Evaluación y manejo del dolor durante el proceso de parto

4 junio 2025

 

AUTORES

  1. Oumaima Aboulmakarim Rabbani. Graduada en Enfermería, Zaragoza. Aragón, España.
  2. Paula Bujalance Latasa. Graduada en Enfermería, Zaragoza. Aragón, España.
  3. Silvia Carnicer Izaguerri. Graduada en Enfermería, Zaragoza. Aragón, España.
  4. Ariadna Gracia Prad. Graduada en Enfermería, Zaragoza. Aragón, España.

 

RESUMEN

El dolor durante el parto es una experiencia compleja e individual, influenciada por factores físicos, emocionales y psicológicos. Su intensidad varía según la duración del trabajo de parto, la posición del bebé, la sensibilidad de la madre y su preparación mental. La percepción del dolor también depende de factores culturales, bioquímicos y apoyo emocional. Para evaluarlo, se utilizan escalas de dolor subjetivo. Su manejo incluye métodos farmacológicos, como la analgesia neuroaxial o combinada y opioides, y no farmacológicos, como técnicas de respiración, masajes, hidroterapia, electroestimulación, audioanalgesia, aromaterapia, apoyo emocional, etc. El control adecuado del dolor es clave para el bienestar de la madre y el bebé, ya que reduce el estrés y favorece un parto más positivo y seguro.

PALABRAS CLAVE

Dolor de parto, parto, analgesia.

ABSTRACT

Pain during childbirth is a complex and individual experience, influenced by physical, emotional, and psychological factors. Its intensity varies depending on the length of labor, the baby’s position, the mother’s sensitivity, and her mental preparation. Pain perception also depends on cultural, biochemical, and emotional support factors. Subjective pain scales are used to assess pain. Pain management includes pharmacological methods, such as neuraxial or combined analgesia and opioids, and nonpharmacological methods, such as breathing techniques, massage, hydrotherapy, electrostimulation, audio analgesia, aromatherapy, emotional support, and more. Adequate pain control is key to the well-being of both mother and baby, as it reduces stress and promotes a more positive and safe delivery.

KEY WORDS

Labor pain, delivery, analgesia.

DESARROLLO DEL TEMA

Fisiología del dolor durante el trabajo de parto:

El dolor se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con un daño tisular real o potencial. Aunque puede manifestarse en diversas circunstancias a lo largo de la vida, el dolor percibido durante el embarazo adquiere una especial relevancia, particularmente debido al temor generado por la naturaleza desconocida de las contracciones uterinas y la intensidad con la que estas son experimentadas.

Dicha percepción puede manifestarse de manera temprana, alrededor de las 20 semanas de gestación en mujeres nulíparas, y en etapas aún más tempranas en mujeres multíparas. La aparición de las denominadas contracciones de Braxton Hicks se intensifican progresivamente a medida que avanzan las distintas etapas del embarazo. Asimismo, la percepción de estas contracciones por parte de la mujer puede variar, presentando fluctuaciones en la intensidad del dolor asociado a cada episodio.

Clasificación del dolor:

– Visceral: excitación anómala de los nociceptores viscerales, caracterizada por un dolor de localización imprecisa, de naturaleza continua y profunda, que puede irradiarse hacia áreas distantes del sitio de origen. Este fenómeno suele acompañarse de manifestaciones neurovegetativas.

– Somático: excitación anómala de los nociceptores somáticos, tanto superficiales como profundos, que incluyen estructuras como la piel, el sistema musculoesquelético y los vasos sanguíneos, entre otros. Este tipo de dolor se caracteriza por ser localizado, de naturaleza punzante y con irradiación que sigue trayectorias nerviosas específicas.

Diversas estructuras anatómicas actúan como centros de inicio en la transmisión del dolor, pudiendo ser uno o varios sitios simultáneamente. Entre las estructuras que pueden generar dolor se incluyen la columna vertebral, así como la región pélvica y genital, que abarca el cuerpo y cuello uterino, la vagina, la vulva y el periné. Esto se debe a la expansión uterina y al estiramiento de ligamentos, fascias y tejido subcutáneo, además del estiramiento del canal del parto y la presión ejercida por el feto.

