El rescate corticoideo en el síndrome de Verner-Morrison: manejo de la diarrea refractaria en un vipoma metastásico

27 marzo 2026

 

AUTORES

  1. Pablo Trincado Cobos. Médico Interno Residente Servicio Oncología. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. España.
  2. Pedro Olivera Salort. F.E.A. Ginecología y Obstetricia. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. España.
  3. Rubén Carramiñana Nuño. Médico Interno Residente Servicio Cirugía General y del Aparato Digestivo. Hospital Clínico Lozano Blesa de Zaragoza. España.
  4. Fátima Mocha Campillo. Médico Interno Residente Servicio Oncología. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. España.
  5. Sofía Ruffini Egea. Médico Interno Residente Servicio Oncología. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. España.
  6. Natalia Pascual De la Fuente. Médico Interno Residente Servicio Oncología. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. España.
  7. María Luna Monreal Cepero. F.E.A. Servicio Oncología. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. España.

 

RESUMEN

El VIPoma es una neoplasia neuroendocrina pancreática extremadamente infrecuente, caracterizada por la secreción autónoma de péptido intestinal vasoactivo (VIP), lo que induce un cuadro de diarrea secretora masiva. Aunque los análogos de los receptores de la somatostatina (ARS) constituyen la terapia de primera línea para el control sintomático, el desarrollo de taquifilaxia genera una refractariedad diarreica que asocia un grave compromiso hidroelectrolítico y hemodinámico. Presentamos el caso de un varón de 78 años con un VIPoma metastásico que desarrolló resistencia a los ARS, experimentando una diarrea acuosa refractaria (>10 deposiciones/día) con hipopotasemia grave y acidosis metabólica. Ante la ineficacia del manejo de soporte, se instauró tratamiento sistémico con glucocorticoides (metilprednisolona), objetivándose una remisión clínica y analítica precoz. Esta respuesta se fundamenta en la capacidad de los esteroides para reprimir transcripcionalmente la síntesis de VIP a nivel celular neuroendocrino y, simultáneamente, potenciar la absorción hidroelectrolítica en la mucosa intestinal. Se concluye que el rescate corticoideo constituye una estrategia farmacológica altamente eficaz y necesaria para la estabilización vital de pacientes con VIPoma resistente a los ARS.

PALABRAS CLAVE

VIPoma, tumor neuroendocrino pancreático, péptido intestinal vasoactivo, diarrea refractaria, glucocorticoides, análogos de somatostatina.

ABSTRACT

VIPoma is an extremely rare pancreatic neuroendocrine neoplasm characterized by the autonomous secretion of vasoactive intestinal peptide (VIP), which induces a massive secretory diarrhea. Although somatostatin receptor analogues (SSAs) are the first-line therapy for symptomatic control, the development of tachyphylaxis leads to refractory diarrhea associated with severe fluid, electrolyte, and hemodynamic compromise. We present the case of a 78-year-old male with a metastatic VIPoma who developed resistance to SSAs, experiencing refractory watery diarrhea (>10 bowel movements/day) with severe hypokalemia and metabolic acidosis. Given the failure of supportive management, systemic treatment with glucocorticoids (methylprednisolone) was initiated, resulting in early clinical and laboratory remission. This response is based on the ability of steroids to transcriptionally repress VIP synthesis at the neuroendocrine cellular level while simultaneously enhancing fluid and electrolyte absorption in the intestinal mucosa. We conclude that corticosteroid rescue therapy is a highly effective and necessary pharmacological strategy for the vital stabilization of patients with SSA-resistant VIPoma.

KEY WORDS

VIPoma, pancreatic neuroendocrine tumor, vasoactive intestinal peptide, refractory diarrhea, glucocorticoids, somatostatin analogues.

INTRODUCCIÓN

El VIPoma es una neoplasia neuroendocrina pancreática de muy baja incidencia, caracterizada por la secreción autónoma y descontrolada de péptido intestinal vasoactivo (VIP), responsable de inducir el clásico síndrome de Verner-Morrison o síndrome diarreogénico1,3.

Si bien los análogos de los receptores de la somatostatina (ARS) constituyen el tratamiento médico de primera línea para el control sintomático de esta patología4,5, el desarrollo de taquifilaxia y resistencia tumoral a medio y largo plazo representa un desafío clínico significativo5,6. Esta pérdida de eficacia terapéutica puede comprometer gravemente el estado hemodinámico del paciente, derivado de una deshidratación severa y de alteraciones hidroelectrolíticas profundas (fundamentalmente hipopotasemia y acidosis metabólica) secundarias a las pérdidas gastrointestinales5,7.

El objetivo de este artículo es presentar el caso clínico de un paciente con un VIPoma metastásico refractario a la terapia médica convencional, quien evidenció una rápida y favorable remisión sintomática tras la instauración de un tratamiento sistémico de rescate con glucocorticoides7. Asimismo, se expone una revisión actualizada sobre la base fisiopatológica de la diarrea secretora asociada a este tumor y el papel de las alternativas terapéuticas farmacológicas en el escenario de resistencia a los ARS6,7.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Varón de 78 años que consultó en Atención Primaria por un síndrome constitucional caracterizado por una pérdida ponderal involuntaria de 5 kg y un cuadro clínico de tres meses de evolución consistente en diarrea crónica (cuatro deposiciones acuosas diarias sin productos patológicos). Ante la persistencia de la sintomatología, se solicitó una tomografía computarizada (TC) toracoabdominal.

