Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.69.19.002
AUTORES
- Gemma Boloix Peiro. Médico de Atención Primaria en Centro de Salud de Sarrión, Teruel. España.
- Jean Franco Miguez Moya. MIR MFyC de la Unidad Docente de Teruel. España.
- Delia Beatriz Perez Toran. Enfermera Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
- Miguel Oliver Serrano. FEA Urgencias Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
- Paula Francos Pascual. Enfermera Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
- Lluch Esparza de la Guía. FEA Psiquiatría Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
RESUMEN
Las palpitaciones tienen un amplio diagnóstico diferencial que requiere evaluación clínica precisa. El caso expone a una paciente con taquicardia sinusal y síntomas compatibles con hipertiroidismo, diagnosticada finalmente de enfermedad de Graves. Un abordaje ordenado permitió instaurar tratamiento antitiroideo eficaz, evitando complicaciones y mejorando su evolución clínica.
PALABRAS CLAVE
Palpitaciones, hipertiroidismo, graves.
ABSTRACT
Palpitations have a wide differential diagnosis that requires precise clinical evaluation. This case presents a patient with sinus tachycardia and symptoms consistent with hyperthyroidism, ultimately diagnosed with Graves’ disease. A structured approach allowed for effective antithyroid treatment, preventing complications and improving the patient’s clinical outcome.
KEY WORDS
Palpitations, hyperthyroidism, graves.
INTRODUCCIÓN
Las palpitaciones constituyen un síntoma común en la práctica clínica, definido como la percepción incómoda del latido cardíaco, ya sea en frecuencia, ritmo o intensidad. Su diagnóstico diferencial es amplio y abarca desde causas benignas, como el estrés o el consumo de sustancias estimulantes, hasta condiciones patológicas potencialmente graves, como arritmias, trastornos estructurales del corazón o alteraciones endocrinas. En este contexto, la anamnesis clínica minuciosa y el uso adecuado de herramientas diagnósticas son fundamentales para identificar la etiología subyacente. Dentro de las causas endocrinas, la enfermedad de Graves ocupa un lugar relevante, siendo una de las principales patologías tiroideas asociadas a palpitaciones. Esta enfermedad autoinmune se caracteriza por una hipersecreción de hormonas tiroideas, lo cual produce una activación generalizada del sistema cardiovascular, manifestándose frecuentemente con taquicardia sinusal, incremento del gasto cardíaco y sensación subjetiva de palpitaciones. Por tanto, su reconocimiento oportuno resulta esencial para un manejo adecuado y la prevención de complicaciones.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Paciente mujer de 56 años con hipertensión y dislipemia bien controlados, acude a urgencias del centro de salud refiriendo palpitaciones.
Refiere notar las palpitaciones desde hace un mes aproximadamente, de forma discontinua y autolimitadas. A la auscultación no se objetivan soplos ni ruidos respiratorios sobreañadidos y en el electrocardiograma destaca una taquicardia sinusal a 110 lpm de QRS estrecho, sin alteraciones significativas de la repolarización.
Se reinterroga a la paciente y comenta que está en estudio por sensación de nerviosismo y pérdida de peso no intencionada. En una analítica reciente se observa una T4 de 6 ng/dl y una TSH de 0’01 mIU/L dando un diagnóstico de hipertiroidismo.
Se informa a la paciente del diagnóstico compatible con la clínica y se decide comenzar betabloqueante a dosis bajas. La paciente continuó con revisiones por su MAP, al ampliar estudio se objetivan autoanticuerpos TSI diagnosticando a la paciente de enfermedad de Graves y se inició tratamiento con tiamazol, derivándola posteriormente a consultas externas de endocrino con control de la función tiroidea.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
El diagnóstico diferencial de palpitaciones requiere una estrategia escalonada: historia clínica dirigida, ECG, estudios complementarios (laboratorio, Holter, imágenes) y, si persiste la duda, estudios invasivos. Esta evaluación permite identificar causas frecuentes y descartar condiciones de riesgo, como arritmias graves o hipertiroidismo, guiando intervenciones precisas y oportunas.
El hipertiroidismo se trata de un aumento de la concentración de hormonas tiroideas con una prevalencia de aproximadamente el 1’2%, en el caso de la enfermedad de Graves es más frecuentemente en mujeres1.
La enfermedad de Graves es una patología autoinmune que representa la causa más frecuente de hipertiroidismo en adultos. Su fisiopatología se basa en la producción de autoanticuerpos dirigidos contra el receptor de tirotropina (TSHR), denominados inmunoglobulinas estimulantes del receptor de TSH (TRAb o TSI), que mimetizan la acción de la TSH al unirse a su receptor en las células foliculares tiroideas, induciendo una activación persistente de la glándula y un aumento sostenido en la síntesis y liberación de hormonas tiroideas (T3 y T4). Esta hiperestimulación provoca una retroalimentación negativa sobre el eje hipotálamo-hipófisis, disminuyendo los niveles de TSH, sin que ello afecte la producción hormonal estimulada por los autoanticuerpos. Además del hipermetabolismo sistémico característico, se asocian manifestaciones extratiroideas como la oftalmopatía de Graves, causada por infiltración inflamatoria y expansión del tejido retroorbitario, y la dermopatía pretibial, relacionada con el depósito de glicosaminoglicanos en la piel. Factores genéticos (como ciertos alelos HLA) y ambientales (tabaquismo, infecciones virales, estrés) desempeñan un papel clave en su aparición. La enfermedad de Graves es un claro ejemplo de autoinmunidad órgano-específica con manifestaciones sistémicas significativas2,3.
También puede producir, como en el caso de nuestra paciente, alteraciones de tipo cardiaco que pueden ir desde taquicardias, fibrilación auricular o incluso insuficiencia cardiaca4.
En cuanto al tratamiento de la enfermedad de Graves tiene como objetivo controlar el hipertiroidismo, aliviar los síntomas y prevenir las complicaciones a largo plazo. Las opciones terapéuticas incluyen fármacos antitiroideos (como el metimazol y, en casos seleccionados, el propiltiouracilo), terapia con yodo radiactivo (I-131) y cirugía tiroidea (tiroidectomía subtotal o total), cuya elección depende de factores como edad, severidad de la enfermedad, presencia de oftalmopatía, comorbilidades y preferencias del paciente. El metimazol es el fármaco de primera elección por su perfil de seguridad y eficacia, mientras que el propiltiouracilo se reserva para el primer trimestre del embarazo o en casos de intolerancia. La terapia con yodo radiactivo es una alternativa efectiva, especialmente en pacientes con recaídas tras tratamiento farmacológico, aunque puede agravar la oftalmopatía. La cirugía, por otro lado, está indicada en casos de bocio compresivo, sospecha de malignidad o contraindicaciones a las otras modalidades. Además del control del hipertiroidismo, se requiere tratamiento específico para la oftalmopatía (corticoides, inmunomoduladores, descompresión orbitaria) y seguimiento a largo plazo por el riesgo de hipotiroidismo postratamiento5,6,7. En el caso de nuestra paciente se optó por el tiamazol como tratamiento antitiroideo consiguiendo así un buen control.
En este caso, las palpitaciones tienen un amplio diagnóstico diferencial, por eso mismo es importante incidir en una buena anamnesis y tener en cuenta los antecedentes de la paciente para evitar derivaciones o interconsultas innecesarias.
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