Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.57.30.002
AUTORES
- María Guallart Huertas. Neumóloga Residente, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Nadia Muñoz González. FEA de Cirugía Torácica, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
RESUMEN
La fuga aérea persistente (FAP) constituye una complicación potencialmente grave tras procedimientos torácicos o en el contexto de patologías pulmonares subyacentes, prolongando la hospitalización y aumentando el riesgo de complicaciones infecciosas. Su manejo requiere un enfoque escalonado que combine medidas conservadoras, intervenciones endoscópicas, pleurodesis y, en casos seleccionados, cirugía.
Se describe el caso de un varón de 82 años con enfermedad pulmonar intersticial difusa (EPID), que desarrolló neumotórax derecho complicado con FAP refractaria a drenaje pleural y optimización de la presión negativa. La imposibilidad de localizar el origen de la fuga descartó el uso de válvulas endobronquiales. Se realizaron dos hemopleurodesis con reducción parcial del volumen de fuga, pero sin resolución completa. Finalmente, se optó por alta hospitalaria con sistema portátil de drenaje, permitiendo seguimiento ambulatorio estrecho y evitando estancias prolongadas.
Este caso ilustra el papel de la hemopleurodesis como alternativa terapéutica eficaz en pacientes con limitaciones para opciones quirúrgicas o endoscópicas, así como la utilidad de los dispositivos portátiles en la transición hospitalaria. Asimismo, subraya la importancia de individualizar el tratamiento según la etiología, las características del paciente y los recursos disponibles, integrando estrategias que optimicen la seguridad y la calidad de vida.
PALABRAS CLAVE
Hemopleurodesis, fuga aérea persistente, neumotorax secundario, drenaje pleural, enfermedad pulmonar intersticial difusa.
ABSTRACT
Persistent air leak (PAL) is a potentially serious complication following thoracic procedures or in the context of underlying lung diseases, prolonging hospitalisation and increasing the risk of infectious complications. Its management requires a stepwise approach combining conservative measures, endoscopic interventions, pleurodesis and, in selected cases, surgery.
We describe the case of an 82-year-old man with diffuse interstitial lung disease who developed a right pneumothorax complicated by PAL refractory to pleural drainage and negative pressure optimisation. The inability to locate the source of the leak ruled out the use of endobronchial valves. Two haemopleurodesis procedures were performed with partial reduction of the leak volume, but without complete resolution. Finally, it was decided to discharge the patient with a portable drainage system, allowing close outpatient follow-up and avoiding prolonged hospital stays.
This case illustrates the role of hemopleurodesis as an effective therapeutic alternative in patients with limitations for surgical or endoscopic options, as well as the usefulness of portable devices in hospital transition. It also highlights the importance of individualising treatment according to the aetiology, patient characteristics and available resources, integrating strategies that optimise safety and quality of life.
KEY WORDS
Haemopleurodesis, persistent air leak, secondary pneumothorax, pleural drainage, diffuse interstitial lung disease.
INTRODUCCIÓN
La FAP se define como la pérdida continua de aire desde el parénquima pulmonar o el árbol bronquial hacia el espacio pleural que se mantiene más allá de 5–7 días tras la colocación de un drenaje torácico¹. Constituye una complicación relevante en cirugía torácica y en patologías pulmonares espontáneas o secundarias, ya que prolonga la estancia hospitalaria, incrementa el riesgo de infección pleural y retrasa la recuperación funcional². Su incidencia varía según la población y el contexto clínico, situándose entre el 5% y el 25% de los pacientes intervenidos de cirugía pulmonar mayor³.
El manejo de la FAP depende de la etiología, el estado clínico del paciente y los recursos disponibles. La estrategia inicial suele incluir optimización del drenaje, control de la presión negativa y fisioterapia respiratoria⁴. En casos refractarios, las alternativas comprenden técnicas endoscópicas (como válvulas endobronquiales)⁵,⁶, procedimientos quirúrgicos y métodos químicos o mecánicos de pleurodesis.
