Cuidados de enfermería tras un ictus. Artículo monográfico

19 septiembre 2025

AUTORES

  1. Paula Pros Jiménez. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza) España.
  2. María Sánchez Funes. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza) España.
  3. María Rubio Aguerri. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital San Juan de Dios (Zaragoza) España.
  4. Esther Sancho Guillén. Graduada en Enfermería. (Zaragoza) España.

 

RESUMEN

La atención al paciente con ictus en unidades especializadas ha demostrado una reducción significativa en la morbimortalidad. La enfermería desempeña un papel fundamental en el abordaje integral de estos pacientes, desde la fase aguda hasta la rehabilitación. Este trabajo recopila los principales cuidados de enfermería en la unidad de ictus, incluyendo vigilancia neurológica, control hemodinámico, prevención de complicaciones, manejo de la alimentación, movilización precoz y educación sanitaria. Además, se enfatiza la importancia del trabajo en equipo y la comunicación con el paciente y su familia.

PALABRAS CLAVE

Ictus, enfermería, unidad de ictus, rehabilitación, cuidados críticos.

ABSTRACT

Care for stroke patients in specialized units has shown a significant reduction in morbidity and mortality. Nurses play a key role in the comprehensive management of these patients, from the acute phase to rehabilitation. This paper compiles the main nursing care activities in the stroke unit, including neurological monitoring, hemodynamic control, prevention of complications, feeding management, early mobilization, and health education. In addition, it emphasizes the importance of teamwork and communication with the patient and their family.

KEY WORDS

Stroke, nursing, stroke unit, rehabilitation, critical care.

DESARROLLO DEL TEMA

El ictus constituye una emergencia neurológica de notable impacto sanitario, social y económico. Anualmente ocurren unos 120 000 ictus en España, con cerca de 25 000 muertes al año, siendo la principal causa de discapacidad en adultos y la segunda en causas de muerte en Europa⁴. Su incidencia se estima en 150–250 casos por 100 000 habitantes/año, aumentando considerablemente con la edad: más del 75 % de los casos ocurren en mayores de 65 años.

Desde el punto de vista económico, el coste de los nuevos casos de ictus en España se sitúa en aproximadamente 1 989 millones de euros al año. A nivel individual y social, el coste medio por paciente durante los tres primeros años alcanza los 5 000 € anuales, incluyendo hospitalización y atención ambulatoria. Estas cifras ponen de relieve la carga económica que representan las secuelas funcionales, cognitivas y psicológicas que sufren hasta un tercio de los supervivientes.

Las proyecciones para 2035 vaticinan un aumento del 39 % en mortalidad relacionada con ictus en Europa, ligado principalmente al envejecimiento poblacional. Además, cerca de una de cada cuatro personas sufrirá un ictus a lo largo de su vida, y entre el 20–35 % de los supervivientes quedarán con dependencia funcional.

En este contexto, las unidades de ictus surgen como una respuesta organizada y multidisciplinar, con un impacto demostrado en reducción de mortalidad, discapacidad, mejora funcional y ahorro económico a medio plazo⁴.

El profesional de enfermería constituye una pieza clave en el funcionamiento de estas unidades. Su actuación va desde la vigilancia continua hasta la humanización del cuidado. Entre sus funciones se incluyen:

1. Valoración inicial y vigilancia neurológica:

Mediante escalas como la NIHSS se realiza una valoración objetiva del déficit neurológico. El control de constantes vitales y signos de empeoramiento neurológico debe ser estricto, sobre todo tras la administración de fibrinolíticos o procedimientos endovasculares⁵. Se requiere registrar de forma protocolizada los valores, la respuesta a tratamientos y cualquier cambio en el estado del paciente.

2. Cuidados generales:

Incluyen la higiene, confort, prevención de últimas por presión (UPP), control de glucemias y manejo del sondaje vesical si procede. El control de la temperatura corporal también es esencial, ya que la fiebre se asocia a peor pronóstico. La monitorización de la presión arterial es esencial para evitar tanto la hipoperfusión como la hemorragia, ajustando las cifras según el tipo de ictus y las recomendaciones del equipo médico⁶.

