- Carlota Buen Pueyo. Servicio de Cirugía y Digestivo, Hospital San Jorge de Huesca, España.
- Irati Cuadrado Noain. CS de Jaca, Servicio Aragonés de Salud, Jaca, España.
- Ignacio Bellosta Soler. Servicio Pull. Hospital San Jorge, Servicio Aragonés de Salud, Huesca, España.
- Maria Emilia Statie Statie Servicio de Truma/Uro/Onco/Oto. Hospital San Jorge, Servicio Aragonés de Salud, Huesca, España.
- Raúl Tricas Peralta. Servicio de Truma/Uro/Onco/Oto. Hospital San Jorge, Servicio Aragonés de Salud, Huesca, España.
- Hugo Escudero Casajus. Servicio de Urgencias, Hospital de Jaca, Servicio Aragonés de Salud, Jaca, España.
RESUMEN
La comunicación es una herramienta fundamental dentro de los cuidados de enfermería. Una adecuada relación entre el profesional y el paciente puede favorecer la confianza, mejorar la comprensión de la información y facilitar la participación del paciente en sus propios cuidados. La comunicación terapéutica requiere escucha activa, empatía y respeto. El objetivo de este trabajo es analizar la importancia de la comunicación terapéutica en la práctica enfermera.
PALABRAS CLAVE
Comunicación, enfermería, relación enfermero-paciente, atención centrada en el paciente.
Communication is a fundamental tool in nursing care. An adequate relationship between the professional and the patient can promote trust, improve understanding of information and facilitate patient participation in their own care. Therapeutic communication requires active listening, empathy and respect. The aim of this paper is to analyse the importance of therapeutic communication in nursing practice.
KEY WORDS
Communication, nursing, nurse-patient relations, patient-centered care.
La relación entre el paciente y el profesional de enfermería se desarrolla durante diferentes situaciones asistenciales. La forma en la que se transmite la información puede influir en la experiencia del paciente y en su participación en los cuidados.
La comunicación terapéutica busca establecer una relación profesional basada en el respeto, la confianza y la comprensión¹.
La escucha activa es uno de los elementos principales de la comunicación. Permite comprender las necesidades, preocupaciones y dudas del paciente.
La empatía también es importante para establecer una relación de confianza. El profesional debe intentar comprender la situación del paciente sin emitir juicios.
El lenguaje utilizado debe adaptarse a las características de la persona. La información sanitaria puede resultar compleja, por lo que es recomendable utilizar explicaciones claras y comprobar que el paciente ha comprendido la información.
La comunicación no verbal también influye en la relación terapéutica. La actitud, la expresión facial y la atención prestada al paciente pueden transmitir seguridad y cercanía.
Una buena comunicación puede favorecer una mayor satisfacción con la atención recibida y facilitar la participación del paciente en la toma de decisiones relacionadas con sus cuidados².
Una comunicación centrada en la persona debe tener en cuenta las características individuales del paciente, su edad, nivel de comprensión, estado emocional, contexto sociocultural y capacidad para participar en la conversación. El profesional de enfermería debe evitar asumir que una explicación ha sido comprendida únicamente porque ha sido expresada de forma correcta. Es necesario observar la respuesta del paciente, facilitar preguntas y comprobar la comprensión. La literatura reciente señala, además, que todavía existe variabilidad en la forma de medir la calidad de la comunicación enfermera y que se necesitan estrategias educativas dirigidas a mejorar especialmente las habilidades empáticas y no verbales⁴.
La escucha activa es uno de los elementos principales de la comunicación. Permite comprender las necesidades, preocupaciones y dudas del paciente. La empatía también es importante para establecer una relación de confianza. El profesional debe intentar comprender la situación del paciente sin emitir juicios.
El lenguaje utilizado debe adaptarse a las características de la persona. La información sanitaria puede resultar compleja, por lo que es recomendable utilizar explicaciones claras y comprobar que el paciente ha comprendido la información.
