AUTORES
- Carlota Corthay Aznárez. Enfermera, Hospital Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Andrea Güell Cardeñosa. Enfermera, Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Marina Gutiérrez Modrego. Enfermera, Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Adriana Hidalgo Machado. Enfermera, Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Victoria Alcaine Omedas. Enfermera, Hospital Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Lucía Bello Murillo. Enfermera, Hospital Miguel Servet, Zaragoza. España.
RESUMEN
La enfermedad de Crohn, junto a la colitis ulcerosa, es una enfermedad inflamatoria que afecta al tubo digestivo en su totalidad, aunque existe una mayor frecuencia en el tracto intestinal, destacando el íleon y el colon1,2, y cuya etiología hasta el momento es desconocida, pero en la que se valoran ciertos aspectos que pueden ser los causantes de la misma3,4.
No necesariamente se mantiene activa desde su aparición, sino que pueden diferenciarse periodos en los que se encuentra más presente y periodos en los que permanece inactiva o en menor intensidad1. Su afección y sintomatología se distribuye por todo el organismo, por lo que existen numerosos signos que pueden confirmar la existencia de EC, entre los que destacan dolor abdominal, pérdida de peso y fiebre1,5.
Su diagnóstico se lleva a cabo a través de pruebas bioquímicas y clínicas y respecto al tratamiento, se han desarrollado diferentes terapias centradas específicamente en cada paciente y en el momento evolutivo en el que se encuentra la enfermedad6,7.
Durante las últimas cinco décadas se ha observado que la enfermedad de Crohn ha sufrido un gran aumento en su prevalencia e incidencia a nivel global, de manera que, aunque su aparición sea inevitable, se pueden llevar a cabo medidas relacionadas con la alimentación o centradas en el bienestar tanto psicológico como físico del individuo, para ayudar a prevenir su aparición y como consecuencia, promocionar la salud6.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad de Crohn, enfermedad inflamatoria intestinal, colitis ulcerosa.
ABSTRACT
Crohn’s disease, along with ulcerative colitis, is an inflammatory disease that affects the digestive tract as a whole, although there is a greater frequency in the intestinal tract, highlighting the ileum and colon1,2, whose etiology is so far unknown, but in which certain aspects that may be causing it are valued3,4.
It is not necessarily active from its inception, but periods in which it is most present and periods in which it remains inactive or lower intensity can be differentiated1. The condition and symptomatology is distributed throughout the body, so there are numerous signs that can confirm the existence of Crohn’s disease, including abdominal pain, weight-loss and fever1,5.
Its diagnosis is carried out through biochemical and clinical testing and regarding treatment, different therapies have been developed focusing especially on each patient and on the evolutionary moment in which the disease is located6,7.
Over the past five decades it has been observed that Crohn’s disease has undergone a large increase in its prevalence and incidence globally, so that, although its onset is inevitable, measures related to food or focused on the psychological and physical well-being of the individual can be carried out, to help prevent its onset and as a consequence, promote health6.
KEY WORDS
Crohn ‘s disease, inflammatory bowel disease, colitis ulcerative.
DESARROLLO DEL TEMA
La causa exacta de la enfermedad de Crohn es desconocida, pero actualmente se piensa que se origina a partir de una interacción entre la disposición genética, los factores ambientales y a cambios en la microbiota intestinal2,4.
En cuanto, a la predisposición genética, se ha descubierto que hay una mayor predisposición a padecer dicha enfermedad en la comunidad judía. Según diversos estudios, la homocigosidad en el gen NOD2 aumenta de 20 a 40 veces el riesgo de padecer la enfermedad de Crohn4,5.
Por otra parte, entre los factores ambientales que aumentan la probabilidad de padecer dicha enfermedad se encuentran el tabaquismo, el consumo de anticonceptivos orales, uso frecuente de antiinflamatorios no esteroideos (AINES), uso frecuente de antibióticos, una dieta poco equilibrada, falta de vitamina D y la exposición a un entorno ambiental contaminado4.
Respecto a la microbiota intestinal, en el sistema digestivo se encuentran una gran cantidad de bacterias que están relacionadas con diversas funciones que involucran al sistema inmune. Por lo que otra de las posibles causas del desarrollo de esta enfermedad son las respuestas inapropiadas del organismo a la microbiota intestinal, a los organismos patógenos o a ambos5; así pues, se podría considerar la enfermedad de Crohn como una enfermedad autoinmune.
CLÍNICA:
Los síntomas más frecuentes que podemos detectar en el tramo intestinal engloba dolor abdominal (siendo éste el más detectado en pacientes, hasta en un 75% de ellos), sangrado en las heces, náuseas y hemorragias rectales1,6. No obstante, pueden identificarse otro tipo de síntomas que indiquen la presencia de la enfermedad.
Aquellos síntomas como fiebre, pérdida de peso, diarrea y fatiga son los más comunes. Además, pueden aparecer ciertas complicaciones que pueden derivar en nuevas patologías. Las más comunes son la enfermedad perianal, que se caracteriza por fisuras, fístulas o abscesos y la estenosis, la cual se produce por la excesiva secreción de los componentes de la matriz extracelular (MEC) que puede dar lugar a una obstrucción intestinal7.
DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico de la enfermedad de Crohn puede ser complicado y tardío ya que la inflamación puede localizarse en cualquier punto del tubo digestivo y presentar una clínica inespecífica6 y atribuible a otras enfermedades. Para ello, se realizan una serie de pruebas que se basan en datos clínicos, endoscópicos, de laboratorio e imagenológicos:
- Anamnesis y observación de la historia clínica: En primer lugar, el médico debe informarse acerca de los síntomas que presenta el paciente, así como la frecuencia y aparición de estos. También, debe conseguir información acerca de antecedentes familiares de EII, viajes recientes6, toma frecuente de Antiinflamatorios No Esteroideos (AINES) e infecciones previas.
