AUTORES
- Lydia Díaz Mesa. Médico Residente de Medicina Física y Rehabilitación. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Ana Isabel Herreras Cardiel. Médico Residente de Medicina Física y Rehabilitación. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- María Pilar Solsona Anadón. Médico Especialista Medicina Física y Rehabilitación. Hospital Alcañiz, Teruel, España.
- Adriana Fernández Gonzalo. Médico Especialista Radiodiagnóstico. Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Madrid, España.
RESUMEN
Objetivo: Examinar los factores que contribuyen a una estancia hospitalaria más prolongada en pacientes con fractura de cadera.
Material y métodos: Se realizó un estudio observacional retrospectivo en 173 pacientes. La variable dependiente fue la duración de la hospitalización (días). Se aplicó un modelo de regresión lineal múltiple. Las variables independientes analizadas fueron edad, sexo, tipo de fractura, presencia de síndrome confusional, necesidad transfusional, grado de dependencia funcional y tiempo entre fractura y cirugía.
Resultados: La estancia media fue de 12,6 ± 6,3 días. En el modelo ajustado, los predictores independientes de mayor duración fueron el síndrome confusional (β = +2,9 días; IC95%: 1,1–4,7; p = 0,002), el tiempo fractura–cirugía superior a 48 horas (β = +3,2 días; IC95%: 1,3–5,0; p = 0,001) y la transfusión postoperatoria (β = +2,1 días; IC95%: 0,2–4,1; p = 0,030). El modelo explicó el 29% de la variabilidad (R² = 0,29).
Conclusiones: La presencia de delirium, la demora quirúrgica y la transfusión postoperatoria se asocian significativamente con un incremento de la estancia hospitalaria.
PALABRAS CLAVE
Fractura de cadera, estancia hospitalaria, complicaciones, síndrome confusional, cirugía ortopédica.
ABSTRACT
Objective: To examine the factors contributing to a longer hospital stay in patients with hip fracture. Material and Methods: A retrospective observational study was conducted in 173 patients. The dependent variable was length of hospital stay (days). A multiple linear regression model was applied. The independent variables analyzed were age, sex, type of fracture, presence of confusional syndrome, need for transfusion, degree of functional dependence, and time between fracture and surgery. Results: The mean length of stay was 12.6 ± 6.3 days. In the adjusted model, the independent predictors of longer stay were confusional syndrome (β = +2.9 days; 95% CI: 1.1–4.7; p = 0.002), fracture-to-surgery time greater than 48 hours (β = +3.2 days; 95% CI: 1.3–5.0; p = 0.001), and postoperative transfusion (β = +2.1 days; 95% CI: 0.2–4.1; p = 0.030). The model explained 29% of the variability (R² = 0.29). Conclusions: The presence of delirium, surgical delay, and postoperative transfusion are significantly associated with an increased length of hospital stay.
KEY WORDS
Hip fracture, hospital stay, complications, confusional syndrome, orthopedic surgery.
INTRODUCCIÓN
La fractura de cadera constituye uno de los problemas de salud más relevantes en la población geriátrica, tanto por su elevada incidencia como por las graves repercusiones que produce en términos de mortalidad, dependencia y pérdida funcional. Se estima que cerca de un tercio de los adultos mayores sufrirá al menos una fractura por fragilidad a lo largo de su vida, siendo la fractura de cadera la más incapacitante y costosa, tanto desde el punto de vista clínico como socioeconómico1. Además de implicar un proceso quirúrgico complejo y un largo periodo de recuperación, este tipo de fractura representa una causa frecuente de consumo elevado de recursos sanitarios y se considera un marcador de calidad asistencial dentro de los sistemas hospitalarios.
La duración de la estancia hospitalaria tras la fractura de cadera es un parámetro clave para evaluar la eficiencia y la coordinación del proceso asistencial. Este indicador no solo refleja la rapidez con que el sistema sanitario puede estabilizar al paciente y realizar la intervención quirúrgica, sino también la eficacia del manejo postoperatorio y de la rehabilitación. Alcanzar un equilibrio entre una estancia suficientemente prolongada para garantizar la seguridad médica y una duración que evite el deterioro físico y cognitivo derivado del ingreso prolongado constituye uno de los principales desafíos clínicos. Por tanto, el tiempo de hospitalización tras una fractura de cadera debe entenderse como un reflejo integral de la calidad de la atención multidisciplinar recibida.