Durante la primera fase del trabajo de parto, correspondiente a la etapa de dilatación cervical, prevalece el dolor de origen visceral, el cual se localiza principalmente en las estructuras uterinas y anexiales, como resultado de diversos mecanismos de índole mecánica. La intensidad del dolor percibido se encuentra asociada a factores como la posición del feto y el volumen sanguíneo en la musculatura uterina.

La dilatación cervical, así como la duración y frecuencia de las contracciones uterinas, se encuentran estrechamente relacionadas con la intensidad del dolor. Se ha documentado que la tensión o presión ejercida por las contracciones uterinas debe superar los 25 mmHg para que sean percibidas como dolorosas. En la fase inicial del primer estadio, el dolor persiste durante el 45% de la duración de la contracción uterina, mientras que en las fases más avanzadas de este, representa el 60% del período de contracción.

Durante esta fase de dilatación, Schnol señala que el dolor se localiza principalmente en la región del útero y sus anexos, como resultado de:

  • La dilatación del cuello uterino y del segmento uterino inferior.
  • La tracción y presión ejercida sobre los anexos y el peritoneo parietal.
  • La presión y el estiramiento de la vejiga, la uretra, el recto y otras estructuras de la pelvis, las cuales son sensibles al dolor.
  • La presión sobre una o más raíces del plexo lumbosacro.
  • Los espasmos reflejos del músculo esquelético.

 

El dolor también se origina debido a la activación de quimiorreceptores en el útero, los cuales son estimulados por la liberación de neurotransmisores en respuesta a las contracciones uterinas. Estos estímulos nociceptivos, a través de las vías sensitivas, hacen sinapsis en los ganglios de la raíz dorsal a nivel de T10-L1, con un predominio inicial en las raíces de T11 y T12, seguido de un mayor compromiso de la raíz L1.

En la etapa de descenso, predomina el dolor somático, ocasionado por la distensión y tracción de las estructuras pélvicas, lo que da lugar a un dolor bien localizado. El principal responsable de la transmisión de este dolor es el nervio pudendo, cuya inervación proviene de las ramas S2-S4.

Durante la etapa de alumbramiento y posteriormente en el puerperio, el dolor predominante es de tipo visceral, derivado de la contractilidad uterina. En esta fase del trabajo de parto, la intensidad del dolor percibido es menor, debido a la reducción de las modificaciones mecánicas a nivel del cuello uterino1.

 

Percepción del dolor durante el trabajo de parto:

Cultura:

Las diferencias culturales desempeñan un papel significativo en la percepción e interpretación del dolor, ya que cada cultura propone un conjunto particular de actitudes, reacciones y conductas. Por ejemplo, en Estados Unidos, se han identificado diferencias entre pacientes judíos e italianos, quienes han sido agrupados debido a la similitud en sus respuestas al dolor, en comparación con pacientes irlandeses y estadounidenses, quienes experimentan una mayor intensidad de dolor agudo ante estímulos similares.

No obstante, en otras culturas, el proceso del trabajo de parto es descrito por la población en general como una experiencia paradójica, dado que, aunque el dolor es percibido como insoportable, al mismo tiempo es considerado deseable, ya que su propósito último es el nacimiento de un ser humano.

En la cultura nigeriana, las madres destacan el propósito del dolor experimentado durante el trabajo de parto, interpretándolo como un fenómeno beneficioso, dado que culmina con el nacimiento de un recién nacido sano. Aunque el dolor es experimentado de manera similar, su significado varía, y no por ello se percibe como menos intenso. En esta población, el dolor del parto ha sido clasificado como moderado o severo, observándose una mayor percepción del dolor en los partos inducidos, sin que exista una relación clara entre la intensidad del dolor y factores como la edad o la paridad de la paciente.

En diversas poblaciones, se ha observado que una menor edad es un factor que favorece la reducción de la percepción del dolor. Además, se evidenció una mayor probabilidad de experimentar dolor severo en pacientes con un nivel educativo superior, un nivel socioeconómico bajo, y en mujeres nulíparas en comparación con las multíparas. Además, se ha descrito una menor percepción del dolor en mujeres casadas, con buen apoyo social y con un embarazo planificado.

