AUTORES
- Jorge Martín Costa. C.S. Jaca. Huesca, España.
- Ana Martín Costa. H.U. Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Mireia Amiguet Biain. H.U. Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Belén Miranda Alcalde. H.U. Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Raquel Garcés Gómez. H.U. Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Belén Torre Pérez. CS Tudela. Navarra, España.
RESUMEN
La conducta suicida en adolescentes constituye una urgencia clínica de alto impacto y no debe abordarse como un problema exclusivamente psiquiátrico diferido. En urgencias, el objetivo inicial no es establecer un diagnóstico psicopatológico exhaustivo, sino identificar riesgo inmediato, garantizar seguridad, descartar compromiso médico agudo y decidir con rapidez el nivel de contención y seguimiento necesarios. La ideación suicida, las autolesiones y los intentos de suicidio forman parte de un continuo clínico heterogéneo, por lo que la valoración debe ser estructurada y centrada en la gravedad actual, la intencionalidad, el método, el acceso a medios letales, los antecedentes y el contexto familiar y social. La evidencia disponible y las recomendaciones recientes apoyan el cribado del riesgo suicida en adolescentes en determinados entornos clínicos, así como el uso de herramientas breves validadas como apoyo, siempre seguido de una evaluación clínica más profunda cuando el cribado es positivo. La seguridad del paciente tiene prioridad absoluta: un adolescente con ideación activa, plan, intención, intento reciente, intoxicación, agitación grave, psicosis, imposibilidad de supervisión o entorno inseguro no es candidato a alta sin valoración especializada. La entrevista debe realizarse con el adolescente y también con sus cuidadores, preservando privacidad suficiente, pero sin permitir que la confidencialidad interfiera con la protección ante un riesgo vital. Este artículo revisa un enfoque práctico para urgencias pediátricas, incluyendo reconocimiento inicial, entrevista breve orientada al riesgo, exploración médica básica, medidas inmediatas de seguridad, planificación de la disposición y errores frecuentes que deben evitarse.
PALABRAS CLAVE
Suicidio, adolescente, autolesión, urgencias pediátricas, evaluación del riesgo, salud mental.
ABSTRACT
Suicidal behavior in adolescents is a high-impact clinical emergency and should not be managed as a purely psychiatric problem to be deferred. In the emergency department, the initial goal is not to establish a complete psychiatric diagnosis, but to identify immediate risk, ensure safety, rule out acute medical compromise, and promptly determine the level of containment and follow-up required. Suicidal ideation, self-harm, and suicide attempts belong to a heterogeneous clinical continuum; therefore, assessment must be structured and focused on current severity, intent, method, access to lethal means, past history, and family and social context. Current evidence supports suicide risk screening for adolescents in selected clinical settings and the use of brief validated tools as aids, always followed by a more comprehensive clinical assessment when screening is positive. Patient safety is the absolute priority: an adolescent with active suicidal ideation, plan, intent, recent attempt, intoxication, severe agitation, psychosis, inability to ensure supervision, or an unsafe environment is not suitable for discharge without specialist evaluation. The interview should include both the adolescent and caregivers, preserving enough privacy while not allowing confidentiality to interfere with protection when life-threatening risk is present. This article reviews a practical emergency department approach, including early recognition, brief risk-oriented interview, basic medical evaluation, immediate safety measures, disposition planning, and common pitfalls to avoid.
KEY WORDS
Suicide, adolescent, self-harm, pediatric emergency department, risk assessment, mental health.
INTRODUCCIÓN
La conducta suicida en adolescentes es un problema clínico mayor y una causa relevante de morbimortalidad. El suicidio se mantiene entre las principales causas de muerte en población joven, lo que confirma que no se trata de una consulta menor ni excepcional en la práctica urgente1,2. En urgencias pediátricas, el adolescente con ideación suicida o autolesión debe considerarse inicialmente un paciente potencialmente inestable desde el punto de vista de la seguridad. El enfoque correcto no consiste en decidir deprisa si “realmente quería suicidarse” o si “solo fue una llamada de atención”, sino en establecer si existe riesgo inmediato, si hay lesión médica asociada, si puede permanecer seguro en ese momento y qué recursos necesita antes del alta o ingreso3.
La conducta suicida no puede entenderse como un episodio aislado y homogéneo. La presentación clínica abarca desde pensamientos pasivos de muerte hasta ideación activa con plan, conductas preparatorias, autolesiones repetidas e intentos de suicidio consumados o interrumpidos4. Desde el punto de vista de urgencias, esta diversidad obliga a una valoración estructurada, centrada en la gravedad actual y en la posibilidad de repetición a corto plazo.
