Envejecimiento poblacional y cronicidad

17 octubre 2026

 

AUTORES

  1. Azucena Palomo Gracia. TCAE. Zaragoza. España.
  2. María Del Rosario Palomo Medina. TCAE. Zaragoza. España.
  3. Carmen María Ricón Freitas. TCAE. Zaragoza. España.
  4. Alba García Ginoves. TCAE. Zaragoza. España.
  5. Andreea Pantea. DUE. Zaragoza. España.
  6. María Dolores Azagra Sierra. TCAE. Zaragoza. España.

RESUMEN

El envejecimiento progresivo de la población constituye uno de los principales cambios demográficos de las últimas décadas y plantea nuevos desafíos para los sistemas sanitarios. El aumento de la esperanza de vida se acompaña de una mayor prevalencia de enfermedades crónicas, multimorbilidad, dependencia y síndromes geriátricos, generando necesidades asistenciales cada vez más complejas. En España, la población de 65 años o más representa actualmente el 21,1 % del total y las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística sitúan este porcentaje en el 30,9 % para 2076 si se mantienen las tendencias demográficas actuales. Esta transformación requiere adaptar la atención sanitaria hacia modelos integrales, preventivos y centrados en la persona, reforzando especialmente la continuidad de los cuidados, la educación sanitaria, la prevención de complicaciones y el apoyo a las personas cuidadoras. La valoración individualizada de las capacidades funcionales, el seguimiento de las enfermedades crónicas y la promoción del autocuidado adquieren especial relevancia ante una población cada vez más longeva y con mayor complejidad clínica.

PALABRAS CLAVE

Envejecimiento poblacional, enfermedades crónicas, multimorbilidad, cuidados sanitarios, dependencia.

ABSTRACT

The progressive ageing of the population is one of the main demographic changes of recent decades and represents a major challenge for healthcare systems. Increased life expectancy is accompanied by a higher prevalence of chronic diseases, multimorbidity, dependency and geriatric syndromes, resulting in increasingly complex healthcare needs. In Spain, people aged 65 years and older currently represent 21.1% of the total population, and projections from the Spanish National Statistics Institute estimate that this proportion could reach 30.9% by 2076 if current demographic trends continue. This demographic transformation requires healthcare systems to move towards comprehensive, preventive and person-centred models, with particular emphasis on continuity of care, health education, prevention of complications and support for caregivers. Individual assessment of functional capacity, chronic disease monitoring and promotion of self-care are increasingly important in an ageing population with growing clinical complexity.

KEY WORDS

Population ageing, chronic diseases, multimorbidity, healthcare, dependency.

DESARROLLO DEL TEMA

El envejecimiento poblacional es consecuencia de los avances producidos durante las últimas décadas en materia de salud pública, prevención de enfermedades, alimentación, condiciones de vida y asistencia sanitaria. El incremento de la esperanza de vida constituye un logro social, pero también implica una transformación profunda de las necesidades sanitarias de la población.

La Organización Mundial de la Salud señala que el número de personas de 60 años o más está aumentando rápidamente y que para 2050 alcanzará aproximadamente los 2.100 millones a nivel mundial. Además, el envejecimiento no se produce de manera uniforme y las personas mayores presentan importantes diferencias en cuanto a capacidad funcional, estado de salud, situación socioeconómica y necesidades de apoyo.

En España, este fenómeno adquiere especial relevancia. Según las proyecciones publicadas por el Instituto Nacional de Estadística en 2026, actualmente el 21,1 % de la población tiene 65 años o más, porcentaje que podría alcanzar el 30,9 % en 2076 si se mantienen las tendencias demográficas actuales.

El envejecimiento está estrechamente relacionado con el incremento de las enfermedades crónicas. Diabetes mellitus, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, artrosis, demencia y otras patologías de larga evolución son frecuentes en edades avanzadas. Además, muchas personas presentan simultáneamente varias enfermedades, situación conocida como multimorbilidad.

Este escenario obliga a replantear la organización de los servicios sanitarios. La atención centrada exclusivamente en episodios agudos resulta insuficiente para responder a las necesidades de una población que requiere seguimiento continuado, educación sanitaria, prevención de complicaciones y coordinación entre diferentes niveles asistenciales.

