- Javier Ordovás Sánchez. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Carlos Moreno Gálvez. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Luis Corbatón Gomollón. Médico Interno Residente, Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Ignacio Ladrero Paños. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Álvaro Morella Barreda. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Javier Luna Ferrer. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
La diabetes mellitus tipo 2 constituye un problema de salud pública de magnitud creciente, con una prevalencia global estimada entre el 11% y el 14% de la población adulta. Este incremento se asocia principalmente al envejecimiento poblacional, el aumento de la obesidad y el sedentarismo, además de factores genéticos y determinantes sociales. En el ámbito de la atención primaria, la enfermedad suele diagnosticarse en fases asintomáticas, lo que subraya la relevancia del cribado en grupos de riesgo. El diagnóstico se establece conforme a los criterios de la American Diabetes Association y la World Health Organization, mediante la determinación de HbA1c ≥6,5%, glucemia en ayunas ≥126 mg/dL o glucemia ≥200 mg/dL tras una prueba de tolerancia oral a la glucosa.
El abordaje terapéutico debe ser integral e individualizado, combinando intervenciones no farmacológicas y farmacológicas. Entre las primeras destacan la educación diabetológica, la promoción de hábitos alimentarios saludables y la práctica regular de actividad física. En cuanto al tratamiento farmacológico, la metformina constituye el fármaco de primera elección por su eficacia, seguridad, bajo coste y beneficios cardiovasculares. En pacientes con enfermedad cardiovascular o renal se recomiendan inhibidores de SGLT2 o análogos de GLP-1, mientras que los inhibidores de DPP-4 son adecuados en pacientes con riesgo de hipoglucemia o polimedicados. En contextos de bajo nivel socioeconómico pueden emplearse sulfonilureas o pioglitazona, con las precauciones pertinentes.
La insulinización se reserva para casos de mal control metabólico o presencia de síntomas catabólicos. El seguimiento debe incluir controles analíticos, examen oftalmológico, evaluación de pies y valoración cardiovascular. Los objetivos terapéuticos comprenden mantener una HbA1c <7%, presión arterial <140/90 mmHg y colesterol LDL <70 mg/dL. La intervención precoz y la educación continuada son pilares fundamentales para prevenir complicaciones y optimizar el pronóstico a largo plazo.
PALABRAS CLAVE
Diabetes mellitus, atención primaria.
ABSTRACT
Type 2 diabetes mellitus represents a major and growing public health issue, with an estimated global prevalence of 11–14% among adults. This increase is mainly associated with population aging, rising obesity rates, sedentary lifestyles, as well as genetic and social determinants. In primary care, the disease is often diagnosed during asymptomatic stages, highlighting the importance of screening in at-risk populations. Diagnosis is established according to the criteria of the American Diabetes Association and the World Health Organization, based on HbA1c ≥6.5%, fasting plasma glucose ≥126 mg/dL, or plasma glucose ≥200 mg/dL two hours after an oral glucose tolerance test.
Therapeutic management must be comprehensive and individualized, combining non-pharmacological and pharmacological interventions. The former include diabetes education, promotion of healthy eating habits, and regular physical activity. Regarding pharmacological treatment, metformin remains the first-line agent due to its efficacy, safety, low cost, and demonstrated cardiovascular benefits. In patients with cardiovascular or renal disease, SGLT2 inhibitors or GLP-1 receptor agonists are recommended, while DPP-4 inhibitors are appropriate for patients at risk of hypoglycemia or those with polypharmacy. In low-resource settings, sulfonylureas or pioglitazone may be considered, with appropriate precautions.
Insulin therapy is reserved for cases of poor metabolic control or the presence of catabolic symptoms. Follow-up should include periodic laboratory assessments, ophthalmologic examinations, foot evaluations, and cardiovascular risk assessment. Therapeutic goals include maintaining HbA1c <7%, blood pressure <140/90 mmHg, and LDL cholesterol <70 mg/dL. Early intervention and continuous patient education are essential to prevent complications and optimize long-term outcomes.
KEY WORDS
Diabetes mellitus, primary health care.
INTRODUCCIÓN1-5
La diabetes mellitus constituye un problema de salud pública de magnitud creciente, con una prevalencia global estimada entre el 11% y el 14% de la población adulta, lo que representa entre 589 y 828 millones de personas en el mundo. La mayoría de los casos corresponden a diabetes tipo 2 (90-95% del total de diagnósticos de diabetes). El aumento de la prevalencia está estrechamente vinculado a factores como el envejecimiento poblacional, el incremento de la obesidad y el sedentarismo, así como a determinantes sociales y genéticos.