La prueba de imagen objetivó una masa tumoral sólida, heterogénea y con áreas de necrosis central, localizada en el cuerpo pancreático, asociada a múltiples lesiones compatibles con diseminación secundaria hepática. El estudio analítico reveló niveles séricos de péptido intestinal vasoactivo (VIP) marcadamente elevados. El análisis anatomopatológico de la biopsia confirmó una proliferación celular compatible con una neoplasia neuroendocrina bien diferenciada (G2) de páncreas en estadio IV, estableciéndose el diagnóstico clínico definitivo de VIPoma.

Evolución Clínica y Abordaje Terapéutico Inicialmente, se instauró tratamiento médico orientado al control del síndrome hipersecretor mediante análogos de los receptores de la somatostatina (ARS) de acción prolongada (120 mg cada 28 días), suplementados con octreotida subcutánea de rescate (100 mcg, tres veces al día) y terapia enzimática pancreática sustitutiva.

Tras una respuesta parcial inicial, el paciente experimentó a las pocas semanas una exacerbación severa y refractaria del cuadro, presentando más de diez deposiciones acuosas diarias que motivaron su ingreso hospitalario urgente. La evaluación analítica al ingreso objetivó un trastorno hidroelectrolítico y ácido-base severo, destacando una hipopotasemia grave y acidosis metabólica secundarias a las pérdidas digestivas. Durante los primeros días de hospitalización, el manejo de soporte intravenoso y el empleo de fármacos antidiarreicos convencionales resultaron ineficaces.

Ante la refractariedad clínica y fundamentando la decisión en la evidencia reportada en la literatura sobre el manejo del VIPoma resistente a los ARS7, se indicó el inicio de tratamiento corticoideo sistémico. Se administró un bolo inicial de hidrocortisona intravenosa, seguido de una pauta de mantenimiento con metilprednisolona (40 mg/día). La respuesta clínica fue altamente favorable, objetivándose una remisión precoz de la diarrea y la consiguiente normalización de los parámetros analíticos. La dependencia fisiológica a los glucocorticoides para el control del síndrome hipersecretor quedó constatada al evidenciarse una rápida recidiva de la sintomatología diarreica durante el intento de reducción progresiva (tapering) de la dosis de metilprednisolona.

 

DISCUSIÓN

1. El VIPoma: Una Neoplasia Extraordinariamente Infrecuente Dentro del espectro de los tumores neuroendocrinos (TNE), las neoplasias pancreáticas funcionantes constituyen una entidad clínica excepcionalmente infrecuente8,9. Entre ellas, el VIPoma se distingue no tanto por la agresividad locorregional de la masa primaria, sino por el severo impacto sistémico derivado de su producto de secreción5. Con una incidencia anual estimada en 1 caso por cada 10 millones de habitantes10, su diagnóstico es excepcional en la práctica clínica habitual. Esta patología fue descrita inicialmente en 1958 por Verner y Morrison1. En la actualidad, el cuadro clínico subyacente se denomina Síndrome de Verner-Morrison o síndrome WDHA (por sus siglas en inglés: diarrea acuosa, hipopotasemia y aclorhidria)1,2. Dada la inespecificidad de síntomas iniciales como la diarrea crónica, el diagnóstico con frecuencia se retrasa, confundiéndose con trastornos funcionales o procesos inflamatorios crónicos hasta que el volumen de las pérdidas o el hallazgo incidental de una masa pancreática orientan la sospecha clínica2. Consecuentemente, más del 60% de los pacientes, como en el caso presentado, evidencian diseminación metastásica, predominantemente hepática, en el momento de la confirmación diagnóstica2,10.

2. Fisiopatología de la Diarrea Mediada por VIP Para dilucidar la refractariedad clínica y la racionalidad del tratamiento de rescate, resulta fundamental analizar la biología molecular del péptido intestinal vasoactivo (VIP). Fisiológicamente, este neuropéptido de 28 aminoácidos ejerce la función de neurotransmisor inhibitorio en los plexos mientérico y submucoso del tracto gastrointestinal, modulando la relajación del músculo liso y estimulando la secreción hidroelectrolítica6. La secreción autónoma y descontrolada por parte del tejido tumoral induce una marcada elevación sérica del VIP9. Este péptido circulante interactúa con receptores específicos acoplados a proteínas G (VPAC1 y VPAC2), localizados en la membrana basolateral de los enterocitos intestinales y colónicos9.