La comunicación no verbal también influye en la relación terapéutica. La actitud, la expresión facial y la atención prestada al paciente pueden transmitir seguridad y cercanía. Una buena comunicación puede favorecer una mayor satisfacción con la atención recibida y facilitar la participación del paciente en la toma de decisiones relacionadas con sus cuidados².
La comunicación terapéutica también debe adaptarse a las circunstancias concretas de cada encuentro asistencial. El profesional de enfermería puede encontrarse con pacientes que presentan miedo, dolor, incertidumbre o dificultades para expresar sus necesidades. En estas situaciones, dedicar tiempo a escuchar y permitir que la persona formule sus dudas puede ayudar a establecer un clima de confianza. Es importante evitar respuestas precipitadas y comprobar que el mensaje transmitido ha sido comprendido. La comunicación debe mantener en todo momento una actitud profesional, respetuosa y centrada en las necesidades del paciente3.
Otro aspecto relevante es la continuidad de la comunicación durante las diferentes etapas de la atención sanitaria. La información proporcionada por enfermería debe ser coherente con los cuidados que se están realizando y con las indicaciones del equipo sanitario. Explicar de forma sencilla los procedimientos, anticipar lo que puede experimentar el paciente y ofrecer la oportunidad de realizar preguntas puede disminuir la incertidumbre y favorecer su colaboración. Del mismo modo, la comunicación con familiares y cuidadores puede facilitar que comprendan las recomendaciones relacionadas con los cuidados. El uso de un lenguaje claro, evitando términos innecesariamente complejos, permite adaptar la información a las características y necesidades de cada persona. Estas habilidades comunicativas forman parte de la práctica enfermera y pueden desarrollarse mediante la experiencia, la formación y la reflexión sobre las situaciones asistenciales3.
La atención a la diversidad de los pacientes también resulta fundamental. Las diferencias culturales, educativas o lingüísticas pueden influir en la forma de recibir y comprender la información sanitaria. Por ello, enfermería debe adaptar la comunicación siempre que sea necesario3.
La escucha activa implica prestar atención al contenido verbal y a los elementos emocionales que acompañan al discurso. No consiste únicamente en permanecer en silencio mientras el paciente habla, sino en demostrar interés, facilitar que continúe expresándose y utilizar preguntas abiertas cuando sea necesario. Reformular o resumir lo expresado puede ayudar a comprobar que el profesional ha entendido correctamente el mensaje. Esta actitud permite obtener información que podría no aparecer mediante preguntas exclusivamente cerradas y facilita que el paciente pueda expresar preocupaciones relacionadas con su enfermedad o con los cuidados.
La empatía permite reconocer y comprender la experiencia de la otra persona sin confundirla con la propia. En la práctica enfermera puede manifestarse mediante respuestas que validen las emociones del paciente y eviten juicios innecesarios. Una respuesta empática no significa estar de acuerdo con todo lo que expresa el paciente, sino mostrar que sus sentimientos han sido escuchados y considerados. Este aspecto adquiere especial relevancia cuando existe ansiedad, miedo ante un procedimiento, incertidumbre diagnóstica o preocupación por la evolución de la enfermedad.
El lenguaje debe adaptarse a las características de cada persona. El uso excesivo de términos técnicos puede dificultar la comprensión y generar inseguridad. Por ello, es recomendable utilizar expresiones sencillas, explicar los conceptos importantes de forma ordenada y ofrecer al paciente la posibilidad de preguntar. Cuando se proporciona información sobre medicación, procedimientos, cuidados domiciliarios o signos de alarma, la comprobación de la comprensión adquiere especial importancia. Pedir al paciente que explique con sus propias palabras lo que ha entendido puede ayudar a identificar dudas que de otro modo permanecerían ocultas.
La comunicación no verbal acompaña constantemente a la comunicación verbal. La expresión facial, el contacto visual, la postura corporal, la distancia interpersonal y la disponibilidad mostrada durante la conversación pueden transmitir interés o, por el contrario, sensación de prisa o falta de atención. En consecuencia, el profesional debe procurar que sus mensajes verbales y no verbales sean coherentes. Mantener una actitud abierta, evitar interrupciones innecesarias y dedicar unos momentos de atención real puede favorecer un clima de confianza.