OBJETIVO
El objetivo es establecer un enfoque estructurado para la valoración y manejo inicial en urgencias del adolescente con conducta suicida, con el fin de identificar el riesgo inmediato, garantizar la seguridad del paciente y orientar la toma de decisiones clínicas. De forma específica, se pretende describir las distintas formas de presentación de la conducta suicida en adolescentes, definir las prioridades de actuación inicial en urgencias, y detallar la evaluación clínica del riesgo mediante la entrevista con el paciente y sus cuidadores. Asimismo, se busca identificar los principales factores de riesgo, revisar el papel de las herramientas de cribado, establecer criterios de derivación a valoración psiquiátrica o ingreso, y determinar las condiciones necesarias para un alta segura, incluyendo el uso de planes de seguridad. Finalmente, se pretende señalar los errores más frecuentes en el abordaje de estos pacientes en el ámbito de urgencias pediátricas.
METODOLOGÍA
Se ha realizado una revisión narrativa de la literatura con el objetivo de sintetizar la evidencia actual sobre la valoración y manejo del adolescente con conducta suicida en urgencias pediátricas. Para ello, se seleccionaron guías de práctica clínica, documentos de consenso y herramientas de cribado procedentes de organismos internacionales y sociedades científicas de referencia, incluyendo la World Health Organization (WHO), la National Institute for Health and Care Excellence (NICE), la American Academy of Pediatrics (AAP), la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP) y el National Institute of Mental Health (NIMH).
RESULTADOS
La ideación suicida incluye desde el deseo de no seguir viviendo hasta la planificación concreta de un método. La autolesión comprende conductas autoinfligidas con o sin intención suicida explícita, pero en la práctica urgente toda autolesión debe interpretarse como marcador de vulnerabilidad clínica y aumento de riesgo futuro. NICE define self-harm como cualquier autointoxicación o lesión autoinfligida intencional, independientemente de la motivación aparente, precisamente para evitar errores derivados de clasificar demasiado pronto el episodio como “manipulativo” o “no suicida”.
En urgencias, la prioridad no es diferenciar con aparente exactitud fenomenológica todas las formas de sufrimiento autolesivo, sino responder a cuatro cuestiones concretas: si existe riesgo suicida actual, si ha habido autolesión o intento reciente, si coexiste compromiso médico agudo y si el entorno permite seguridad real si se plantea el alta5,6. Este enfoque es más útil que una valoración centrada exclusivamente en el diagnóstico psiquiátrico de base.
Detección inicial en urgencias:
Las recomendaciones actuales apoyan el cribado del riesgo suicida en adolescentes en determinados entornos clínicos. La American Academy of Pediatrics recomienda cribado universal anual a partir de los 12 años y cribado indicado clínicamente entre los 8 y 11 años cuando existan síntomas conductuales, preocupación del paciente o la familia, antecedentes relevantes o signos de alarma. Aunque el servicio de urgencias tiene características propias, esta recomendación refuerza la idea de que la suicidalidad puede pasar desapercibida si no se pregunta de forma directa.
Entre las herramientas breves disponibles, el Ask Suicide-Screening Questions (ASQ) del National Institute of Mental Health es una de las más conocidas. Consta de cuatro preguntas y fue diseñado para facilitar un cribado rápido en entornos clínicos. Su interés radica en que permite detectar adolescentes que requieren una evaluación de seguridad más amplia, no en reemplazar la entrevista clínica completa.
Recepción del paciente y prioridades inmediatas:
La atención del adolescente con sospecha de conducta suicida debe empezar por la seguridad. Si el paciente llega tras una intoxicación, precipitación, ahorcamiento, herida cortante, traumatismo o agitación intensa, la prioridad sigue siendo médica. La valoración inicial debe atenerse a los principios generales de urgencias: asegurar vía aérea, ventilación, perfusión, control de hemorragias, nivel de conciencia y glucemia, además de dirigir pruebas complementarias según el mecanismo lesional o la sospecha toxicológica.
Desde el primer contacto es imprescindible reducir el acceso a medios potencialmente letales en el área asistencial. Deben retirarse objetos cortantes, cinturones, cordones, cables y fármacos, y el paciente no debe quedar sin supervisión adecuada si existe riesgo actual o valoración incierta7. Este punto parece obvio, pero sigue siendo una fuente evitable de incidentes en urgencias.
Entrevista inicial con el adolescente:
La entrevista debe ser clara, directa y sin rodeos. Preguntar por ideas de muerte o suicidio no induce la conducta suicida, al contrario, mejora la detección y permite organizar la protección. La valoración debe incluir, al menos, presencia de pensamientos de muerte, ideación suicida activa, plan, acceso al método, intención de llevarlo a cabo, conducta preparatoria, intento reciente, antecedentes de intentos previos, autolesiones previas, consumo de alcohol u otras sustancias, síntomas depresivos, ansiedad intensa, impulsividad, psicosis, acoso, violencia, conflicto familiar, abuso, duelo reciente y apoyo disponible.