La variable cultural también juega un papel crucial al evaluar el manejo del dolor durante el parto, especialmente en lo que respecta a la elección de la analgesia farmacológica, ya que no es posible extrapolar el nivel de percepción del dolor entre diferentes culturas. En este contexto, la solicitud de analgesia durante el trabajo de parto varía considerablemente, ya que muchas mujeres experimentan este proceso sin ningún tipo de analgesia, e incluso algunas optan por vivir todas las sensaciones del parto, incluyendo el dolor agudo. Según se ha señalado, «si una mujer puede sostener la creencia de que su dolor tiene un propósito (es decir, su cuerpo trabaja para dar a luz a su bebé), si interpreta que su dolor es productivo y si el entorno del parto es seguro y brinda apoyo, se esperaría que ella experimente el dolor como un evento transformador de la vida, y no como una amenaza»

Psicoafectivos:

El concepto de conciencia del dolor indica que, mediante la experiencia consciente, percibimos nuestro entorno. Es el cerebro el que facilita el procesamiento de estas experiencias, a través de una interacción continua entre este, el organismo y los factores ambientales, asignando un significado al dolor en función de las conexiones tanto intrínsecas como interpersonales.

Los factores intangibles, como los aspectos afectivo-emocionales, las expectativas preexistentes, el nivel de ansiedad, el temor al parto, el estrés y la sensación de abandono, desempeñan un papel crucial en la experiencia del dolor. Los elevados niveles de ansiedad se han asociado de manera directa con la intensidad del dolor. Situaciones potenciales, tales como la percepción de que el parto progresa con mayor lentitud, la posibilidad de un parto instrumentalizado o una cesárea eventual, pueden generar interpretaciones negativas, incrementando así el miedo ante estas experiencias.

Asimismo, se ha integrado el concepto de autoeficacia, entendida como la convicción de la mujer en su capacidad para completar el proceso de parto, confiando en sus recursos anatómicos y psicológicos. La autoeficacia de cada mujer tiene una influencia significativa, dado que, a medida que disminuye su nivel de confianza, el dolor tiende a ser experimentado con mayor intensidad y percibido de manera más amenazante.

Bioquímico:

Fisiológicamente, los niveles plasmáticos de citoquinas inflamatorias varían según la etapa del embarazo, experimentando un aumento en sus concentraciones hacia el final de la gestación, lo que está involucrado en la maduración cervical y el inicio del trabajo de parto1,2.

 

Actuación para la evaluación y el manejo del dolor durante el proceso de parto:

Evaluación y sistema de registro del dolor

La valoración del dolor en mujeres embarazadas durante el proceso de parto es un aspecto fundamental de la atención obstétrica, ya que el dolor en esta etapa es un fenómeno complejo que involucra componentes físicos, emocionales y psicológicos. Su adecuada evaluación y manejo no solo contribuyen al bienestar materno, sino que también influyen en la progresión del trabajo de parto y en la experiencia general del nacimiento. La identificación precisa del dolor y su tratamiento oportuno son esenciales para garantizar una experiencia de parto más segura, positiva y humanizada, promoviendo así la satisfacción materna y la salud tanto de la madre como del recién nacido.

En este sentido, se llevará a cabo un registro sistemático y regular de la valoración del dolor mediante un formulario estandarizado, con el propósito de garantizar una adecuada monitorización y tratamiento. Esta valoración incluirá la identificación de cualquier tipo de dolor al momento del ingreso a la unidad, así como tras cualquier cambio en la situación clínica y antes, durante y después de la realización de procedimientos específicos.

La evaluación del dolor se realizará de manera integral, aplicando un enfoque sistemático y utilizando herramientas validadas que aseguren su precisión. Para determinar la intensidad del dolor, se emplearán de manera sistemática instrumentos validados como la Escala de Valoración Numérica (EVN) o la Escala Visual Analógica (EVA), según corresponda.

