Galactosialidosis infantil tardía: diagnóstico y presentación clínica, a propósito de dos casos

15 diciembre 2025

 

AUTORES

  1. Isabel Tena Santafé. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  2. María Abad Montañes. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  3. Javier Sainz García. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  4. Amaia Salinas Uhalte. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Arnau Vilanova. Lleida, España.
  5. Marta Alonso Escudero. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  6. Ana Villalba Magallón. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

INTRODUCCIÓN: La galactosialidosis es una enfermedad de depósito lisosomal de herencia autosómica recesiva causada por mutaciones en el gen CTSA, que afectan a la función de la proteína protectora de catepsina A (PPCA), provocando inestabilidad secundaria de β-galactosidasa y α-neuraminidasa. Se clasifica en las formas infantil temprana, infantil tardía y juvenil o adulta, provocando un cuadro de gravedad variable consistente en rasgos faciales toscos, megalias, retraso del desarrollo, disostosis múltiple, cardiopatías, hipoacusia y manifestaciones cutáneas. El diagnóstico se basa en hallazgos clínicos, estudios de actividad enzimática y confirmación genética. No existe un tratamiento curativo; sino que el manejo es sintomático y multidisciplinar, enfocado en mejorar la calidad de vida y tratar las complicaciones multisistémicas.

OBJETIVO: El objetivo de este trabajo es presentar dos casos clínicos de galactosialidosis infantil tardía confirmada genéticamente, destacando las diferencias fenotípicas, la evolución longitudinal y la relevancia del diagnóstico temprano para la planificación terapéutica y el seguimiento integral del paciente.

PRESENTACIÓN DE LOS CASOS CLÍNICOS

CASO 1: Paciente de 13 años con galactosialidosis infantil tardía, diagnosticado a los 2 años de edad mediante déficit enzimático de β-galactosidasa y neuraminidasa, y mutaciones en el gen CTSA. Presenta afectación multisistémica con fenotipo hurleriano, hepatomegalia, cifosis lumbar, prolapso mitral con insuficiencia mitral moderada y aórtica leve-moderada, dilatación ventricular izquierda con función sistólica preservada, manchas mongólicas extensas, granulomas anulares recurrentes, apnea obstructiva del sueño por hipertrofia adenoidea e hipoacusia bilateral mixta con uso de audífonos óseos.

CASO 2: Lactante diagnosticada a los 16 meses tras detección de déficit de β-galactosidasa y variantes patogénicas en CTSA. Presenta fenotipo dismórfico leve, hepatomegalia, hipoacusia neurosensorial, opacidad corneal, mancha rojo-cereza macular, cifosis lumbar y hemivértebra L3. Desarrolla insuficiencia mitral y aórtica leve controlada con captopril, dermatitis atópica y disfunción plaquetaria leve. Evoluciona con neurodesarrollo adecuado, sin afectación neurológica y buena respuesta al manejo de soporte.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES: Ambos casos reflejan la amplia variabilidad fenotípica de la galactosialidosis infantil tardía, con afectación multisistémica de grado diverso. El diagnóstico se confirma mediante estudios enzimáticos en fibroblastos o leucocitos y análisis molecular del gen CTSA. Aunque no existe tratamiento curativo, el abordaje integral coordinado entre especialidades permite estabilizar la evolución y mejorar la calidad de vida. La correlación genotipo-fenotipo sigue siendo un área de investigación clave para el futuro desarrollo de terapias específicas.

 

PALABRAS CLAVE

Galactosialidosis, enfermedad lisosomal, beta-galactosidasa, alfa-neuraminidasa, gen CTSA.

 

ABSTRACT

INTRODUCTION: Galactosialidosis is an autosomal recessive lysosomal storage disorder caused by mutations in the CTSA gene, which encodes the protective protein cathepsin A (PPCA). These mutations lead to secondary instability of β-galactosidase and α-neuraminidase. The disease is classified into early infantile, late infantile, and juvenile or adult forms, presenting with variable severity characterized by coarse facial features, organomegaly, developmental delay, dysostosis multiplex, cardiac involvement, hearing loss, and cutaneous manifestations. Diagnosis is based on clinical findings, enzymatic activity testing, and genetic confirmation. Currently, there is no curative therapy; the management is supportive and multidisciplinary, focusing on improving quality of life and treating multisystemic complications.