No es suficiente con preguntar “¿te has querido hacer daño?”. Hay que concretar la gravedad real del episodio. La secuencia práctica incluye: qué piensa exactamente, desde cuándo, con qué frecuencia, si ha pensado cómo hacerlo, si dispone del método, si cree que podría llevarlo a cabo pronto y qué factores le han frenado hasta ese momento. Esta información permite pasar de una impresión vaga a una estimación clínica útil.
También conviene explorar desesperanza, sensación de carga, impulsividad y ambivalencia. Un adolescente puede negar una intención suicida persistente y, sin embargo, haber realizado una conducta de alto riesgo en un contexto de intensa impulsividad. Precisamente por eso, una entrevista aparentemente tranquilizadora no debe llevar a banalizar un intento reciente.
Entrevista con padres o cuidadores:
La valoración es incompleta si se omite la entrevista con la familia o los cuidadores. Debe preguntarse qué han observado, si conocen antecedentes de autolesión o intentos previos, cambios conductuales recientes, aislamiento, mensajes de despedida, búsquedas de métodos en internet, consumo de sustancias, conflictos familiares, episodios de violencia y capacidad real de supervisión en domicilio.
En niños y adolescentes, la evaluación psicosocial debe incluir la situación del hogar, la red de apoyo, el entorno escolar y cualquier problema de protección del menor. La confidencialidad con el adolescente debe respetarse en la medida de lo posible, pero no puede anteponerse a la seguridad ante un riesgo vital. Si existe peligro relevante, la información necesaria debe compartirse con quienes deban proteger al paciente.
Factores asociados a mayor riesgo inmediato:
No todos los adolescentes con ideación autolítica presentan el mismo riesgo a corto plazo. Deben considerarse particularmente preocupantes: intento reciente de alta letalidad o rescate improbable, ideación suicida activa con plan, intención persistente, acceso inmediato a medios letales, síntomas psicóticos, intoxicación concurrente, agitación grave, impulsividad marcada, desesperanza intensa, antecedentes de intento previo, autolesiones repetidas y ausencia de apoyo o supervisión fiable8.
Los antecedentes importan. Haber realizado un intento previo o autolesiones repetidas aumenta el riesgo de repetición futura. Sin embargo, basarse exclusivamente en un solo factor es un error, la decisión clínica debe surgir de la combinación de gravedad actual, vulnerabilidad previa y capacidad de contención del entorno.
Exploración médica y pruebas complementarias:
La evaluación somática debe ser proporcionada al caso. Si ha existido ingestión, trauma, asfixia, herida, pérdida de conciencia o intoxicación, se deben realizar las pruebas necesarias según sospecha clínica. En cambio, pedir de forma rutinaria analíticas indiscriminadas en todo paciente con ideación suicida no aporta valor si el adolescente está médicamente estable y no existen hallazgos que lo justifiquen.
La exploración física básica, las constantes vitales, el estado mental y la búsqueda dirigida de lesiones o signos de intoxicación suelen ser suficientes para decidir si se necesita una evaluación médica más amplia. Este planteamiento evita medicalización innecesaria y centra recursos en lo relevante.
Herramientas de cribado y escalas:
Las herramientas breves pueden ayudar a ordenar la asistencia, pero no deben reemplazar el juicio clínico ni decidir por sí solas el alta o el ingreso. El ASQ es útil como cribado inicial. Tras un cribado positivo, el NIMH propone una Brief Suicide Safety Assessment, orientada a explorar frecuencia de ideas, ideación actual, plan, antecedentes, síntomas psiquiátricos y factores protectores.
Aun así, NICE insiste en que las escalas de riesgo no deben utilizarse como único criterio para predecir repetición de autolesiones, decidir el alta o negar intervenciones. Esto es especialmente importante en adolescentes, donde la impulsividad, la ambivalencia y la influencia del entorno pueden hacer engañosa cualquier puntuación aislada.
Manejo inicial en urgencias:
El manejo inmediato se basa en cinco medidas prácticas. La primera es garantizar seguridad ambiental y supervisión adecuada. La segunda, tratar cualquier problema médico agudo asociado, incluyendo intoxicaciones, heridas, traumatismos o alteración del nivel de conciencia. La tercera, realizar una evaluación clínica estructurada del riesgo suicida. La cuarta, implicar a la familia o a los cuidadores en la valoración y en la planificación de seguridad. Y la quinta, decidir de forma explícita la disposición final antes del alta: observación, valoración especializada urgente, ingreso o alta protegida con plan de seguridad y seguimiento precoz.
En ningún caso debe darse el alta “solo con una cita” cuando persisten dudas relevantes sobre la seguridad. El entorno doméstico, el acceso a medios letales y la capacidad de supervisión son tan importantes como la entrevista clínica.