En términos generales, la duración media del ingreso en pacientes con fractura de cadera oscila entre 8 y 15 días, dependiendo del tipo de hospital, el modelo de atención ortogeriátrica y el perfil clínico del paciente. Sin embargo, existe una notable variabilidad interindividual, derivada de factores clínicos, funcionales y sociales. Las estancias prolongadas suelen estar relacionadas con complicaciones médicas (infecciones respiratorias o urinarias, delirium, úlceras por presión), con retrasos en la cirugía o con dificultades para la rehabilitación y la planificación del alta. Esta variabilidad convierte la estancia hospitalaria en una variable de gran interés tanto para el clínico como para el gestor sanitario.
Las consecuencias de un ingreso prolongado son múltiples. En primer lugar, incrementa el riesgo de complicaciones médicas2, entre ellas el síndrome confusional agudo, las infecciones nosocomiales o el deterioro funcional irreversible. Cada día adicional de hospitalización aumenta la probabilidad de sufrir nuevas complicaciones, especialmente en pacientes frágiles o con comorbilidad. En segundo lugar, implica un mayor gasto económico, no solo por el uso de camas hospitalarias y recursos médicos, sino también por el impacto indirecto sobre la disponibilidad de plazas para nuevos ingresos. Por último, los ingresos prolongados se asocian con un mayor riesgo de deterioro emocional, ansiedad y pérdida del vínculo con el entorno familiar, lo que puede afectar negativamente a la recuperación posterior.
Entre los determinantes clínicos más relevantes destacan la edad avanzada, el estado funcional previo y la presencia de comorbilidades. A mayor edad, menor capacidad de recuperación y mayor probabilidad de complicaciones. La coexistencia de enfermedades crónicas, como insuficiencia cardíaca, EPOC, diabetes o insuficiencia renal, puede retrasar la estabilización pre y postoperatoria. Además, la polifarmacia y las interacciones medicamentosas añaden complejidad al manejo clínico y prolongan la estancia. El estado funcional previo, medido mediante escalas como el índice de Barthel, se relaciona estrechamente con el tiempo necesario para recuperar la movilidad tras la cirugía: los pacientes con mayor dependencia antes de la fractura suelen precisar más días de hospitalización.
El deterioro cognitivo y el síndrome confusional agudo (SCA) son también factores de peso. El delirium, frecuente en ancianos hospitalizados, conlleva mayor necesidad de cuidados, retraso en la rehabilitación y riesgo de institucionalización. En paralelo, la demora quirúrgica, definida como un intervalo superior a 48 horas entre la fractura y la cirugía, constituye un determinante crítico. Diversos estudios han mostrado que este retraso se asocia con mayor mortalidad, complicaciones médicas y estancias más prolongadas. Las causas pueden ser tanto médicas (necesidad de estabilización previa) como logísticas (escasez de quirófanos o demoras en la valoración anestésica). En consecuencia, la implementación de vías clínicas rápidas y equipos ortogeriátricos coordinados ha demostrado reducir de manera efectiva el tiempo de espera y, con ello, la duración del ingreso.
El estado nutricional influye de manera directa en la recuperación postoperatoria. La desnutrición, frecuente en estos pacientes, se asocia con cicatrización lenta, debilidad muscular y mayor riesgo de infección, lo que prolonga el ingreso. La valoración nutricional precoz y la suplementación específica (proteínas, vitamina D, micronutrientes) se consideran intervenciones coste-efectivas para reducir la estancia hospitalaria. Por otro lado, los factores sociales también juegan un papel importante. El origen del paciente (domicilio o residencia), la disponibilidad de apoyo familiar y la existencia de recursos sociosanitarios condicionan el alta. En muchos casos, el alta médica se retrasa por la falta de un entorno adecuado de cuidados, fenómeno conocido como “alta retrasada” o “cama social”.
