Cuidados de enfermería en lactantes con deshidratación: manejo y estrategias de intervención

27 julio 2025

 

AUTORES

  1. Mónica Moreno Los Arcos. Enfermera Atención Continuada Sector Calatayud. Zaragoza, España.
  2. Beatriz Pardo-Rey. Enfermera del Grupo de Investigación Traslacional en Patología Digestiva del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza). Fundación del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS Aragón). España.
  3. Alejandro Sanz Sanz. Enfermero Atención Primaria Sector II Zaragoza. Zaragoza, España.
  4. Ana Lisa Elvira. Enfermera Atención Primaria Sector Barbastro. Huesca, España.
  5. Marta Sánchez-Luengo. Enfermera del Grupo de Investigación Traslacional en Patología Digestiva del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza). Fundación del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS Aragón). España.

 

RESUMEN

La deshidratación en lactantes constituye una emergencia clínica frecuente y potencialmente peligrosa que requiere atención inmediata para evitar complicaciones graves e irreversibles. Las causas más comunes de deshidratación en esta población incluyen infecciones gastrointestinales, diarrea aguda, vómitos persistentes, fiebre elevada y una ingesta inadecuada de líquidos. Debido a su limitada reserva hídrica y su alta tasa metabólica, los lactantes son especialmente vulnerables a la pérdida de líquidos y electrolitos, lo que puede llevar rápidamente a cuadros de hipovolemia, daño renal agudo, shock y, en casos extremos, la muerte.

El diagnóstico precoz y el manejo oportuno son fundamentales. El personal de enfermería desempeña un papel clave en todas las etapas de la atención, comenzando con la evaluación detallada del estado de hidratación del lactante, mediante la observación de signos clínicos como la fontanela hundida, la sequedad de mucosas, la disminución del llanto con lágrimas, la irritabilidad o letargo, y la reducción en la cantidad de pañales mojados.

Las enfermeras no solo participan en la administración de líquidos por vía oral o intravenosa según la gravedad del caso, sino que también se encargan del monitoreo continuo de los signos vitales, el estado neurológico y el equilibrio de líquidos y electrolitos. Además, tienen un rol importante en la educación de los cuidadores sobre los signos tempranos de deshidratación, las técnicas adecuadas de alimentación y la prevención de enfermedades infecciosas. Un enfoque integral y basado en la evidencia por parte del equipo de enfermería puede marcar la diferencia en la evolución y recuperación del lactante.

PALABRAS CLAVE

Deshidratación, lactante, cuidados de enfermería, rehidratación, pediatría.

ABSTRACT

Dehydration in infants is a common and potentially life-threatening clinical emergency that requires immediate attention to prevent serious and irreversible complications. The most frequent causes of dehydration in this population include gastrointestinal infections, acute diarrhea, persistent vomiting, high fever, and inadequate fluid intake. Due to their limited fluid reserves and high metabolic rate, infants are particularly vulnerable to fluid and electrolyte loss, which can rapidly lead to hypovolemia, acute kidney injury, shock, and, in extreme cases, death.

Early diagnosis and timely management are essential. Nursing staff play a key role in all stages of care, starting with a thorough assessment of the infant’s hydration status by observing clinical signs such as sunken fontanelle, dry mucous membranes, absence of tears when crying, irritability or lethargy, and reduced number of wet diapers.

Nurses are involved not only in the administration of fluids orally or intravenously depending on the severity of the case, but also in the continuous monitoring of vital signs, neurological status, and fluid and electrolyte balance. Furthermore, they have a crucial role in educating caregivers about the early signs of dehydration, proper feeding techniques, and the prevention of infectious diseases. A comprehensive, evidence-based approach by the nursing team can make a significant difference in the infant’s outcome and recovery.

KEY WORDS

Dehydration, infant, nursing care, rehydration, pediatrics.

