- Daniel Guerrero Latorre. Graduado en Enfermería. Medicina Interna en el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
- Jordán Lozano Clemente. Graduado en Enfermería. Servicio de Esterilización en el Hospital Clínico Lozano Blesa (Zaragoza). España.
- Isabel Loscos García. Graduada en Enfermería. EAP en CS Fernando el Católico (Zaragoza). España.
- Sonia Val Pérez. Graduada en Enfermería. Unidad de Cuidados Intensivos en el Hospital Royo Villanova (Zaragoza). España.
- Celia Socada Rasal. Graduada en Enfermería. EAP en Centro de Salud Amando Loriga, Caspe (Zaragoza). España.
- Jolanta Swierczynska. Graduada en Enfermería. EAP en Centro de Salud Valdespartera (Zaragoza). España.
RESUMEN
El estado epiléptico es la urgencia neurológica más frecuente en neurología. Se produce cuando fallan los mecanismos encargados de interrumpir una crisis epiléptica o cuando se inicia una que se prolonga en el tiempo. Su incidencia se estima entre 3 y 42 casos por cada 100.000 personas al año, afectando principalmente a los extremos de la vida: niños y adultos mayores. La mortalidad varía según la edad y la causa subyacente; en la población pediátrica, suele ser inferior a la observada en adultos. Es por esto por lo que se trata de una emergencia neurológica, que requiere un reconocimiento y una intervención terapéutica adecuada y precoz.
En 2015, se adoptó de forma internacional un criterio práctico en el que se distinguen 2 momentos clave: el primero, en el que hay que iniciar el tratamiento; y el segundo tiempo, a partir de este, se considera elevado el riesgo de secuelas.
PALABRAS CLAVE
Estatus epiléptico, niños, epilepsia.
ABSTRACT
Status epilepticus is the most common neurological emergency in neurology. It occurs when the mechanisms responsible for stopping an epileptic seizure fail or when a seizure begins and persists over time. Its incidence is estimated at between 3 and 42 cases per 100,000 people per year, mainly affecting the extremes of life: children and older adults. Mortality varies depending on age and the underlying cause; in the pediatric population, it is usually lower than in adults. For this reason, it is considered a neurological emergency that requires prompt recognition and appropriate early therapeutic intervention.
In 2015, an internationally adopted practical criterion was established, distinguishing two key moments: the first, when treatment must be initiated, and the second, after which the risk of sequelae is considered high.
KEY WORDS
Status epilepticus, children, epilepsy.
INTRODUCCIÓN
El estado epiléptico es la urgencia neurológica más frecuente en neurología. Se produce cuando fallan los mecanismos encargados de interrumpir una crisis epiléptica o cuando se inicia una que se prolonga en el tiempo. Su incidencia se estima entre 3 y 42 casos por cada 100.000 personas al año, afectando principalmente a los extremos de la vida: niños y adultos mayores. La mortalidad varía según la edad y la causa subyacente; en la población pediátrica, suele ser inferior a la observada en adultos. Es por esto por lo que se trata de una emergencia neurológica, que requiere un reconocimiento y una intervención terapéutica adecuada y precoz1.
En 2015, se adoptó de forma internacional un criterio práctico en el que se distinguen 2 momentos clave: el primero, en el que hay que iniciar el tratamiento; y el segundo tiempo, a partir de este, se considera elevado el riesgo de secuelas2.
La clasificación del estado epiléptico se organiza en cuatro ejes: semiología, etiología, electroencefalografía (EEG) y edad1.
Eje 1 – Semiología: agrupa las distintas formas de estado epiléptico en tres categorías: con síntomas motores prominentes, sin síntomas motores prominentes y de tipo indeterminado1.
Eje 2 – Etiología: clasifica las causas en conocidas o desconocidas. Las causas conocidas se subdividen en: sintomático agudo (ACV, encefalitis, malaria, intoxicaciones), sintomático remoto (post-traumatismo craneoencefálico) y sintomático progresivo (como enfermedad de Lafora, epilepsias mioclónicas progresivas, tumores cerebrales)1.
Eje 3 – EEG: sigue las recomendaciones más recientes de los paneles de consenso, describiendo el registro mediante: nombre del patrón, morfología, localización, características temporales, modulación y respuesta a la intervención1.
Eje 4 – Edad: segmenta la población en los siguientes grupos: neonatal (0-30 días), lactante (1 mes-2 años), infancia (2-12 años), adolescencia y adultez joven (12-59 años) y adultos mayores (≥60 años)1,3.
MATERIAL Y MÉTODO
Este artículo tiene como objetivo reunir la información más actualizada sobre el estatus epiléptico en niños. Para ello, se realizó una búsqueda en la base Pubmed, cogiendo las publicaciones de los últimos años, entre 2018 y 2025. Se utilizaron los términos “Status epilepticus”, “children” y “epilepsy”, en inglés.
