Fisioterapia y espondilitis anquilosante

25 julio 2026

 

AUTORES

  1. Elena Artigas Cardiel. Fisioterapeuta Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
  2. Alicia Citores Garrido. Fisioterapeuta Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, Aragón, España.
  3. Alicia Marijuán Moros. Fisioterapeuta Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, Aragón, España.
  4. Laura Mas Moreno. Fisioterapeuta. Aragón, España.

 

RESUMEN

La espondilitis anquilosante (EA) es una enfermedad reumática inflamatoria crónica y progresiva, también conocida como “mal de Bechterew”. Afecta principalmente al esqueleto axial, sobre todo a nivel de columna vertebral y pelvis, causando síntomas como dolor, rigidez y con el paso del tiempo, fusión de huesos pequeños. La postura es cada vez menos elongada, con tendencia a flexión y a una postura encorvada1.

La etiología es desconocida, agrupándose dentro del grupo de las espondiloartropatías seronegativas, ya que el estudio del factor reumatoideo es negativo, a diferencia de las artropatías del tejido conjuntivo2. Entre otras enfermedades comunes del grupo de las espondiloartropatías, se encuentran también la artritis reactiva y la artritis psoriásica entre las más importantes.

PALABRAS CLAVE

Fisioterapia, rehabilitación, espondilitis anquilosante.

ABSTRACT

Ankylosing spondylitis (AS) is a chronic and progressive inflammatory rheumatic disease, also known as Bechterew’s disease. It primarily affects the axial skeleton, mainly the spine and pelvis, causing symptoms such as pain, stiffness, and, over time, fusion of small bones. Posture becomes increasingly less elongated, with a tendency towards flexion and a stooped posture1.

The etiology is unknown, and it is classified within the group of seronegative spondyloarthropathies, since rheumatoid factor testing is negative, unlike connective tissue arthropathies2. Other common diseases within the spondyloarthropathies group include reactive arthritis and psoriatic arthritis, among the most important.

KEY WORDS

Physical therapy, rehabilitation, ankylosing spondylitis.

INTRODUCCIÓN

La espondilitis anquilosante (EA) es una enfermedad reumática inflamatoria crónica y progresiva, también conocida como “mal de Bechterew”. Afecta principalmente al esqueleto axial, sobre todo a nivel de columna vertebral y pelvis, causando síntomas como dolor, rigidez y con el paso del tiempo, fusión de huesos pequeños. La postura es cada vez menos elongada, con tendencia a flexión y a una postura encorvada1.

La etiología es desconocida, agrupándose dentro del grupo de las espondiloartropatías seronegativas, ya que el estudio del factor reumatoideo es negativo, a diferencia de las artropatías del tejido conjuntivo2. Entre otras enfermedades comunes del grupo de las espondiloartropatías, se encuentran también la artritis reactiva y la artritis psoriásica entre las más importantes.

La tasa de prevalencia de la EA se estima entre el 0,03 y el 1,8 % en Europa; en España, se encuentran afectados unas 100.000 personas por EA1. Existe mayor incidencia entre los hombres1, y en pacientes jóvenes entre los 20 y los 40 años de edad2.

El hecho de que los síntomas principales sean la sacroileítis, la entesitis, la tendencia a la fusión vertebral, conllevando a dolor lumbar crónico y rigidez, con menor flexibilidad y cambio del centro de gravedad, hace que la fisioterapia sea una herramienta indispensable para estos pacientes2.

El trabajo debe ir encaminado al control postural y de equilibrio, la potenciación suave, la coordinación, estiramientos osteomusculares…. En el presente estudio se pretende determinar qué técnicas de fisioterapia cuentan con la evidencia científica necesaria para el tratamiento más adecuado de la EA.

OBJETIVO

Los objetivos del presente estudio es conocer las líneas de tratamiento más recomendadas y con evidencia científica en el campo de la fisioterapia para pacientes con afección de “espondilitis anquilopoyética”.

METODOLOGÍA

Se realizó una búsqueda bibliográfica consultando las bases de datos de Medline/Pubmed en mayo del 2026 con una antigüedad de 5 años, de las revisiones sistemáticas y metaanálisis, en inglés. Las palabras clave para la búsqueda fueron «physical therapy» y «Ankylosing spondylitis».

RESULTADOS

La espondilitis anquilosante (EA) se asocia fuertemente a la presencia del antígeno genético HLA-B27, siendo una enfermedad inflamatoria crónica y progresiva que afecta sobre todo al esqueleto axial. La EA es una enfermedad reumática autoinmune y de causa desconocida, siendo englobada dentro de las enfermedades seronegativas, ya que el estudio del factor reumatoideo es negativo1,2.

