AUTORES
- Miriam Ojea Abadía. Enfermera en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.
- Isaac Lanagrán Jiménez. Enfermero en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.
- Estela Luque Muñoz. Enfermera en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.
- Ainhoa Luque Muñoz. Enfermera en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.
- Lidia García Salmerón. Enfermera en el Hospital Universitario Torrecárdenas (Almería). España.
- Santiago Sáez Martínez. Enfermero en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.
RESUMEN
La diabetes mellitus tipo 2 es una enfermedad crónica con alta prevalencia mundial que representa un desafío creciente para la salud pública. Su progresión silenciosa y la presencia frecuente de factores de riesgo como la obesidad, el sedentarismo y la alimentación inadecuada subrayan la importancia de un diagnóstico temprano y la promoción de hábitos saludables para prevenir complicaciones. Este artículo analiza el papel fundamental del personal de enfermería en la atención integral de pacientes con diabetes tipo 2, destacando su rol en la educación terapéutica, el apoyo emocional, la detección temprana de complicaciones y la promoción del autocuidado. Se contrastan dos enfoques pedagógicos en educación para la salud: el modelo tradicional biomédico y el enfoque crítico-emancipador, que enfatiza la participación activa del paciente y su empoderamiento. La evidencia sugiere que la educación adaptada a las características individuales y el acompañamiento continuo favorecen la adherencia al tratamiento y mejoran la calidad de vida. Finalmente, se enfatiza la necesidad de fortalecer la formación del personal de enfermería y las políticas institucionales para lograr un control más efectivo y sostenible de la diabetes tipo 2, contribuyendo así a mitigar su impacto sanitario y social.
PALABRAS CLAVE
Diabetes mellitus tipo 2, educación en salud, autocuidado, enfermería, promoción de la salud.
ABSTRACT
Type 2 diabetes mellitus is a chronic disease with a high global prevalence, posing an increasing public health challenge. Its silent progression and the frequent presence of risk factors such as obesity, sedentary lifestyle, and poor diet highlight the importance of early diagnosis and the promotion of healthy habits to prevent complications. This article analyzes the essential role of nursing staff in the comprehensive care of patients with type 2 diabetes, emphasizing their function in therapeutic education, emotional support, early detection of complications, and promotion of self-care. Two educational approaches are contrasted: the traditional biomedical model and the critical-emancipatory approach, which emphasizes active patient participation and empowerment. Evidence suggests that education tailored to individual characteristics and continuous support improve treatment adherence and quality of life. Finally, the need to strengthen nursing training and institutional policies is highlighted to achieve more effective and sustainable control of type 2 diabetes, thereby helping to reduce its health and social impact.
KEY WORDS
Type 2 diabetes mellitus, health education, self-care, nursing, health promotion.
DESARROLLO DEL TEMA
La diabetes mellitus es una de las enfermedades crónicas no transmisibles más prevalentes mundialmente. Actualmente la cifra global de personas que sufren Diabetes Mellitus es de entre 340 y 536 millones según estadísticas de la Federación Internacional de Diabetes, esperándose que la cifra vaya en aumento¹.
Estos hallazgos locales reflejan la tendencia global y subrayan la importancia de analizar factores de riesgo específicos en diferentes contextos.
Un análisis realizado en la ciudad de Cuenca, Ecuador, mostró que una alta proporción de la población estudiada presenta un perfil de riesgo significativo para la aparición de diabetes mellitus tipo 2 en un periodo de diez años².
Un 13,8% de la población española tiene diabetes tipo 2, de los cuales un 6% desconocen su condición³.
Esta condición puede manifestarse de manera asintomática, experimentando hiperglucemia subclínica por un periodo de 4 a 7 años antes de recibir un diagnóstico de diabetes. Durante este intervalo, es posible que ocurran complicaciones sin que el paciente esté al tanto¹.
Si bien la herencia genética influye en lo vulnerable que es cada individuo a la hora de padecer diabetes mellitus tipo 2, el adoptar una alimentación inadecuada y un modo de vida inactivo son factores significativos que contribuyen a sufrir dicha patología¹.
Entre los factores de riesgo más destacados se encuentran el sobrepeso y la obesidad, que se relacionan de manera directa con la resistencia a la insulina y la alteración del metabolismo. De igual manera, la falta de actividad física es un elemento clave, debido a su relación directa con el incremento del peso y el deterioro del metabolismo de la glucosa².
Por esta razón, es fundamental incentivar el diagnóstico temprano a través de exámenes sistemáticos en grupos de riesgo (personas mayores de 45 años, con obesidad, antecedentes familiares, entre otros), facilitando intervenir antes de que surjan complicaciones severas y aumentando la eficacia del tratamiento desde las fases iniciales¹.
Marco teórico:
La promoción de hábitos de vida saludables, que abarquen iniciativas educativas centradas en una nutrición adecuada, la incorporación de rutinas de ejercicio regular y controles médicos regulares, constituye un aspecto esencial para prevenir la evolución de la enfermedad y reducir su impacto en términos de salud y sociedad. Este tipo de intervenciones, combinadas con políticas públicas pertinentes y un enfoque multidisciplinario, permitirán enfrentar de manera efectiva la creciente carga que representa la diabetes mellitus tipo 2².
En base a esto, se ha identificado que el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 debe fundamentarse en dos bases complementarias que operan de manera conjunta.
Por un lado, la adopción de hábitos de vida saludables, como implementar una dieta balanceada y adaptada, junto con la realización habitual de ejercicio físico, no solo optimiza el control de los niveles de glucosa, sino que también tiene un efecto positivo en la disminución del riesgo cardiovascular y en el bienestar general del individuo.
