AUTORES
- Loreto de Lafuente Estupiñá. Auxiliar administrativo. Hospital de Alcañiz. Teruel, España.
- Eduardo Embid Tijada. Enfermero. Hospital de Alcañiz. Teruel, España.
- Gloria Mora Alcázar. Enfermera. Centro de Salud Fernando Católico. Castellón, España.
- Carlos García Abadillo. Enfermero. Hospital San Pedro. Logroño, España.
- María García Pérez. Enfermera Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Pintor Sorolla. Castellón, España.
- Marta García Pérez. Enfermera. Centro de Salud Rafalafena. Castellón, España.
RESUMEN
El síndrome de desgaste ocupacional o burnout representa un desafío crítico para la sostenibilidad de los sistemas de salud y el bienestar de los profesionales. Este reporte analiza la prevalencia del síndrome, que varía desde el 24% en médicos en España hasta el 63.4% en personal médico fronterizo durante la pandemia de COVID-19 1, 2. Se identifican factores de riesgo clave, como el sexo femenino, la carga de trabajo excesiva y la doble presencia (conciliación laboral-familiar). Asimismo, se destaca la resiliencia como el principal factor protector individual. Las conclusiones subrayan la necesidad de intervenciones multinivel que combinen estrategias organizacionales, como el liderazgo empático, con herramientas individuales como el mindfulness y el autocuidado.
PALABRAS CLAVE
Agotamiento profesional, resiliencia psicológica, personal de salud, estrés laboral, salud mental6,7,8.
ABSTRACT
Occupational burnout syndrome represents a critical challenge to the sustainability of healthcare systems and the well-being of healthcare professionals. This report examines the prevalence of burnout, which ranges from 24% among physicians in Spain to 63.4% among frontline medical personnel working in border regions during the COVID-19 pandemic1,2. Key risk factors identified include female sex, excessive workload, and work–family conflict (the challenge of balancing professional and family responsibilities). In addition, resilience is highlighted as the primary individual protective factor. The findings underscore the need for multilevel interventions that combine organizational strategies, such as empathetic leadership, with individual approaches, including mindfulness and self-care.
KEY WORDS
Burnout professional, resilience psychological, health personnel, occupational stress, mental health6,7,8.
INTRODUCCIÓN
El síndrome de burnout, también denominado síndrome de desgaste profesional, es una alteración psicológica a consecuencia de pasar excesivo tiempo al estrés crónico en el entorno laboral cuando este no puede ser dirigido de manera correcta. La Organización Mundial de la Salud lo distingue como un fenómeno ocupacional determinado por tres dimensiones esenciales: el agotamiento emocional, la despersonalización o desarrollo de actitudes cínicas y frías hacia las personas atendidas, y la reducción de la realización personal o impresión de ineficacia profesional. En el ámbito sanitario, este síndrome es uno de los principales retos para la salud laboral, ya que los profesionales desempeñan su actividad en entornos de alta exigencia física, emocional y cognitiva, donde la toma de decisiones difíciles, la atención continuada a pacientes y la responsabilidad sobre los resultados asistenciales aumentan de forma considerable la carga psicológica.
Durante los últimos tiempos, la prevalencia del burnout entre el personal sanitario ha sufrido un aumento considerable debido a factores como la sobrecarga asistencial, la escasez de recursos humanos y materiales, los turnos prolongados, el trabajo nocturno y el aumento de la complejidad de las necesidades de los pacientes. A ello se une la exposición constante al sufrimiento, la enfermedad y la muerte, circunstancias que facilitan el desgaste emocional y amenazan tanto el bienestar de los profesionales como la calidad y la seguridad de la atención prestada. La pandemia de COVID-19 actuó como un potente catalizador de esta problemática, sometiendo a los trabajadores sanitarios a jornadas laborales extenuantes, una elevada incertidumbre clínica, riesgo permanente de contagio, escasez de recursos y situaciones potencialmente traumáticas. Como consecuencia, se evidenció la necesidad de aumentar estrategias preventivas centradas en la evidencia científica que permitan disminuir el impacto del burnout y reforzar factores protectores, como la resiliencia, con el objetivo de facilitar el bienestar psicológico, aumentar el rendimiento profesional y garantizar una atención sanitaria de calidad1,3,6,9.
