AUTORES
- Laura Rodríguez García. Matrona, Hospital del Mar, Barcelona. España.
- Clara Sánchez García-Moreno. Complejo Hospitalario San Pedro de Alcántara. Cáceres, Extremadura. España.
- Laura Tella Barrado. Matrona, Complejo Hospitalario Universitario de Canarias. La Laguna, Tenerife. España.
- Sandra Barba Pamplona. Matrona, Complejo Hospitalario Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, Santa Cruz de Tenerife, Tenerife. España.
- Adela María Bravo Juan. Matrona, Complejo Hospitalario Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, Santa Cruz De Tenerife, Tenerife. España.
RESUMEN
La exploración vaginal es una herramienta fundamental para valorar la progresión del trabajo de parto, permitiendo evaluar parámetros como la dilatación y el borramiento cervical, así como el descenso y la posición de la presentación fetal. Sin embargo, se trata de una intervención invasiva cuya realización repetida puede afectar a la experiencia de la mujer y se ha relacionado con determinados resultados maternos. Aunque las principales guías recomiendan realizar exploraciones vaginales aproximadamente cada cuatro horas durante la fase activa del trabajo de parto en mujeres de bajo riesgo, la evidencia sobre la frecuencia óptima continúa siendo limitada.
Objetivo: Analizar la evidencia científica disponible sobre la frecuencia y el número de exploraciones vaginales durante el trabajo de parto.
Metodología: Se realizó una búsqueda bibliográfica de la literatura científica en PubMed/MEDLINE, Cochrane Library, Scopus y Web of Science. Se incluyeron ensayos clínicos, estudios observacionales y revisiones sistemáticas publicados en español o inglés que analizaran la frecuencia o el número de exploraciones vaginales y su relación con diferentes resultados durante el trabajo de parto.
Exploración vaginal, tacto vaginal, trabajo de parto, frecuencia, progreso del trabajo de parto, atención intraparto.
ABSTRACT
Vaginal examination is a fundamental tool for assessing the progression of labor, allowing for the evaluation of parameters such as cervical dilation and effacement, as well as the descent and position of the fetal presenting part. However, it is an invasive procedure; repeated examinations can affect the woman’s experience and have been linked to specific maternal outcomes. Although major guidelines recommend performing vaginal examinations approximately every four hours during the active phase of labor in low-risk women, evidence regarding the optimal frequency remains limited.
Objective: To analyze the available scientific evidence on the frequency and number of vaginal examinations during labor.
Methodology: A bibliographic search of the scientific literature was conducted in PubMed/MEDLINE, the Cochrane Library, Scopus, and Web of Science. Clinical trials, observational studies, and systematic reviews published in Spanish or English that analyzed the frequency or number of vaginal examinations and their relationship with different outcomes during labor were included.
KEY WORDS
Vaginal examination, vaginal touch, labor, frequency, labor progress, intrapartum care.
La valoración de la evolución del trabajo de parto constituye un componente fundamental de la asistencia intraparto. Entre las herramientas empleadas para valorar dicha evolución se encuentra la exploración vaginal digital, mediante la cual pueden determinarse diferentes parámetros obstétricos, como la dilatación y el borramiento cervical, la posición y el descenso de la presentación fetal, así como la presencia o ausencia de membranas. Su utilización se ha incorporado de forma habitual a la vigilancia del trabajo de parto y constituye una de las principales herramientas para valorar su progresión1,2.
A pesar de su amplia utilización, la exploración vaginal es una intervención invasiva que puede influir en la experiencia de la mujer durante el parto. Jenkins et al. realizaron en 2023 una síntesis meta etnográfica de seis estudios cualitativos sobre las experiencias, percepciones y conocimientos de las mujeres respecto a las exploraciones vaginales intraparto. Los resultados mostraron que las mujeres podían experimentar las exploraciones como dolorosas, angustiosas o embarazosas, aunque frecuentemente las aceptaban al considerarlas necesarias o inevitables durante el parto. Asimismo, el contexto asistencial, la privacidad, la relación con los profesionales y el modelo de atención podrían influir de forma importante en la experiencia de la exploración3.