También es necesario considerar el entorno en el que se produce la comunicación. Las conversaciones relacionadas con información personal o decisiones de cuidado requieren privacidad y unas condiciones que permitan al paciente expresarse con tranquilidad. El ruido, las interrupciones constantes o la presencia de personas no autorizadas pueden dificultar la comunicación y afectar a la intimidad. Siempre que la situación asistencial lo permita, el profesional debe procurar un espacio adecuado y explicar al paciente quién participa en la conversación y cuál es el propósito de la información que se va a proporcionar.
La comunicación terapéutica resulta especialmente importante en pacientes con dificultades de expresión, alteraciones sensoriales, barreras idiomáticas o deterioro cognitivo. En estos casos pueden ser necesarios apoyos adicionales, como adaptar el ritmo de la conversación, utilizar frases más breves, comprobar la comprensión con mayor frecuencia o recurrir a recursos de apoyo. Cuando existe una barrera lingüística relevante, debe evitarse depender exclusivamente de familiares para transmitir información clínica que requiera precisión, procurando utilizar recursos profesionales de interpretación cuando estén disponibles.
La comunicación también tiene una función educativa. Las recomendaciones sobre higiene, alimentación, movilidad, medicación, autocuidado o prevención de complicaciones deben adaptarse a las posibilidades reales del paciente. No basta con entregar información; es necesario valorar si la persona puede incorporarla a su vida cotidiana y si dispone de los recursos necesarios para llevarla a cabo. La educación sanitaria debe plantearse como un proceso progresivo, permitiendo que el paciente exprese dificultades y ajustando las recomendaciones cuando sea necesario.
La formación en habilidades comunicativas puede contribuir a mejorar la práctica profesional. Una revisión sistemática de intervenciones educativas en enfermería encontró resultados favorables en distintas medidas de las habilidades comunicativas, aunque señaló diferencias importantes entre los programas y las herramientas utilizadas para evaluarlos. Esto indica que la comunicación no debe considerarse únicamente una habilidad innata, sino una competencia que puede entrenarse, observarse y perfeccionarse mediante formación y práctica reflexiva.³
El aprendizaje puede incluir situaciones simuladas, análisis de casos, observación de conversaciones y retroalimentación estructurada. Este tipo de entrenamiento permite practicar situaciones difíciles antes de enfrentarse a ellas en la práctica clínica, como comunicar información sensible, responder ante una reacción emocional o abordar un paciente que muestra rechazo o miedo. La formación de estudiantes de enfermería también ha sido objeto de revisiones sistemáticas, que señalan la importancia de desarrollar estas competencias desde las primeras etapas de la formación profesional⁵.
En la práctica diaria, la comunicación debe integrarse en el proceso enfermero. La información obtenida mediante la conversación puede orientar la valoración de necesidades, ayudar a identificar problemas y facilitar la planificación de intervenciones. Asimismo, una comunicación adecuada entre profesionales favorece la continuidad de los cuidados y reduce el riesgo de que información relevante sobre las preferencias o necesidades del paciente se pierda durante los cambios de turno. La comunicación terapéutica, por tanto, tiene una dimensión interpersonal con el paciente y otra relacionada con la coordinación del equipo.
Existen situaciones en las que mantener una comunicación terapéutica puede resultar difícil. La sobrecarga asistencial, la falta de tiempo, las interrupciones o el cansancio pueden favorecer interacciones excesivamente breves. Sin embargo, incluso en estos contextos, pequeñas acciones como presentarse, explicar lo que se va a hacer, escuchar una duda concreta y comprobar que el paciente ha comprendido pueden mejorar la calidad de la interacción. La comunicación debe entenderse como parte del cuidado y no como una actividad independiente de las intervenciones clínicas.
Por último, es importante respetar la autonomía del paciente. La comunicación debe favorecer que la persona participe en las decisiones relacionadas con sus cuidados en la medida de sus capacidades y preferencias. Informar de forma comprensible, escuchar sus valores y permitir que formule preguntas son elementos coherentes con una atención centrada en la persona. El profesional de enfermería actúa como facilitador de este proceso, manteniendo una relación basada en el respeto, la confianza y los límites propios de la relación profesional.