OBJETIVOS
- Determinar la prevalencia del síndrome de burnout en médicos y enfermeros de diversas regiones y niveles asistenciales1,2.
- Identificar los factores sociodemográficos y laborales asociados al desarrollo del desgaste profesional4.
- Describir y proponer estrategias de intervención y prevención basadas en la evidencia a nivel individual y organizacional5,8.
METODOLOGÍA
El análisis se basa en una revisión integradora de diversas fuentes que incluyen:
- Estudios transversales y encuestas digitales realizadas a personal médico en México y España1.
- Revisiones sistemáticas y metaanálisis de estudios observacionales publicados hasta 20232.
- Directrices técnicas y guías de actuación de organismos como la OMS y servicios regionales de salud. La mayoría de los estudios utilizaron el Maslach Burnout Inventory (MBI) para la medición del síndrome2,9.
RESULTADOS
Prevalencia: En Tijuana, México, se reportó una prevalencia de 63.4% durante la pandemia, siendo la baja realización personal la dimensión más afectada. En España, un metaanálisis estimó una prevalencia global del 24% en médicos, variando significativamente según el criterio diagnóstico utilizado2,4.
Factores de Riesgo: El sexo femenino mostró una asociación consistente con mayores niveles de burnout. Otros factores incluyen la doble presencia (estrés por tareas domésticas), tener personas a cargo y trabajar en el sector público1,4.
Factores Protectores: Una resiliencia alta actúa como amortiguador del estrés laboral; los médicos con baja resiliencia tienen una probabilidad 6.79 veces mayor de experimentar burnout.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
El síndrome de burnout trasciende el ámbito individual y es un grave problema de salud pública debido a sus consecuencias sobre los profesionales sanitarios, los pacientes y la sostenibilidad de los sistemas de salud. Su existencia se asocia con una reducción de la calidad asistencial, un aumento de los errores clínicos, una menor seguridad del paciente y un deterioro de la satisfacción tanto de los usuarios como de los propios trabajadores. De la misma forma, favorece el absentismo laboral, el incremento de la rotación del personal, la intención de renunciar a la profesión y el aumento de los costes derivados de la pérdida de productividad y la necesidad de reemplazar a profesionales altamente cualificados. En este contexto, abordar el burnout requiere una visión integral que considere tanto los factores individuales como las condiciones organizacionales que favorecen su desarrollo.
La resiliencia, aunque es una competencia especialmente importante en profesiones como la enfermería y la medicina, no debe entenderse únicamente como una capacidad innata, sino como una habilidad dinámica que puede progresar y consolidarse mediante programas formativos, apoyo institucional y estrategias de promoción de la salud mental. La evidencia científica indica que las intervenciones organizacionales, como la mejora de las cargas de trabajo, el fortalecimiento del liderazgo, la mejora de la comunicación entre los equipos, el aumento del apoyo social y la promoción de entornos laborales saludables, alcanzan una mayor efectividad cuando se combinan con intervenciones individuales orientadas al desarrollo de habilidades de afrontamiento. Entre estas destacan el mindfulness, las técnicas de manejo del estrés, los programas de autocuidado y las intervenciones basadas en la regulación emocional, las cuales han probado disminuir los niveles de agotamiento, mejorar el bienestar psicológico y favorecer un mayor equilibrio emocional en contextos asistenciales de elevada exigencia. En consecuencia, la prevención del burnout debe consolidarse como una prioridad estratégica dentro de la gestión hospitalaria y de las políticas de salud ocupacional, promoviendo una cultura organizacional centrada en el bienestar de los profesionales, la retención del talento y el mantenimiento de una atención sanitaria segura, eficiente y de alta calidad5,6,7.
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