OBJECTIVE: The aim of this study is to present two genetically confirmed cases of late-infantile galactosialidosis, highlighting the phenotypic differences, longitudinal evolution, and the importance of early diagnosis for therapeutic planning and comprehensive patient follow-up.

CASE PRESENTATION:

CASE 1: Thirteen year old patient with late-infantile galactosialidosis, diagnosed at 2 years of age through enzymatic deficiency of β-galactosidase and neuraminidase, and confirmed by mutations in the CTSA gene. The patient presents with multisystem involvement, including a Hurler-like phenotype, hepatomegaly, lumbar kyphosis, mitral valve prolapse with moderate mitral regurgitation and mild-to-moderate aortic regurgitation, left ventricular dilation with preserved systolic function, extensive Mongolian spots, recurrent annular granulomas, obstructive sleep apnea due to adenoidal hypertrophy, and bilateral mixed hearing loss managed with bone conduction hearing aids.

CASE 2: A female infant diagnosed at sixteen months after detecting β-galactosidase deficiency and pathogenic CTSA variants. She presents with mild dysmorphic features, hepatomegaly, sensorineural hearing loss, corneal opacity, macular cherry-red spot, lumbar kyphosis, and L3 hemivertebra. She developed mild mitral and aortic insufficiency controlled with Captopril, atopic dermatitis, and mild platelet dysfunction. Neurological development remains appropriate for age, with favourable progression under supportive multidisciplinary care.

DISCUSSION AND CONCLUSIONS: Both cases illustrate the broad phenotypic variability of late-infantile galactosialidosis, with multisystemic involvement of variable severity. Diagnosis is confirmed through enzymatic studies in fibroblasts or leukocytes and molecular analysis of the CTSA gene. Although there is no curative treatment, an integrated, multidisciplinary approach allows clinical stabilization and improves quality of life. The correlation between genotype and phenotype remains a key area of research for the future development of targeted therapies.

 

KEY WORDS

Galactosialidosis, lysosomal storage disease, β-galactosidase, α-neuraminidase, CTSA gene.

 

INTRODUCCIÓN

La galactosialidosis es una enfermedad lisosomal rara, de herencia autosómica recesiva, causada por mutaciones en el gen CTSA1, que codifica la proteína protectora de catepsina A (PPCA)2–4. Su deficiencia provoca la inestabilidad del complejo lisosomal formado por la α-neuraminidasa y la β-galactosidasa, originando la acumulación de glicoproteínas sialiladas y oligosacáridos en distintos tejidos, ya que la deficiencia del complejo impide su degradación2,5,6.

Aunque su fisiopatología está bien definida, la expresión clínica es extremadamente heterogénea, lo que con frecuencia retrasa el diagnóstico1,6,7. El espectro de presentación abarca tres formas principales, la infantil precoz, infantil tardía, y juvenil o adulta; con una correlación genotipo-fenotipo variable4,5.

La forma infantil temprana se manifiesta entre el nacimiento y los tres primeros meses de vida, constituyendo la variante más grave y de peor pronóstico, con una progresión rápida que suele conducir al fallecimiento durante el primer año. Su clínica se caracteriza por pérdida fetal intrauterina, hidropesía fetal, edema neonatal generalizado, derrames pleural y pericárdico, ascitis, facies tosca, displasia ósea, mancha rojo cereza, hernia inguinal, trastorno del neurodesarrollo, telangiectasias cutáneas y visceromegalia3,4. Los fallos multiorgánicos con insuficiencia cardíaca y renal constituyen la principal causa de muerte2,7.

La forma infantil tardía, de inicio habitualmente entre el primer y segundo año de vida, se caracteriza por una evolución más lenta y mayor variabilidad clínica. Entre sus manifestaciones se encuentran el fenotipo dismórfico leve con facies tosca, visceromegalias, disostosis múltiple con predilección por la columna, opacidades corneales, hipoacusia, crecimiento retardado y atrofia muscular, con afectación neurológica mínima o ausente. La supervivencia comprende los primeros años de vida, y el fallecimiento suele deberse a complicaciones cardiacas derivadas del engrosamiento de las válvulas mitral-aórticas2–4.