Por ello, la coordinación entre hospital, atención primaria y servicios sociales es esencial para agilizar el alta y garantizar la continuidad asistencial. Los modelos integrados de atención ortogeriátrica, que incluyen equipos multidisciplinares formados por traumatólogos, geriatras, rehabilitadores, fisioterapeutas, enfermería y trabajadores sociales, han mostrado reducir tanto la estancia media como las complicaciones asociadas.
El análisis de los factores que prolongan la hospitalización reviste interés clínico y organizativo, ya que permite identificar pacientes de alto riesgo desde su ingreso e implementar medidas preventivas: movilización temprana, detección de desnutrición, control del dolor y prevención del delirium. Asimismo, conocer las variables modificables, como la demora quirúrgica o la atención al síndrome confusional, proporciona oportunidades concretas para mejorar la calidad asistencial y optimizar los recursos. En definitiva, la duración de la estancia hospitalaria constituye un indicador sensible de la calidad del proceso asistencial y de la eficiencia del sistema sanitario, cuyo análisis resulta clave en el actual contexto de presión sobre los recursos hospitalarios.
OBJETIVO
El objetivo de este estudio fue identificar los factores clínicos y funcionales asociados con una mayor estancia hospitalaria en pacientes ingresados por fractura de cadera. Se pretendió determinar qué características individuales, como la edad, el estado funcional, la presencia de deterioro cognitivo, la comorbilidad o el estado nutricional, así como qué variables contextuales, como la procedencia o el tiempo hasta la cirugía, influyen de forma más significativa en la duración del ingreso.
El conocimiento de estos determinantes permitirá desarrollar estrategias de intervención dirigidas a reducir la estancia media, mejorar la calidad asistencial y optimizar la utilización de los recursos hospitalarios, contribuyendo así a una atención más eficiente y centrada en el paciente anciano con fractura de cadera.
MATERIAL Y MÉTODO
Se desarrolló un estudio observacional de tipo retrospectivo, basado en la revisión de historias clínicas de una cohorte consecutiva de 173 pacientes ingresados por fractura de cadera en el Servicio de Traumatología de un hospital de tercer nivel, durante un periodo de doce meses. Todos los casos incluidos correspondían a fracturas de cadera de origen osteoporótico tratadas mediante intervención quirúrgica. Se excluyeron los pacientes con fracturas patológicas secundarias a metástasis, fracturas periprotésicas o traumatismos de alta energía, así como aquellos con registros clínicos incompletos o fallecidos durante el ingreso, con el fin de evitar sesgos en la estimación de la duración de la estancia hospitalaria.
La información se obtuvo de los registros clínicos electrónicos y de los informes de alta hospitalaria. Se respetaron los principios éticos de confidencialidad y anonimato establecidos en la Declaración de Helsinki, y el protocolo del estudio fue aprobado por el comité de ética del hospital correspondiente.
La variable principal analizada fue la duración de la hospitalización, expresada en días naturales desde la fecha de ingreso hasta la de alta médica. Esta variable, cuantitativa y continua, se consideró un indicador del rendimiento asistencial y de la evolución clínica postoperatoria.
Se examinaron como posibles factores asociados a una estancia hospitalaria prolongada los siguientes parámetros clínicos y funcionales:
- Edad (años): variable continua.
- Sexo: categorizado como masculino o femenino.
- Tipo de fractura: clasificada radiológicamente como subcapital, intertrocantérea o subtrocantérea.
- Deterioro cognitivo previo: presencia documentada de demencia o deterioro cognitivo leve/moderado en la historia clínica.
- Síndrome confusional agudo (SCA): diagnóstico clínico durante el ingreso, establecido según los criterios médicos o de enfermería, y considerado un episodio de delirium.
- Transfusión sanguínea: necesidad de transfusión de concentrados de hematíes durante la hospitalización, registrada como variable dicotómica (sí/no).
- Intervalo fractura–cirugía: número de días transcurridos desde el ingreso o la fractura hasta la intervención quirúrgica. Esta variable se incluyó por su reconocido impacto sobre la evolución y la estancia hospitalaria.
- Dependencia funcional al alta: nivel de autonomía medido mediante el índice de Barthel. Se consideró dependencia significativa cuando la puntuación fue inferior a 60 puntos, lo que indica dependencia moderada o grave.