Plan de seguridad:
Cuando el adolescente no precisa ingreso inmediato, pero sigue siendo un paciente de riesgo que requiere intervención, el alta debe acompañarse de un plan de seguridad. La AAP incluye el safety planning y el counseling on access to lethal means entre las intervenciones breves con impacto potencial en la prevención del suicidio.
Un plan de seguridad útil debe incluir: identificación de señales de alarma personales, estrategias inmediatas de afrontamiento, personas de apoyo concretas, recursos sanitarios accesibles y restricción de acceso a medios letales en el domicilio. No es un documento burocrático, sino una herramienta práctica. Un alta sin plan de seguridad bien explicado equivale, muchas veces, a un alta incompleta.
Criterios orientativos de valoración psiquiátrica urgente o ingreso:
Aunque la organización concreta depende de cada centro, existen situaciones en las que el paciente no es candidato a alta sin valoración especializada urgente. Entre ellas destacan: ideación suicida actual con plan o intención, intento reciente, imposibilidad de comprometer seguridad, psicosis, intoxicación no resuelta, agitación grave, ausencia de supervisión fiable, violencia o negligencia en el entorno y acceso no controlable a medios letales.
También debe bajarse mucho el umbral de contención cuando el episodio actual se produce tras una conducta de alta letalidad, cuando el paciente minimiza un intento objetivamente grave o cuando existe discordancia importante entre lo que dice el adolescente y la información aportada por la familia o el contexto.
Cuándo puede plantearse el alta:
El alta solo debe considerarse cuando el adolescente está médicamente estable, no presenta riesgo suicida inminente, no existe intoxicación ni alteración mental aguda que impida una valoración fiable, se dispone de un adulto responsable capaz de supervisar de forma realista, se han restringido los medios letales y se garantiza un seguimiento cercano.
Además, la documentación debe reflejar con claridad qué se valoró, qué factores de riesgo y de protección se identificaron, qué se decidió y qué recomendaciones se dieron. En este contexto, documentar bien no es medicina defensiva, es parte de una asistencia segura.
Errores frecuentes:
El primer error es minimizar el episodio porque el adolescente parece tranquilo, sonríe o verbaliza ambivalencia. La apariencia calmada no excluye riesgo. El segundo es etiquetar la conducta como “llamada de atención” y, a partir de ahí, rebajar la evaluación. El tercero es basar decisiones críticas en una escala o en una promesa verbal de no hacerse daño. El cuarto es no entrevistar al adolescente a solas en algún momento. El quinto, no implicar a la familia o no valorar su verdadera capacidad de supervisión. Y otro error muy frecuente es olvidar la restricción de acceso a medios letales en domicilio.
También es un error retrasar las medidas de seguridad hasta que valore psiquiatría. Urgencias puede y debe hacer mucho antes de esa valoración: proteger, explorar, estratificar, documentar y organizar el destino seguro del paciente.
CONCLUSIONES
La conducta suicida en adolescentes es una urgencia pediátrica de alta prioridad. El papel de urgencias no es resolver todo el problema psiquiátrico en una visita, pero sí identificar el riesgo inmediato, descartar compromiso médico, garantizar seguridad y decidir de forma segura el destino del paciente.
Las recomendaciones actuales apoyan un modelo escalonado: detección cuando esté indicada, evaluación breve de seguridad si el cribado es positivo y valoración especializada cuando el riesgo lo requiera. En la práctica, el mensaje central es directo: si hay ideación activa, plan, intento reciente, intoxicación, psicosis o imposibilidad de garantizar supervisión, el adolescente no debe abandonar urgencias como si se tratara de una consulta leve. Lo grave aquí no es sobreactuar, es infravalorar.
BIBLIOGRAFÍA
- World Health Organization. Suicide. Geneva: World Health Organization, 2025.
- World Health Organization. Mental health of adolescents. Geneva: World Health Organization, 2025.
- National Institute for Health and Care Excellence. Self-harm: assessment, management and preventing recurrence. NICE guideline NG225. London: NICE, 2022.
- American Academy of Pediatrics. Suicide and suicide risk in adolescents. Pediatrics. 2024,153(1):e2023064800.
- American Academy of Pediatrics. Blueprint for Youth Suicide Prevention. Itasca (IL): American Academy of Pediatrics, 2023.
- National Institute of Mental Health. Ask Suicide-Screening Questions (ASQ) toolkit. Bethesda (MD): National Institute of Mental Health.
- National Institute of Mental Health. Youth emergency department brief suicide safety assessment guide. Bethesda (MD): National Institute of Mental Health.
- American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. Suicide safety: precautions at home. Washington (DC): AACAP, 2020.