Cuidados de enfermería en hemodiálisis. Artículo monográfico

16 junio 2025

AUTORES

  1. Anna Montalà Agulló. Enfermera Hospital Universitario Arnau de Vilanova, Lleida. España.

 

RESUMEN

La enfermedad renal crónica (ERC) representa una condición irreversible que afecta de forma progresiva la función renal. En sus estadios finales, los pacientes requieren terapias sustitutivas como la diálisis o el trasplante renal. Entre las modalidades de diálisis, la hemodiálisis es una de las más utilizadas y eficaces, siendo la fístula arteriovenosa (FAV) el acceso vascular de elección debido a su durabilidad y bajo riesgo de infecciones. El presente artículo aborda los aspectos clínicos y quirúrgicos más relevantes sobre la ERC, los tratamientos disponibles y, de manera detallada, los cuidados de enfermería asociados a la FAV. Se describen factores de riesgo, complicaciones, técnicas quirúrgicas, y procedimientos de punción y retirada de agujas, incluyendo las recomendaciones para el autocuidado domiciliario. Esta revisión busca fortalecer la práctica enfermera y resaltar la importancia del seguimiento continuo y la educación del paciente en el ámbito nefrológico.

PALABRAS CLAVE

Hemodiálisis, fístula arteriovenosa, enfermería nefrológica, enfermedad renal crónica.

ABSTRACT

Chronic kidney disease (CKD) is a progressive, irreversible condition that gradually impairs kidney function. In end-stage CKD, patients require renal replacement therapies such as dialysis or kidney transplantation. Hemodialysis is one of the most common and effective modalities, and arteriovenous fistula (AVF) is the preferred vascular access due to its long-term patency and low infection rates. This article explores the clinical and surgical aspects of CKD, available treatments, and nursing care related to AVF. Risk factors, complications, surgical techniques, needle insertion and removal procedures, and home care recommendations are detailed. The aim of this review is to support nursing practice and emphasize the importance of ongoing follow-up and patient education in nephrology care.

KEY WORDS

Hemodialysis, arteriovenous fistula, nephrology nursing, chronic kidney disease.

DESARROLLO DEL TEMA

La hemodiálisis representa una opción terapéutica crucial para los pacientes con enfermedad renal crónica en estadios avanzados1,2. Su aplicación requiere de una infraestructura especializada y de profesionales sanitarios entrenados para el manejo de accesos vasculares, particularmente la fístula arteriovenosa (FAV)2,3. Este acceso es fundamental para realizar el tratamiento de manera segura y eficaz. La enfermería tiene un rol esencial en la preparación, cuidado y seguimiento del acceso, además de educar al paciente para su automanejo2,4.

En este contexto, el presente artículo monográfico se propone revisar de forma detallada los conocimientos actuales sobre la FAV y su implicación en el tratamiento sustitutivo renal, abordando también las complicaciones y técnicas relacionadas, con énfasis en los cuidados enfermeros2,3. La revisión se basa en la literatura científica actual y en guías clínicas, con el objetivo de servir como herramienta formativa para profesionales de la salud involucrados en el manejo del paciente renal crónico1,3.

ENFERMEDAD RENAL CRÓNICA:

La enfermedad renal crónica (ERC) se define como la alteración estructural o funcional de los riñones con una duración superior a tres meses, con implicaciones para la salud del paciente1. Se diagnostica habitualmente mediante la detección de un filtrado glomerular (FG) menor a 60mL/min/1,73m², albuminuria persistente, o evidencia de daño renal mediante pruebas de imagen o biopsia.

La ERC puede clasificarse en cinco estadios según el FG, siendo el estadio 5 (insuficiencia renal terminal) el que requiere tratamiento sustitutivo.

Entre las causas más frecuentes se encuentran la diabetes mellitus, la hipertensión arterial y las enfermedades glomerulares1. La ERC se asocia a un incremento de la morbilidad cardiovascular y un deterioro progresivo de la calidad de vida.