La selección de estas variables se fundamentó en la evidencia previa que vincula estos factores con el aumento de la duración de la hospitalización en pacientes mayores con fractura de cadera.
El tratamiento de los datos se realizó mediante el programa IBM SPSS Statistics versión 28.0 (IBM Corp., Armonk, NY, EE. UU.). Inicialmente, se efectuó una descripción de la muestra: las variables cuantitativas se expresaron como media y desviación estándar (DE), mientras que las cualitativas se representaron mediante frecuencias absolutas y porcentajes.
En una primera fase, se exploró la relación entre la duración de la hospitalización y cada variable independiente mediante análisis bivariado. Se empleó la prueba t de Student o ANOVA para las comparaciones entre grupos categóricos, y el coeficiente de correlación de Pearson para evaluar asociaciones lineales entre variables continuas.
Posteriormente, se construyó un modelo de regresión lineal múltiple para identificar los factores independientes asociados con la duración del ingreso. Se utilizó un procedimiento de selección progresiva (“stepwise”) para incluir de forma sucesiva las variables con mayor capacidad explicativa y excluir aquellas sin significación estadística.
El modelo se validó verificando los supuestos de la regresión lineal:
- Normalidad de los residuos mediante la prueba de Shapiro–Wilk.
- Homoscedasticidad a través del test de Breusch–Pagan.
- Ausencia de multicolinealidad comprobada por el factor de inflación de la varianza (VIF < 2).
Los resultados se expresaron mediante los coeficientes β, que representan el cambio medio en los días de hospitalización asociado a cada variable, acompañados de sus intervalos de confianza al 95 % (IC95%) y del valor de p correspondiente. El nivel de significación estadística se fijó en p < 0,05. Además, se calculó el coeficiente de determinación ajustado (R² ajustado), indicador de la proporción de variabilidad explicada por el conjunto de factores incluidos en el modelo.
El diseño retrospectivo y multivariable del estudio permitió analizar, de forma integrada, la influencia de factores clínicos, funcionales y asistenciales sobre la duración de la hospitalización tras una fractura de cadera. Este enfoque favorece la identificación de elementos potencialmente modificables, como la demora quirúrgica o la aparición de síndrome confusional, que podrían guiar estrategias de mejora asistencial y optimización del uso de los recursos hospitalarios.
Aunque este diseño no permite establecer relaciones causales directas, proporciona información útil para comprender la complejidad del proceso de hospitalización y para orientar la toma de decisiones clínicas y organizativas orientadas a reducir las estancias innecesariamente prolongadas.
RESULTADOS
El análisis de los 173 pacientes incluidos en el estudio mostró una estancia hospitalaria media de 12,6 ± 6,3 días, con un rango que osciló entre 5 y 32 días. Este promedio se sitúa dentro de los valores esperados para pacientes sometidos a cirugía de fractura de cadera en un hospital de tercer nivel, aunque se observó una notable variabilidad individual, reflejo de la heterogeneidad clínica y funcional de la muestra, así como de las diferencias en la evolución postoperatoria y en los factores asistenciales.
La distribución de la duración del ingreso presentó una forma aproximadamente normal, sin evidencias de asimetría marcada ni de valores atípicos que alteraran de manera sustancial la media. La mayoría de los pacientes permanecieron ingresados entre 9 y 15 días, mientras que las estancias más prolongadas se concentraron en aquellos con complicaciones médicas durante el ingreso o con recuperación funcional más lenta tras la intervención.
En el análisis bivariado preliminar, se identificaron diferencias estadísticamente significativas en la duración del ingreso entre los grupos de pacientes con y sin síndrome confusional agudo (SCA), así como entre quienes fueron operados antes o después de las 48 horas del ingreso. De igual modo, los pacientes que recibieron transfusión postoperatoria presentaron estancias significativamente más prolongadas. También se observó una tendencia no significativa hacia una mayor duración del ingreso en los pacientes con dependencia funcional severa al alta, mientras que ni la edad avanzada ni el sexo mostraron asociación estadística con la duración de la hospitalización.