La frecuencia con la que debe realizarse la exploración vaginal constituye, por tanto, un aspecto relevante de la asistencia intraparto. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar una exploración vaginal digital cada cuatro horas para la valoración rutinaria de la primera etapa activa del trabajo de parto en mujeres de bajo riesgo. Sin embargo, la propia OMS señala que esta recomendación se sustenta en evidencia de muy baja calidad y que no existe evidencia directa que permita determinar cuál es la frecuencia más adecuada de exploración para prevenir la morbilidad infecciosa materna y neonatal. La recomendación se fundamenta, en parte, en el consenso alcanzado por el grupo de desarrollo de la guía. Asimismo, la OMS establece que la frecuencia de las exploraciones debe adaptarse al contexto asistencial y a la evolución del parto, pudiendo ser necesario realizarlas con mayor frecuencia cuando la situación clínica materna o fetal lo requiera1.
Además, la OMS señala la importancia de restringir tanto la frecuencia como el número total de exploraciones vaginales, especialmente cuando existen otros factores asociados a un mayor riesgo de infección, como la rotura prolongada de membranas o una duración prolongada del trabajo de parto1. Esta consideración resulta especialmente relevante al valorar si la realización rutinaria de exploraciones a intervalos inferiores a cuatro horas aporta algún beneficio clínico adicional.
En la misma línea, el National Institute for Health and Care Excellence (NICE) recomienda ofrecer una exploración vaginal cada cuatro horas durante la primera etapa establecida del trabajo de parto, siempre que no exista preocupación previa por la progresión. La guía señala además que la exploración debe realizarse cuando sea necesaria y cuando pueda aportar información relevante para la toma de decisiones clínicas. Asimismo, establece que deben explicarse a la mujer los motivos y el procedimiento, obtener su consentimiento informado y garantizar su privacidad, dignidad y comodidad. La mujer puede rechazar la exploración o solicitar que se detenga en cualquier momento2.
Estas recomendaciones ponen de manifiesto que la exploración vaginal no debería considerarse únicamente como una intervención programada en función del tiempo transcurrido, sino como una herramienta cuya realización debe responder a una finalidad clínica concreta. En este sentido, la frecuencia de las exploraciones adquiere especial relevancia, ya que una mayor frecuencia no implica necesariamente una mejor valoración de la progresión ni una modificación favorable de los resultados obstétricos.
Además, la necesidad de limitar las exploraciones debe contemplarse desde una perspectiva centrada en la mujer. La realización repetida de exploraciones puede incrementar la incomodidad y el impacto emocional de la asistencia, especialmente cuando la información obtenida no modifica la conducta clínica3. Por ello, la valoración de la frecuencia óptima de los tactos vaginales debe integrar tanto los posibles beneficios derivados de la información obtenida como sus potenciales inconvenientes y las preferencias de la mujer.
En este contexto, resulta relevante cuestionar la necesidad de establecer intervalos rígidos para la realización de exploraciones vaginales durante el trabajo de parto. Aunque las recomendaciones internacionales sitúan la exploración rutinaria en intervalos de cuatro horas en mujeres de bajo riesgo, la evidencia que sustenta la frecuencia óptima continúa siendo limitada 1,2. Determinar si una frecuencia más elevada, como la realización de exploraciones cada dos horas, aporta beneficios clínicos adicionales constituye, por tanto, una cuestión de interés para la práctica obstétrica.
Por ello, el presente trabajo pretende analizar la evidencia científica disponible sobre la frecuencia y el número de exploraciones vaginales durante el trabajo de parto, así como examinar los diferentes intervalos de realización, las estrategias rutinarias frente a las basadas en indicación clínica y su posible relación con la morbilidad febril materna y el trauma perineal.
