AUTORES
- Natalia Cancer Sáez. Enfermera. Hospital Universitario Materno Infantil Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Aroa Cardiel Hernández. Enfermera. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Paula Aznárez Collado. Enfermera. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Diego de Mingo Gargallo. Enfermero. Hospital Universitario Royo Villanova. Zaragoza, España.
- Marina Domingo Crespo. Enfermera. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Carmen Aznar Sabaté. Enfermera. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
CARTAS AL EDITOR
Señor Editor:
A través de la presente carta quisiera poner de manifiesto la importancia del contacto piel con piel inmediato tras el nacimiento, una práctica respaldada por una amplia evidencia científica y considerada actualmente uno de los cuidados esenciales en la atención al recién nacido sano y a su madre¹. A pesar de las recomendaciones emitidas por organismos nacionales e internacionales, su implantación continúa siendo desigual entre los distintos centros hospitalarios, lo que hace necesario seguir promoviendo su conocimiento y aplicación sistemática.
El contacto piel con piel consiste en colocar al recién nacido desnudo sobre el tórax desnudo de la madre inmediatamente después del parto, favoreciendo un contacto continuo durante, al menos, la primera hora de vida o hasta que finalice la primera toma de lactancia². Este procedimiento, aparentemente sencillo, desencadena una serie de respuestas fisiológicas que benefician tanto al neonato como a la madre, convirtiéndose en una intervención de elevado impacto y prácticamente exenta de riesgos cuando se realiza de forma adecuada.
Desde el punto de vista neonatal, el contacto piel con piel facilita la adaptación a la vida extrauterina. Diversos estudios han demostrado que contribuye a mantener una temperatura corporal estable, disminuye el consumo energético, favorece la estabilidad cardiorrespiratoria y mejora el control de la glucemia¹. Asimismo, reduce el estrés asociado al nacimiento, disminuyendo el llanto y promoviendo un estado de alerta tranquila que facilita la interacción precoz entre madre e hijo².
Otro de los beneficios ampliamente documentados es el favorecimiento del inicio y mantenimiento de la lactancia materna exclusiva³. Durante el contacto piel con piel, el recién nacido pone en marcha una serie de reflejos innatos que le permiten desplazarse lentamente hacia el pecho materno e iniciar la primera toma de manera espontánea. Este proceso favorece una correcta succión, incrementa la liberación de oxitocina y prolactina en la madre y mejora tanto la producción como la duración de la lactancia³.
En relación con la salud materna, esta práctica también aporta beneficios relevantes. El aumento de la secreción de oxitocina favorece la contracción uterina y disminuye el riesgo de hemorragia posparto³. Además, fortalece el vínculo afectivo madre-hijo, reduce los niveles de ansiedad y estrés y mejora la satisfacción de la experiencia del parto. Incluso se ha observado una menor incidencia de síntomas depresivos durante el puerperio en aquellas mujeres que han podido disfrutar de un contacto precoz y continuado con su recién nacido⁴.
Desde una perspectiva emocional, el nacimiento constituye un momento de enorme trascendencia para la familia. Favorecer un ambiente tranquilo y respetuoso, evitando separaciones innecesarias, permite consolidar el apego temprano y facilita la adaptación a la nueva situación familiar. La evidencia científica señala que las primeras horas de vida representan un periodo especialmente sensible para el establecimiento del vínculo afectivo, aspecto que puede influir positivamente en el desarrollo emocional del niño a medio y largo plazo⁴.
Sin embargo, en la práctica clínica todavía persisten barreras que dificultan la aplicación universal del contacto piel con piel. Entre ellas destacan determinados protocolos asistenciales, la realización rutinaria de procedimientos que podrían retrasarse, la falta de formación específica de algunos profesionales o limitaciones organizativas derivadas de la carga asistencial. En ocasiones, exploraciones como el peso, la medición o determinadas valoraciones clínicas continúan realizándose antes de completar el periodo inicial de contacto, pese a que podrían posponerse sin comprometer la seguridad del recién nacido².
Resulta especialmente importante recordar que la mayoría de las actuaciones habituales tras el nacimiento pueden llevarse a cabo manteniendo el contacto entre madre e hijo, siempre que la situación clínica de ambos lo permita¹. Del mismo modo, cuando el contacto piel con piel con la madre no sea posible por motivos médicos, la participación del padre u otro acompañante constituye una alternativa beneficiosa para el recién nacido y para el proceso de adaptación familiar⁵.
El personal de enfermería y las matronas desempeñan un papel esencial en la promoción, protección y mantenimiento de esta práctica. Su labor educativa durante el embarazo permite informar a las familias sobre los beneficios del contacto piel con piel y resolver posibles dudas o temores. Asimismo, durante el parto y el posparto inmediato, estos profesionales son responsables de garantizar que las intervenciones clínicas se adapten, siempre que sea posible, a un modelo de atención centrado en la evidencia científica y en las necesidades de la madre y el recién nacido.
La humanización de la asistencia obstétrica implica incorporar intervenciones sencillas, eficaces y seguras que mejoren la experiencia del nacimiento y los resultados en salud. El contacto piel con piel representa una de las medidas con mayor impacto clínico y emocional, además de no requerir tecnología adicional ni generar costes significativos para el sistema sanitario¹. Por ello, su implantación debería consolidarse como un estándar de calidad asistencial en todos los centros que atienden partos.
En conclusión, el contacto piel con piel inmediato tras el nacimiento constituye una intervención esencial que aporta importantes beneficios fisiológicos, psicológicos y emocionales tanto para la madre como para el recién nacido. Su aplicación sistemática, siempre que las condiciones clínicas lo permitan, debería formar parte de la práctica habitual en los servicios de obstetricia y neonatología, contribuyendo a una atención más segura, humanizada y basada en la mejor evidencia científica disponible.
BIBLIOGRAFÍA
- Organización Mundial de la Salud. WHO recommendations: intrapartum care for a positive childbirth experience [Internet]. Ginebra: OMS; 2018 [citado 6 jul 2026]. Disponible en: https://www.who.int
- Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Cuidados desde el nacimiento: recomendaciones basadas en pruebas y buenas prácticas [Internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad; 2010 [citado 6 jul 2026]. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es
- Moore ER, Bergman N, Anderson GC, Medley N. Early skin-to-skin contact for mothers and their healthy newborn infants. Cochrane Database Syst Rev. 2016;(11):CD003519. doi: 10.1002/14651858.CD003519.pub4
- UNICEF Comité Español. Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN) [Internet]. Madrid: UNICEF Comité Español; 2021 [citado 6 jul 2026]. Disponible en: https://www.ihan.es
- Asociación Española de Pediatría. Recomendaciones sobre el contacto piel con piel tras el nacimiento [Internet]. Madrid: AEP; 2022 [citado 6 jul 2026]. Disponible en: https://www.aeped.es