Para determinar los factores independientes asociados a una estancia prolongada, se aplicó un modelo de regresión lineal múltiple que incluyó las variables con relevancia clínica o significación en el análisis univariante. El modelo final explicó una proporción relevante de la variabilidad en la duración del ingreso (R² ajustado ≈ 0,25), cumpliendo los supuestos de linealidad, normalidad y homocedasticidad de los residuos (tabla 1).
Los resultados mostraron tres predictores independientes de estancia hospitalaria prolongada:
- Síndrome confusional agudo (SCA): La presencia de delirium durante la hospitalización se asoció con un incremento medio de 2,9 días en la estancia (IC95%: 1,1–4,7, p = 0,002). Este hallazgo confirma el impacto clínico del síndrome confusional como una complicación frecuente y relevante, capaz de extender de manera significativa la duración del ingreso debido a la necesidad de vigilancia constante, ajuste farmacológico y retraso en la movilización o en el inicio de la fisioterapia.
- Demora quirúrgica superior a 48 horas: Este factor fue el que mostró el mayor peso en el modelo, con un incremento promedio de 3,2 días en la duración del ingreso (IC95%: 1,3–5,0, p = 0,001). La demora entre el diagnóstico y la intervención se asocia a una mayor incidencia de complicaciones médicas preoperatorias, como infecciones respiratorias o descompensaciones cardiovasculares, y a una prolongación del periodo de encamamiento, lo que puede agravar la fragilidad del paciente y retrasar la rehabilitación postoperatoria.
- Transfusión postoperatoria: La necesidad de transfusión de concentrados de hematíes durante el postoperatorio se relacionó con un aumento medio de 2,1 días en la estancia (IC95%: 0,2–4,1, p = 0,030). Este hallazgo puede interpretarse como un indicador indirecto de una cirugía más compleja o de un estado clínico más comprometido, lo que exige monitorización prolongada y retrasa la recuperación funcional.
Por otro lado, la dependencia funcional grave al alta mostró una tendencia hacia un incremento medio de 1,5 días en la duración del ingreso, sin alcanzar significación estadística (p = 0,12). Este resultado sugiere que los pacientes con menor nivel de autonomía precisan más tiempo para lograr las condiciones necesarias para un alta segura, aunque factores externos, como el apoyo familiar o la disponibilidad de recursos posthospitalarios, pueden atenuar esta relación.
Asimismo, la edad avanzada (≥85 años) no se asoció de forma significativa con una mayor estancia (β = +0,8, p = 0,35). A pesar de que los pacientes de más edad presentan mayor fragilidad y comorbilidad, los resultados indican que la edad cronológica por sí sola no determina la prolongación del ingreso, sino que son las complicaciones intercurrentes y el estado funcional los verdaderos factores determinantes.
En conjunto, el modelo de regresión identificó tres factores principales, síndrome confusional agudo, retraso quirúrgico y transfusión postoperatoria, como determinantes independientes de una estancia hospitalaria más prolongada tras fractura de cadera.
Estos hallazgos subrayan la necesidad de estrategias orientadas a la prevención del delirium, la optimización del tiempo quirúrgico y el control del sangrado intraoperatorio, con el objetivo de reducir la duración de la hospitalización, incrementar la eficiencia del proceso asistencial y facilitar una recuperación funcional más temprana.
DISCUSIÓN
Los resultados del presente estudio confirman que la duración de la hospitalización tras una fractura de cadera depende principalmente de factores clínicos y asistenciales que, en su mayoría, son potencialmente modificables. Entre ellos, destacan el síndrome confusional agudo (SCA) y la demora quirúrgica superior a 48 horas como los determinantes más relevantes de una estancia prolongada. Además, la necesidad de transfusión postoperatoria también mostró una asociación significativa, lo que refleja la complejidad del manejo perioperatorio en estos pacientes. Estos hallazgos son coherentes con los resultados descritos en estudios previos y refuerzan la evidencia existente sobre los factores que condicionan la evolución hospitalaria tras una fractura de cadera3,5.
La relación entre el delirium y una estancia hospitalaria más larga ha sido ampliamente documentada. El SCA, definido como un trastorno agudo y fluctuante de la atención y la conciencia, afecta aproximadamente entre un 20 y un 40 % de los pacientes ancianos con fractura de cadera y se asocia a mayor mortalidad, morbilidad y riesgo de institucionalización tras el alta11,12. Su aparición suele obedecer a la interacción de múltiples factores: la edad avanzada, la comorbilidad, la deshidratación, la hipoxia, el dolor mal controlado o los efectos de ciertos fármacos. En este contexto, el delirium no solo constituye una complicación médica, sino también un marcador de fragilidad sistémica.