La forma más frecuente es la juvenil o del adulto, donde la mayoría de los pacientes debutan en torno a los 15 años y suelen ser de origen japonés4,6. Se caracterizan por una amplia variabilidad en la edad de inicio y severidad clínica, con una tendencia a la severidad y compromiso neurológico (ataxia, convulsiones, piramidalismo, mioclonías). Comprenden fenotipo tosco, disostosis vertebral, opacidades corneales, junto a las manifestaciones lisosomales previamente mencionadas, a excepción de la visceromegalia y angioqueratomas, que suelen estar ausentes2–4. No obstante, pese a la cronicidad y complejidad del cuadro clínico, estos pacientes suelen tener una supervivencia prolongada6,7.

En la práctica clínica, el reconocimiento precoz resulta complejo debido a la superposición de signos con otras enfermedades lisosomales, especialmente las mucopolisacaridosis. La confirmación diagnóstica requiere la demostración de una actividad enzimática reducida de β-galactosidasa y α-neuraminidasa en fibroblastos o leucocitos, junto con la identificación de variantes patogénicas en el gen CTSA1,4,5. En ciertos casos atípicos, el diagnóstico se ha establecido incluso en ausencia de oligosacariduria, lo que pone de manifiesto la importancia de considerar la galactosialidosis dentro del diagnóstico diferencial aun en ausencia de este marcador bioquímico clásico2,6,7.

Actualmente, la galactosialidosis no cuenta con una terapia curativa, por lo que el manejo se basa en el abordaje sintomático y de soporte, orientado a mejorar la calidad de vida y a tratar las complicaciones asociadas a la enfermedad. El trasplante de médula ósea ha sido propuesto como una opción terapéutica experimental en algunos casos; sin embargo, hasta la fecha no se dispone de evidencia concluyente sobre sus beneficios a largo plazo, por lo que su uso continúa en fase de investigación2–4.

El seguimiento clínico multidisciplinario es esencial, dada la naturaleza progresiva y limitante del trastorno. El abordaje debe ser integral y personalizado, implicando la coordinación entre especialistas en genética, neurología, cardiología, oftalmología, otorrinolaringología, nefrología y ortopedia, a fin de ofrecer una atención adecuada y anticiparse a las complicaciones propias de la evolución de la enfermedad4.

 

PRESENTACIÓN DE LOS CASOS CLÍNICOS

CASO 1:

Se presenta el caso de un paciente masculino de 13 años, diagnosticado a los 2 años de galactosialidosis en su forma infantil tardía. El diagnóstico se estableció mediante estudios metabólicos que evidenciaron una actividad enzimática significativamente reducida de beta-galactosidasa (<10%) y neuraminidasa (<5%), junto con estudio genético que confirmó mutaciones en el gen CTSA, responsable de la enfermedad. La sospecha clínica inicial surgió al año y medio de vida motivada por la presencia de un fenotipo toscamente definido, hernia umbilical protruyente, visceromegalia y lesiones cutáneas con aspecto de manchas vinosas.

Desde el punto de vista clínico, actualmente el paciente presenta una afectación multisistémica propia de esta enfermedad lisosomal, con fenotipo “hurleriano”. Destacan una hepatomegalia, cifosis lumbar secundaria a disostosis ósea y compromiso cardíaco caracterizado por prolapso de válvula mitral con insuficiencia mitral moderada y aórtica leve a moderada. En la piel se observan manchas mongólicas de gran tamaño y granulomas anulares recurrentes. Además, el paciente presenta un síndrome de apnea obstructiva del sueño asociado a hipertrofia adenoidea. Se documenta hipoacusia bilateral mixta que requiere el uso de audífonos vía ósea. En el ámbito neurocognitivo, existe un retraso leve en el desarrollo del lenguaje, con mejoría progresiva que ha permitido su escolarización regular. En la esfera oftalmológica se evidencia astigmatismo corregido con lentes, sin alteraciones maculares relevantes.

El paciente fue sometido previamente a corrección quirúrgica de hernia umbilical e inguinal derecha, así como a intervenciones otorrinolaringológicas consistentes en adenoidectomía y amigdalectomía y drenajes transtimpánicos. En el área endocrinológica, presentó retraso en el crecimiento manejado con hormona de crecimiento, y en la actualidad bocio normofuncionante que genera compresión traqueal parcial sin disfunción tiroidea clínica evidente.