- Exploración física: El especialista revisará el estado general del paciente comprobando las constantes vitales y realizando una palpación de abdomen.
Tras la sospecha clínica de EC, se pueden pedir distintas pruebas para confirmar o descartar la patología, entre las que se encuentran:
- Pruebas de laboratorio:
- Análisis serológico: Medición de marcadores de inflamación (velocidad de sedimentación globular y proteína C reactiva) así como, anticuerpos anti – saccharomyces cerevisae (ASCA) propios de la EC y anticuerpos anticitoplasma de neutrófilos (ANCA)7 presentes en la colitis ulcerosa.
- Examen coprológico: Se busca el marcador fecal Calprolectina, que indica si existe una inflamación en el intestino. Con esta prueba se consigue el diagnóstico diferencial entre la EII y el Síndrome del intestino irritable (SII)7.
- Colonoscopia con ileoscopia: La exploración completa de colon e íleon terminal es uno de los pilares básicos en el diagnóstico y seguimiento de la enfermedad6,7.
- Anatomía Patológica: Se obtienen biopsias múltiples de 6 segmentos (íleo terminal, ascendente, transverso y colon descendente, sigmoideo y recto). Histológicamente la EC presenta una serie de características específicas que la diferencia de la colitis ulcerosa (CU)6.
- Pruebas de imagen: No confirman el diagnóstico, pero ayudan a determinar la extensión de la zona afectada. Son la Ecografía, el TAC, la Resonancia Magnética y la radiografía6.
TRATAMIENTO:
El tratamiento de dicha enfermedad se centra más en el control de los síntomas, en la mejora de la calidad de vida y en mantener la remisión de la enfermedad que en la cura, ya que la causa de la enfermedad de Crohn es desconocida8,9.
El tratamiento de la enfermedad de Crohn es muy diverso y específico para cada paciente y en función de la época de desarrollo de la enfermedad, yendo desde terapia con medicamentos a la cirugía pasando por una terapia nutricional específica.
El tratamiento farmacológico utiliza cuatro grupos de fármacos:
- Tratamiento con glucocorticosteroides: suprimen la producción de un gran número de proteínas proinflamatorias como la interleucina, interferón, factor de necrosis tumoral, prostaglandinas y leucotrienos entre otras. También pueden inhibir la síntesis de proteínas en la postraducción modificando la estabilidad del ARN mensajero. El problema de este tratamiento que preocupa tanto a médicos como a pacientes son los posibles efectos adversos o secundarios a largo plazo por lo que se intenta minimizar su uso8.
- Inmunosupresores, azatioprina y mercaptopurina: se han utilizado durante mucho tiempo para la prevención de recaídas, pero actualmente se cuestiona su utilidad debido a los efectos secundarios a corto y largo plazo que producen. La mercaptopurina y la azatioprina son análogos de la purina que inhiben el crecimiento celular ya que interviene directamente en la síntesis de ácidos nucleicos. El metotrexato se investiga como un nuevo inmunosupresor como alternativa a los citados anteriormente9.
- Tratamiento de la sulfasalazina, el 5-aminosalicilato original (5-ASA): fue probablemente el primer fármaco de diseño de la historia9.
- Tratamiento biológico: como infliximab y adalimumab9,10.
Tratamiento no farmacológico:
- Dieta: Tiene una importancia vital ya que es el único tratamiento que no produce efectos secundarios y se puede utilizar como método de sustitución ante la terapia con glucocorticoesteroides6,8.
- Cirugía: Tiene como finalidad la eliminación del tejido inflamado que no responde a la terapia médica y tratar la obstrucción asociada a dicha enfermedad. La enfermedad puede evolucionar hacia una perforación lenta de la pared intestinal que produce serias complicaciones (como la formación de abscesos locales). Sin embargo, los pacientes que se someten a una cirugía pueden tener recaídas y continúan en riesgo para desarrollar una enfermedad recurrente. Las tasas de segunda cirugía en pacientes con la enfermedad de Crohn fueron del 33% a los cinco años y del 44% a los diez años después de la primera intervención8,10.
CONCLUSIONES
La enfermedad de Crohn es una patología inflamatoria crónica del tracto digestivo cuya etiología aún no ha sido completamente esclarecida, aunque se reconoce la influencia de factores genéticos, ambientales y alteraciones en la microbiota intestinal2,4,5. Su carácter autoinmune y su comportamiento clínico variable, con períodos de actividad y remisión, dificultan tanto su diagnóstico como su manejo.
El abordaje diagnóstico requiere una combinación de pruebas clínicas, analíticas, endoscópicas e imagenológicas que permitan una detección precisa y una diferenciación adecuada con otras enfermedades gastrointestinales. En cuanto al tratamiento, no existe una cura definitiva6; sin embargo, se dispone de múltiples alternativas terapéuticas, tanto farmacológicas como no farmacológicas, que se adaptan a las características individuales de cada paciente y al estadio de la enfermedad8,9.
En las últimas décadas, la prevalencia de la enfermedad de Crohn ha aumentado considerablemente, lo que pone de manifiesto la necesidad de estrategias preventivas y de promoción de la salud, basadas en hábitos alimentarios saludables y el cuidado del bienestar físico y mental. La personalización del tratamiento y la educación sanitaria del paciente son fundamentales para mejorar la calidad de vida y minimizar las complicaciones a largo plazo3,6.
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