El impacto del SCA sobre la duración del ingreso se explica porque estos pacientes presentan menor colaboración con el tratamiento, lo que retraso el inicio de la movilización y la rehabilitación funcional. Además, requieren un nivel de vigilancia más alto, manejo farmacológico específico y, en ocasiones, medidas de contención física o farmacológica, lo que incrementa la carga asistencial. Por tanto, la prevención del delirium debe considerarse una prioridad estratégica dentro de los programas ortogeriátricos. Intervenciones sencillas y basadas en la evidencia, como la reorientación cognitiva frecuente, la corrección de desequilibrios metabólicos, el control del dolor, la adecuada hidratación y la reducción del uso de fármacos sedantes, han demostrado reducir su incidencia. De igual modo, la colaboración multidisciplinar entre traumatólogos, geriatras, enfermería especializada y fisioterapeutas favorece la detección precoz y el abordaje integral del síndrome confusional, reduciendo complicaciones y estancia media hospitalaria.
El segundo factor identificado, la demora quirúrgica mayor de 48 horas, se asoció con el incremento más relevante de la duración de la hospitalización. Este resultado coincide con abundante literatura que considera el intervalo fractura–cirugía como un predictor independiente de mortalidad, complicaciones médicas y recuperación funcional9,10. La demora en la intervención suele deberse tanto a causas clínicas (necesidad de estabilización médica ante descompensaciones cardiacas o respiratorias) como a factores organizativos, entre los que destacan la falta de disponibilidad quirúrgica o la ausencia de protocolos institucionales de priorización. Los estudios demuestran que la implementación de vías clínicas rápidas y la programación preferente de la cirugía de cadera en mayores de 65 años permiten reducir el tiempo de espera sin aumentar los riesgos anestésicos o quirúrgicos.
El impacto de una cirugía temprana va más allá de la reducción del tiempo total de ingreso: mejora la recuperación funcional, disminuye la incidencia de úlceras por presión, tromboembolismo y complicaciones respiratorias, y reduce la exposición a factores predisponentes del delirium, como el dolor o la inmovilidad prolongada11. Así, garantizar la intervención quirúrgica en las primeras 48 horas constituye una meta asistencial prioritaria, no solo por su repercusión clínica, sino también por su efecto en la eficiencia del proceso hospitalario.
La transfusión postoperatoria emergió como un tercer factor significativo, asociada con un incremento medio de dos días en la estancia. Este resultado puede interpretarse como un indicador indirecto de mayor complejidad quirúrgica o fragilidad del paciente, ya que las pérdidas hemáticas intraoperatorias, las anemias previas y las comorbilidades influyen en la necesidad de transfusión. Aunque las transfusiones son a veces inevitables, se ha demostrado que la optimización preoperatoria del hematocrito, el uso de estrategias de ahorro sanguíneo y las técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas reducen tanto el riesgo transfusional como la estancia hospitalaria. Asimismo, las guías clínicas actuales abogan por un uso racional de los hemoderivados, limitando las transfusiones a casos con repercusión hemodinámica o anemia sintomática.
En contraste, otras variables como la edad avanzada o la dependencia funcional al alta no alcanzaron significación estadística en el modelo multivariante. No obstante, estos factores no deben considerarse clínicamente irrelevantes. Es probable que actúen como variables mediadoras: la edad se asocia a mayor comorbilidad, riesgo de delirium y fragilidad, mientras que la dependencia funcional puede condicionar la velocidad de recuperación y el momento del alta, pero su efecto directo queda diluido al controlar otros factores de confusión. De este modo, la ausencia de asociación estadística no excluye su impacto en la práctica clínica diaria, especialmente en la planificación del alta y en la coordinación con los recursos sociosanitarios.
