AUTORES
- Lucía Gloria Horno Graus. Óptico Optometrista, Zaragoza. España.
- Gema Insa Sánchez. Óptico Optometrista, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Diana Soriano Pina. Óptico Optometrista, Hospital Universitario San Pedro, Logroño. La Rioja.
- María Sáez Gómez. Óptico Optometrista, Óptica OptiMiStic, Calatayud. España.
- Sofía Marín Civera. Óptico Optometrista, Óptica Universitaria, Zaragoza. España.
- María Puertas Lorente. Óptico Optometrista, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
RESUMEN
El error refractivo es una de las alteraciones visuales más prevalentes en la población general, pero su impacto suele valorarse casi exclusivamente en términos de función visual, dejando en un segundo plano su posible relación con el bienestar emocional. Esta revisión bibliográfica sintetiza la evidencia epidemiológica reciente sobre la asociación entre el error refractivo —miopía, hipermetropía y astigmatismo— y los síntomas de depresión y ansiedad. Se revisan estudios de cohortes de gran tamaño muestral, metaanálisis y revisiones sistemáticas que muestran una asociación consistente entre la miopía moderada-alta y un mayor riesgo de síntomas depresivos y ansiosos, una asociación menos conocida pero igualmente relevante entre la hipermetropía y la depresión incidente en población de mediana edad y mayor, y un efecto protector de la corrección óptica sobre el bienestar cognitivo y psicológico infantil. Se concluye que el error refractivo no debe entenderse únicamente como un problema de nitidez visual, y que el optometrista ocupa una posición privilegiada para detectar de forma indirecta un posible malestar emocional asociado y para derivar cuando sea pertinente.
PALABRAS CLAVE
Errores de refracción, miopía, hipermetropía, depresión, ansiedad, estado de ánimo, salud mental.
ABSTRACT
Refractive error is one of the most prevalent visual conditions in the general population, yet its impact is usually assessed almost exclusively in terms of visual function, leaving its possible relationship with emotional well-being in the background. This literature review synthesises recent epidemiological evidence on the association between refractive error —myopia, hyperopia and astigmatism— and symptoms of depression and anxiety. Large cohort studies, meta-analyses and systematic reviews are reviewed, showing a consistent association between moderate-to-high myopia and an increased risk of depressive and anxiety symptoms, a less well-known but equally relevant association between hyperopia and incident depression in middle-aged and older populations, and a protective effect of optical correction on children’s cognitive and psychological well-being. It is concluded that refractive error should not be understood solely as a problem of visual sharpness, and that the optometrist holds a privileged position to indirectly detect possible associated emotional distress and to refer when appropriate.
KEY WORDS
Refractive error, myopia, hyperopia, depression, anxiety, mood, mental health.
DESARROLLO DEL TEMA
El error refractivo —miopía, hipermetropía y astigmatismo— afecta a más de la mitad de la población adulta en algún grado, y su prevalencia, especialmente la de la miopía, continúa en aumento a nivel mundial. Tradicionalmente, su abordaje clínico se ha centrado casi en exclusiva en la función visual: agudeza visual, calidad óptica de la imagen retiniana y progresión dióptrica. Sin embargo, un cuerpo creciente de evidencia epidemiológica sugiere que el error refractivo también se asocia de forma consistente con el estado de ánimo, incluyendo síntomas de depresión y ansiedad.
Esta revisión sintetiza la evidencia más reciente sobre esta asociación, diferenciando lo que se conoce sobre la miopía —el error refractivo más estudiado en este contexto— de la evidencia, más reciente y menos difundida, sobre la hipermetropía y el astigmatismo. Se revisa también el papel protector de la corrección óptica sobre el bienestar infantil, y se plantean las implicaciones prácticas de esta evidencia para la consulta optométrica habitual.
1. Miopía y síntomas depresivos y ansiosos:
La asociación entre miopía y malestar psicológico es, con diferencia, la más estudiada. Un metaanálisis reciente que agrupó seis estudios encontró una prevalencia de síntomas depresivos del 22,99 % y de síntomas ansiosos del 26,81 % entre personas miopes, lo que se traduce en un riesgo 46 % mayor de síntomas depresivos y un 65 % mayor de síntomas ansiosos en comparación con la población emétrope3.
Un estudio poblacional israelí de gran tamaño muestral, realizado sobre 891.501 adolescentes de entre 16 y 20 años evaluados antes del servicio militar obligatorio, confirmó un patrón dosis-respuesta claro: la odds ratio (OR) para ansiedad aumentó de 1,38 en miopía leve a 1,93 en miopía severa, y la de trastornos del ánimo de 1,27 a 1,81 en el mismo rango, de forma independiente del sexo y manteniendo una agudeza visual corregida adecuada4.
Un metaanálisis más amplio sobre la relación bidireccional entre miopía y trastornos mentales, que incluyó a más de 2,8 millones de participantes de siete países, confirmó que la miopía se asocia con un riesgo significativamente mayor de trastornos mentales (OR = 1,41), y que, a su vez, los trastornos mentales se asocian con un riesgo mayor de miopía (OR = 1,15), lo que sugiere una relación de doble dirección más que una simple causalidad unidireccional2.
2. Hipermetropía y astigmatismo: una asociación menos conocida:
A diferencia de la miopía, la relación entre hipermetropía y estado de ánimo ha recibido mucha menos atención en la literatura, pese a contar con evidencia sólida. Un estudio de cohortes sobre la base de datos del UK Biobank, que incluyó a participantes libres de depresión al inicio del seguimiento y con un periodo de seguimiento medio de 11,11 años, encontró que la hipermetropía se asociaba de forma significativa con un mayor riesgo de depresión clínicamente significativa de nueva aparición, de forma independiente del riesgo genético poligénico para hipermetropía, y especialmente marcada en personas sin corrección óptica adecuada5.
Este hallazgo resulta clínicamente relevante porque sitúa a la hipermetropía —un error refractivo frecuentemente infracorregido o mal tolerado, especialmente en edad adulta y en personas présbitas— como un factor de riesgo de depresión independiente, y no solo como un factor de riesgo indirecto asociado a la peor calidad visual que produce la miopía alta.
3. El estudio de cohortes del UK Biobank: una visión de conjunto:
El estudio de cohortes más amplio realizado hasta la fecha sobre esta cuestión analizó a 106.004 participantes del UK Biobank, inicialmente libres de trastornos mentales, con un seguimiento mediano de 12,5 años, durante el cual el 14,72 % de la muestra fue diagnosticada de algún trastorno mental1. Los resultados mostraron que las personas con error refractivo presentaban un riesgo significativamente mayor de trastornos mentales que las personas emétropes (OR = 1,07), con un riesgo especialmente elevado en astigmatismo (OR = 1,13), hipermetropía (OR = 1,20) e hipermetropía con astigmatismo (OR = 1,28).
Un hallazgo particularmente relevante de este estudio es que el riesgo de trastornos mentales aumentaba a medida que disminuía la agudeza visual corregida, con independencia del tipo concreto de error refractivo, lo que sitúa a la calidad de la corrección óptica —y no solo al diagnóstico refractivo en sí— como una variable clínicamente relevante. Además, las personas con error refractivo mostraron una satisfacción vital y un bienestar subjetivo significativamente menores, junto con puntuaciones más altas de neuroticismo, síntomas depresivos y síntomas ansiosos, particularmente entre quienes presentaban hipermetropía y astigmatismo1.
4. ¿Relación bidireccional o factores compartidos?:
La evidencia revisada plantea una pregunta relevante: ¿es el error refractivo el que predispone al malestar psicológico, o es el malestar psicológico el que influye en la aparición o progresión del error refractivo? El metaanálisis sobre la relación bidireccional entre miopía y trastornos mentales sugiere que ambas direcciones son plausibles y probablemente coexisten2. Por un lado, la miopía —especialmente en grados moderados o altos— puede generar preocupación por la progresión, limitaciones prácticas, estigma social o gasto económico asociado a la corrección, lo que explicaría un mayor malestar psicológico secundario. Por otro lado, los propios comportamientos asociados al desarrollo y la progresión de la miopía —uso prolongado de pantallas, trabajo en visión próxima excesivo y tiempo reducido al aire libre— están también independientemente relacionados con un peor bienestar mental, lo que podría generar un círculo en el que ambos fenómenos se retroalimentan sin que exista necesariamente una relación causal directa entre ellos.
5. El papel protector de la corrección óptica en población infantil:
Frente al riesgo que representa el error refractivo no corregido o mal corregido, la evidencia disponible respalda un efecto protector claro de la corrección óptica sobre el bienestar infantil. Una revisión sistemática que analizó nueve estudios —seis ensayos controlados aleatorizados, un estudio de cohortes, uno transversal y uno cualitativo, con datos de 25.522 niños— concluyó que la corrección con gafas mejora el bienestar cognitivo y educativo (rendimiento académico, fluidez lectora, función escolar), el bienestar psicológico y de salud mental (ansiedad, puntuaciones de salud mental) y la calidad de vida de los niños con deficiencia visual por error refractivo no corregido6.
Este hallazgo resulta especialmente relevante en la práctica clínica pediátrica: la simple prescripción y el correcto cumplimiento del uso de la corrección óptica no solo mejora la función visual, sino que puede tener un efecto positivo mensurable sobre el bienestar psicológico y el rendimiento escolar del niño.
6. Implicaciones clínicas para la práctica optométrica:
El conjunto de la evidencia revisada tiene implicaciones prácticas para la consulta optométrica habitual. En primer lugar, ante un paciente con miopía moderada-alta, especialmente si es adolescente, resulta razonable prestar atención a signos indirectos de malestar emocional (dificultad de concentración, retraimiento social, quejas somáticas inespecíficas) que puedan orientar hacia una derivación a los servicios de salud mental correspondientes, sin que ello suponga en ningún caso realizar un diagnóstico psicológico desde la consulta optométrica. En segundo lugar, en pacientes hipermétropes, especialmente de mediana edad o mayores y con antecedentes de infracorrección óptica, conviene tener presente la asociación descrita con la depresión incidente al valorar la conveniencia de una corrección óptica completa y bien tolerada. Por último, en población infantil, el cumplimiento del uso de la corrección prescrita debe reforzarse no solo por su beneficio visual directo, sino también por su impacto documentado sobre el bienestar psicológico y el rendimiento académico.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
La revisión de la evidencia disponible confirma que el error refractivo no es un fenómeno clínicamente neutro desde el punto de vista emocional. La miopía moderada-alta se asocia de forma consistente y con un claro patrón dosis-respuesta a un mayor riesgo de síntomas depresivos y ansiosos, tanto en adolescentes como en adultos2,3,4. La hipermetropía, pese a haber recibido mucha menos atención en la literatura, presenta una asociación igualmente sólida con la depresión incidente en población de mediana edad y mayor, independiente del riesgo genético5. El estudio de cohortes de mayor tamaño muestral disponible confirma ambas asociaciones y añade un matiz clínicamente relevante: el riesgo de trastornos mentales aumenta a medida que empeora la agudeza visual corregida, lo que sitúa la calidad de la corrección óptica, y no solo el diagnóstico refractivo, como una variable a tener en cuenta1.
La naturaleza de esta asociación es probablemente bidireccional: el error refractivo puede generar malestar psicológico por sus consecuencias prácticas y sociales, mientras que los hábitos de vida asociados a su desarrollo y progresión —uso de pantallas, trabajo en visión próxima, escaso tiempo al aire libre— son, de forma independiente, factores de riesgo para un peor bienestar mental2. Esta circunstancia hace improbable establecer una única dirección de causalidad a partir de la evidencia disponible, mayoritariamente de diseño transversal o de cohortes observacionales.
Frente a este panorama, la evidencia sobre el efecto protector de la corrección óptica en población infantil resulta especialmente alentadora: la simple prescripción y el correcto uso de la corrección mejoran de forma documentada el bienestar cognitivo, psicológico y la calidad de vida del niño6, lo que refuerza el papel del optometrista no solo como profesional de la función visual, sino como agente con una influencia potencial sobre el bienestar general del paciente.
Como limitación de esta revisión cabe señalar que la mayoría de los estudios disponibles son de diseño observacional —transversal o de cohortes—, lo que impide establecer relaciones de causalidad definitivas, y que la evidencia sobre hipermetropía y astigmatismo es todavía comparativamente escasa frente a la existente sobre miopía. Son necesarios más estudios longitudinales y de intervención que permitan aclarar la dirección de esta asociación y evaluar si la optimización de la corrección óptica tiene, por sí sola, un efecto beneficioso sobre el estado de ánimo del paciente.
CONCLUSIONES
1. El error refractivo se asocia de forma consistente con un mayor riesgo de síntomas depresivos y ansiosos, tanto en su forma miópica como hipermetrópica, si bien la miopía cuenta con una evidencia más amplia y la hipermetropía con una evidencia más reciente y menos difundida.
2. El riesgo de trastornos mentales aumenta a medida que empeora la agudeza visual corregida, lo que señala la calidad de la corrección óptica, y no solo el tipo de error refractivo, como una variable clínicamente relevante.
3. La relación entre error refractivo y estado de ánimo es probablemente bidireccional, mediada en parte por hábitos de vida compartidos entre la progresión del error refractivo y el malestar psicológico.
4. La corrección óptica adecuada tiene un efecto protector documentado sobre el bienestar cognitivo y psicológico infantil, lo que refuerza la importancia de su prescripción y seguimiento en la práctica optométrica habitual.
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