- Alejandro Hernández González. Enfermero, Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Ariadna García Domínguez. Enfermera, Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Daniel Martínez Laborda. Enfermero, Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza. España.
- Laura Ruiz Sánchez. Enfermera, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Verónica Oviedo Ortega. Enfermera, Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza. España.
- Selena Pauliuc. Enfermera, Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet, Zaragoza. España.
RESUMEN
La Enfermedad de Ritter, también conocida como Síndrome de la Piel Escaldada Estafilocócica, es una dermatosis aguda grave causada por la acción de exotoxinas producidas por cepas de Staphylococcus aureus. Esta afección se presenta principalmente en recién nacidos, lactantes y niñas y niños pequeños, aunque también puede afectar a personas adultas inmunocomprometidas o con insuficiencia renal. Se trata de una patología infecciosa de conocimiento necesario en pediatría de carácter grave, pero con tratamiento efectivo. En este artículo se aborda de forma monográfica la fisiopatología, manifestaciones clínicas, diagnóstico, tratamiento y cuidados de Enfermería, con especial énfasis en la detección precoz y la atención humanizada.
PALABRAS CLAVE
Síndrome estafilocócico de la piel escaldada, staphylococcus aureus, atención de enfermería, infecciones cutáneas estafilocócicas, pediatría.
ABSTRACT
Ritter disease, also known as Staphylococcal Scalded Skin Syndrome, is a severe acute dermatosis caused by exotoxins produced by certain strains of Staphylococcus aureus. This condition primarily affects newborns, infants, and young children, although it can also occur in immunocompromised adults. This article presents a monographic analysis of the pathophysiology, clinical manifestations, diagnosis, treatment, and nursing care related to the disease, with a particular emphasis on early detection and humanized care.
KEY WORDS
Staphylococcal scalded skin syndrome, staphylococcus aureus, nursing care, staphylococcal skin infections, pediatrics.
DESARROLLO DEL TEMA
El Síndrome de la Piel Escaldada Estafilocócica (SPEE), también denominado Enfermedad de Ritter, fue descrito inicialmente por el médico austriaco Karl Ritter en el siglo XIX. Se caracteriza por la aparición abrupta de eritema generalizado, ampollas y descamación de la epidermis, simulando una quemadura. La causa fundamental es una infección por Staphylococcus aureus productor de toxinas exfoliativas, que actúan sobre la desmogleína-1, una proteína clave en la adhesión intercelular de la piel. Esta enfermedad requiere una intervención temprana y coordinada del equipo interdisciplinario, en la que el personal de Enfermería cumple un rol esencial1,2.
Staphylococcus aureus es un coco Gram positivo perteneciente a la familia Staphylococcaceae, que se dispone típicamente en racimos bajo el microscopio. Se trata de un microorganismo ubicuo que puede encontrarse en superficies ambientales, en el polvo, en la piel humana y en mucosas, particularmente en la región nasofaríngea, siendo el vestíbulo nasal uno de los principales reservorios. La colonización por S. aureus es frecuente: se estima que entre un 20 % y 35 % de la población general son portadores persistentes, mientras que otro porcentaje similar presenta una colonización intermitente, lo que favorece su diseminación comunitaria y nosocomial. En estos individuos, la presencia del microorganismo suele ser asintomática y no conlleva patogenicidad inmediata, pero constituye una fuente importante de transmisión hacia personas susceptibles1,3.
La vía de transmisión predominante es la aérea, mediante microgotas expulsadas al hablar, toser o estornudar, que pueden depositarse en superficies inanimadas y posteriormente transferirse por contacto indirecto. Adicionalmente, la transmisión por contacto directo piel a piel es relevante, especialmente en entornos hospitalarios y comunitarios con hacinamiento o deficiencias higiénicas. Los factores que facilitan la infección incluyen la existencia de soluciones de continuidad en la piel, la inmunosupresión, la presencia de dispositivos invasivos (catéteres, sondas) y la inmadurez del sistema inmune en neonatos1,3.