En conjunto, los resultados confirman que la estancia hospitalaria tras fractura de cadera es un fenómeno multifactorial, influido por elementos clínicos, funcionales y organizativos. La identificación de tres factores clave, delirium, demora quirúrgica y transfusión, todos ellos potencialmente modificables, ofrece una oportunidad tangible de mejora asistencial12. La aplicación de estrategias dirigidas a estos aspectos podría traducirse en una reducción significativa de la duración del ingreso, con repercusiones positivas en la calidad del cuidado, la satisfacción del paciente y la sostenibilidad del sistema sanitario.
Desde la perspectiva de la gestión hospitalaria, disminuir la estancia sin comprometer la seguridad del paciente representa un objetivo estratégico. Cada día de ingreso evitado reduce costes directos e indirectos, libera camas para nuevos pacientes y disminuye el riesgo de infecciones nosocomiales. Para alcanzar este propósito, las intervenciones deben actuar en tres niveles complementarios:
- Prevención y detección temprana del delirium: mediante una valoración geriátrica integral al ingreso, optimización del entorno hospitalario y formación del personal sanitario en protocolos de detección precoz13.
- Reducción del tiempo fractura–cirugía: a través de la implementación de protocolos institucionales de priorización quirúrgica, garantizando la disponibilidad de quirófano en menos de 48 horas y la coordinación efectiva entre traumatología, anestesia y medicina interna14.
- Optimización perioperatoria y recuperación mejorada: adoptando programas de “fast-track surgery”, que integran manejo multimodal del dolor, control del sangrado, movilización precoz y rehabilitación intensiva desde el primer día postoperatorio. Estos protocolos han demostrado disminuir las complicaciones y reducir la estancia media hospitalaria en cirugía ortopédica15.
Fortalezas y limitaciones del estudio:
Entre las principales fortalezas, destaca el uso de un modelo multivariante ajustado, que permitió identificar de manera robusta los factores independientes asociados con la duración de la hospitalización. La inclusión consecutiva de pacientes minimizó el sesgo de selección y permitió una representación fiel de la población atendida en un entorno real de práctica clínica.
No obstante, deben reconocerse varias limitaciones. En primer lugar, el diseño retrospectivo puede implicar sesgos de información, derivados de registros incompletos o heterogéneos en la documentación clínica. En segundo lugar, no se incluyeron variables sociales o ambientales, como el nivel de apoyo familiar o la disponibilidad de recursos postalta, que podrían influir en la planificación del alta y, por tanto, en la duración real del ingreso. Por último, al tratarse de un único centro hospitalario, la generalización de los resultados debe realizarse con precaución, considerando las diferencias organizativas entre instituciones.
A pesar de estas limitaciones, los hallazgos son consistentes con la literatura internacional y aportan información práctica para optimizar la atención hospitalaria de los pacientes con fractura de cadera. Este estudio refuerza la necesidad de implementar protocolos ortogeriátricos integrados, con especial atención a la prevención del delirium, la reducción de la demora quirúrgica y el manejo racional del sangrado intraoperatorio, elementos fundamentales para mejorar la eficiencia y la calidad del proceso asistencial.
CONCLUSIONES
El presente estudio demuestra que la duración de la estancia hospitalaria tras una fractura de cadera está determinada principalmente por factores clínicos y asistenciales concretos, entre los cuales el síndrome confusional agudo (SCA), la demora quirúrgica superior a 48 horas y la necesidad de transfusión postoperatoria constituyen los principales predictores independientes de una hospitalización prolongada. Estos tres elementos, además de su relevancia clínica, representan variables potencialmente modificables, lo que ofrece un margen real de intervención para mejorar la calidad asistencial y la eficiencia del proceso hospitalario.
El síndrome confusional agudo se reafirma como una complicación de gran impacto en el curso clínico y funcional de los pacientes mayores con fractura de cadera. Su prevención y abordaje precoz deben considerarse prioridades en los programas de atención ortogeriátrica. La detección temprana mediante escalas validadas, junto con medidas no farmacológicas, como la reorientación cognitiva, el control del dolor, la optimización del entorno y la reducción del uso de fármacos sedantes, puede disminuir de manera significativa su incidencia y duración. Además, el delirium debe interpretarse no solo como una complicación aislada, sino como un marcador de fragilidad global, que refleja la vulnerabilidad del paciente ante el estrés quirúrgico y hospitalario.