Asimismo, se efectuará una revaloración periódica del dolor conforme a su tipo, intensidad y el plan de cuidados establecido, con el fin de ajustar las intervenciones terapéuticas de manera oportuna y eficaz. Además, se deberá anticipar la aparición de dolor durante determinados procedimientos, implementando medidas preventivas que incluyan tanto estrategias farmacológicas como no farmacológicas, garantizando así un abordaje integral y adecuado del dolor3.

Manejo del dolor:

Durante el proceso de parto, es posible implementar diversas técnicas destinadas al control del dolor, las cuales pueden estar fundamentadas en enfoques de naturaleza farmacológica o no farmacológica.

Procedimientos de origen farmacológico.

Bloqueo neuroaxial:

La analgesia neuroaxial se considera uno de los procedimientos más eficaces para el manejo adecuado del dolor durante el trabajo de parto. No obstante, su aplicación puede estar asociada a ciertos efectos adversos, tales como la prolongación de la fase expulsiva y un aumento en la necesidad de utilizar técnicas de instrumentación asistida durante el parto.

El procedimiento para la administración de medicación epidural consiste en la inserción de una aguja con un catéter en la columna vertebral, generalmente a nivel de los espacios intervertebrales L2-L3 o L3-L4, con el propósito de alcanzar el espacio epidural. En este sitio anatómico, se procede a la administración de combinaciones de un anestésico local con un opioide, cuya finalidad es mantener un estado adecuado de analgesia al bloquear selectivamente las terminaciones nerviosas ubicadas en dicha región4,5.

Analgesia combinada:

La administración conjunta de diferentes fármacos, técnicas y vías de administración permite reducir las dosis necesarias de cada agente farmacológico individual, además de potenciar su eficacia mediante un efecto sinérgico que mejora considerablemente los resultados obtenidos. En particular, la utilización complementaria de técnicas de analgesia regional junto con la administración de analgésicos por vía intravenosa resulta beneficiosa, al mitigar problemas comunes como la cobertura incompleta por parte de la anestesia regional.

Asimismo, la utilización de analgésicos administrados por vía intravenosa permite reducir la dosis de anestésicos locales empleados por vía regional. Esta estrategia contribuye a minimizar la aparición de efectos adversos, tales como episodios de hipotensión derivados del bloqueo simpático, así como la disminución del grado de bloqueo motor en la zona intervenida, mejorando de este modo la seguridad y eficacia del procedimiento analgésico4.

Medicación intravenosa, opioides:

La administración de medicación por vía intravenosa se emplea principalmente en aquellas pacientes que presentan contraindicaciones para la aplicación de técnicas de analgesia neuroaxial, las cuales se consideran superiores en términos de efectividad y seguridad.

Los opioides administrados por vía intravenosa actúan a nivel del sistema nervioso central materno; sin embargo, atraviesan la barrera placentaria, afectando negativamente al feto. Dicho efecto se manifiesta mediante la disminución de la variabilidad de la frecuencia cardíaca fetal y la inducción de depresión respiratoria. Para lograr un efecto analgésico adecuado, estos fármacos deben ser administrados en dosis elevadas, lo cual incrementa significativamente la probabilidad de efectos adversos. Cabe señalar que el alivio del dolor proporcionado por este método se debe principalmente a la somnolencia inducida en la madre más que a un auténtico efecto analgésico.

Entre los opioides históricamente utilizados durante el trabajo de parto se encuentra la meperidina, cuyo uso ha disminuido considerablemente debido al alto riesgo asociado con la aparición de convulsiones y crisis serotoninérgicas. En lo que respecta a la morfina, su empleo es limitado debido a la frecuencia de efectos secundarios indeseables. En su lugar, se prefieren opioides con una vida media corta, como el fentanilo, aunque este fármaco no proporciona un control completo del dolor asociado a las contracciones uterinas4.

Procedimientos de origen no farmacológico:

En la actualidad, se observa un creciente interés en la aplicación de métodos analgésicos no invasivos y naturales, los cuales han captado la atención de las madres. Este fenómeno representa un factor de gran relevancia que debe ser considerado por el equipo de salud, con el fin de adquirir y desarrollar los conocimientos y habilidades necesarios para la gestión del parto en este contexto.