Los estudios cardiológicos muestran un prolapso significativo de la válvula mitral con insuficiencia mitral importante y una insuficiencia aórtica leve a moderada, acompañados de dilatación ventricular izquierda con función sistólica preservada (FEVI 57%). La resonancia magnética cardíaca confirma estos hallazgos e identifica además la compresión traqueal secundaria a un bocio intratorácico. El paciente recibe tratamiento farmacológico con Captopril y sacubirtrilo-valsartán para controlar la insuficiencia valvular y la disfunción ventricular, recomendándole actividad física moderada sin esfuerzos excesivos. El seguimiento cardiológico está programado cada seis meses.

Desde el punto de vista neumológico, se ha identificado un patrón obstructivo leve a moderado en la espirometría, compatible con síndrome de apnea obstructiva del sueño y compresión traqueal por bocio intratorácico. Se mantiene una actitud expectante con seguimiento anual, y se planifica broncoscopia en caso de indicación quirúrgica.

En otorrinolaringología, el paciente presenta hipoacusia bilateral mixta, para la cual utiliza audífonos vía ósea. Ha sido intervenido mediante adenoidectomía y amigdalectomía con drenajes transtimpánicos y permanece en seguimiento regular.

En traumatología y ortopedia, se ha documentado una progresión de la cifosis lumbar hasta 8°, sin fracturas agudas y con inmadurez esquelética (Risser 0). Se ha programado una resonancia magnética para evaluación anatómica con el objetivo de establecer un plan terapéutico según la evolución clínica y madurez ósea. También presenta antecedentes de fractura de tercio medio de peroné izquierdo, actualmente resuelta.

La evolución clínica general se considera estable, con mejoría en los procesos respiratorios y en el desarrollo del lenguaje, aunque persisten la hepatomegalia, sin afectación hepática enzimática, y el estancamiento en el crecimiento estatural. La afectación cardíaca muestra signos de progresión, justificando el tratamiento farmacológico y el control periódico.

El manejo del paciente se realiza de manera multidisciplinar, con controles periódicos en cardiología, endocrinología, neumología, otorrinolaringología, oftalmología, enfermedades metabólicas y traumatología infantil, a fin de monitorizar la progresión de las distintas manifestaciones clínicas y ajustar el tratamiento según las necesidades. Además, necesita apoyo psicológico dadas las limitaciones físicas en un joven con neurocognición normal.

En conclusión, se trata de un caso de galactosialidosis infantil tardía con compromiso multisistémico que involucra afectación osteoarticular, cardíaca, respiratoria, auditiva y endocrina, requiriendo un abordaje integral para optimizar la calidad de vida del paciente.

 

CASO 2:

Se presenta el caso de una niña de 5 años, que a los 11 meses fue remitida a consultas de neuroneonatología por hipoacusia congénita bilateral detectada en el cribado auditivo neonatal. El estudio genético dirigido a hipoacusia y la actividad de biotinidasa resultaron normales, descartando las causas sindrómicas más frecuentes.

La exploración física evidenció rasgos dismórficos característicos (frente amplia, raíz nasal aplanada, epicantus, nariz bulbosa y narinas antevertidas), acompañados de hernia umbilical, hepatomegalia y cifosis lumbar. Ante la sospecha de una enfermedad lisosomal, se realizó estudio de glicosaminoglicanos y oligosacáridos en orina, con excreción ligeramente aumentada de queratán sulfato. A los 16 meses, mediante determinación enzimática en sangre seca se evidenció déficit de β-galactosidasa, y el análisis genético confirmó dos variantes patogénicas en el gen CTSA, compatibles con galactosialidosis forma infantil tardía.

A lo largo de su seguimiento, la paciente desarrolló manifestaciones multisistémicas compatibles con el espectro de esta enfermedad. Con respecto al área cardiológica, se diagnosticó un prolapso de la válvula mitral con insuficiencia mitral moderada-severa e insuficiencia aórtica moderada, que mantuvo buena tolerancia clínica bajo tratamiento con Captopril. En cuanto al área oftalmológica, se observaron opacidades corneales, astigmatismo y mancha rojo cereza macular bilateral.