Por otro lado, la demora quirúrgica mayor de 48 horas continúa siendo uno de los determinantes más influyentes en la prolongación de la hospitalización. Este hallazgo resalta la necesidad de implantar protocolos institucionales de actuación rápida, que aseguren la intervención quirúrgica en las primeras 48 horas tras el ingreso, salvo contraindicación médica. La priorización de la cirugía de cadera en pacientes ancianos, la disponibilidad de quirófanos y la coordinación efectiva entre los servicios de traumatología, anestesia y medicina interna son factores decisivos para alcanzar este objetivo. Reducir el tiempo fractura–cirugía no solo impacta en la estancia total, sino también en la mortalidad, la aparición de complicaciones médicas y la recuperación funcional.
La transfusión postoperatoria, aunque en menor medida, se asoció también con una prolongación significativa del ingreso. Este factor puede entenderse como un indicador indirecto de la complejidad quirúrgica o del estado clínico de fragilidad. La implementación de estrategias de optimización preoperatoria del hematocrito, técnicas quirúrgicas menos invasivas y un uso racional de los hemoderivados contribuirían a reducir la necesidad de transfusión y, en consecuencia, la duración de la hospitalización.
Estos resultados confirman que una parte sustancial de la variabilidad en la estancia hospitalaria puede explicarse por factores clínicos modificables, lo que abre la posibilidad de diseñar intervenciones preventivas específicas dirigidas a minimizar complicaciones y a optimizar la recuperación del paciente. En este sentido, los modelos de atención ortogeriátrica integrada, basados en la colaboración interdisciplinar entre traumatólogos, geriatras, fisioterapeutas, enfermería y trabajadores sociales, se consolidan como una estrategia eficaz para reducir la estancia media y mejorar los desenlaces funcionales.
Desde la perspectiva de la gestión sanitaria, acortar de forma segura la duración de la hospitalización representa una prioridad en el contexto actual de presión asistencial y limitación de recursos. Una estancia más corta no solo disminuye los costes directos e indirectos asociados al ingreso, sino que también reduce la exposición a infecciones nosocomiales, previene el deterioro funcional secundario a la inmovilidad y favorece la reintegración temprana del paciente en su entorno familiar y social. No obstante, esta reducción debe lograrse sin comprometer la calidad de los cuidados ni precipitar altas inseguras.
En consecuencia, las estrategias orientadas a prevenir el delirium, reducir la demora quirúrgica y optimizar el manejo perioperatorio deben incorporarse como indicadores de calidad asistencial en las unidades de traumatología y ortogeriatría. Asimismo, el desarrollo de protocolos de rehabilitación precoz y programas de alta coordinada, apoyados en la comunicación efectiva entre los diferentes niveles asistenciales, permitirá una transición más fluida hacia el domicilio o centros de convalecencia.
Finalmente, los hallazgos de este trabajo refuerzan la idea de que la atención al paciente con fractura de cadera debe contemplarse desde un enfoque integral y multidimensional, en el que la eficiencia hospitalaria y la calidad asistencial no son objetivos contrapuestos, sino complementarios. La identificación temprana de factores de riesgo modificables y la aplicación de medidas preventivas basadas en la evidencia constituyen la base para una atención más segura, equitativa y centrada en el paciente.
Futuros estudios multicéntricos, con diseños prospectivos y que incorporen variables sociales y funcionales post-alta, permitirán ampliar el conocimiento sobre los determinantes de la duración del ingreso y consolidar estrategias que favorezcan una recuperación funcional óptima y sostenible en la población anciana con fractura de cadera.
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ANEXO
Tabla 1. Resumen resultados:
| VARIABLE | β (días) | IC95% | p |
| Síndrome confusional | +2,9 | 1,1 – 4,7 | 0,002 |
| Demora quirúrgica > 48 h | +3,2 | 1,3 – 5,0 | 0,001 |
| Transfusión postoperatoria | +2,1 | 0,2 – 4,1 | 0,030 |
| Dependencia grave al alta | +1,5 | −0,4 – 3,4 | 0,12 |
| Edad ≥ 85 años | +0,8 | −0,9 – 2,4 | 0,35 |