Técnicas de relajación:

Las técnicas de relajación superficial tienen efectos inmediatos, siendo comúnmente aplicadas en situaciones estresantes para obtener un alivio rápido, permitiendo la liberación de la tensión de manera casi instantánea.

Por otro lado, las técnicas de relajación profunda son más complejas y buscan un objetivo más integral, ya que permiten la relajación total del cuerpo, induciendo a la persona a alcanzar estados de relajación significativos.

El yoga es considerado una técnica de relajación que facilita el mantenimiento de un equilibrio armonioso entre el cuerpo y la mente. A través de ejercicios de control de la respiración y de relajación mental, se logra inducir un estado de tranquilidad y alivio. Además, esta práctica se complementa con posturas físicas que contribuyen a promover el equilibrio buscado.

Es relevante señalar que, aunque no se disponga de estudios concluyentes que respalden la eficacia de las técnicas de relajación en la reducción del dolor durante el parto, se ha establecido que una mayor percepción de control por parte de la mujer favorece una afrontación más positiva del proceso4,6.

Parto en el agua:

El uso del agua como complemento en el proceso de parto es una técnica que ha sido empleada a lo largo de la historia y que se utiliza en diversas situaciones dolorosas.

El uso de la bañera durante el parto requiere el cumplimiento estricto de un protocolo de higienización y limpieza. Asimismo, el proceso debe ser supervisado en todo momento por un profesional sanitario, quien se encargará de controlar la temperatura del agua, la cual debe mantenerse por debajo de los 37,5 ºC. Además, el profesional deberá monitorear el estado de la parturienta, adoptando las medidas adecuadas según las necesidades de la paciente y asegurando que el abdomen de la madre permanezca completamente sumergido en el agua. Es igualmente importante evitar la administración de medicamentos opioides a las pacientes que emplean esta técnica.

La inmersión en agua permite a las mujeres adoptar posturas verticales de manera más sencilla y cómoda, gracias a la flotabilidad proporcionada por esta técnica. Este efecto reduce el esfuerzo requerido para sostener el peso abdominal, promoviendo así la relajación de la madre. Generalmente, se recomienda el uso de esta técnica cuando el nivel de dilatación cervical alcanza los 4 o 5 centímetros, y su aplicación no debe exceder las dos horas.

Además, esta técnica favorece la liberación de oxitocina, ya que contribuye a la reducción de los niveles de estrés y ansiedad maternos, lo que mejora la calidad de las contracciones y acelera el proceso de dilatación. También se observa una mejora en la oxigenación de los tejidos musculares maternos y del feto4,6.

Técnicas psicológicas:

Dentro de las técnicas disponibles, la hipnoterapia destaca como una de las más relevantes. Esta técnica consiste en inducir al paciente a un estado de alteración de la conciencia, lo cual facilita un mayor nivel de distracción y permite modificar aspectos relacionados con la memoria, la percepción espacio-temporal e incluso ciertos procesos fisiológicos que afectan a la paciente. Como resultado, se puede alcanzar un grado de analgesia. Sin embargo, esta técnica es objeto de controversia en cuanto a su efectividad, ya que no se ha demostrado de manera concluyente que produzca un efecto analgésico significativo durante el proceso de parto4,6.

Técnicas mecánicas, electroestimulación:

La técnica analgésica empleada mediante el uso de los TENS se basa en la estimulación eléctrica a través de la piel, lo que impide la adecuada transmisión de los impulsos nerviosos responsables de la transmisión de estímulos nociceptivos a nivel medular. Este efecto se produce debido a que los estímulos eléctricos generados por el TENS viajan a una velocidad superior a la de los estímulos dolorosos, lo que provoca que dichos estímulos queden bloqueados durante su transmisión hacia el cerebro.

Aunque el efecto analgésico que produce presenta ciertas limitaciones, esta técnica permite a la paciente ejercer un control parcial sobre el dolor. Además, el aparato es operado de manera autónoma por la propia paciente, lo que le permite utilizarlo de forma independiente, manteniendo su capacidad para deambular y continuar con su vida diaria. Esta técnica no presenta efectos secundarios, tanto para la madre como para el feto, ni afecta el nivel de consciencia de la paciente. De hecho, diversos estudios han demostrado que la electroestimulación favorece la liberación de endorfinas, lo que contribuye a un aumento en el nivel de satisfacción materna, generando únicamente una leve irritación cutánea.