Analizar la evidencia científica disponible sobre la frecuencia y el número de exploraciones vaginales durante el trabajo de parto.
- Analizar la evidencia disponible sobre los diferentes intervalos de realización de exploraciones vaginales durante el trabajo de parto.
- Comparar las estrategias de exploración vaginal rutinaria con las exploraciones realizadas según indicación clínica.
- Examinar la relación entre el número acumulado de exploraciones vaginales y la morbilidad febril materna.
- Analizar la posible asociación entre el número de exploraciones vaginales y el trauma perineal.
Se realizó una revisión bibliográfica de la literatura científica con el objetivo de analizar la evidencia disponible sobre la frecuencia y el número de exploraciones vaginales durante el trabajo de parto, incluyendo los diferentes intervalos de realización, las estrategias rutinarias frente a las basadas en indicación clínica y su posible relación con determinados resultados maternos.
Se realizó una búsqueda bibliográfica en los meses de abril hasta mayo de 2026 en las bases de datos PubMed/MEDLINE, Cochrane Library, Scopus y Web of Science, utilizando términos relacionados con la exploración vaginal y el trabajo de parto. Se emplearon palabras clave como vaginal examination, digital vaginal examination, routine vaginal examination, frequency, labour, labor progress e intrapartum care, combinadas mediante los operadores booleanos AND y OR.
Asimismo, se realizó una búsqueda manual de las referencias bibliográficas de los artículos seleccionados y de las revisiones sistemáticas identificadas, con el objetivo de localizar publicaciones adicionales relevantes.
Se incluyeron:
Estudios realizados en mujeres durante el trabajo de parto.
Estudios que analizaran la frecuencia o el número acumulado de exploraciones vaginales, incluyendo comparaciones entre diferentes intervalos y entre estrategias rutinarias y basadas en indicación clínica.
Estudios que evaluaran resultados maternos, neonatales u obstétricos relacionados con las exploraciones vaginales.
Ensayos clínicos, estudios observacionales y revisiones sistemáticas.
Publicaciones en español o inglés.
Se excluyeron:
Estudios no relacionados con la exploración vaginal durante el trabajo de parto.
Estudios centrados exclusivamente en el embarazo, puerperio o procedimientos ginecológicos.
Cartas al editor, editoriales, comunicaciones a congresos y opiniones de expertos.
Publicaciones duplicadas.
Selección y análisis de los estudios:
Los resultados se organizaron en función de los objetivos de la revisión y se sintetizaron de forma narrativa, agrupándolos en cuatro aspectos principales: frecuencia de las exploraciones vaginales, exploraciones rutinarias frente a exploraciones según indicación clínica, relación entre el número acumulado de exploraciones y la morbilidad febril materna, y asociación entre el número de exploraciones y el trauma perineal.
Al tratarse de una revisión de literatura científica publicada, sin participación directa de seres humanos ni acceso a datos personales, no fue necesaria la aprobación de un comité de ética ni la obtención de consentimiento informado.
RESULTADOS
Frecuencia de las exploraciones vaginales durante el trabajo de parto:
La evidencia disponible sobre la frecuencia óptima de las exploraciones vaginales durante el trabajo de parto es limitada. La revisión sistemática Cochrane de Moncrieff et al. (2022), que evaluó ensayos clínicos aleatorizados sobre diferentes estrategias de exploración vaginal, concluyó que no existe evidencia suficiente para determinar cuál es el método o la frecuencia óptima para valorar la progresión del trabajo de parto. Los autores señalaron además que los estudios disponibles presentaban tamaños muestrales reducidos y una certeza de la evidencia baja o muy baja4.
La comparación directa entre exploraciones vaginales cada dos y cuatro horas procede de un ensayo clínico realizado en 150 mujeres primíparas con trabajo de parto espontáneo. Según la revisión Cochrane, no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre ambas frecuencias en el parto vaginal espontáneo (RR: 1,02; IC95%: 0,83–1,26) ni en la estimulación del trabajo de parto (RR: 0,97; IC95%: 0,60–1,57). Sin embargo, la certeza de la evidencia fue considerada muy baja, por lo que estos resultados no permiten establecer que ambas estrategias sean equivalentes, sino únicamente que no se identificaron diferencias estadísticamente significativas en los resultados estudiados4.
La evidencia reciente ha comenzado a estudiar si la primera exploración vaginal puede espaciarse más allá de las cuatro horas en determinadas situaciones clínicas. Nashreen et al. (2024) realizaron un ensayo clínico aleatorizado en 210 mujeres nulíparas a término sometidas a inducción del parto tras maduración cervical con balón de Foley y amniotomía, con administración posterior de oxitocina. Se comparó la realización de la primera exploración vaginal a las ocho frente a las cuatro horas. El intervalo medio entre la amniotomía y el nacimiento fue de 8,7 ± 3,4 horas en el grupo de ocho horas frente a 8,4 ± 3,7 horas en el grupo de cuatro horas, con una diferencia media de 0,4 horas (IC97,5%: −0,7 a 1,5; p=0,442), dentro del margen de no inferioridad previamente establecido5.
En este mismo estudio, el número de exploraciones vaginales fue significativamente menor en el grupo de ocho horas, con una mediana de 2 (RIC: 1–2,5) frente a 3 (RIC: 2–3) en el grupo de cuatro horas (p<0,001). La satisfacción materna no mostró diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos. Asimismo, el grupo de ocho horas presentó una mayor proporción de partos vaginales espontáneos y una menor proporción de partos vaginales instrumentales, aunque los autores señalaron que estos resultados secundarios requieren confirmación mediante estudios con mayor potencia estadística. La tasa de cesáreas no mostró diferencias significativas5.
En mujeres multíparas sometidas a inducción del parto, Mohd Aishah et al. (2024) realizaron un ensayo clínico aleatorizado con 204 participantes, comparando igualmente la primera exploración vaginal a las ocho frente a las cuatro horas después de la amniotomía y el inicio de la oxitocina. El intervalo desde la amniotomía hasta el nacimiento fue de 4,97 ± 2,47 horas en el grupo de ocho horas y de 5,79 ± 3,17 horas en el grupo de cuatro horas, resultado que cumplió el criterio de no inferioridad establecido por los investigadores. El número de exploraciones vaginales fue significativamente menor en el grupo de ocho horas, con una mediana de 2 frente a 3 (p<0,001). En este estudio no se observaron diferencias significativas en la vía del parto ni en los resultados neonatales. Sin embargo, la utilización de analgesia epidural fue menor en el grupo de ocho horas (12,7% frente a 27,5%; RR: 0,46; IC95%: 0,26–0,84; p=0,009). La satisfacción materna tampoco fue superior con la estrategia de ocho horas6.
Posteriormente, Radzali et al. (2025) estudiaron la programación de la primera exploración vaginal a las ocho frente a las cuatro horas en 254 mujeres multíparas a término con trabajo de parto espontáneo temprano. El intervalo medio desde el diagnóstico del trabajo de parto hasta el nacimiento fue de 4,1 ± 3,0 horas en el grupo de ocho horas frente a 4,5 ± 2,8 horas en el grupo de cuatro horas, con una diferencia media de −0,5 horas (IC95%: −1,2 a 0,3), cumpliéndose el criterio de no inferioridad7.
El número de exploraciones desde el diagnóstico del trabajo de parto hasta el inicio del segundo periodo también fue ligeramente inferior en el grupo de ocho horas. Además, se observó una menor utilización de oxitocina (22,0% frente a 34,6%; RR: 0,64; IC95%: 0,42–0,95) y de analgesia epidural (7,1% frente a 15,0%; RR: 0,47; IC95%: 0,22–1,00). No se encontraron diferencias significativas en cesárea, fiebre materna, lesión perineal, hemorragia posparto ni en los principales resultados neonatales. No obstante, la satisfacción materna fue significativamente menor en el grupo de ocho horas, con una mediana de 8 frente a 9 en el grupo de cuatro horas (p<0,001)7.
