AUTORES
- Álvaro Llanas Martínez. Fisioterapeuta. Centro Asistencial El Pinar (IASS). Teruel. España.
- Carla Martínez Martin. Enfermera CS Mosqueruela. Teruel. España.
- Alicia Soriano Martín. Trabajadora Social. Centro Asistencial El Pinar (IASS). Teruel. España.
- Raquel Pérez Soriano. Terapeuta Ocupacional. Centro Asistencial El Pinar (IASS). Teruel. España.
- Irene Vea Martín. Terapeuta Ocupacional. Centro de Rehabilitación Psicosocial San Juan de Dios. Teruel. España.
- Marina Vea Martín. Fisioterapeuta. FREMAP. Teruel. España.
RESUMEN
Las caídas en personas mayores representan una de las principales causas de morbimortalidad y dependencia funcional. Diversos estudios han demostrado que el entrenamiento de fuerza es una herramienta eficaz para prevenir caídas y mejorar la función física en personas mayores sedentarias¹. Esta revisión narrativa explora la evidencia actual sobre el impacto del ejercicio de fuerza en la prevención de caídas, centrándose en protocolos, frecuencia, duración y adaptaciones neuromusculares implicadas. Se identifican beneficios consistentes en fuerza muscular, equilibrio y rendimiento funcional, especialmente con programas multicomponente de al menos 12 semanas². Asimismo, se destacan barreras a la adherencia y la importancia del acompañamiento profesional³. En conclusión, el entrenamiento de fuerza es una intervención segura y efectiva para reducir el riesgo de caídas en mayores sedentarios, con alto potencial para ser implementado en programas de fisioterapia preventiva.
PALABRAS CLAVE
Personas mayores, caídas, entrenamiento de fuerza, fisioterapia geriátrica, ejercicio terapéutico.
ABSTRACT
Falls in older adults are a major cause of morbidity, mortality, and functional decline. Multiple studies have shown that strength training is an effective tool to prevent falls and improve physical function in sedentary older adults. This narrative review explores current evidence on the impact of resistance training in fall prevention, focusing on program design, frequency, duration, and neuromuscular adaptations. Consistent benefits in muscle strength, balance, and functional performance have been reported, especially with multicomponent programs of at least 12 weeks. Adherence barriers and the importance of professional supervision are also discussed. In conclusion, strength training is a safe and effective intervention to reduce fall risk in sedentary older adults, with high potential for implementation in preventive physiotherapy programs.
KEY WORDS
Aged, accidental falls, strength training, geriatric physiotherapy, therapeutic exercise.
DESARROLLO DEL TEMA
El presente trabajo tiene como objetivo revisar la literatura científica más relevante sobre el impacto del entrenamiento de fuerza en la prevención de caídas en personas mayores sedentarias, analizando no solo los beneficios fisiológicos, sino también la estructura óptima de los programas y los factores que influyen en la adherencia y sostenibilidad a largo plazo.
Las caídas representan uno de los principales desafíos en salud pública dentro del envejecimiento poblacional. Se estima que aproximadamente un tercio de las personas mayores de 65 años sufre al menos una caída cada año, y la probabilidad aumenta significativamente a partir de los 80 años¹. Las consecuencias van más allá de lo físico: incluyen fracturas, hospitalizaciones, pérdida de autonomía, miedo a volver a moverse (síndrome post caída) y deterioro psicosocial. Dentro de los múltiples factores de riesgo que contribuyen a esta problemática, destacan la sarcopenia, la pérdida de equilibrio, la reducción de la fuerza muscular y la inactividad física prolongada².
Frente a esta realidad, el entrenamiento de fuerza ha cobrado relevancia creciente como una herramienta preventiva eficaz en el campo de la fisioterapia geriátrica. Lejos de la creencia de que las personas mayores no pueden entrenar con cargas, la evidencia actual respalda no solo su seguridad, sino también su alta eficacia para mejorar parámetros como fuerza máxima, potencia, control postural y capacidad funcional general³. Además, se ha demostrado que los programas de entrenamiento de fuerza no requieren equipamiento sofisticado ni necesariamente un entorno clínico, lo que amplía su aplicabilidad tanto en atención primaria como en el domicilio.
El entrenamiento de fuerza en personas mayores ha mostrado mejoras consistentes en parámetros como la fuerza de extremidades inferiores, la velocidad de marcha, el tiempo de reacción y el equilibrio estático y dinámico³. La evidencia recomienda programas multicomponente que incluye ejercicios de resistencia progresiva, mínimo dos veces por semana, con una duración de al menos 12 semanas⁴. El acompañamiento de fisioterapeutas favorece la seguridad, personalización y adherencia del tratamiento.
Diversos metaanálisis confirman que estos programas reducen significativamente el número de caídas y el riesgo de caída futura, siendo aún más efectivos cuando se combinan con entrenamiento de equilibrio y educación sanitaria⁵. Además, los beneficios se mantienen a largo plazo si se mantiene la actividad, y pueden aplicarse tanto en domicilios como en centros de atención primaria⁶.
DISCUSIÓN–CONCLUSIONES
La evidencia científica actual respalda de forma contundente el uso del entrenamiento de fuerza como una herramienta eficaz para reducir el riesgo de caídas en personas mayores, especialmente en aquellas con estilos de vida sedentarios¹. Este tipo de intervención no solo mejora la fuerza muscular, sino que también favorece la movilidad funcional, el control postural y la confianza motora del paciente. En consecuencia, disminuye la dependencia en las actividades de la vida diaria y mejora la calidad de vida.
A pesar de ello, sigue existiendo cierta resistencia cultural y profesional respecto al uso de ejercicios de fuerza en la población mayor, motivada en parte por el miedo al daño o la sobrecarga. Sin embargo, los datos demuestran que incluso personas mayores de 80 años pueden beneficiarse significativamente de protocolos bien estructurados y progresivos, sin un aumento en el riesgo de lesiones². De hecho, los programas que combinan fuerza, equilibrio y educación muestran una reducción acumulada de hasta un 30 % en el número de caídas³.
Es importante destacar que la adherencia a estos programas es un factor crítico para su éxito. Las barreras comunes incluyen la falta de motivación, el miedo al ejercicio o la dificultad de acceso a instalaciones. En este sentido, el papel del fisioterapeuta es esencial no sólo como prescriptor del ejercicio, sino también como educador, facilitador del entorno y apoyo continuo⁴. Adaptar los programas a las preferencias del paciente, establecer metas realistas y ofrecer seguimiento son estrategias efectivas para mejorar la participación a largo plazo.
En conclusión, el entrenamiento de fuerza debe ser considerado como un componente prioritario en los programas de prevención de caídas dentro de la fisioterapia geriátrica. Su efectividad está claramente respaldada por la literatura, siempre que se aplique con una planificación individualizada, criterios de progresión y supervisión profesional. Promover su implementación en la atención primaria y comunitaria es una estrategia coste-efectiva para reducir el impacto de las caídas en el sistema sanitario y mejorar la funcionalidad en la vejez.
BIBLIOGRAFÍA
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