En el ámbito otorrinolaringológico, presentó hipoacusia neurosensorial bilateral y otitis serosa de repetición, precisando colocación de drenajes transtimpánicos y adenoidectomía. Durante el procedimiento quirúrgico se evidenció una hemorragia cuantiosa, lo que motivó estudio hematológico de agregación plaquetar, detectándose alteración funcional plaquetaria, probable trombocitopatía pendiente de caracterización. Actualmente es portadora de audífonos retroauriculares, con mejoría funcional auditiva.

Desde el punto de vista esquelético, se evidenció hemivértebra en L3, raquisquisis L5 y cifosis lumbar L2-L4, con progresión leve en el seguimiento radiológico y sin compromiso neurológico. Fue valorada por la unidad de columna, donde se indicó seguimiento conservador y fisioterapia postural.

La paciente presentó además dermatitis atópica leve y un desarrollo neurológico adecuado, con buena comprensión y lenguaje progresivo, aunque con ligera torpeza motora.

En la actualidad, con 5 años de edad, la paciente se encuentra clínicamente estable, en seguimiento por las unidades de neurometabolismo, cardiología, oftalmología, otorrinolaringología, traumatología y rehabilitación. No se ha evidenciado deterioro neurológico significativo ni progresión rápida de la enfermedad.

 

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

La galactosialidosis es una enfermedad lisosomal poco frecuente, con herencia autosómica recesiva, causada por mutaciones en el gen CTSA, ubicado en el cromosoma 20, que codifica la proteína protectora de catepsina A (PPCA)1,5. Esta proteína es fundamental para la activación y estabilidad del complejo multienzimático lisosomal compuesto por la α-neuraminidasa y la β-galactosidasa2,4. Su deficiencia provoca la proteólisis prematura de estas enzimas y la consiguiente acumulación intracelular de glicoproteínas sialiladas y oligosacáridos, generando una disfunción multisistémica progresiva3,6.

Clínicamente, la galactosialidosis presenta un espectro fenotípico amplio que incluye tres formas principales: infantil precoz, infantil tardía y juvenil/adulta1,2,6. La forma infantil tardía, que se manifiesta habitualmente entre el primer y segundo año de vida, se caracteriza por fenotipo dismórfico, visceromegalia, alteraciones esqueléticas y compromiso cardiaco, con afectación neurológica leve o ausente3,5,7. La supervivencia suele extenderse hasta la infancia o adolescencia, siendo las complicaciones cardíacas la principal causa de morbimortalidad2,4.

El diagnóstico de esta enfermedad requiere un enfoque combinado bioquímico y molecular. La sospecha inicial puede establecerse mediante la detección de sialiloligosacáridos en orina por espectrometría de masas, y la confirmación se realiza demostrando una actividad reducida de β-galactosidasa y α-neuraminidasa en fibroblastos cultivados o leucocitos4,5,7. Estas determinaciones enzimáticas, realizadas con sustratos fluorogénicos, permiten cuantificar la actividad residual (habitualmente <15% para β-galactosidasa y <1% para α-neuraminidasa), correlacionándose con la severidad clínica. La secuenciación del gen CTSA confirma el diagnóstico y posibilita la identificación de variantes patogénicas específicas, como las mutaciones c.1372T>G (p.Phe458Val) y c.799T>A (p.Tyr267Asn), descritas en fenotipos infantiles tardíos2,4,7.

Los dos casos descritos en este trabajo corresponden a la variante infantil tardía, confirmada mediante determinación de la actividad enzimática y análisis molecular del gen CTSA. Ambos pacientes comparten las manifestaciones cardinales de la enfermedad, pero presentan diferencias notables en su expresividad clínica y evolución.

En el paciente masculino, el curso clínico se caracteriza por un fenotipo toscamente definido con visceromegalia, disostosis múltiple y afectación cardíaca significativa, asociada a prolapso de válvula mitral con insuficiencia mitral y aórtica progresivas. Además, presenta compromiso respiratorio secundario a compresión traqueal por bocio normofuncionante e hipertrofia adenoidea, apnea obstructiva del sueño y alteraciones endocrinas que han requerido tratamiento con hormona de crecimiento. Esta afectación multisistémica refleja un fenotipo más avanzado dentro del espectro infantil tardío, coincidiendo con lo descrito en series previas, donde la enfermedad puede involucrar simultáneamente los sistemas cardiovascular, osteoarticular, respiratorio y endocrino.