En conjunto, los ensayos recientes sugieren que, en poblaciones seleccionadas, retrasar la primera exploración vaginal hasta ocho horas no prolonga el tiempo hasta el nacimiento y permite reducir el número de exploraciones realizadas. Sin embargo, los resultados proceden de poblaciones concretas —nulíparas o multíparas, con inducción o trabajo de parto espontáneo— y no permiten establecer que un intervalo de ocho horas sea aplicable de manera generalizada a todas las mujeres.
Exploraciones rutinarias frente a exploraciones según indicación clínica:
Además de comparar diferentes intervalos temporales, la revisión Cochrane analizó la realización de exploraciones vaginales rutinarias frente a una estrategia basada en la indicación clínica. En un ensayo realizado en 204 mujeres primíparas sometidas a inducción del parto, las exploraciones rutinarias cada cuatro horas se asociaron con una mayor utilización de oxitocina en comparación con las exploraciones realizadas únicamente cuando existía una indicación clínica (RR: 2,55; IC95%: 1,03–6,31)4.
Sin embargo, no se observaron diferencias estadísticamente significativas en el parto vaginal espontáneo ni en los resultados infecciosos maternos y neonatales. En particular, la diferencia en corioamnionitis no alcanzó significación estadística (RR: 3,06; IC95%: 0,13–74,21), al igual que la infección neonatal (RR: 4,08; IC95%: 0,46–35,87)4.
Estos resultados sugieren que la realización sistemática de exploraciones no ha demostrado aportar beneficios claros sobre la vía del parto y plantean la posibilidad de que una estrategia basada en la indicación clínica pueda reducir determinadas intervenciones. No obstante, la evidencia procede de un único estudio y presenta una certeza baja, por lo que no permite establecer una relación causal entre la frecuencia de los tactos y la utilización de oxitocina.
Número acumulado de exploraciones y morbilidad febril materna:
La relación entre el número acumulado de exploraciones vaginales y la morbilidad infecciosa materna ha sido estudiada en una cohorte retrospectiva de 22.183 mujeres con parto vaginal a término. Las participantes fueron clasificadas según hubieran recibido hasta cuatro, cinco-seis, siete-ocho o nueve o más exploraciones. La frecuencia de morbilidad febril aumentó progresivamente a medida que se incrementaba el número de exploraciones. Tras ajustar por diferentes variables potencialmente confusas, realizar cinco o más exploraciones se asoció de forma independiente con una mayor morbilidad febril intraparto. La odds ratio ajustada fue de 1,83 (IC95%: 1,29–2,61) para cinco-seis exploraciones, 2,65 (IC95%: 1,87–3,76) para siete-ocho y 3,47 (IC95%: 2,44–4,92) para nueve o más. También se observó una asociación con la morbilidad febril posparto y periparto8.
Estos resultados muestran una asociación dosis-respuesta entre el número de exploraciones y la morbilidad febril. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que se trata de un estudio observacional. Las mujeres que requieren un mayor número de exploraciones pueden presentar trabajos de parto más prolongados o complejos, mayor tiempo desde la rotura de membranas hasta el nacimiento o mayor frecuencia de inducciones, factores que también pueden relacionarse con la aparición de fiebre. Por ello, aunque el análisis ajustó diferentes variables, no puede establecerse que las exploraciones vaginales sean por sí mismas la causa de la morbilidad febril.
Número de exploraciones y trauma perineal:
El posible efecto del número acumulado de exploraciones sobre el trauma perineal fue estudiado por Gluck et al. en una cohorte retrospectiva de 22.387 mujeres con parto vaginal a término. Las participantes fueron clasificadas en función de haber recibido hasta dos, tres-cuatro, cinco-seis o siete o más exploraciones. La realización de cinco o más exploraciones se asoció con una mayor frecuencia de trauma perineal grave en comparación con cuatro o menos exploraciones (0,53% frente a 0,26%; p<0,01). En el análisis multivariante, cinco o más exploraciones se asociaron con un mayor riesgo de trauma perineal grave (ORa: 1,72; IC95%: 1,21–2,47), al igual que el parto instrumental (ORa: 2,65; IC95%: 1,72–4,07)9.
Estos resultados deben interpretarse nuevamente como una asociación y no como evidencia de causalidad. La propia relación entre el parto instrumental y el trauma perineal pone de manifiesto la existencia de múltiples factores relacionados con la evolución y las intervenciones durante el parto que pueden influir en este resultado9.
La evidencia analizada pone de manifiesto que la frecuencia óptima de las exploraciones vaginales durante el trabajo de parto continúa sin estar claramente establecida. La revisión Cochrane de Moncrieff et al. concluyó que la evidencia disponible es insuficiente para determinar cuál es la estrategia más eficaz y aceptable para valorar la progresión del parto, destacando la escasez de ensayos clínicos y la baja o muy baja certeza de los resultados4.
La comparación directa entre exploraciones cada dos y cuatro horas constituye la evidencia más relevante para cuestionar la frecuencia de dos horas. Los resultados disponibles no mostraron diferencias significativas en el parto vaginal espontáneo ni en la necesidad de estimulación. Sin embargo, debido al pequeño tamaño del estudio y a la muy baja certeza de la evidencia, estos resultados no permiten afirmar que ambos intervalos sean equivalentes4. No se dispone de evidencia de certeza suficiente que demuestre un beneficio adicional de realizar exploraciones cada dos horas frente a intervalos más prolongados. Esta cuestión adquiere especial relevancia a la luz de los ensayos publicados recientemente. Tanto en nulíparas sometidas a inducción como en multíparas sometidas a inducción o con trabajo de parto espontáneo, la primera exploración programada a las ocho horas no prolongó el tiempo hasta el nacimiento en comparación con la exploración a las cuatro horas5,7.
Estos estudios presentan, además, un hallazgo común: la estrategia de ocho horas reduce el número de exploraciones vaginales realizadas5,7. Esto resulta relevante porque plantea que la información necesaria para valorar la evolución del parto podría obtenerse, al menos en determinadas situaciones clínicas, mediante exploraciones menos frecuentes y más vinculadas a la evolución clínica que al cumplimiento de un intervalo temporal rígido.
No obstante, los resultados no deben interpretarse como evidencia suficiente para recomendar universalmente una exploración cada ocho horas. Los ensayos se realizaron en poblaciones seleccionadas y en contextos concretos. El estudio de Nashreen et al. incluyó exclusivamente nulíparas sometidas a inducción tras maduración cervical con balón de Foley y amniotomía; el de Mohd Aishah et al. incluyó multíparas sometidas a un protocolo de inducción similar; y el estudio de Radzali et al. se realizó en multíparas con trabajo de parto espontáneo temprano5,6,7. Por tanto, la aplicabilidad de estos resultados a otras situaciones, como partos con alteraciones de la evolución, cambios en el estado materno-fetal o determinadas intervenciones obstétricas, debe valorarse individualmente.
Otro aspecto relevante es que la exploración vaginal no debería considerarse únicamente como una intervención destinada a obtener información sobre la dilatación cervical. Su utilidad depende de si la información obtenida puede modificar la conducta clínica. En este sentido, el ensayo incluido en la revisión Cochrane que comparó exploraciones rutinarias cada cuatro horas con exploraciones según indicación clínica observó una mayor utilización de oxitocina en el grupo sometido a exploraciones rutinarias, sin demostrar un beneficio equivalente en el parto vaginal espontáneo4. Este hallazgo no demuestra que las exploraciones provoquen intervenciones innecesarias, pero sí plantea la necesidad de valorar críticamente si una exploración programada aporta información que vaya a modificar realmente la asistencia.