La hemopleurodesis (instilación intrapleural de sangre autóloga) actúa como un “parche biológico” que sella la fístula mediante la formación de coágulo y la inducción de una reacción inflamatoria local, favoreciendo la adherencia pleural⁷,⁸. Una revisión sistemática reciente describe tasas de éxito superiores al 89%, con bajo perfil de complicaciones y buena tolerancia incluso en pacientes con comorbilidad significativa⁹,¹⁰. Las guías de práctica clínica de la Sociedad Española de Cirugía Torácica (SECT) y la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) la incluyen como una opción terapéutica válida para pacientes con FAP que no son candidatos a cirugía o en los que los métodos endoscópicos han fracasado¹¹,¹².
Generalmente, la intervención se realiza entre el quinto y undécimo día desde el inicio de la fuga. El protocolo habitual consiste en la extracción estéril de sangre venosa del propio paciente, en jeringa no heparinizada, e instilación a través del drenaje pleural. Volúmenes de 100 ml han mostrado mayor rapidez en el cierre respecto a 50 ml⁷. Tras la instilación, se eleva el sistema de drenaje por encima del nivel torácico para permitir la salida de aire manteniendo la sangre en la cavidad, y en algunos centros se indica reposo en cama durante 40–120 minutos. No se recomienda profilaxis antibiótica rutinaria. En casos sin respuesta inicial, la repetición del procedimiento a las 48 horas ha logrado el cese de la fuga en hasta el 90% de los pacientes⁷.
El caso que se presenta ilustra el papel de la hemopleurodesis en un paciente con neumotórax secundario a EPID, con FAP y fracaso de las medidas conservadoras iniciales.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Se presenta el caso de un varón de 82 años, sin alergias medicamentosas conocidas. Entre sus antecedentes médicos destacaban: exposición laboral prolongada en una fábrica de plásticos durante más de cuatro décadas (sin contacto documentado con asbesto), un episodio de hiperreactividad bronquial en 2019 que respondió a broncodilatadores y corticoides inhalados, y un ingreso hospitalario en 2022 por EPID tipo neumonía intersticial no específica (NINE) asociada a infección respiratoria, que precisó oxigenoterapia domiciliaria al alta. Presentaba además glaucoma y psoriasis. No presentaba antecedentes quirúrgicos de interés.
El paciente fue remitido desde su hospital comarcal por disnea progresiva de más de una semana de evolución, que había empeorado a pesar de tratamiento diurético, hasta aparecer en reposo. Asociaba dolor costal derecho de inicio brusco desde tres días antes. La radiografía de tórax inicial evidenció un neumotórax derecho, confirmado posteriormente mediante tomografía computarizada (TC), por lo que se procedió a la colocación de un tubo de drenaje torácico. No obstante, persistió la falta de reexpansión pulmonar y una fuga aérea significativa.
El TC de control mostró el drenaje correctamente situado, con pequeñas burbujas de neumotórax residual en región basal posterolateral y ápex derechos, y adecuada reexpansión del parénquima pulmonar en comparación con estudios previos. El estudio inicial había evidenciado un neumotórax severo con colapso pulmonar subtotal, sin cambios en el patrón de fibrosis pulmonar preexistente y múltiples adenopatías mediastínicas (máxima de 12 mm paratraqueal derecha).
Se realizó fibrobroncoscopia (FBC), alcanzando hasta subsegmentos sin observar lesiones endobronquiales ni compresiones extrínsecas. Durante la exploración, la fuga oscilaba entre 100–200 ml/min, reduciéndose a cero con sedación, lo que motivó aumentar la aspiración del drenaje y aplicar ventilación mecánica no invasiva (VMNI). Sin embargo, no se logró localizar el origen de la fuga, imposibilitando la colocación de válvula endobronquial.
Durante su estancia hospitalaria, la fuga aérea persistió con volúmenes de entre 800–1200 ml/min, por lo que se realizaron dos procedimientos de hemopleurodesis. A pesar de ello, la fuga reapareció, y en radiografía de control con el drenaje pinzado se evidenció un nuevo colapso pulmonar. Ante esta situación, se sustituyó por un sistema de drenaje pleural tipo Sinapi.