3. Manejo de la alimentación:

El riesgo de aspiración obliga a una valoración precoz de la deglución mediante test clínicos o valoración instrumental. En pacientes con disfagia se instaura una dieta adaptada (modificación de textura y líquidos espesados) o nutrición enteral por sonda nasogástrica. La enfermería también debe vigilar la tolerancia, el riesgo de reflujo y signos de aspiración⁷.

4. Movilización precoz y rehabilitación:

El inicio de la movilización temprana reduce complicaciones como neumonías, trombosis venosas profundas y rigidez articular. Esta debe adaptarse al estado neurológico y hemodinámico del paciente. Enfermería colabora con fisioterapia para asegurar una movilización segura, la correcta alineación postural, uso de ayudas técnicas, y ejercicios pasivos o activos según tolerancia. Además, se fomenta la autonomía progresiva en actividades básicas de la vida diaria⁸.

5. Apoyo emocional y educación:

El ictus produce un fuerte impacto emocional. El paciente puede presentar ansiedad, depresión, miedo o negación. La comunicación eficaz con el paciente y su familia ayuda a reducir la incertidumbre. La enfermería debe proporcionar información clara, empática y adaptada a la capacidad cognitiva del paciente. La educación sanitaria incluye la explicación de factores de riesgo, pautas de tratamiento, uso de fármacos y cambios en el estilo de vida. También es fundamental involucrar a la familia en los cuidados y en la planificación del alta hospitalaria⁹.

6. Coordinación y trabajo en equipo:

La unidad de ictus funciona como un engranaje interdisciplinar. Enfermería participa activamente en reuniones clínicas, transiciones de cuidados y coordinación con otros niveles asistenciales (atención primaria, rehabilitación, trabajo social). Una buena coordinación favorece la continuidad asistencial y mejora la experiencia del paciente. La documentación de enfermería es esencial para garantizar la trazabilidad de los cuidados y facilitar la transmisión de información entre profesionales¹⁰.

7. Cuidados específicos según el tipo de ictus:

El manejo de enfermería varía dependiendo de si se trata de un ictus isquémico o hemorrágico. En el ictus isquémico, es fundamental el control estricto de la presión arterial, sobre todo en pacientes sometidos a tratamiento trombolítico, donde es esencial mantenerla por debajo de 180/105 mmHg en las primeras 24 horas¹¹. Además, se requiere una vigilancia intensiva de signos neurológicos y posibles efectos secundarios del tratamiento fibrinolítico, como hemorragias o reacciones adversas.

En el ictus hemorrágico, el objetivo principal es evitar la expansión del hematoma y controlar la presión intracraneal. La enfermería debe monitorizar el nivel de conciencia, vigilar la aparición de signos de hipertensión endocraneal (cefalea intensa, vómitos, pupilas asimétricas, bradicardia), así como mantener la cabeza del paciente elevada a 30 grados¹². También es importante controlar estrictamente la tensión arterial, idealmente por debajo de 140 mmHg según recomendaciones clínicas actuales¹³. En ambos tipos de ictus, se debe extremar el cuidado en la administración de fármacos, fluidoterapia y el seguimiento neurológico estrecho.

La actuación enfermera debe estar basada en protocolos diferenciados para cada tipo de ictus, adaptándose a las indicaciones médicas, situación clínica y necesidades individuales del paciente.

 

CONCLUSIONES

El cuidado enfermero en la unidad de ictus es esencial para garantizar una atención integral, segura y de calidad. La vigilancia clínica constante, la prevención de complicaciones, el inicio precoz de la rehabilitación y el apoyo al paciente y su entorno son pilares fundamentales del abordaje. La formación continua, el desarrollo competencial y el trabajo en equipo resultan clave en la mejora de los resultados clínicos y en la satisfacción del paciente y su familia.

 

BIBLIOGRAFÍA

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