Envejecimiento poblacional y aumento de la cronicidad:

El envejecimiento y la cronicidad mantienen una relación estrecha, aunque no todas las personas mayores presentan enfermedades crónicas ni todas las personas con patologías crónicas son de edad avanzada. El proceso de envejecimiento incrementa la probabilidad de desarrollar determinadas enfermedades y de presentar simultáneamente varias condiciones de salud.

La Organización Mundial de la Salud identifica entre las afecciones frecuentes en edades avanzadas enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, artrosis, depresión y demencia. También señala la presencia de síndromes geriátricos como fragilidad, incontinencia urinaria, caídas, delirium y úlceras por presión1.

La combinación de varias enfermedades modifica de manera importante las necesidades asistenciales. Un paciente con hipertensión, diabetes, insuficiencia cardiaca y deterioro de la movilidad, por ejemplo, requiere un seguimiento diferente al de una persona que presenta una única enfermedad crónica estable.

La estrategia sanitaria debe orientarse, por tanto, a valorar globalmente a la persona y no únicamente cada diagnóstico de manera independiente. Esta perspectiva permite detectar factores de riesgo, prevenir complicaciones y establecer objetivos asistenciales adaptados a las características individuales.

El Ministerio de Sanidad reconoce precisamente la longevidad y el envejecimiento progresivo como factores relacionados con el aumento de la prevalencia de enfermedades crónicas y plantea la necesidad de avanzar hacia una atención integral, coordinada y centrada en las personas.

Multimorbilidad y complejidad asistencial:

La presencia simultánea de diferentes enfermedades crónicas representa uno de los principales retos derivados del envejecimiento poblacional. La multimorbilidad incrementa el número de tratamientos, consultas y pruebas necesarias y puede dificultar la coordinación entre los diferentes profesionales implicados.

La complejidad aumenta especialmente cuando se combina con deterioro cognitivo, dependencia funcional, alteraciones de la movilidad o dificultades sociales. En estas circunstancias, las necesidades del paciente superan con frecuencia el ámbito estrictamente sanitario y requieren la participación coordinada de servicios sociales, familiares y cuidadores.

La valoración integral permite identificar aspectos que podrían pasar desapercibidos cuando se analiza únicamente la enfermedad. La capacidad para realizar actividades básicas de la vida diaria, el estado nutricional, la movilidad, el riesgo de caídas, la situación cognitiva y el entorno familiar son elementos fundamentales para determinar las necesidades reales de cada persona2.

Este enfoque resulta especialmente importante para prevenir la pérdida de autonomía. Mantener la capacidad funcional durante el mayor tiempo posible debe constituir uno de los objetivos prioritarios de la atención a las personas mayores.

Importancia de la prevención y la educación sanitaria:

El aumento de la cronicidad hace necesario reforzar las intervenciones preventivas a lo largo de todo el ciclo vital. Una alimentación equilibrada, la realización de actividad física adaptada, el abandono del consumo de tabaco, la reducción del consumo de alcohol y el adecuado control de factores de riesgo cardiovascular pueden contribuir a disminuir la aparición o progresión de numerosas enfermedades.

La educación sanitaria adquiere especial relevancia en las personas con patologías crónicas. Conocer la enfermedad, reconocer signos de alarma, comprender correctamente la medicación y adquirir habilidades para el autocuidado favorece una mayor autonomía y puede reducir complicaciones evitables.

En este contexto, los profesionales encargados de los cuidados desempeñan una función fundamental mediante la educación individualizada y el seguimiento continuado. La información debe adaptarse al nivel de comprensión, capacidad cognitiva y situación sociocultural de cada persona.

No se trata únicamente de transmitir información, sino de comprobar que el paciente comprende las recomendaciones y puede incorporarlas a su vida cotidiana. Cuando existe deterioro cognitivo o dependencia, resulta igualmente necesario implicar a familiares y cuidadores.

La OMS señala que la promoción de la salud y la prevención a lo largo de la vida pueden reducir el riesgo de enfermedades crónicas y sus consecuencias, mientras que la detección y el tratamiento precoz resultan fundamentales para limitar su impacto.

Continuidad de los cuidados en las personas mayores:

La fragmentación asistencial constituye uno de los principales problemas cuando una persona presenta varias enfermedades crónicas. Las transiciones entre Atención Primaria, hospital, consultas especializadas, servicios de urgencias y recursos sociosanitarios pueden generar pérdidas de información y dificultades en el seguimiento.

La continuidad de los cuidados permite mantener una visión global de la evolución del paciente y facilita la detección precoz de cambios en su estado de salud.

El seguimiento periódico permite controlar parámetros clínicos, revisar tratamientos, detectar dificultades para cumplir las recomendaciones y valorar cambios en la capacidad funcional.

La comunicación entre los diferentes profesionales resulta esencial para evitar duplicidades, errores de medicación y actuaciones contradictorias. Una atención coordinada también facilita que el paciente y su familia conozcan quién es responsable de cada intervención y dónde deben acudir ante la aparición de nuevos problemas de salud.

La estrategia española de abordaje de la cronicidad plantea precisamente la necesidad de avanzar hacia modelos de atención integral y coordinada, adaptados a las necesidades de las personas con enfermedades crónicas y de quienes las cuidan.

Atención domiciliaria y cuidados de larga duración:

El envejecimiento poblacional hace necesario reforzar las alternativas asistenciales que permiten a las personas mayores permanecer en su entorno habitual el mayor tiempo posible. El domicilio constituye, en muchas ocasiones, el espacio donde la persona desarrolla su vida cotidiana mantiene sus vínculos familiares y sociales y conserva buena parte de su autonomía. Por ello, la atención sanitaria no debería limitarse a los centros asistenciales, sino adaptarse también a las necesidades que aparecen en el propio domicilio.

La atención domiciliaria adquiere especial importancia cuando existe pérdida de movilidad, dependencia funcional, deterioro cognitivo o dificultad para desplazarse a un centro sanitario. También resulta relevante en personas con enfermedades crónicas avanzadas que requieren seguimiento periódico, control de síntomas, apoyo en los cuidados y coordinación entre diferentes profesionales3.

La Organización Mundial de la Salud considera los cuidados de larga duración una parte esencial de la respuesta al envejecimiento, especialmente en aquellas personas que necesitan ayuda para desarrollar actividades de la vida diaria. Este tipo de atención debe integrar necesidades sanitarias, sociales y de apoyo, manteniendo como objetivo preservar la funcionalidad, la dignidad y la calidad de vida.

En este contexto, los profesionales que participan en la atención domiciliaria tienen un papel importante en la detección de cambios en el estado funcional de la persona. Una modificación en la capacidad para caminar, alimentarse, realizar la higiene personal o gestionar la medicación puede ser una señal de deterioro que requiera una valoración más amplia.

Además, la atención domiciliaria permite observar aspectos que pueden pasar desapercibidos durante una consulta convencional. Las características de la vivienda, la existencia de barreras arquitectónicas, la disponibilidad de apoyo familiar, las condiciones de higiene o las dificultades para seguir determinadas recomendaciones pueden condicionar directamente la evolución de una enfermedad crónica.

Por este motivo, el abordaje de la cronicidad debe incorporar progresivamente modelos que combinen atención presencial, seguimiento domiciliario y herramientas digitales cuando sean adecuadas. El objetivo no es sustituir el contacto personal, sino facilitar una atención más adaptada a las necesidades reales de cada persona.

Prevención de la dependencia y mantenimiento de la capacidad funcional:

Uno de los principales retos asociados al envejecimiento no consiste únicamente en aumentar los años de vida, sino en conseguir que estos años se desarrollen con la mayor autonomía posible. La aparición de enfermedades crónicas no implica necesariamente una pérdida inmediata de independencia, pero determinadas situaciones pueden acelerar el deterioro funcional si no se detectan y abordan de forma precoz.

La prevención de la dependencia debe comenzar antes de que aparezcan limitaciones importantes. La promoción de hábitos saludables, la actividad física adaptada, una alimentación adecuada, la prevención de caídas, el mantenimiento de las relaciones sociales y el seguimiento de las enfermedades crónicas forman parte de una estrategia global de envejecimiento saludable.

La OMS plantea precisamente la necesidad de orientar los sistemas sanitarios hacia el mantenimiento de la capacidad funcional y hacia intervenciones que permitan que las personas mayores continúen desarrollando actividades significativas en su entorno.

En las personas con enfermedades crónicas, resulta especialmente importante identificar cambios funcionales de forma temprana. Una persona que previamente realizaba de manera independiente sus actividades básicas y comienza a necesitar ayuda para vestirse, ducharse o desplazarse puede estar experimentando un deterioro que requiere valoración.

También deben vigilarse factores como la desnutrición, la deshidratación, las alteraciones de la marcha, las caídas, la pérdida de fuerza muscular, los problemas de visión o audición y las dificultades cognitivas. Muchos de estos factores pueden interactuar entre sí y aumentar progresivamente el grado de dependencia.

La prevención de caídas constituye otro aspecto fundamental. Una caída puede producir consecuencias físicas importantes, pero también generar miedo a volver a caminar, reducir la actividad física y favorecer el aislamiento. En una persona mayor con enfermedades crónicas, esta situación puede desencadenar un deterioro funcional progresivo4.

La educación sanitaria debe adaptarse a las características de cada persona. Las recomendaciones deben ser comprensibles, realistas y compatibles con su situación familiar y funcional. No resulta suficiente proporcionar información; es necesario comprobar que la persona comprende las indicaciones y que dispone de los recursos necesarios para llevarlas a cabo.

Seguridad del paciente y manejo de la medicación:

La polimedicación representa uno de los problemas más frecuentes en las personas mayores con múltiples enfermedades crónicas. El aumento del número de medicamentos puede ser necesario para controlar diferentes patologías, pero también incrementa la posibilidad de interacciones, efectos adversos, errores en las dosis y dificultades para cumplir correctamente el tratamiento.

La situación adquiere especial complejidad cuando existen varios profesionales implicados en la atención de una misma persona. Los cambios de tratamiento durante un ingreso hospitalario, una consulta especializada o una visita a urgencias deben quedar correctamente registrados y comunicados para evitar discrepancias.

La conciliación de la medicación constituye una herramienta fundamental para mejorar la seguridad. Permite comprobar qué medicamentos tomaba previamente la persona, cuáles se mantienen, cuáles se modifican y cuáles deben suspenderse. Este proceso adquiere especial importancia durante las transiciones entre diferentes niveles asistenciales.

El Ministerio de Sanidad ha situado el uso seguro de los medicamentos y la adecuación de la práctica asistencial entre las líneas de actuación de la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad 2025-2028. Además, el propio Ministerio informó en 2025 de una reducción del 8 % en la polimedicación innecesaria en personas mayores de 65 años entre 2021 y 2024.

La seguridad también depende de que la persona conozca para qué sirve cada medicamento, cuándo debe tomarlo y qué debe hacer si olvida una dosis o presenta una reacción adversa. Cuando existen dificultades cognitivas o funcionales, puede ser necesario implicar a familiares o cuidadores.

Por otra parte, no debe olvidarse que la medicación es solo una parte del tratamiento de las enfermedades crónicas. Las intervenciones relacionadas con alimentación, ejercicio, descanso, prevención de caídas, apoyo emocional y mantenimiento de la autonomía pueden tener una importancia comparable en el bienestar de la persona.

Nuevos retos para los profesionales y para los sistemas sanitarios:

El envejecimiento de la población obliga a modificar progresivamente la forma de organizar la atención sanitaria. No se trata únicamente de disponer de más recursos, sino de conseguir que estos estén coordinados y respondan a las necesidades de una población cada vez más envejecida y con mayor complejidad clínica.

En España, las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística indican que la población de 65 años o más representa actualmente el 21,1 % del total y que, si se mantienen las tendencias demográficas consideradas en la proyección, podría alcanzar el 30,9 % en 2076. Estas cifras son escenarios demográficos y no predicciones cerradas, pero permiten visualizar la magnitud del cambio que pueden experimentar las necesidades sanitarias y sociales.

Ante esta realidad, será necesario reforzar la coordinación entre Atención Primaria, hospitales, atención domiciliaria, servicios de urgencias y recursos sociales. El Documento de Desarrollo de la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad 2025-2028 plantea precisamente modelos de atención integrada y mecanismos de coordinación que faciliten las transiciones entre domicilio, hospital y otros recursos asistenciales.

Otro reto será avanzar hacia una atención verdaderamente centrada en la persona. La edad cronológica no debería determinar por sí sola las necesidades asistenciales. Dos personas de la misma edad pueden presentar capacidades funcionales, enfermedades, situaciones familiares y niveles de autonomía completamente diferentes.4

La participación de la persona mayor en las decisiones relacionadas con su salud también debe formar parte de este cambio. En pacientes con multimorbilidad, la evidencia disponible señala la necesidad de mejorar los mecanismos que faciliten su participación en las decisiones asistenciales, aunque todavía existen limitaciones importantes en la evidencia sobre cuáles son las intervenciones más eficaces.

La continuidad asistencial representa igualmente un elemento esencial. Las revisiones disponibles han encontrado una asociación entre una mayor continuidad de la atención y determinados resultados favorables en personas mayores, aunque los estudios presentan diferencias metodológicas y no permiten trasladar todos los resultados de forma uniforme a cualquier contexto sanitario.

Finalmente, será necesario prestar atención al riesgo de edadismo. Las personas mayores no constituyen un grupo homogéneo ni deben ser consideradas únicamente desde la perspectiva de sus enfermedades o limitaciones. La OMS incluye la lucha contra el edadismo entre las cuatro áreas fundamentales de la Década del Envejecimiento Saludable, junto con las comunidades amigables con las personas mayores, la atención integrada y los cuidados de larga duración.

CONCLUSIÓN

El envejecimiento poblacional constituye uno de los principales retos a los que se enfrentan los sistemas sanitarios actuales. El aumento de la esperanza de vida representa un importante logro social, pero también se acompaña de una mayor presencia de enfermedades crónicas, multimorbilidad, dependencia y necesidades de cuidados prolongados.

La respuesta no puede centrarse exclusivamente en el tratamiento de las enfermedades. Es necesario avanzar hacia un modelo que priorice la prevención, el mantenimiento de la capacidad funcional, la autonomía y la calidad de vida. La atención domiciliaria, la educación sanitaria, la prevención de caídas, la seguridad en el uso de medicamentos y la detección precoz del deterioro funcional deben formar parte de una estrategia integral.

La coordinación entre los diferentes niveles asistenciales será cada vez más importante. Una persona mayor con varias enfermedades puede necesitar atención hospitalaria, seguimiento en Atención Primaria, cuidados domiciliarios y apoyo social en distintos momentos de su proceso. Sin una comunicación adecuada entre estos recursos aumenta el riesgo de duplicidades, errores y pérdida de continuidad.

El reto futuro consiste, por tanto, en adaptar los sistemas sanitarios a una población que no solo vive más años, sino que presenta necesidades asistenciales progresivamente más complejas. La atención centrada en la persona, la continuidad de los cuidados y la integración sanitaria y social deben ocupar un lugar prioritario para conseguir que el envejecimiento se produzca con la mayor autonomía, seguridad y dignidad posibles.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Organización Mundial de la Salud. Envejecimiento: población mundial [Internet]. Ginebra: OMS; 2024 [citado 17 septiembre 2026]. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/questions-and-answers/item/population-ageing
  2. Ministerio de Sanidad. Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad en el Sistema Nacional de Salud. Documento de Desarrollo 2025-2028 [Internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2025 [citado 17 septiembre 2026]. Disponible en: Documento de Desarrollo de la Estrategia de Abordaje de la Cronicidad 2025-2028
  3. Ministerio de Sanidad. Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad [Internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2025 [citado 17 septiembre 2026]. Disponible en: Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad del SNS
  4. Ministerio de Sanidad. Casi el 55% de la población española mayor de 15 años tiene una enfermedad crónica [Internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2025 [citado 17 septiembre 2026]. Disponible en: Nota de prensa sobre cronicidad del Ministerio de Sanidad

 

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