Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.32.87.001
AUTORES
- Irene Carceller Ramírez. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Carla Álvarez Conde. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Raúl Calvera Rábanos. Enfermero, Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza. España.
- Elena Arquillué Familiar. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Carlota Clemente Ansón. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
RESUMEN
La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta principalmente el control motor, aunque también produce manifestaciones no motoras significativas. Es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común después del Alzheimer. Este artículo aborda de forma integral la fisiopatología, sintomatología, diagnóstico, tratamiento y el rol crucial que desempeña el personal de enfermería. Asimismo, se analiza la importancia de un enfoque interdisciplinario y el papel del cuidador, incluyendo aspectos de apoyo psicosocial, terapias no farmacológicas y asociaciones de pacientes. La intervención enfermera es clave en la educación sanitaria, adherencia terapéutica y calidad de vida del paciente con EP.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad de Parkinson, atención de enfermería, terapéutica, diagnóstico, atención al paciente, terapias complementarias.
ABSTRACT
Parkinson’s disease (PD) is a progressive neurodegenerative disorder that primarily affects motor control, but also causes significant non-motor symptoms. It is the second most common neurodegenerative disease after Alzheimer’s. This article provides a comprehensive review of the pathophysiology, symptomatology, diagnosis, treatment, and the critical role of nursing care. Additionally, it emphasizes the importance of an interdisciplinary approach and the role of the caregiver, including psychosocial support, non-pharmacological therapies, and patient associations. Nursing interventions are essential for health education, therapeutic adherence, and improving the quality of life for people with PD.
KEY WORDS
Parkinson disease, nursing care, therapeutics, diagnosis, patient care, complementary therapies.
DESARROLLO DEL TEMA
La enfermedad de Parkinson (EP) es una afección neurodegenerativa que afecta el sistema nervioso central y tiene una evolución progresiva y crónica. Fue descrita por primera vez en 1817 por James Parkinson y es actualmente el segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente tras la enfermedad de Alzheimer1. Se caracteriza por una degeneración de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra del cerebro, lo que provoca una disminución de dopamina y afecta directamente al control del movimiento. La EP tiene un impacto significativo en la calidad de vida del paciente, así como en su entorno familiar y social, y requiere un abordaje multidisciplinario en el que la enfermería desempeña un papel esencial2.
FISIOPATOLOGÍA Y SÍNTOMAS:
La fisiopatología de la EP se basa en la pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, lo que provoca una disfunción de los ganglios basales, estructuras clave en el control del movimiento. Esta alteración se manifiesta en una serie de síntomas motores clásicos: temblor en reposo, rigidez muscular, bradicinesia (lentitud en los movimientos) e inestabilidad postural. Además, existen múltiples síntomas no motores como alteraciones del sueño, trastornos autonómicos, deterioro cognitivo, trastornos afectivos y dolor crónico3,4. Estos síntomas no motores pueden preceder a los motores y afectar gravemente la funcionalidad del paciente.
DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson es clínico, basado en la anamnesis, los signos observados y la respuesta al tratamiento con levodopa. Aunque no existen pruebas específicas, se pueden emplear estudios de imagen como la resonancia magnética o el PET con F-dopa para descartar otras patologías o parkinsonismos atípicos5. Las escalas de evaluación como Hoehn y Yahr permiten clasificar el grado de afectación del paciente, lo que facilita la planificación del tratamiento y seguimiento6,7.
El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson (EP) es eminentemente clínico, basado en la observación de síntomas motores característicos como el temblor en reposo, la bradicinesia, la rigidez y la inestabilidad postural. Sin embargo, en muchos casos es necesario realizar un diagnóstico diferencial con otras enfermedades que presentan síntomas similares, como los parkinsonismos atípicos (atrofia multisistémica, parálisis supranuclear progresiva, degeneración corticobasal) y los parkinsonismos secundarios (causados por fármacos, lesiones vasculares, o intoxicaciones)3,5.
En este contexto, las pruebas de imagen, aunque no son diagnósticas por sí mismas, ayudan a excluir otras causas. La resonancia magnética (RM) es útil para descartar tumores, accidentes cerebrovasculares u otras patologías estructurales. En casos seleccionados, se recurre a técnicas funcionales como el PET con F-dopa o el SPECT con DaTSCAN, que permiten visualizar la captación de dopamina en los ganglios basales y confirmar la afectación dopaminérgica característica de la EP5.