Por el contrario, la paciente femenina mostró una evolución más estable en los primeros años de vida. Su presentación inicial estuvo marcada por rasgos dismórficos leves, hepatomegalia e hipoacusia neurosensorial bilateral, junto con manifestaciones cardíacas moderadas y deformidades vertebrales compatibles con hemivértebra y cifosis lumbar. Aunque comparte las características típicas de esta forma clínica (especialmente la afectación esquelética, ocular y auditiva), su curso ha sido más benigno, sin deterioro neurológico ni cognitivo y con respuesta adecuada al manejo conservador y multidisciplinar.

La variabilidad fenotípica observada entre ambos pacientes pone de manifiesto la complejidad de la galactosialidosis, incluso dentro de una misma forma evolutiva. Estudios recientes han señalado que esta heterogeneidad puede depender no solo del tipo de mutación en CTSA, sino también de factores epigenéticos y de la estabilidad residual del complejo enzimático. En este sentido, la correlación genotipo-fenotipo continúa siendo un campo de investigación relevante2,3,6.

El compromiso cardíaco es una de las manifestaciones más consistentes en la galactosialidosis infantil tardía. Las alteraciones valvulares, especialmente la insuficiencia mitral y aórtica, se asocian al depósito lisosomal en los velos y el miocardio, lo que conduce a un engrosamiento progresivo de las válvulas y dilatación auricular2–4. En ambos casos, se instauró tratamiento con inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (captopril) para mejorar la función ventricular y reducir la poscarga, con buena tolerancia clínica y estabilidad funcional.

Las anomalías esqueléticas son otro hallazgo característico y resultan de la alteración del remodelado óseo por acúmulo de sustratos en condrocitos y osteoclastos4,7. En ambos pacientes se documentaron deformidades vertebrales (hemivértebras, cifosis y escoliosis) y rasgos de disostosis múltiple, similares a los observados en otras mucopolisacaridosis. Estas manifestaciones, aunque progresivas, no han requerido intervenciones quirúrgicas, y el manejo mediante fisioterapia y control ortopédico ha permitido conservar la funcionalidad motora.

Desde el punto de vista otorrinolaringológico, la hipoacusia es una característica común en la galactosialidosis, atribuida tanto al depósito lisosomal en el oído interno como a infecciones de repetición y disfunción tubárica4,7. Ambos pacientes requirieron audífonos y procedimientos otológicos, concordando con la frecuencia de afectación auditiva descrita en la literatura. La presencia de mancha rojo cereza macular en la paciente femenina, por su parte, constituye un hallazgo oftalmológico clásico que refleja el depósito en células ganglionares retinianas.

A nivel neurológico, ambos pacientes muestran una preservación de la función cognitiva, lo que concuerda con el perfil clínico de la forma infantil tardía, en la que el deterioro intelectual suele ser leve o ausente. Esta característica los diferencia de las variantes más precoces, en las que la afectación neurológica es intensa y de progresión rápida5,7.

Actualmente, el tratamiento de la galactosialidosis se limita al manejo sintomático y de soporte. No existen terapias de reemplazo enzimático ni tratamientos curativos aprobados, aunque la terapia génica y los chaperones farmacológicos se perfilan como estrategias prometedoras en fases experimentales2–4. Por ello, el seguimiento multidisciplinar (que incluya cardiología, otorrinolaringología, oftalmología, ortopedia, neurología y metabolismo) resulta esencial para detectar precozmente las complicaciones y optimizar la calidad de vida3,4.

En conjunto, los casos descritos reflejan la expresión clínica variable y multisistémica de la galactosialidosis infantil tardía, así como la importancia del diagnóstico temprano mediante estudios metabólicos y moleculares6. La identificación oportuna de los signos cardinales (fenotipo dismórfico, hipoacusia, visceromegalia, alteraciones esqueléticas y valvulopatía) es clave para orientar la sospecha diagnóstica y establecer un seguimiento integral. A pesar de la ausencia de terapias específicas, la atención coordinada entre especialidades permite estabilizar el curso clínico y mejorar la supervivencia funcional de los pacientes4.