En recién nacidos, la colonización bacteriana comienza generalmente a los pocos días de vida, cuando entran en contacto con el entorno extrauterino y los cuidadores. Se ha documentado que a partir del sexto día posparto puede observarse la colonización cutánea y mucosa por patógenos como S. aureus. Esto reviste especial importancia porque los neonatos representan la población más vulnerable a determinadas infecciones graves asociadas a este microorganismo, entre ellas el síndrome de la piel escaldada estafilocócica (SPEE), del cual hasta un 80 % de los casos se produce en lactantes menores de cinco años, siendo los recién nacidos los más afectados. La transmisión hacia estos pacientes suele provenir de adultos colonizados, en particular personal sanitario o familiares portadores nasales asintomáticos, lo que explica la alta prevalencia de casos en el ámbito hospitalario. La susceptibilidad neonatal se debe a múltiples factores: sistema inmune aún en desarrollo, menor capacidad de producir anticuerpos neutralizantes frente a las toxinas exfoliativas de S. aureus y una piel más delgada y frágil que facilita la diseminación de la infección. Por estas razones, el control epidemiológico y la implementación de medidas de higiene estrictas (lavado de manos, uso de mascarillas y aislamiento de casos) son esenciales para reducir la transmisión de S. aureus en unidades neonatales y prevenir brotes de SPEE1,3.
La literatura revisada indica que el Síndrome de la Piel Escaldada Estafilocócica (SPEE) afecta predominantemente a niñas y niños menores de cinco años debido a la inmadurez de su sistema inmunológico y la insuficiencia en la capacidad renal para eliminar las toxinas exfoliativas producidas por Staphylococcus aureus. Esta misma razón explica por qué las personas adultas inmunodeprimidas, como aquellas con VIH, en tratamiento inmunosupresor o con insuficiencia renal crónica, también constituyen grupos de riesgo significativos. El inicio clínico incluye fiebre, irritabilidad, sensibilidad cutánea y eritema difuso que suele comenzar en cara, cuello o áreas de pliegues como axilas e ingles, y se extiende rápidamente. La piel se vuelve frágil y se desprende fácilmente ante una presión o fricción leve, lo que deja al descubierto una superficie eritematosa, húmeda y dolorosa, característica de un signo de Nikolsky positivo. Estas lesiones, similares a quemaduras de segundo grado, no suelen afectar a las mucosas, lo cual es un dato diferencial frente a otras dermatosis ampollosas como el síndrome de Stevens-Johnson1,2,4-6.
Para el diagnóstico, además de la evaluación clínica, se recomienda la obtención de muestras para cultivo de sangre, orina, exudados nasofaríngeos, garganta y lesiones cutáneas. En neonatos puede ser útil un frotis del cordón umbilical. Aunque el cultivo de las lesiones no suele detectar al Staphylococcus aureus en la piel afectada, su presencia en focos de infección primaria (como oído o nasofaringe) junto con los hallazgos clínicos es suficiente para confirmar el diagnóstico. El tratamiento debe iniciarse de forma inmediata con antibióticos antiestafilocócicos, preferentemente por vía intravenosa, como la cloxacilina, flucloxacilina o vancomicina en casos sospechosos de resistencia a meticilina (SARM). Una vez estabilizada la persona, se puede continuar con antibióticos orales durante 7 a 10 días, complementando el tratamiento con aporte adecuado de líquidos y electrolitos, control térmico, analgesia y medidas de soporte general. El papel del personal de Enfermería es esencial para el monitoreo constante de signos vitales, control del equilibrio hídrico, prevención de infecciones secundarias, y sobre todo, en el acompañamiento emocional de la persona y su familia, en un entorno humanizado y seguro1,2,4-6.
La Enfermedad de Ritter representa una urgencia dermatológica que requiere diagnóstico precoz y tratamiento intensivo. El abordaje debe ser integral, considerando no solo la estabilización física sino también el acompañamiento emocional a pacientes y familias. La formación continua del personal de Enfermería es crucial para identificar manifestaciones iniciales, garantizar la higiene de la piel y curas de heridas en mal estado, controlar el ambiente y minimizar riesgos. Además, es fundamental evitar el uso de sustancias irritantes y promover un ambiente térmicamente adecuado1,3,5,6.
CONCLUSIONES
La Enfermedad de Ritter es una patología infecciosa grave, que se produce en el paciente pediátrico fundamentalmente, sencilla de tratar si se reconoce y aborda a tiempo. Por ello, conocer la fisiopatología de la enfermedad es importante para el personal de Enfermería, cuyo papel es clave en el cuidado integral, destacándose en la monitorización continua, la prevención de complicaciones, el mantenimiento de la integridad cutánea y la humanización de la atención. La sensibilización sobre esta enfermedad y la actualización del conocimiento clínico contribuyen a mejorar el pronóstico y la calidad del cuidado.
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