La comunicación terapéutica constituye una herramienta fundamental en los cuidados de enfermería, ya que permite establecer una relación profesional basada en la confianza, el respeto y la atención centrada en las necesidades del paciente. A partir del análisis realizado, se puede concluir que una comunicación adecuada no solo facilita el intercambio de información, sino que también contribuye a mejorar la experiencia del paciente, favorecer su participación en los cuidados y respetar su autonomía durante el proceso asistencial.
En relación con los elementos que intervienen en la comunicación terapéutica, destacan la escucha activa, la empatía, el respeto, el uso de un lenguaje claro, la comunicación no verbal, la adaptación de la información y la comprobación de la comprensión. Todos estos componentes se encuentran relacionados entre sí y deben integrarse en la práctica enfermera para conseguir una comunicación eficaz y centrada en la persona.
La escucha activa permite al profesional conocer con mayor precisión las necesidades, preocupaciones, dudas y emociones del paciente. Escuchar de forma atenta, facilitar la expresión de sentimientos, realizar preguntas adecuadas y reformular la información cuando sea necesario favorece una valoración más completa de la situación del paciente y permite identificar necesidades que podrían pasar desapercibidas mediante una comunicación exclusivamente informativa.
Asimismo, la empatía y el respeto son esenciales para establecer una relación terapéutica basada en la confianza. Comprender y validar las emociones del paciente, evitando juicios, permite generar un entorno en el que la persona se sienta escuchada y considerada. Estos aspectos adquieren especial relevancia ante situaciones de dolor, miedo, ansiedad, incertidumbre o pérdida de autonomía, en las que la actitud del profesional puede influir significativamente en la experiencia del paciente.
También se concluye que el lenguaje debe adaptarse a las características individuales de cada persona. La edad, el nivel educativo, la capacidad de comprensión, las diferencias culturales o lingüísticas y el estado emocional pueden condicionar la manera en que se recibe la información sanitaria. Por ello, el profesional de enfermería debe utilizar explicaciones claras, evitar tecnicismos innecesarios y adaptar el ritmo y el contenido de la información a las necesidades del paciente.
La comunicación no verbal constituye, igualmente, un componente esencial de la relación terapéutica. La expresión facial, el contacto visual, la postura, la distancia interpersonal y la actitud del profesional pueden transmitir interés, seguridad y disponibilidad, o, por el contrario, generar sensación de prisa o falta de atención. Por este motivo, es importante mantener coherencia entre los mensajes verbales y no verbales y proporcionar al paciente una atención en la que se sienta realmente escuchado.
Por otra parte, comprobar la comprensión de la información proporcionada resulta imprescindible para garantizar que el paciente pueda participar de manera adecuada en sus cuidados. Explicar una información no garantiza que haya sido comprendida. La utilización de preguntas, la posibilidad de expresar dudas y la petición al paciente de explicar con sus propias palabras lo que ha entendido permiten detectar posibles dificultades y corregirlas antes de continuar con el proceso asistencial o educativo.
Finalmente, una comunicación terapéutica adecuada favorece la participación activa del paciente en sus propios cuidados y en la toma de decisiones. Cuando la persona recibe información comprensible, puede expresar sus preferencias y dispone de un espacio para plantear dudas y preocupaciones, aumenta su capacidad para implicarse en el proceso asistencial. De esta manera, la comunicación terapéutica contribuye a una atención más humanizada, individualizada y respetuosa con la autonomía del paciente.
En conjunto, se considera que la comunicación terapéutica debe entenderse como una competencia profesional que puede desarrollarse y perfeccionarse mediante la formación, la práctica y la reflexión sobre las situaciones asistenciales. Su integración en el proceso enfermero permite mejorar la relación con el paciente, facilitar la continuidad de los cuidados y contribuir a una atención de mayor calidad, segura y centrada en la persona
BIBLIOGRAFÍA
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