La seguridad materna constituye otro argumento relevante. El estudio de Gluck et al. encontró una asociación dosis-respuesta entre un mayor número de exploraciones y la morbilidad febril, incluso después del ajuste por diferentes variables clínicas. De forma similar, otro estudio del mismo grupo identificó una asociación entre cinco o más exploraciones y el trauma perineal grave8,9.
Sin embargo, estos resultados deben interpretarse con especial cautela. No permiten afirmar que exista un número concreto de exploraciones por encima del cual aparezca un “umbral de seguridad”, ni que realizar cinco o más tactos provoque necesariamente infección o trauma. El número de exploraciones puede estar condicionado por la duración y complejidad del parto y por la necesidad de intervenciones obstétricas. Por ello, los hallazgos deben considerarse una señal de posible riesgo que apoya la necesidad de evitar exploraciones que no tengan una finalidad clínica clara, pero no permiten establecer un límite numérico universal.
La experiencia de la mujer constituye igualmente un elemento esencial. Los ensayos recientes muestran resultados diferentes respecto a la satisfacción materna. En nulíparas sometidas a inducción no se observaron diferencias significativas entre las estrategias de cuatro y ocho horas, mientras que en multíparas con trabajo de parto espontáneo la satisfacción fue significativamente mayor con la estrategia de cuatro horas5,7. Esta variabilidad indica que reducir la frecuencia de las exploraciones no necesariamente mejora por sí misma la experiencia materna y que las preferencias de cada mujer deben formar parte de la toma de decisiones.
Desde la perspectiva de la práctica profesional de la matrona, estos hallazgos apoyan la consideración del tacto vaginal como una intervención que debe realizarse con una finalidad clínica definida, y no exclusivamente porque haya transcurrido un determinado número de horas. La exploración puede resultar necesaria cuando existe sospecha de alteración de la progresión, cambios en la situación materna o fetal o cuando la información obtenida vaya a condicionar una decisión asistencial. En ausencia de estas circunstancias, la utilidad de repetir sistemáticamente la exploración debe valorarse individualmente.
Este enfoque no implica eliminar las exploraciones programadas ni establecer automáticamente un intervalo de ocho horas. La evidencia disponible no permite realizar ninguna de estas dos afirmaciones. Lo que sí permite plantear es la necesidad de cuestionar la frecuencia rutinaria de dos horas, dado que no se ha demostrado un beneficio clínico adicional frente a intervalos mayores y que los estudios recientes sugieren que, en determinadas poblaciones, puede reducirse la frecuencia sin prolongar el tiempo hasta el nacimiento4,7.
En conjunto, la evidencia disponible sugiere que no existe una justificación científica suficientemente sólida para considerar que las exploraciones vaginales rutinarias cada dos horas sean necesarias en todas las mujeres con una evolución normal del trabajo de parto. Al mismo tiempo, la evidencia es insuficiente para establecer una frecuencia alternativa universal. Por ello, parece más adecuado avanzar hacia una práctica individualizada, en la que el momento y la frecuencia de las exploraciones se determinen en función de la situación clínica, la información necesaria para la toma de decisiones y las preferencias de la mujer.
En definitiva, la evidencia disponible no demuestra que realizar tactos vaginales cada dos horas mejore los resultados del trabajo de parto frente a intervalos más prolongados. Los estudios recientes de cuatro frente a ocho horas sugieren que, en poblaciones seleccionadas, espaciar las exploraciones puede reducir su número sin prolongar el tiempo hasta el nacimiento5,7. Por otra parte, estudios observacionales han identificado una asociación entre un mayor número acumulado de exploraciones y determinadas complicaciones maternas, aunque sin poder establecer causalidad8,9.
Por tanto, más que establecer un nuevo intervalo fijo, la evidencia disponible respalda reducir las exploraciones innecesarias y priorizar una estrategia individualizada y clínicamente indicada, evitando que el paso del tiempo constituya por sí solo la única razón para realizar una nueva exploración.
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