezcan en situaciones que favorezcan el deslizamiento. El empleo adecuado de las funciones de la cama y de superficies de apoyo puede contribuir a redistribuir las cargas y limitar las fuerzas ejercidas sobre los tejidos3.
En pacientes sentados, deben realizarse cambios posturales periódicos y evitar que permanezcan durante largos periodos en una posición en la que el cuerpo se deslice progresivamente hacia delante. Cuando la persona no puede modificar su postura de forma autónoma, será necesario establecer un plan individualizado de movilización y reposicionamiento2,4.
Las superficies especiales para el manejo de la presión pueden formar parte de una estrategia preventiva global, aunque no sustituyen los cambios posturales ni una movilización correcta. Su elección debe adaptarse al nivel de riesgo, movilidad, características corporales y situación clínica de cada paciente5,6,7.
Papel de Enfermería en la prevención:
Enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención mediante la valoración individualizada del riesgo, vigilancia de la piel, posicionamiento, movilización segura y educación del paciente y sus cuidadores. La identificación de conductas como el deslizamiento repetido en la cama o el sillón permite intervenir precozmente sobre uno de los factores mecánicos implicados en la aparición de las LPP2,4,6.
La prevención del cizallamiento debe integrarse, por tanto, dentro del cuidado habitual de las personas con riesgo de LPP. Una actuación enfermera adecuada no debe centrarse únicamente en aliviar la presión, sino también en evitar el arrastre y controlar los movimientos que generan deformación de los tejidos1,3.
DISCUSIÓN
La evidencia revisada permite considerar el cizallamiento como un mecanismo relevante en la aparición de lesiones por presión, aunque su efecto no debe analizarse por separado. Estas lesiones tienen un origen multifactorial en el que intervienen las fuerzas mecánicas junto con factores individuales del paciente. Por ello, reconocer el cizallamiento como un factor específico permite ampliar la prevención más allá del control exclusivo de la presión1,3.
La relación entre el deslizamiento del paciente y la generación de fuerzas de cizallamiento presenta especial relevancia clínica. Las recomendaciones actuales coinciden en evitar que el paciente se desplace hacia los pies de la cama y en reducir las movilizaciones mediante arrastre. Aunque la calidad de la evidencia varía según la intervención, existe suficiente respaldo para incorporar estas medidas a la práctica preventiva habitual3,5.
La prevención debe plantearse de forma integral, combinando reposicionamiento, movilización segura, superficies de apoyo y vigilancia de la piel según el nivel de riesgo individual. Las superficies de apoyo pueden contribuir a reducir la carga mecánica, pero no eliminan por sí mismas el riesgo de lesión y deben acompañarse de cambios posturales y una correcta movilización. Del mismo modo, evitar el arrastre durante las transferencias resulta fundamental para disminuir simultáneamente la fricción y el cizallamiento2,4,5,7.
No obstante, existen limitaciones en la evidencia disponible, ya que hay menos estudios centrados específicamente en el cizallamiento que en la presión y existe heterogeneidad en las definiciones y métodos de evaluación. Por ello, aunque puede considerarse un factor prevenible y clínicamente relevante, son necesarios estudios de mayor calidad que permitan determinar qué intervenciones presentan mayor eficacia. Mientras tanto, Enfermería debe incorporarlo de forma explícita en la valoración del riesgo y aplicar estrategias preventivas individualizadas1,3,7.
CONCLUSIONES
- El cizallamiento constituye un factor mecánico relevante en el desarrollo de lesiones por presión y debe incluirse en la valoración preventiva del paciente con riesgo.
- La identificación de situaciones como el deslizamiento en la cama o el sillón permite detectar precozmente una exposición potencialmente perjudicial para los tejidos.
- Las medidas preventivas deben adaptarse a las características y grado de dependencia de cada paciente, priorizando el posicionamiento adecuado, la movilización segura y la reducción del arrastre.
- Las superficies de apoyo y dispositivos de movilización pueden contribuir a disminuir las fuerzas mecánicas, pero deben formar parte de un abordaje preventivo integral.
- Enfermería desempeña un papel fundamental en la valoración del riesgo, la vigilancia de la piel, la movilización y la educación del paciente y sus cuidadores.
- Aunque existe evidencia suficiente para considerar el cizallamiento un factor prevenible, son necesarios estudios específicos de mayor calidad que permitan establecer con mayor precisión la eficacia de las distintas intervenciones preventivas.
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