En atención primaria, la diabetes tipo 2 suele diagnosticarse en fases asintomáticas, ya que la resistencia a la insulina puede estar presente durante más de una década antes de la aparición de hiperglucemia manifiesta. Cuando se presentan síntomas, los más frecuentes son poliuria, polidipsia, pérdida de peso involuntaria, visión borrosa y fatiga; sin embargo, hasta el 80% de los pacientes pueden estar asintomáticos al momento del diagnóstico, lo que justifica la importancia del cribado en grupos de riesgo. En casos menos habituales pueden observarse infecciones recurrentes, alteraciones cutáneas o síntomas de complicaciones microvasculares y macrovasculares, como neuropatía, retinopatía o enfermedad cardiovascular, que pueden estar presentes incluso en el momento del diagnóstico debido al retraso en la detección.
El diagnóstico se basa en los criterios establecidos por la American Diabetes Association y la World Health Organization: HbA1C ≥6.5%, glucosa plasmática en ayunas ≥126 mg/dL, o glucosa plasmática a las 2 horas ≥200 mg/dL tras una prueba de tolerancia oral a la glucosa, o glucemia aleatoria ≥200 mg/dL en presencia de síntomas clásicos. Es fundamental confirmar el diagnóstico con dos determinaciones en días distintos o con dos métodos diferentes.
La diabetes tipo 2 se asocia a un riesgo elevado de complicaciones crónicas, incluyendo enfermedad cardiovascular (presente en hasta un tercio de los pacientes), insuficiencia renal, pérdida de visión y neuropatía. El abordaje en atención primaria debe ser integral, incluyendo la detección precoz, la educación diabetológica y la intervención sobre factores de riesgo como sobrepeso, obesidad, sedentarismo, hipertensión arterial o dislipemia, con el objetivo de prevenir o retrasar la aparición de complicaciones.
MATERIAL Y MÉTODO
Para desarrollar este trabajo hemos utilizado las principales guías sobre Diabetes Mellitus y algunos de los artículos más actualizados sobre el tema con el objetivo de desarrollar aquellos aspectos más importantes referentes al diagnóstico y tratamiento de la Diabetes Mellitus tipo 2 en Atención Primaria.
RESULTADOS1,2,6
Dentro del tratamiento hablaremos tanto de las medidas farmacológicas como las no farmacológicas.
Medidas no farmacológicas:
- Educación terapéutica: Alfabetización en salud, explicación sobre la enfermedad, tratamiento y autocuidado, metas terapéuticas claras y compartidas.
- Alimentación saludable: Derivación a nutrición si es necesario, reducción de azúcares simples, control de porciones, dieta rica en fibra, alimentos de índice glucémico bajo.
- Actividad física regular: Objetivo de 150 minutos semanales de actividad moderada.
El manejo farmacológico debe individualizarse según la edad y comorbilidades, la duración de la enfermedad, la HbA1c basal, el riesgo cardiovascular o renal, el riesgo de hipoglucemias, el acceso a medicamentos, y las preferencias y adherencia del paciente. A continuación comentaremos los fármacos disponibles para el tratamiento de la diabetes, explicando algunas de sus características, y englobándolos según el perfil del paciente que se nos puede presentar en la consulta.
Metformina:
- Mecanismo: reduce producción hepática de glucosa y mejora sensibilidad a la insulina.
- Dosis inicial: 500 mg/día con comidas. Después titulación progresiva hasta 1500–2000 mg/día.
- Ventajas:
- Bajo coste.
- No produce hipoglucemia.
- Contraindicaciones:
- Insuficiencia renal avanzada (Filtrado glomerular < 30 ml/min).
- Insuficiencia hepática, alcoholismo o riesgo de acidosis láctica.
Se recomienda mantenerla como base del tratamiento incluso al asociar otros fármacos.
Paciente con enfermedad cardiovascular establecida o alto riesgo cardiovascular:
Análogos de GLP-1 (aGLP-1): liraglutida (subcutánea), semaglutida (oral), dulaglutida (subcutánea)
- Disminuye el riesgo de eventos cardiovasculares.
- Beneficio en la pérdida de peso.
- Bajo riesgo de hipoglucemia.
- Contras: coste elevado, efectos gastrointestinales (náuseas), vía subcutánea.
Inhibidores de SGLT2 (iSGLT2): dapagliflozina, empagliflozina, canagliflozina.
- Reducción de hospitalización por insuficiencia cardiaca y progresión renal.
- Disminución de peso y presión arterial.
- Contras: riesgo de infecciones urinarias y cetoacidosis euglucémica.
Paciente con insuficiencia cardíaca o enfermedad renal crónica:
Primera opción:
- iSGLT2 con evidencia de beneficio renal y en insuficiencia cardiaca (empagliflozina, dapagliflozina).
- Utilizar incluso con HbA1c < 7% si hay indicación nefrocardioprotectora.
Usar con precaución si Filtrado Glomerular < 30 (ver ficha técnica específica).
Paciente con sobrepeso/obesidad:
- aGLP-1: disminuye 2-4 kg en promedio.