El dispositivo TENS consta de un generador de estímulos eléctricos, que se encuentra conectado a unos electrodos, cuyos extremos terminan en parches transmisores que contienen un gel conductor, facilitando así la transmisión eléctrica del parche a la piel. Estos parches se colocan en las áreas específicas donde se busca reducir el dolor. En el caso de las pacientes embarazadas, los electrodos se ubican en la zona de la espina dorsal o en la parte baja y media de la espalda. El aparato dispone de varios interruptores que permiten su encendido o apagado, así como la regulación del nivel de estimulación eléctrica, lo que permite ajustar la intensidad de acuerdo con la percepción del dolor de la paciente.

Se recomienda su uso en combinación con otros métodos analgésicos, con el fin de lograr un manejo adecuado del dolor durante el parto. Resulta especialmente útil cuando los métodos farmacológicos están contraindicados, constituyendo una alternativa esperanzadora para las mujeres en tales circunstancias4,6.

Seguimiento y soporte durante el parto:

Es fundamental que la paciente perciba de manera constante la presencia de una persona de apoyo durante todo el proceso de parto. Esta persona puede ser seleccionada por la paciente o, alternativamente, por el equipo sanitario encargado de su atención, con el objetivo de establecer un consenso que favorezca la calidad de los cuidados proporcionados. Además, existe una tendencia creciente hacia la reducción de partos que requieran el uso de instrumentación de apoyo, así como de nacimientos por cesárea y la duración del trabajo de parto. También se ha observado una disminución en la necesidad de administración de oxitocina, lo que contribuye a una mejora en los resultados del test de Apgar. Estos factores inciden positivamente en la satisfacción materna, lo que a su vez reduce la incidencia de trastornos depresivos postparto, promoviendo actitudes positivas hacia el parto por parte de la madre. Este entorno favorable repercute en un mayor éxito de la lactancia materna y un aumento en el interés de la madre por mantenerla.

Por lo general, el acompañante designado es una persona de gran confianza elegida por la madre, aunque en ocasiones esta figura puede ser un profesional sanitario4.

Audioanalgesia y terapia musical:

Esta herramienta permite crear un ambiente de relajación, favoreciendo la disminución de la tensión arterial, el pulso y la relajación muscular. Como consecuencia, la persona adopta un patrón respiratorio más pausado y rítmico, lo que refuerza aún más el estado de relajación, incrementando la liberación de endorfinas y la sensación de control personal. De este modo, se optimiza el bienestar emocional de las pacientes, siendo crucial seleccionar adecuadamente el tipo de música, lo cual debe estar en consonancia con los gustos personales de la paciente4,6.

Aromaterapia:

La técnica de la aromaterapia es ampliamente reconocida, ya que los aceites esenciales poseen diversas propiedades, dependiendo de los aromas que contengan. Estos pueden contribuir a la reducción del estrés, al control de la ansiedad o a la mejora de la percepción del dolor, brindando a las mujeres una experiencia más positiva durante el proceso del parto.

Aunque no existen estudios que demuestren un efecto directo de los aceites esenciales sobre la tensión arterial, es bien conocido su impacto en el estado emocional de las personas, lo que sugiere su potencial efecto positivo sobre la parturienta4,6.

Masajes:

La técnica consiste en la manipulación de áreas específicas del cuerpo mediante presión, fricción o golpes rítmicos, centrando principalmente en las regiones con masa muscular, aunque también puede aplicarse en otras zonas de tejidos blandos. Esta técnica induce efectos relajantes a través de la liberación de endorfinas y la reducción de los niveles de cortisol, promoviendo, además, un sentimiento de atención y cuidado en la persona que la recibe. Es fundamental resaltar que dicha técnica debe ser ejecutada exclusivamente por profesionales debidamente capacitados, a fin de prevenir posibles efectos adversos derivados de una aplicación incorrecta de la misma. Asimismo, se considera como parte de la técnica de masaje el empleo de elementos tales como bolsas de agua caliente o toallas húmedas4,6.