Dada la persistencia de la fuga aérea y las limitaciones técnicas para su resolución definitiva, así como la distancia de su domicilio al hospital, se decidió alta con drenaje pleural portátil y seguimiento ambulatorio estrecho por neumología en el hospital comarcal, instruyendo al paciente en el manejo del sistema y en la identificación de signos de complicación o empeoramiento.
DISCUSIÓN
En el contexto de una EPID, la FAP plantea retos adicionales, ya que la arquitectura pulmonar alterada y la rigidez del tejido limitan la reexpansión y prolongan el tiempo necesario para el cierre de la comunicación pleural. En este contexto, las decisiones terapéuticas deben individualizarse, equilibrando la probabilidad de éxito de cada intervención con el riesgo asociado y la situación funcional basal del paciente¹,².
En el caso presentado, las estrategias iniciales incluyeron el drenaje pleural y la optimización de la presión negativa, tal como recomiendan las guías internacionales. Sin embargo, la persistencia del escape de aire llevó a considerar técnicas endoscópicas⁴. La imposibilidad de localizar el origen exacto de la fuga mediante FBC descartó la colocación de válvulas endobronquiales, cuya efectividad depende en gran medida de la identificación precisa del segmento afectado⁶.
Al no lograrse resolución con el manejo inicial y descartarse la cirugía mayor por el estado funcional, se decidió emplear hemopleurodesis, siguiendo las guías nacionales que la señalan como alternativa válida cuando las intervenciones endoscópicas o quirúrgicas no resultan viables¹¹,¹². Aunque la literatura describe tasas de éxito en torno al 89%⁸,¹⁰, este procedimiento no siempre garantiza el cierre completo de la fuga, especialmente en pacientes con importante afectación estructural pulmonar.
Tras dos intentos de hemopleurodesis, se logró una reducción parcial del volumen de fuga, aunque sin conseguir su cierre completo. Ante la estabilidad clínica del paciente y la persistencia del escape, se valoraron alternativas para el manejo ambulatorio. Así, se optó por el alta hospitalaria con un sistema de drenaje portátil. Esta estrategia, respaldada por estudios recientes¹³,¹⁴, permite evitar estancias hospitalarias prolongadas, mantener la autonomía del paciente y reducir el riesgo de infecciones nosocomiales, siempre que exista un seguimiento estrecho y educación del paciente sobre el manejo del dispositivo. En nuestro paciente, el uso de un sistema tipo Sinapi facilitó la transición al cuidado ambulatorio pese a la persistencia de la fuga.
En síntesis, el caso pone de relieve la importancia de adaptar la estrategia terapéutica a la evolución clínica y a las características del paciente, reconociendo que la hemopleurodesis puede ser eficaz pero no siempre definitiva, y que el uso de sistemas portátiles de drenaje representa una alternativa segura para el manejo ambulatorio.
CONCLUSIÓN
La FAP en pacientes con EPID avanzada plantea un reto terapéutico por la limitada capacidad de recuperación del parénquima y el alto riesgo de fracaso de las medidas convencionales. En el caso presentado, la hemopleurodesis constituyó una herramienta útil para reducir el volumen de fuga y facilitar el manejo ambulatorio, aunque sin lograr el cierre completo.
La elección de este abordaje respondió a la imposibilidad de realizar tratamientos endoscópicos y a la contraindicación de una intervención quirúrgica mayor, siguiendo las recomendaciones actuales de la SEPAR y la SECT. El alta con drenaje portátil y seguimiento estrecho permitió minimizar la estancia hospitalaria, mejorar la calidad de vida del paciente y reducir complicaciones asociadas a la hospitalización prolongada.
Este caso subraya la importancia de un manejo individualizado y escalonado, en el que la hemopleurodesis y las estrategias de drenaje ambulatorio desempeñan un papel clave en pacientes frágiles o no candidatos a cirugía, garantizando un control seguro y eficiente de la fuga aérea persistente.
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ANEXOS
Figura 1. Radiografía de tórax con neumotórax derecho previo a la colocación de drenaje.
Figura 2. Radiografía de tórax con neumotórax derecho tras colocación de drenaje.