- iSGLT2: disminuye 2-3 kg.
- Evitar sulfonilureas e insulina temprana salvo necesidad clara.
Paciente con necesidad de evitar hipoglucemia:
iDPP-4 (inhibidores de la DPP-4): sitagliptina, linagliptina, vildagliptina.
- No provocan hipoglucemia.
- Bien tolerados.
- Efecto leve en HbA1c (disminución entre 0.5-0.7%).
- Útiles en ancianos o polimedicados.
También son seguros los aGLP-1 y iSGLT2 (ya comentados).
Contexto de bajo recurso económico o sin cobertura:
Sulfonilureas: glibenclamida, gliclazida, glimepiride.
- Bajo coste.
- Efecto potente sobre HbA1c (disminución entre 1-2%).
- Mayor riesgo de hipoglucemia, especialmente en ancianos o con insuficiencia renal.
- Evitar glibenclamida en mayores de 65 años.
Pioglitazona:
- Mejora la sensibilidad a la insulina.
- Cuidado en insuficiencia cardíaca por la retención de líquidos que pueden producir, riesgo de fracturas o aumento de peso.
Metformina: ya comentada anteriormente.
Insulina
Indicaciones para iniciar insulinización:
- HbA1c > 9–10% con síntomas (poliuria, polidipsia, pérdida de peso).
- Fracaso de terapia oral combinada.
- Embarazo (diabetes pregestacional o gestacional).
- Contraindicación a otros hipoglucemiantes.
La estrategia habitual suele consistir en iniciar con insulina basal (glargina, detemir o NPH nocturna):
- Dosis inicial: 0.1–0.2 UI/kg/día.
- Ajustes semanales según glucemia en ayunas.
Siempre que se pueda, mantener tratamientos previos (si hay buena tolerancia y no están contraindicados). Evitar insulinizar precozmente si se puede escalar tratamiento con agentes orales o inyectables más seguros y accesibles.
Controles
- Fondo de ojo anual o cada 2 años.
- Control analítico con bioquímica y hemograma que incluya además HbA1c, microalbuminuria y función renal (creatinina + relación albúmina/creatinina en orina) cada 6 meses.
- Evaluación de pies: inspección, pulsos y sensibilidad.
- ECG y valoración de riesgo cardiovascular global.
Consideraciones especiales:
- Reevaluar HbA1c cada 3 meses hasta alcanzar objetivo.
- Evitar la “inercia terapéutica”: si en 3-6 meses no se alcanza control, ajustar o escalar tratamiento.
- Insistir en la educación sobre autocuidado y señales de alarma: hipoglucemia, infecciones, pie diabético, etc.
- Tener en cuenta interacciones farmacológicas y comorbilidades.
Objetivos:
- Hemoglobina glicosilada (HbA1c):
- < 7% en general.
- < 6.5% si paciente joven y sin riesgo de hipoglucemia.
- < 8-9% si adulto mayor frágil o con comorbilidades (individualizar).
- Tensión arterial (TA): < 140/90 mmHg (objetivo más estricto < 130/80 si hay enfermedad renal o cardiovascular).
- Colesterol LDL (LDL-C): < 70 mg/dL (< 55 mg/dL si riesgo cardiovascular muy alto, diabetes con complicaciones o > 20 años).
Cuándo deriver:
- Mal control metabólico pese a tratamiento adecuado (asegurar previamente adecuado cumplimiento).
- Sospecha de DM tipo 1, LADA o MODY.
- Complicaciones micro o macrovasculares avanzadas.
- Necesidad de insulinización compleja.
- Embarazo.
- Comorbilidad psiquiátrica severa.
CONCLUSIONES
- La diabetes mellitus tipo 2 suele cursar de manera silenciosa durante años, por lo que el diagnóstico precoz en atención primaria es esencial para evitar la aparición de complicaciones microvasculares y macrovasculares al momento del diagnóstico.
- El manejo óptimo de la diabetes tipo 2 requiere un enfoque integral que combine la educación terapéutica, la modificación de hábitos de vida y un tratamiento farmacológico individualizado según el perfil clínico y las comorbilidades del paciente.
- La elección de fármacos debe basarse en las características del paciente: los inhibidores de SGLT2 y los análogos de GLP-1 ofrecen ventajas significativas en pacientes con enfermedad cardiovascular o renal, mientras que los inhibidores de DPP-4 son útiles para minimizar el riesgo de hipoglucemia.
- La educación diabetológica y la implicación activa del paciente en el autocuidado son pilares fundamentales para mejorar la adherencia al tratamiento, reducir las complicaciones y favorecer un mejor control metabólico a largo plazo.
- El seguimiento periódico, el control de factores de riesgo cardiovascular y la detección temprana de complicaciones son indispensables para disminuir la morbimortalidad asociada a la diabetes tipo 2.
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