Dicha interacción desencadena una hiperactivación del adenilato ciclasa, lo que resulta en un incremento masivo del AMP cíclico (AMPc) intracelular6. El exceso de AMPc altera drásticamente el transporte iónico epitelial mediante dos vías principales: la activación de los canales de cloro CFTR en la membrana apical, que induce una secreción luminal masiva de cloruro, y la inhibición concomitante de la absorción neutra de cloruro sódico 5,9. Para mantener el equilibrio osmótico, el agua y el potasio difunden pasivamente hacia el lumen intestinal. Este mecanismo genera una diarrea de perfil puramente secretor, caracterizada por un elevado volumen y alto contenido electrolítico5,6.

Adicionalmente, el VIP inhibe la secreción de ácido gástrico (determinando la aclorhidria) y estimula tanto la resorción ósea como la glucogenólisis, lo que justifica la hipercalcemia y la hiperglucemia ocasionalmente asociadas a este síndrome6,9.

3. El Desafío Terapéutico: Mecanismos de Resistencia a los Análogos de la Somatostatina La terapia farmacológica de primera línea en el manejo del VIPoma se fundamenta en los análogos de los receptores de la somatostatina (ARS), tales como la octreotida y la lanreotida4. Su eficacia radica en que la gran mayoría de los TNE bien diferenciados sobreexpresan receptores de somatostatina (principalmente los subtipos sst2 y sst5)4,5. La unión del ARS a estos receptores inhibe de forma directa la síntesis y liberación de VIP por el tejido tumoral. Clínicamente, el inicio de esta terapia induce una remisión precoz de la diarrea en el 80-90% de los pacientes5.

No obstante, el principal factor limitante a medio y largo plazo es el desarrollo de taquifilaxia6. Tal y como ilustra el presente caso clínico, la exposición continua a ARS exógenos induce adaptaciones en las células neuroendocrinas. El tumor desarrolla resistencia principalmente a través de un mecanismo de regulación a la baja (down-regulation), que implica la internalización y degradación de sus receptores de superficie, o mediante la selección y expansión clonal de subpoblaciones celulares carentes de expresión de dichos receptores 6,8. En consecuencia, se reanuda la hipersecreción de VIP, precipitando una recidiva del cuadro diarreico que suele presentarse con mayor gravedad y refractariedad5. Ante esta eventualidad, el escalado de dosis de ARS carece de beneficio clínico y los fármacos antidiarreicos de acción periférica (como la loperamida o la codeína) resultan completamente ineficaces debido al origen sistémico y puramente secretor del proceso5,7.

4. El Rol del Tratamiento Corticoideo Sistémico en la Enfermedad Refractaria En el contexto de una diarrea refractaria, que conlleva un riesgo inminente de fracaso renal agudo y colapso hemodinámico por depleción severa de volumen, los glucocorticoides sistémicos emergen como una estrategia de rescate fundamental7. Previo al desarrollo farmacológico de los ARS en la década de los ochenta, los esteroides constituían, junto con la fluidoterapia, el pilar médico exclusivo para el manejo del síndrome de Verner-Morrison7. La favorable y rápida respuesta a la metilprednisolona objetivada en el paciente presentado se sustenta en un mecanismo de acción fisiológico bimodal:

  • Acción antisecretora tumoral: A nivel celular neuroendocrino, los glucocorticoides interactúan con receptores nucleares para reprimir la transcripción del gen del VIP7. Esta vía permite reducir de manera significativa los niveles circulantes del péptido, manteniendo su eficacia incluso en subpoblaciones celulares que han perdido la sensibilidad a la somatostatina7.
  • Efecto proabsortivo intestinal: En la mucosa entérica, los esteroides incrementan tanto la expresión como la actividad de la bomba Na+/K+ ATPasa en la membrana basolateral, y potencian la función de los canales de sodio apicales7,9. Este marcado estímulo absortivo logra contrarrestar el eflujo hídrico mediado por el AMPc, favoreciendo una reabsorción neta de fluidos que compensa la secreción patológica inducida por el VIP7.

 

La exacerbación sintomática observada durante el intento de reducción (tapering) de la metilprednisolona corrobora la dependencia fisiológica del paciente al fármaco, confirmando que la homeostasis hidroelectrolítica se mantenía condicionada por la sostenida modulación corticoidea sobre ambos ejes, el tumoral y el entérico7.

CONCLUSIONES

El abordaje terapéutico del VIPoma metastásico exige una perspectiva clínica dual que integre, de forma simultánea, el control oncológico de la masa neoplásica y el manejo estricto de su agresivo síndrome hipersecretor. En el contexto fisiopatológico de la taquifilaxia tumoral a los análogos de la somatostatina, el rescate farmacológico con glucocorticoides sistémicos a dosis intermedias o altas se consolida como una estrategia terapéutica de primer orden. Su rápida acción antisecretora bimodal —mediada por la represión genómica del péptido a nivel tumoral y el marcado estímulo proabsortivo a nivel entérico— permite revertir la refractariedad diarreica. La instauración precoz de esta terapia garantiza la estabilización hidroelectrolítica y hemodinámica del paciente, erigiéndose como una maniobra clínica indispensable para mitigar el riesgo vital y permitir la planificación de líneas de tratamiento antineoplásico subsecuentes.

 

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