El abordaje temprano mediante tratamiento conservador, control de factores de riesgo y preparación para la diálisis es fundamental para retrasar su progresión1,5. La educación al paciente y el seguimiento multidisciplinar son pilares esenciales para un manejo integral y eficiente de la ERC5,6.

TRATAMIENTO CONSERVADOR:

El tratamiento conservador de la enfermedad renal crónica se orienta a preservar la función renal restante y mejorar la calidad de vida del paciente sin recurrir inicialmente a terapias de reemplazo renal1. Este enfoque incluye medidas como el control estricto de la presión arterial, el manejo de la diabetes y la hiperfosfatemia, y la modificación del estilo de vida. La alimentación es un componente esencial, con recomendaciones específicas que incluyen la restricción de sodio, potasio y fósforo, así como una ingesta adecuada de proteínas de alta calidad para minimizar la acumulación de productos nitrogenados5.

Además, es frecuente el uso de suplementos vitamínicos y agentes quelantes del fósforo. Desde la perspectiva de enfermería, es crucial educar al paciente sobre el seguimiento dietético, la adherencia farmacológica y la vigilancia de signos de deterioro renal1,6. Este tratamiento requiere una estrecha colaboración entre profesionales sanitarios y pacientes, ya que el éxito depende en gran medida del compromiso del propio paciente con su autocuidado1,6.

TRASPLANTE RENAL:

El trasplante renal es considerado el tratamiento de elección para pacientes con enfermedad renal crónica terminal, siempre que no existan contraindicaciones médicas o inmunológicas. Esta intervención mejora significativamente la calidad de vida del paciente y reduce la mortalidad en comparación con la terapia dialítica prolongada.

Existen dos tipos de donantes: el donante vivo, generalmente un familiar compatible, y el donante cadáver. La elección del tipo de trasplante depende de la disponibilidad y la compatibilidad inmunológica entre donante y receptor7. El trasplante requiere de una evaluación preoperatoria exhaustiva y de una terapia inmunosupresora posterior para evitar el rechazo del injerto.

Los profesionales de enfermería tienen un papel clave en el control postoperatorio, la educación del paciente sobre la adherencia al tratamiento inmunosupresor y la detección temprana de complicaciones3,7. La coordinación multidisciplinar es esencial en todas las fases del proceso. La tasa de éxito en trasplantes renales ha mejorado considerablemente, con supervivencias del injerto superiores al 90% en el primer año cuando proviene de un donante vivo3.

HEMODIÁLISIS:

La hemodiálisis es un procedimiento de depuración extrarrenal que sustituye parcialmente la función de los riñones al filtrar la sangre a través de una membrana semipermeable externa6. Este tratamiento requiere un acceso vascular funcional, como una fístula arteriovenosa (FAV), para permitir la extracción y reinfusión de la sangre en el cuerpo del paciente3.

Durante la sesión, la sangre pasa por un dializador que elimina toxinas, exceso de líquidos y electrolitos, equilibrando el medio interno del paciente6. Cada sesión tiene una duración de entre 3 a 5 horas y se realiza habitualmente tres veces por semana6.

La enfermería juega un papel vital en la monitorización del tratamiento, el control de signos vitales, y la prevención de complicaciones como hipotensión o infecciones2. La educación del paciente sobre el proceso y el seguimiento continuo son esenciales para asegurar la adherencia y el bienestar general del paciente2.

FÍSTULA ARTERIOVENOSA:

La fístula arteriovenosa (FAV) es el acceso vascular de elección en pacientes en hemodiálisis debido a su durabilidad, baja tasa de infecciones y menor riesgo de trombosis comparado con otros accesos como catéteres o prótesis2,3. Consiste en la unión quirúrgica de una arteria con una vena, lo que incrementa el flujo sanguíneo venoso y permite la punción repetida durante la diálisis3.

Las localizaciones más frecuentes son la radiocefálica en la muñeca y la braquiocefálica en el codo8. Su correcta maduración puede tardar entre 4 a 8 semanas. Es fundamental un seguimiento adecuado para asegurar su funcionamiento, evitando traumatismos, presión excesiva o infecciones; por lo que requiere evaluaciones rutinarias mediante inspección, palpación y auscultación para detectar thrill y soplo, signos de permeabilidad de la FAV3.