 

CONCLUSIONES

Los casos presentados evidencian la heterogeneidad fenotípica y evolutiva de la galactosialidosis infantil tardía, incluso entre pacientes con mutaciones en el mismo gen. Ambos muestran la naturaleza multisistémica de esta enfermedad lisosomal, con afectación variable de los sistemas cardíaco, osteoarticular, auditivo y oftalmológico; junto a la necesidad de un abordaje integral centrado en la prevención de complicaciones y la preservación funcional.

El diagnóstico precoz, basado en estudios enzimáticos en fibroblastos y análisis molecular del gen CTSA, resulta esencial para establecer un manejo adecuado y orientar el consejo genético familiar. El seguimiento estrecho por equipos multidisciplinares permite controlar la progresión y mejorar la calidad de vida, especialmente en ausencia de terapias específicas.

La variabilidad clínica observada refuerza la importancia de continuar acumulando casos y estudios que contribuyan a delimitar las correlaciones genotipo-fenotipo y a desarrollar futuras estrategias terapéuticas, incluidas las aproximaciones de terapia génica que actualmente se encuentran en fases experimentales.

En las formas infantiles tardías o juveniles de galactosialidosis, el mantenimiento de una función cognitiva relativamente preservada contrasta con la progresiva discapacidad física derivada de la afectación neuromuscular y esquelética. Esta discordancia genera con frecuencia un importante impacto emocional y social, tanto en el paciente como en su entorno familiar. La conciencia plena de las limitaciones motrices, la dependencia funcional progresiva y la pérdida de autonomía pueden conducir a sentimientos de frustración, aislamiento o ansiedad.

Por ello, el apoyo psicológico precoz y continuado debe considerarse un pilar fundamental del tratamiento. La intervención de profesionales de salud mental —psicólogos clínicos o psiquiatras con experiencia en enfermedades crónicas pediátricas— puede favorecer la adaptación emocional, la aceptación de la enfermedad y la preservación de la autoestima. Asimismo, el trabajo conjunto con los equipos de fisioterapia y terapia ocupacional facilita estrategias de afrontamiento y fomenta la participación activa en la rehabilitación.

Además, la educación y orientación a las familias resulta indispensable, no solo para reducir el desgaste emocional de los cuidadores, sino también para promover un entorno de apoyo que refuerce la integración social y escolar del paciente.

 

CONFLICTO DE INTERESES

Los autores declaran no presentar conflictos de intereses en relación con la preparación y publicación de este artículo.

FINANCIACIÓN

No se ha contado con ningún tipo de financiación para la realización de este trabajo.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Orphanet. Galactosialidosis [Internet]. París: INSERM; c1997–2025.
  2. Annunziata I, d’Azzo A. Galactosialidosis: historic aspects and overview of investigated and emerging treatment options. Expert Opin Orphan Drugs. 2017;5(2):131-41.
  3. Cadaoas J, Hu H, Boyle G, Gomero E, Mosca R, Jayashankar K, et al. Galactosialidosis: preclinical enzyme replacement therapy in a mouse model of the disease, a proof of concept. Mol Ther Methods Clin Dev. 2021;20:191-203.
  4. Couce ML, Aldámiz-Echevarría L, García-Jiménez MC, González-Lamuño D. Diagnóstico y tratamiento de las enfermedades metabólicas hereditarias. 5.ª ed. Madrid: Ergon; 2022.
  5. Sharma S, Gupta S, Mehta AP, Sidana P. Infantile Galactosialidosis with Novel Mutation: An Early Presentation. J Pediatr Genet. 2023;12(04):325-328.
  6. Nakajima H, Ueno M, Adachi K, Nanba E, Narita A, Tsukimoto J, Itoh K, Kawakami A. A new heterozygous compound mutation in the CTSA gene in galactosialidosis. Hum Genome Var. 2019;6:1.
  7. Hernández LG, Sirvent JS, Mas LG, Rosell MJC. Galactosialidosis: A new “de novo” mutation in CTSA gene in a patient with late infantile galactosialidosis. Arch Argent Pediatr. 2018;116(1):e88-e92.

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos