AUTORES
- María José Mangas Martínez. TCAE Clínica Ubarmin, Navarra. España.
- Irene Cervera Hidalgo. E.A.P. Pediatría Centro de Salud Cintruénigo, Área de Salud Tudela (Navarra). España.
- Paula Hidalgo Garijo. Fisioterapeuta en Unidad de Enfermería de Cuidados de Rehabilitación. Área de Salud de Tudela (Navarra). España.
- Jorge Sebastián Nuez. F.E.A. Pediatría Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
- Andrea Pascual Oliver. F.E.A. Aparato Digestivo Hospital Obispo Polanco (Teruel). España.
RESUMEN
En pediatría, un motivo de consulta frecuente son las masas cervicales lo que supone un reto para el pediatra realizar un buen diagnóstico diferencial. Estas lesiones pueden generar preocupación en las familias, especialmente ante la posibilidad de procesos infecciosos o neoplásicos. Las masas benignas, como el pilomatrixoma y el quiste de inclusión epidérmico, constituyen etiologías frecuentes que deben identificarse correctamente para evitar tratamientos innecesarios. Presentamos el caso de una niña de 7 años con un nódulo cervical azulado y doloroso, orientado clínicamente como posible pilomatrixoma o quiste epidérmico. El manejo expectante fue elegido ante la naturaleza benigna de ambas lesiones. El caso ilustra la importancia del diagnóstico diferencial cuidadoso y del seguimiento clínico.
PALABRAS CLAVE
Pilomatrixoma, quiste epidérmico, masa cervical, diagnóstico diferencial, pediatría, ecografía.
ABSTRACT
Diagnosing cervical masses in pediatric patients presents a common clinical challenge. These lesions often cause concern in caregivers due to potential infectious or neoplastic etiologies. Benign lesions such as pilomatrixoma and epidermal inclusion cysts are frequent findings that should be recognized to avoid unnecessary interventions. We present the case of a 7-year-old girl with a bluish, tender cervical nodule, clinically oriented as either pilomatrixoma or epidermal cyst. A conservative approach was chosen, given the benign nature of both conditions. This case highlights the importance of accurate differential diagnosis and clinical follow-up.
KEY WORDS
Pilomatrixoma, epidermal cyst, neck mass, differential diagnosis, pediatrics, ultrasound.
INTRODUCCIÓN
El diagnóstico de masas cervicales en la infancia constituye una de las principales causas de consulta en Atención Primaria y servicios hospitalarios de Pediatría. Aunque muchas de ellas son de origen benigno y autolimitado, su presentación puede generar gran inquietud en los cuidadores. Las lesiones cutáneas como el pilomatrixoma o los quistes de inclusión epidérmicos deben ser considerados dentro del diagnóstico diferencial, ya que comparten características clínicas comunes con adenopatías inflamatorias o incluso con procesos tumorales más serios¹.
La evaluación inicial debe incluir una adecuada anamnesis, exploración física sistemática y, cuando esté indicado, estudios de imagen o interconsulta con especialistas. La ecografía constituye la herramienta de primera elección para valorar la naturaleza quística o sólida de estas lesiones².
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Niña de 7 años que es traída al centro de salud por la aparición de un bultoma milimétrico en región laterocervical derecha de aproximadamente una semana de evolución. La madre explica un crecimiento progresivo y dolor a la palpación. No fiebre, disfagia ni signos de infección generalizada.
En la exploración física: auscultación cardiopulmonar normal, orofaringe y otoscopia sin hallazgos patológicos, sin adenopatías. Se identifica una masa de 5 mm, coloración azulada, dolorosa a la palpación, móvil y no adherida a planos profundos.
Se solicita valoración por dermatología, que describe una lesión nodular-quística de 12-14 mm, bien delimitada, de superficie azulada. El diagnóstico diferencial incluye quiste epidérmico y pilomatrixoma, entre otros.
Se realiza ecografía dirigida a la región cervical derecha, que informa: lesión subcutánea quística de 2×4 mm, sin señal doppler y contenido heterogéneo. La interpretación se orienta hacia un pilomatrixoma vs. quiste epidérmico.
En revisión posterior, dermatología mantiene ambos diagnósticos como posibles y, ante la benignidad de ambas entidades y la buena evolución clínica, se opta por actitud expectante y reevaluación futura para valorar extirpación quirúrgica tras la etapa de crecimiento.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
En la edad pediátrica, las masas cervicales constituyen una de las principales causas de derivación a consultas especializadas³. Dentro del diagnóstico diferencial se incluyen procesos inflamatorios, congénitos, tumorales y quísticos. En estos casos, identificar estas lesiones benignas como puede ser el pilomatrixoma o el quiste epidérmico, es fundamental para evitar tratamientos innecesarios o cirugías prematuras⁴.
El pilomatrixoma es un tumor benigno derivado de la matriz del folículo piloso, más frecuente en niños y adolescentes, con predilección por cabeza, cuello y extremidades⁵. A la exploración se presenta como un nódulo subcutáneo firme, no adherido a planos profundos, a menudo de coloración azulada o violácea debido a la calcificación o necrosis central. Puede confundirse con lipomas, adenopatías o lesiones de origen infeccioso. Su diagnóstico definitivo es histológico, aunque la ecografía puede orientar de manera muy eficaz⁶.
Por otro lado, el quiste de inclusión epidérmico es una lesión benigna causada por la inclusión de células epidérmicas en el tejido subcutáneo. Su contenido de queratina y revestimiento escamoso lo diferencia histológicamente del pilomatrixoma. En niños se localiza habitualmente en la cabeza y cuello, y aunque es indoloro, puede inflamarse o sobreinfectarse, generando molestias locales. Algunos autores sostienen que en menores de 10 años, los quistes epidérmicos son más frecuentes en zonas no sebáceas, lo que complica su diferenciación clínica respecto a otros nódulos subcutáneos7.
En el caso presentado, la imagen ecográfica no permitió diferenciar de forma clara entre ambas lesiones. Esto es habitual, ya que muchas veces comparten características como la apariencia hipoecoica o la ausencia de señal Doppler. Aun así, el uso de la ecografía como herramienta inicial sigue siendo clave por su disponibilidad, inocuidad y eficacia diagnóstica8. Se ha propuesto que una ecogenicidad heterogénea con áreas hiperecogénicas internas y márgenes bien definidos puede sugerir pilomatrixoma, mientras que los quistes epidérmicos tienden a ser homogéneos y con paredes más delgadas⁹.
Otra consideración importante en este tipo de lesiones es la actitud terapéutica. Dado que ambas entidades son benignas y con bajo riesgo de complicación, el seguimiento clínico sin intervención inmediata es una opción válida cuando no hay signos de infección, crecimiento acelerado o afectación funcional⁶. En caso de evolución desfavorable o por motivos estéticos, la extirpación quirúrgica diferida es el tratamiento definitivo, con excelentes resultados pronósticos y bajo índice de recidiva.
En la práctica clínica, la decisión de intervenir quirúrgicamente debe estar guiada por criterios funcionales, estéticos y de evolución. En menores, se prefiere posponer la cirugía hasta que finalice la etapa de crecimiento para minimizar el riesgo de complicaciones anestésicas y quirúrgicas. No obstante, si el bultoma genera malestar, se sobreinfecta de forma recurrente o compromete la autoestima del paciente, puede considerarse la resección anticipada.
En la bibliografía revisada se destaca la escasa familiaridad del profesional con estas lesiones puede llevar a errores diagnósticos y sobretratamiento. La formación continuada del personal sanitario en patología dermatológica pediátrica puede mejorar significativamente la calidad del abordaje asistencial. Además, algunos estudios han propuesto algoritmos clínicos sencillos basados en la edad del paciente, localización, evolución y características ecográficas de la masa, que ayudan a orientar el diagnóstico sin necesidad de pruebas invasivas.
Por último, cabe señalar que el acompañamiento y la comunicación con las familias desempeñan un papel central en el manejo de estas lesiones. Ante un diagnóstico incierto o con expectativas quirúrgicas, explicar de forma clara el curso benigno de la lesión, la necesidad de seguimiento y los criterios de derivación favorece la adherencia y disminuye la ansiedad familiar. La educación sanitaria contribuye también a que los cuidadores reconocen signos de alarma como el crecimiento rápido, enrojecimiento o supuración, lo que facilita la detección precoz de complicaciones.
En conclusión, el presente caso refuerza la necesidad de considerar diagnósticos benignos ante nódulos cervicales en población pediátrica y subraya el valor de una evaluación clínica minuciosa apoyada en ecografía. La correcta identificación de entidades como el pilomatrixoma o el quiste epidérmico evita tratamientos innecesarios y tranquiliza a las familias ante hallazgos clínicos llamativos pero de excelente pronóstico.
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