TÉCNICAS QUIRÚRGICAS:

Las técnicas quirúrgicas para la creación de una FAV varían según la anatomía del paciente y las condiciones vasculares. Entre las más empleadas se encuentran la anastomosis lateral-terminal, donde la vena se sutura al lateral de la arteria (técnica de elección), la lateral-lateral, y la terminoterminal, en la que ambas estructuras se suturan por sus extremos8.

Cada una tiene ventajas y riesgos, como la isquemia distal en anastomosis terminoterminal o la dificultad técnica en la lateral-lateral. La selección debe individualizarse, valorando factores como el calibre y profundidad venosa, la presencia de enfermedades como la diabetes y la experiencia del cirujano vascular2,8.

El rol de enfermería incluye el control postoperatorio inmediato, la educación sobre cuidados del sitio quirúrgico y el seguimiento a largo plazo de la maduración de la fístula8.

FACTORES DE RIESGO:

El funcionamiento adecuado de la FAV puede verse comprometido por varios factores de riesgo.

El sexo femenino presenta mayor riesgo debido al menor calibre de los vasos. La edad avanzada se asocia a una pérdida de elasticidad vascular, mientras que enfermedades como la diabetes, la hipertensión y la dislipemia contribuyen al deterioro de la pared vascular2,8. Otros factores incluyen hipotensión recurrente, estados de hipercoagulabilidad, uso inadecuado de eritropoyetina y localizaciones distales de la FAV, que puede dificultar su maduración y funcionalidad9.

Desde la enfermería, la identificación temprana de estos factores y la vigilancia continua del acceso vascular permiten prevenir complicaciones severas. Es crucial valorar signos clínicos como la disminución del thrill, cambios en el color o temperatura del brazo, y presencia de edemas o hematomas2,9.

COMPLICACIONES:

Las complicaciones de la FAV incluyen estenosis, trombosis, infección, síndrome de robo, aneurismas, hemorragias y recirculación.

La estenosis, o estrechamiento de la vena, es la causa más común de trombosis y puede detectarse por una disminución del flujo o cambios en el thrill4,9.

La trombosis implica la obstrucción completa del acceso, requiriendo intervención urgente2.

Las infecciones son menos frecuentes que en otros accesos, pero cuando ocurren pueden comprometer la viabilidad de la fístula4.

El síndrome de robo vascular, caracterizado por isquemia distal, es una complicación grave que puede requerir cirugía correctora4,8.

La vigilancia continua por parte de enfermería, junto con una adecuada técnica de punción y educación al paciente, son esenciales para minimizar estas complicaciones3,4.

TÉCNICAS DE PUNCIÓN:

Existen distintas técnicas de punción de la FAV: la punción en área, en escalera y la técnica «buttonhole». La punción en área implica usar la misma zona repetidamente, lo que aumenta el riesgo de aneurismas y complicaciones locales8.

La técnica en escalera alterna los sitios de punción a lo largo del trayecto de la fístula, disminuyendo complicaciones9.

La técnica «buttonhole» consiste en crear un trayecto subcutáneo fijo mediante punciones repetidas en el mismo lugar y con el mismo ángulo. Esta permite menor dolor y trauma, aunque se asocia con mayor riesgo de infección si no se realiza con una estricta técnica aséptica4,8.

La selección de la técnica depende del tipo de FAV, la experiencia del personal y la tolerancia del paciente. La formación continua en técnicas de punción, así como el cumplimiento riguroso de medidas de higiene, son claves para prevenir complicaciones relacionadas con el acceso vascular4.

PROCEDIMIENTO DE PUNCIÓN:

Antes de la punción de una FAV, es fundamental una evaluación minuciosa del acceso. Se debe revisar la historia clínica, valorar la zona anatómica y realizar pruebas como la palpación del thrill y la auscultación del soplo para asegurar la permeabilida de la fístula8.

El personal de enfermería debe preparar el material necesario en condiciones de asepsia, posicionar al paciente de forma adecuada, limpiar la zona con solución antiséptica y secar la piel con gasas estériles9.

La punción debe realizarse con agujas específicas, considerando la dirección del flujo sanguíneo4.

Durante la sesión de hemodiálisis, se debe vigilar constantemente la zona de inserción para detectar signos de hematoma, sangrado, edema o dolor, así como monitorizar parámetros hemodinámicos. Estas acciones permiten garantizar un procedimiento seguro y eficaz4,8,9.

PROCEDIMIENTO DE RETIRADA DE LA AGUJA:

La retirada de las agujas de la FAV debe realizarse con cuidado para evitar desgarros o sangrados. Una vez finalizada la sesión de hemodiálisis, se procede a retirar las agujas aplicando presión directa y estéril sobre el sitio de punción durante al menos 10 a 15 minutos, o hasta lograr la hemostasia completa9. La presión debe aplicarse en la dirección de la aguja para facilitar la formación del coágulo y evitar hemorragias4.

En las primeras sesiones, la hemostasia debe ser supervisada por enfermería debido a la fragilidad de los vasos, y posteriormente, el paciente puede ser instruido para realizarla por sí mismo, siempre bajo supervisión inicial4. Una retirada inadecuada puede resultar en hematomas, infecciones o sangrados persistentes9.

CURAS A DOMICILIO:

Las curas domiciliarias de la FAV son esenciales para mantener su funcionalidad y prevenir complicaciones. El paciente y su entorno deben ser instruidos sobre cómo inspeccionar la fístula, detectar cambios como dolor, enrojecimiento, edema o ausencia de thrill9.

Es importante mantener el brazo limpio, seco y evitar traumatismos o compresiones, no debe tomarse la presión arterial ni realizar extracciones venosas en el brazo portador de la FAV y se debe potenciar el uso de crema hidratante ya que ayuda a evitar la sequedad cutánea4. Además, se recomienda la realización de ejercicios como comprimir una pelota antiestrés para facilitar la maduración de la fístula, lo que contribuirá al mantenimiento de su permeabilidad9.

La educación y empoderamiento del paciente respecto a estos cuidados son clave en la continuidad del tratamiento y en la prevención de eventos adversos9.

DISCUSIÓN

El correcto manejo de la fístula arteriovenosa representa uno de los desafíos principales en el tratamiento con hemodiálisis. La evidencia muestra que la prevención y la intervención temprana ante cualquier señal de deterioro del acceso vascular pueden prolongar la vida útil de la FAV y mejorar significativamente la calidad de vida del paciente renal crónico3,7.

El papel de enfermería no solo implica la ejecución de técnicas seguras, sino también la educación del paciente, el seguimiento continuado y la coordinación con el equipo multidisciplinar2,8. Un adecuado balance entre carga asistencial y tiempo disponible es esencial para garantizar una atención individualizada y centrada en el paciente9.

Las futuras líneas de trabajo deben enfocarse en mejorar protocolos, reducir las complicaciones mediante nuevas tecnologías y reforzar la formación continua del personal de enfermería en técnicas específicas de acceso vascular. Esto permitirá optimizar los recursos y mejorar los resultados a largo plazo para los pacientes en hemodiálisis.

 

CONCLUSIONES

La fístula arteriovenosa constituye el pilar del tratamiento sustitutivo con hemodiálisis. Su correcto uso, mantenimiento y vigilancia son esenciales para evitar complicaciones que podrían comprometer la eficacia del tratamiento. El personal de enfermería desempeña un papel central en todas las fases del manejo de la FAV, desde su valoración previa hasta los cuidados domiciliarios. Una atención integral y coordinada, junto con una educación constante al paciente, permiten no solo prolongar la vida útil del acceso vascular, sino también mejorar la adherencia y la calidad de vida del paciente en hemodiálisis. Es prioritario seguir promoviendo estrategias de prevención, detección precoz de complicaciones y protocolos de actuación estandarizados basados en la evidencia científica.

 

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