Inyección de agua estéril:

La técnica consiste en la inyección de hasta 0,5 ml de agua estéril de manera intradérmica, habiéndose investigado la vía subcutánea, aunque esta se ha mostrado menos efectiva en comparación con la vía intradérmica. La administración se realiza en cuatro dosis en el área conocida como el rombo de Michaelis, siendo recomendable administrar las dos primeras inyecciones de manera simultánea. Tras la inyección de agua estéril, se forman pequeñas ampollas que estimulan los receptores de presión, lo cual interrumpe la transmisión de los estímulos dolorosos que se propagan a través de los nervios espinales.

La administración de las inyecciones de agua estéril produce un efecto casi inmediato, alcanzando su máxima efectividad aproximadamente 40 minutos después de su aplicación, manteniendo dicho efecto durante un período máximo de 90 minutos. Es relevante señalar que, aunque esta técnica no genera efectos adversos significativos más allá de una leve sensación de escozor y el dolor asociado a las inyecciones, no proporciona alivio para el dolor perineal ni para el dolor abdominal que pueda experimentar la parturienta. Por lo tanto, se recomienda su administración de manera temprana durante la fase de dilatación, al inicio de las contracciones4,6.

Independencia del movimiento:

Consiste en permitir que la parturienta se mueva libremente durante el proceso de parto. Para aplicar eficazmente esta técnica, es fundamental proporcionar una instrucción previa a la madre, a fin de que conozca las posiciones que pueden ser más beneficiosas en función de la fase del parto en la que se encuentre. Por ejemplo, durante la primera fase del parto, se recomienda adoptar una posición vertical, en semicuclillas o cuclillas. Se ha observado que estas posiciones no solo reducen la duración de esta fase, sino que también aumentan el espacio pelviano disponible para el bebé y disminuyen las alteraciones en la frecuencia cardíaca fetal. Asimismo, otras posiciones recomendadas incluyen mantener las piernas flexionadas y abiertas, apoyando la espalda sobre una superficie rígida, como una pared; estar de pie con las piernas separadas; o arrodillarse4,6.

Plataformas inestables:

Dentro de este grupo se incluyen las denominadas pelotas de parto, las cuales consisten en pelotas de goma de gran tamaño, empleadas también en la práctica de ejercicios musculares como el Pilates. Estas pelotas se utilizan para promover la relajación de la musculatura y favorecer la movilidad de la pelvis, gozando de gran prestigio en centros de rehabilitación y deportivos. En la actualidad, también se emplean en las salas de parto, proporcionando un asiento cómodo que se adapta a la anatomía corporal gracias a su naturaleza elástica. Este diseño permite la adopción de posturas que contribuyen al alivio del dolor, mientras que los movimientos suaves realizados durante su uso facilitan la contracción del suelo pélvico, mejorando la circulación sanguínea hacia la placenta y favoreciendo el proceso de descenso del bebé4.

Acupuntura:

Esta técnica, tiene como objetivo alcanzar un estado de «equilibrio energético», logrado mediante la inserción de agujas en puntos específicos de la piel o mediante la presión sobre puntos denominados meridianos, según el objetivo terapéutico que se desee alcanzar.

Esta técnica ejerce su efecto a través del bloqueo de los impulsos dolorosos, además de estimular la producción de endorfinas, lo que contribuye a la disminución del dolor4.

 

CONCLUSIÓN

El manejo del dolor en el parto es fundamental para garantizar una experiencia segura y positiva para la madre. Existen diversas técnicas, tanto farmacológicas como no farmacológicas, cada una con sus beneficios y limitaciones. La elección del método debe adaptarse a las necesidades de cada mujer, considerando su salud, preferencias y la evolución del trabajo de parto. Una evaluación adecuada del dolor permite ofrecer opciones eficaces y seguras, minimizando riesgos y mejorando la experiencia del parto.

El enfoque ideal es interdisciplinario, combinando métodos según el caso, con el objetivo de reducir el dolor y favorecer un parto satisfactorio y seguro.

 

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