INTRODUCCIÓN

La deshidratación es una de las principales causas de morbilidad en lactantes, especialmente durante episodios de gastroenteritis viral o bacteriana, donde los lactantes pueden perder grandes cantidades de líquidos a través de vómitos y diarrea. Debido a la alta proporción de agua corporal en los lactantes, son más susceptibles a la deshidratación, lo que puede llevar rápidamente a complicaciones graves, incluyendo el shock hipovolémico, insuficiencia renal y alteraciones electrolíticas1,2. El tratamiento de la deshidratación incluye la rehidratación adecuada, inicialmente con soluciones orales y, en casos graves, con líquidos intravenosos. Las enfermeras tienen un papel crucial en la identificación temprana, el manejo continuo y la educación de los padres para evitar la recurrencia de deshidrataciones3,4. Este artículo analiza las mejores prácticas de cuidados de enfermería en lactantes deshidratados y la intervención adecuada para su manejo.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Paciente: Se trata de un lactante de 7 meses que ingresa a urgencias con síntomas de diarrea acuosa y vómitos persistentes desde hace 36 horas. Los padres refieren que el lactante también presenta fiebre y rechazo a la alimentación. Al examen físico, el niño muestra signos evidentes de deshidratación moderada, como piel seca, letargia y disminución de la producción de orina. Se encuentra con una frecuencia cardíaca elevada y una presión arterial ligeramente baja, lo que sugiere un 5-7% de pérdida de peso debido a la deshidratación5,6.

INTERVENCIÓN INICIAL:

El tratamiento inicial de la deshidratación en lactantes comienza con la colocación de una vía intravenosa (IV) para la administración rápida y controlada de líquidos. Se utiliza comúnmente una solución salina isotónica debido a su eficacia para restaurar el volumen intravascular y corregir los desequilibrios electrolíticos¹. Durante esta fase, la evaluación continua de los signos vitales es crucial; se monitorizan la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la frecuencia respiratoria y la producción de orina para detectar cualquier signo de empeoramiento o mejoría del estado clínico¹. También se realizan análisis periódicos de gases en sangre y electrolitos para evaluar la función renal y ajustar el tratamiento según las necesidades del paciente.

CUIDADOS DE ENFERMERÍA

El monitoreo exhaustivo realizado por el personal de enfermería es fundamental para asegurar el éxito de la rehidratación y prevenir complicaciones⁴. Además de la vigilancia de los signos vitales, se debe observar el estado de la piel y las mucosas, buscando signos de deshidratación persistente como la pérdida de elasticidad cutánea, sequedad o palidez, indicadores clave que guían el ajuste de la terapia⁵. La administración de líquidos debe realizarse bajo estricta supervisión para controlar la velocidad de infusión y evitar riesgos de sobrecarga hídrica, la cual puede provocar edema pulmonar o insuficiencia cardíaca, especialmente en lactantes vulnerables⁶.

EDUCACIÓN Y APOYO FAMILIAR

El papel de la enfermera se extiende a la educación de los padres y cuidadores, quienes deben ser instruidos en la importancia de mantener una hidratación adecuada en el hogar y en la detección precoz de síntomas de deshidratación⁷. La formación incluye pautas claras sobre la alimentación, el seguimiento de la cantidad de orina, y la identificación de signos de alarma como irritabilidad, somnolencia o fiebre persistente⁸. Este soporte emocional y educativo es clave para reducir las hospitalizaciones recurrentes y mejorar la adherencia a las indicaciones médicas.

PREVENCIÓN DE COMPLICACIONES

La prevención de complicaciones implica una vigilancia estricta sobre el sitio de inserción IV para evitar infecciones y mantener la esterilidad durante la administración de líquidos⁹. Las enfermeras deben estar capacitadas para identificar signos de infección local, como enrojecimiento, dolor o edema, que pueden complicar el tratamiento. Además, la evaluación constante del equilibrio hídrico mediante controles clínicos y laboratoriales es vital para ajustar las intervenciones y evitar desequilibrios electrolíticos graves o daño renal⁹.

CONCLUSIONES

El manejo integral y cuidadoso de la deshidratación en lactantes es esencial para garantizar la recuperación y minimizar riesgos. La enfermería juega un rol indispensable en la monitorización continua, administración de líquidos y educación familiar, contribuyendo significativamente a la prevención de complicaciones y a la mejora del pronóstico en esta población vulnerable. La implementación de protocolos basados en evidencia y la capacitación constante del personal son pilares fundamentales para optimizar el cuidado pediátrico.

 

BIBLIOGRAFÍA

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  8. Brown D, et al. Clinical outcomes of pediatric dehydration and fluid resuscitation methods: a systematic review. Journal of Clinical Pediatrics. 2021;60(4):321-329.
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