Criterios de inclusión:
- Artículos publicados en español.
- Ensayos clínicos, metaanálisis y revisiones de los últimos 10 años.
Criterios de exclusión:
- Edad mayor a los 13 años.
- No tener acceso al texto completo gratis.
Tras aplicar los criterios de inclusión y exclusión, se seleccionaron 4 artículos, de los cuales, 2 se excluyeron por no guardar relación con el tema a tratar. Por lo que, finalmente en 2 de ellos es de donde se ha extraído la información presente.
La información que se pretende expresar con el presente artículo se relaciona con la fisiología, y el tratamiento más habitual de esta enfermedad.
RESULTADOS
- Fisiopatología:
En las crisis epilépticas que duran de 20-40 minutos, el individuo padece hipoxia. Para contrarrestarla, se ha visto la activación de mecanismos compensadores que hacen aumentar la presión arterial, aumentan la frecuencia cardiaca y por tanto, aumenta la perfusión cerebral. En caso de persistir esta situación, se produce una disminución de estos mecanismos compensadores; lo que lleva a la hipoxia cerebral y sistémica1.
Dentro de las crisis epilépticas, se distinguen varias fases: estado inicial que dura desde los 5 minutos hasta los 10 y es en el que se recomienda aplicar el tratamiento; estado establecido, que dura desde los 10 minutos hasta los 30, y es donde se empieza a producir daño neurológico; estado refractario que dura desde los 30 minutos hasta los 60, aquel que persiste tras la administración de la benzodiazepina y un segundo antiepiléptico; y finalmente el estado superrefractario, cuya duración supera las 24 horas y la administración de anestésicos2. Cuanto mayor sea la duración, mayor será la probabilidad de que no ceda de forma espontánea y que los tratamientos antiepilépticos fracasen.
- Tratamiento:
Como se ha mencionado, se recomienda un abordaje temprano para disminuir lo máximo posible la morbimortalidad1. Como se ha visto, un tratamiento precoz y dirigido, ayuda no solo a evitar la pérdida de función sistémica sino también a mejorar el control de la propia crisis2.
Se ha visto que el tratamiento con Benzodiazepinas en etapas tempranas ayudan a controlar el estado epiléptico en dos terceras partes de los afectados1. Dentro del grupo de las benzodiazepinas, las más utilizadas son:
- Midazolam: 0,2 mg/kg de peso vía intramuscular, bucal o intranasal1.
- Diazepam: 0,2 – 0,5 mg/kg de peso por vía rectal1. Ha sido la vía de administración más utilizada, aunque tiene varias limitaciones (absorción errática de la dosis)2.
- Lorazepam: 0,1 mg/kg; siendo la dosis máxima1.
En caso de fracaso del primer abordaje con las benzodiazepinas, también existen algunos fármacos que se utilizan como segunda línea de terapia; entre estos destacamos: o fenitoína, fenobarbital, ácido valproico, levetiracetam o lacosamida, cuya elección depende del tipo de crisis, la situación clínica y los posibles efectos secundarios. En casos refractarios, se emplean terapias de tercera línea que incluyen anestésicos, ketamina, lidocaína, topiramato, brivaracetam, perampanel, alopregnanolona, dieta cetogénica, tratamientos inmunomoduladores o incluso cirugía, según la causa y la respuesta del paciente. El objetivo principal es interrumpir la crisis lo antes posible, minimizar complicaciones y prevenir secuelas neurológicas.
CONCLUSIONES
En conclusión, el estado epiléptico requiere un reconocimiento y manejo precoz para evitar la progresión del daño neurológico y sistémico. La fisiopatología demuestra que, aunque inicialmente el organismo activa mecanismos compensadores para mantener la perfusión cerebral, la persistencia de la crisis provoca su agotamiento y conduce a hipoxia cerebral y sistémica. El tratamiento temprano con benzodiacepinas es fundamental para el control inicial de la mayoría de los casos, y su elección debe ajustarse a la vía de administración y situación clínica. Cuando este abordaje no resulta eficaz, es necesario recurrir a terapias de segunda o tercera línea, adaptadas a la etiología y la respuesta individual del paciente. Una intervención rápida y escalonada es clave para reducir la morbimortalidad y prevenir secuelas a largo plazo.
BIBLIOGRAFÍA
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- Soto-Insuga V, González-Alguacil E, García-Peñas JJ. Estado epiléptico pediátrico. Rev Neurol. 2022;75(11):491-500. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10280723/.
- Ascoli M, Shinnar S, et al. Epidemiology and outcomes of status epilepticus: a review. Eur J Neurol. 2021.