La incidencia en Europa es mayor en la zona norte y entre los hombres con una proporción 3:1 frente a las mujeres1. Los primeros síntomas suelen ocurrir entre los 20 y los 40 años de edad2.

El hecho de que la EA cause dolor crónico, junto a distintos grados de discapacidad hace que suponga un alto costo sanitario, por lo que es importante determinar la forma de tratar más eficaz1. Entre las terapias no farmacológicas, en el presente estudio vamos a abordar específicamente la fisioterapia.

Existen diversas escalas para su diagnóstico, siendo la más utilizada hasta la fecha los criterios de Nueva York modificados, pero tiene como limitación que el diagnóstico es tardío. Otras escalas son los criterios de Amor, los del Grupo Europeo de Estudio de la Espondiloartropatía (ESSG) y los de ASAS (Sociedad Internacional para la Evaluación de la Espondiloartritis)1,3.

Entre los síntomas de la EA se encuentran la sacroileitis, la entesitis, el dolor crónico dorsolumbar y la rigidez progresiva de la columna, caderas, rodillas…. Pueden hallarse también afecciones sistémicas, que se traducen en problemas en riñones, corazón, pulmones, intestino, así como problemas en los ojos como las iritis y las uveítis1. A nivel radiológico se observa cuadratura vertebral, así como la osificación de los ligamentos y la fusión vertebral conocido con el término caña de bambú. El dolor suele tener una duración de más de 3 meses y a largo plazo crea una enfermedad restrictiva respiratoria, al producir anquilosis vertebral con dificultad en la expansión de la caja torácica, así como la existencia de tejido cicatrizal en los pulmones.

En cuanto a la capacidad funcional del paciente para vigilar la progresión de la enfermedad o conocer la efectividad de las terapias planteadas, existen diversos métodos como el índice BASMI, el índice BASFI o el de BASDAI. También se puede usar para el dolor una escala analógica, y escalas de calidad de vida generales o específicas para EA como ASOoL1,3.

El tratamiento de la EA, consiste en una combinación de tratamientos farmacológicos y no farmacológicos. Entre las terapias no farmacológicas, el presente estudio se centrará en el manejo a través de la fisioterapia. Entre los objetivos principales del tratamiento de fisioterapia de la EA se encuentran la educación del paciente, mejorar y/o mantener la flexibilidad de la columna, mejorar el equilibrio y la coordinación, reduciendo las posibles complicaciones para ralentizar la progresión de la enfermedad1. Las distintas actuaciones que se pueden realizar desde el campo de la fisioterapia, cuentan con diferentes tipos de respaldo científico:

  1. Educación del paciente: Los pacientes deben aprender aspectos de la enfermedad y aprender cómo convivir con ella, sabiendo lo que deben y no deben hacer, así como crear una adherencia terapéutica ante el ejercicio. El hecho de que dicho ejercicio sea pautado por un fisioterapeuta, puede llevar a compartir los problemas que pueden ir surgiendo para adaptar progresivamente al nivel del paciente, consiguiendo una mayor efectividad de la tarea. Este punto resulta uno de los pilares fundamentales que se deben realizar para que el tratamiento se encamine al éxito.
  2. Pilates: Está demostrado que la práctica grupal mejora la relación del paciente con su dolor, provocando una distracción a través del ocio y pudiendo poner en común síntomas cuando se practica con gente con patología crónica. La práctica habitual de Pilates interviene en una menor rigidez matutina.
  3. Ejercicios de coordinación y equilibrio: El dolor lumbar crónico y la rigidez progresiva unido a posiciones antiálgicas provoca una menor movilidad y flexibilidad, provocando un cambio hacia una postura anteriorizada con aumento en el número de caídas al verse afectado el equilibrio2. El proceso inflamatorio de la EA, provoca problemas en los sistemas neuromuscular y propioceptivo, lo que conlleva a cambios en las curvas lordóticas y cifóticas de la columna vertebral, desestabilizándose el centro de gravedad2. Todos estos síntomas conllevan a compensaciones como la extensión en la cadera, retropulsión de la pelvis, flexión de rodilla… Los ejercicios de coordinación, equilibrio y estiramientos resultan primordiales para la corrección de dichas compensaciones. Los últimos estudios demuestran que el uso de dispositivos como la plataforma de fuerza resultan muy adecuados para evaluar la posturografía. En el caso de la EA existe un problema en la posturografía estática, por lo que se pueden plantear técnicas sobre la plataforma de fuerza para mejorar los resultados2.
  4. Ejercicios acuáticos: tanto la hidroterapia en piscina como el baño de Stanger demostraron su eficacia frente al dolor, la fatiga y la rigidez matutina1. A estos beneficios se puede sumar el hecho de poder hacer una terapia grupal, que como ya hemos comentado resulta beneficioso para los problemas depresivos y para mejorar la adherencia.
  5. Videojuegos o uso de realidad virtual: Su práctica mejora la adherencia, disminuye el dolor al aportar un aspecto lúdico y favorece la disminución de la rigidez y la inflamación. No obstante, es conveniente su práctica supervisada para no realizar movimientos repetitivos o poder adaptar los ejercicios a posturas no dolorosas. Es necesario que el entrenamiento incluya actividades específicas especialmente costosas en enfermos de EA como puede ser los giros o el impulso a bipedestación5. La terapia virtual se puede usar para mejorar el equilibrio, la marcha, la prevención de caídas, la fuerza y la simetría5. Es importante elegir bien la tecnología a utilizar según el tipo de necesidades que tenga el paciente. Por ejemplo, las tablas de equilibrio se usan para mejorar la fuerza, pero no sirven para mejorar la forma de caminar. Se suelen usar programas de entrenamiento corto y frecuente para evitar el aburrimiento y que no se produzcan mecanismos dolorosos5.
  6. Ejercicios de fuerza cardiorrespiratoria y muscular: Afectaron positivamente el dolor, la fatiga, la hinchazón y la rigidez matutina. El número de sesiones, la frecuencia y el modo de entrenamiento no parecieron determinar la eficacia1, pero el comenzar su entrenamiento desde un momento temprano evita la aparición rápida de limitaciones respiratorias, que dificultan la práctica de ejercicio físico.
  7. Ultrasonidos: El tratamiento con ultrasonido en combinación con la fisioterapia provocó un aumento de la efectividad de los ejercicios al reducir las limitaciones físicas que se iban produciendo en los pacientes con EA1.
  8. Entrenamiento cardiovascular: Hace unos años, se pensó que el reposo podía ser beneficioso para estos pacientes debido al dolor crónico y las crisis inflamatorias, pero hoy en día esta teoría queda descartada. Se deben evitar reposos prolongados y se recomienda el entrenamiento cardiovascular con intensidad suave- moderada, principalmente de tipo aeróbico y acabando con estiramientos de las cadenas posteriores para evitar las posturas en flexión de extremidades inferiores.
  9. Uso de infrarrojos: Se usó el IR en distintas formas como el uso de fotobiomodulación, los parches de IR y las saunas de IR, coincidiendo todos en los efectos: disminución del dolor, la fatiga y/o el insomnio en pacientes con EA4. La terapia con IR es importante en la disminución del dolor musculoesquelético usándose siempre como terapia complementaria4.
  10. Tai Chi o ejercicio Baduanjin Oigong, que comparte filosofía, usando ejercicios suaves con movimientos lentos, respiración profunda y concentración mental a través de 8 posturas. Al ser ejercicio suave y de bajo impacto, mejora la flexibilidad de la columna, el equilibrio y la fuerza muscular, reduciendo significativamente la actividad de la enfermedad y el dolor1.
  11. Telerehabilitación: Una opción razonable en el momento actual debido a la alta demanda de fisioterapia de la población combinado con una lista de espera en aumento, hace que la telerehabilitación sea una de las herramientas a tener en cuenta. En el presente estudio queda constancia de que la fisioterapia supervisada es más favorable que la telerehabilitación pero puede ser una herramienta interesante para personas con dificultades para desplazarse al centro hospitalario o para aumentar la población en tratamiento, siempre que conlleve una vigilancia periódica por parte del profesional1.
  12. Ejercicios de alta intensidad: Existe poca literatura científica sobre este tipo de entrenamiento, por lo que no existe todavía respaldo científico amplio para su recomendación, ya que no quedan bien definidos los parámetros a utilizar1,3. Se ha encontrado algún estudio en el que se usó un programa de ejercicio de alta intensidad de 3 meses (supervisado en dos de las tres sesiones semanales) que redujo la actividad de la enfermedad, pero sería recomendable seguir ampliando los estudios en este aspecto3.

 

Como resumen a todo lo planteado, cabe destacar:

Es altamente recomendable realizar actividades grupales que puedan favorecer el ocio y aumentar la adherencia, al igual que queda claro que la práctica de fisioterapia supervisada frente a los ejercicios pautados para domicilio o la telerehabilitación que combina la práctica asistencial presencial con la telemática, mejora la constancia en la práctica del paciente. La fisioterapia supervisada mejora las limitaciones en la capacidad funcional y la evolución de la EA, pero no está claro su efecto en la calidad de vida respecto a un programa de ejercicios en el hogar1.

Aunque todas las intervenciones no tienen el mismo impacto en los síntomas funcionales, la variabilidad en la práctica puede evitar el aburrimiento del paciente y mejorar la adherencia terapéutica.

Es rotundo afirmar que la fisioterapia es altamente eficaz en la reducción de la sintomatología de la EA1. Es importante plantear la frecuencia del ejercicio físico, siendo lo más aconsejable que exista un trabajo físico a diario, formando parte de uno de los puntos a entender por parte del paciente. El sedentarismo va a agravar las condiciones físicas del paciente. El hecho de tener dolor crónico afecta a los cambios de humor y a la depresión, existiendo múltiples estudios en los que se determina el beneficio de la actividad física para su mejora.

Entre las limitaciones existentes en el presente trabajo, se encuentran la falta de suficientes investigaciones sobre la eficacia de la fisioterapia, la variabilidad de las técnicas empleadas en cada uno de los pacientes y estudios encontrados, y la falta de evidencia científica de las técnicas empleadas, que aunque demuestran mejoría en la percepción de salud del paciente no siempre se demuestran en los distintos índices medidos respecto a encontrar diferencias significativas, puesto que se trata de una enfermedad degenerativa.

 

CONCLUSIONES

La fisioterapia es una herramienta muy potente en el tratamiento de la EA, siempre en combinación con otras terapias farmacológicas y no farmacológicas2.

El tipo, la intensidad y la duración del ejercicio fueron muy heterogéneos, desde Tai Chi hasta ejercicio de alta intensidad3. Entre las distintas propuestas, las que cuentan con mayor respaldo científico son la educación, el ejercicio cardiorrespiratorio, de fuerza muscular, de equilibrio y coordinación, hidroterapia y ejercicios grupales. La clave se encuentra en evitar que el paciente se mantenga sedentario, logrando un ejercicio físico diario. Con ello se mejora la actividad de la enfermedad, la capacidad funcional y el dolor en pacientes con esta enfermedad1.

Las intervenciones no farmacológicas son importantes para cualquier enfermedad reumática, pero especialmente para la EA, siendo una de las terapias más relevantes3. En el tratamiento de fisioterapia siempre tendrán que estar presentes la educación y el autocuidado, así como el ejercicio3.

Se necesitan más estudios para investigar los efectos de la fisioterapia y crear una guía estandarizada de tratamiento con dosificación para pacientes con dicha enfermedad1.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Gravaldi LP, Bonetti F, Lezzerini S, De Maio F. Effectiveness of Physiotherapy in Patients with Ankylosing Spondylitis: A Systematic Review and Meta-Analysis. Healthcare (Basel). 2022 Jan 10;10(1):132. doi: 10.3390/healthcare10010132.
  2. Silva CFO, Obara K, Paixão L, Santos EH, Santos AIZ, Cardoso JR. Use of posturography in patients with ankylosing spondylitis: A systematic review. S Afr J Physiother. 2024 May 14;80(1):1953. doi: 10.4102/sajp.v80i1.1953.
  3. Ortolan A, Webers C, Sepriano A, Falzon L, Baraliakos X, Blanco-Alonso J, et al. Efficacy and safety of non-pharmacological and non-biological interventions: a systematic literature review informing the 2022 update of the ASAS/EULAR recommendations for the management of axial spondyloarthritis. Ann Rheum Dis. 2023 Jan;82(1):142-152. doi: 10.1136/ard-2022-223297.
  4. Tsagkaris C, Papazoglou AS, Eleftheriades A, Tsakopoulos S, Alexiou A, Găman MA, et al. Infrared Radiation in the Management of Musculoskeletal Conditions and Chronic Pain: A Systematic Review. Eur J Investig Health Psychol Educ. 2022 Mar 14;12(3):334-343. doi: 10.3390/ejihpe12030024.
  5. Thuilier E, Carey J, Dempsey M, Dingliana J, Whelan B, Brennan A. Virtual rehabilitation for patients with osteoporosis or other musculoskeletal disorders: a systematic review. Virtual Real. 2024;28(2):93. doi: 10.1007/s10055-024-00980-7.

 

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