Por otro lado, el uso apropiado de intervenciones farmacológicas, ya sea a través de medicamentos antidiabéticos orales o insulina, dependiendo de la progresión de la enfermedad y las características particulares del paciente³.
El personal de enfermería juega un rol esencial adoptando un enfoque holístico en la educación para la salud. Su participación no se limita al control y administración de tratamientos, sino que también incluye la educación terapéutica, el apoyo continuo, la identificación temprana de complicaciones como el pie diabético y la promoción del autocuidado. En el ámbito de la atención primaria, la enfermería se establece como un actor fundamental para asegurar el seguimiento clínico, la adherencia a los tratamientos y la difusión de una cultura de salud entre las personas que padecen diabetes tipo 2, contribuyendo así a mejorar su calidad de vida y a mitigar el impacto de la enfermedad tanto a nivel personal como comunitario⁴.
Cuando se habla de educación sobre diabetes, existen dos enfoques pedagógicos que presentan diferencias significativas tanto teóricas como prácticas: el paradigma tradicional de orientación biomédica y la aproximación crítica-emancipadora⁵.
El enfoque convencional, que se utiliza ampliamente en los sistemas de salud, parte de la premisa de que el paciente, al obtener conocimientos acerca de su condición, modificará automáticamente sus hábitos. Esta perspectiva enfatiza la adherencia estricta a las instrucciones médicas (dietas, medicaciones, ejercicios) y considera al profesional como la figura central en el proceso de enseñanza, mientras que el paciente desempeña un papel pasivo y receptivo⁵.
Aunque este modelo puede generar resultados clínicos positivos en el corto plazo, ha sido criticado por no atender aspectos sociales, emocionales y culturales que influyen en el comportamiento del paciente, lo que puede restringir su efectividad y sostenibilidad en el largo plazo⁵.
La evidencia científica ha demostrado que sólo proporcionar información sobre la diabetes no es suficiente para lograr cambios duraderos en el comportamiento de los pacientes. Por esta razón, es fundamental adaptar la educación en salud a las características particulares de cada individuo, utilizando modelos estructurados que incluyan evaluación clínica, fijación de objetivos, planificación, puesta en práctica, seguimiento y registro, tal como sugiere la Asociación Americana de Educadores en Diabetes⁴.
En contraste, el enfoque crítico-emancipador, propone que el paciente no es simplemente un receptor de instrucciones, sino un individuo activo que reflexiona sobre su vivencia y se involucra en la creación de saberes. Este modelo valora la comunicación, la interacción y la comprensión del contexto vital del paciente enfocándose en empoderar a individuos y comunidades, promoviendo su autonomía y capacidad para tomar decisiones informadas sobre su salud⁵.
Dichas estrategias requieren ajustes basados en el avance de la patología. Los individuos que han recibido un diagnóstico reciente, especialmente si no presentan manifestaciones clínicas, suelen ser escépticos y presentan una adherencia limitada al autocuidado. En este contexto, los grupos de apoyo facilitados por personas con experiencias anteriores han demostrado ser efectivos en la promoción del aprendizaje dentro de un ambiente empático y fundamentado en vivencias reales⁴.
En esta línea, el acompañamiento profesional cobra relevancia, especialmente el rol del personal de enfermería como agente clave en la educación para el autocuidado y la adherencia al tratamiento.
El artículo “El rol de la enfermería en el autocuidado de pacientes con Diabetes Mellitus tipo 2”, examina la importancia esencial que tiene el personal de enfermería en el apoyo y capacitación de pacientes para que adopten prácticas de autocuidado efectivas en el tratamiento de la diabetes tipo 2⁶. Basándose en una investigación realizada el 72 % de los encuestados acuden a centros de Salud en busca de asesoramiento sobre su condición, particularmente en áreas relacionadas con la alimentación, el ejercicio, el control de la glucosa y la prevención de complicaciones. La intervención activa del profesional de enfermería facilita la identificación temprana de alarmas, refuerza la adherencia al tratamiento y contribuye a mejorar la calidad de vida de los pacientes⁶.
Este papel educativo y preventivo debe ser fortalecido a través de la capacitación continua del personal, la implementación de estrategias institucionales de promoción de la salud y una mayor sistematización de las intervenciones educativas para alcanzar un control más efectivo y sostenible de la diabetes tipo 2⁶.
CONCLUSIÓN
La diabetes mellitus tipo 2 constituye un desafío creciente para la salud pública tanto a nivel global como local. Su progresión silenciosa y su alta tasa de incidencia exigen la implementación de estrategias integrales que abarquen tanto la prevención como el manejo adecuado tras el diagnóstico. Elementos como un estilo de vida sedentario, una alimentación inadecuada, la obesidad y la falta de conocimiento sobre la propia condición subrayan la necesidad de promover un diagnóstico temprano y de incentivar modificaciones sostenibles en los hábitos de vida de los pacientes.
En este ámbito, la función del personal de enfermería cobra una relevancia fundamental. Su perspectiva integral no solo les permite asistir en el tratamiento médico, sino también servir como promotores del autocuidado mediante la educación terapéutica y el apoyo emocional. Además, los métodos pedagógicos enfocados en el paciente, especialmente el modelo crítico-emancipador, aparecen como opciones efectivas para conseguir un aprendizaj significativo, empoderar al individuo y fomentar cambios duraderos.
Por consiguiente, abordar la diabetes tipo 2 demanda una colaboración coordinada sustentada en políticas de salud, equipos multidisciplinarios, formación continua de los profesionales de la salud y una educación ajustada a las circunstancias del paciente. Solo de esta manera será viable disminuir el impacto de esta patología en términos de complicaciones, calidad de vida y costos para los sistemas de salud.
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