Además, existen herramientas clínicas como la Escala Unificada para la Evaluación de la Enfermedad de Parkinson (UPDRS), que permite valorar de forma detallada los síntomas motores, no motores y el impacto en las actividades de la vida diaria. Esta escala es muy útil tanto para el diagnóstico como para el seguimiento evolutivo de la enfermedad.
En la práctica clínica, también se aplica la prueba terapéutica con levodopa, administrando el fármaco para observar si se produce una mejoría significativa de los síntomas. Una respuesta positiva apoya el diagnóstico de EP idiopática7.
Finalmente, el diagnóstico precoz puede beneficiarse del reconocimiento de síntomas no motores iniciales, como la pérdida del olfato (anosmia), estreñimiento crónico, trastornos del sueño REM y síntomas depresivos, que pueden preceder a los síntomas motores en varios años4.
TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO:
El tratamiento principal de la EP es farmacológico y se basa en el uso de levodopa, que es el fármaco más eficaz para controlar los síntomas motores. Suele administrarse combinada con carbidopa para mejorar su biodisponibilidad y reducir efectos adversos. Otros fármacos empleados incluyen agonistas dopaminérgicos (pramipexol, ropinirol), inhibidores de la MAO-B (selegilina, rasagilina), amantadina y anticolinérgicos en casos seleccionados 7. En etapas avanzadas, se pueden emplear inhibidores de la COMT como entacapona para prolongar el efecto de la levodopa.
El tratamiento farmacológico de la EP debe individualizarse según el estadio clínico y las características del paciente. En pacientes mayores con síntomas incapacitantes, la levodopa sigue siendo el fármaco de elección, ya que proporciona un alivio sintomático rápido y eficaz. No obstante, su uso prolongado puede producir fluctuaciones motoras y discinesias. En pacientes más jóvenes, se prefieren inicialmente agonistas dopaminérgicos para retrasar la aparición de estos efectos adversos. El tratamiento debe complementarse con un seguimiento estrecho y ajustes regulares, teniendo en cuenta tanto los síntomas motores como los no motores, para lograr una mejor calidad de vida7.
TRATAMIENTO NO FARMACOLÓGICO:
Las terapias no farmacológicas son fundamentales en el manejo integral de la EP. Entre ellas se encuentran la fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, nutrición, psicología y trabajo social. La fisioterapia mejora la movilidad y el equilibrio, mientras que la terapia ocupacional promueve la autonomía del paciente. La logopedia interviene en los trastornos del habla y la deglución, frecuentes en fases avanzadas 8. Además, el abordaje psicológico ayuda en la adaptación emocional a la enfermedad y en el tratamiento de síntomas como la depresión y la ansiedad.
ROL DE LA ENFERMERÍA:
El personal de enfermería tiene un rol fundamental en el acompañamiento del paciente con EP. Desde el momento del diagnóstico, la enfermería contribuye a la educación sanitaria, la promoción del autocuidado, la adherencia terapéutica y la prevención de complicaciones. Además, realiza valoraciones clínicas, utiliza escalas específicas y colabora con otros profesionales de salud en el diseño de planes de cuidados individualizados9. En fases avanzadas, la enfermería se encarga del manejo de la medicación, la prevención de caídas, la atención a la disfagia y el apoyo a cuidadores10.
EL CUIDADOR Y EL APOYO SOCIAL:
La figura del cuidador adquiere especial relevancia en la evolución de la EP. Es esencial que el cuidador esté formado e informado para evitar la sobrecarga física y emocional. El personal de enfermería debe detectar signos de agotamiento, proporcionar estrategias de afrontamiento y derivar a recursos de apoyo como asociaciones de pacientes10. En España, existen múltiples asociaciones que brindan terapias de rehabilitación, grupos de ayuda mutua y asesoramiento legal y social para pacientes y familiares.
CONCLUSIONES
La enfermedad de Parkinson es una patología compleja que requiere una atención integral y personalizada. El tratamiento no se limita al abordaje farmacológico, sino que debe contemplar intervenciones no farmacológicas y un soporte continuo al paciente y su entorno. La enfermería desempeña un papel central en este proceso, actuando como guía, educadora, cuidadora y apoyo emocional. Promover una atención multidisciplinaria centrada en la persona es clave para mejorar la calidad de vida de quienes viven con esta enfermedad.
BIBLIOGRAFÍA
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