Identificación y análisis de complicaciones postoperatorias en cirugía mayor: factores de riesgo y estrategias de mitigación

10 noviembre 2025

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.58.23.001

 

 

AUTORES

  1. Alejandra Denisse Calderón Alcívar. Médico Cirujano. Manta, Ecuador https://orcid.org/0009-0000-4970-2757
  2. Max Eduardo Santana Mendoza. Médico. Portoviejo, Ecuador https://orcid.org/0009-0005-7036-3282
  3. André Alessandro Vélez Macías. Médico General. Portoviejo, Ecuador https://orcid.org/0009-0004-9806-0630
  4. Joel Ariel García Moreira. Médico Cirujano Magíster en Salud Pública con Mención en Atención Primaria de Salud. Manta, Ecuador https://orcid.org/0009-0002-6348-130X

 

RESUMEN

Las complicaciones postoperatorias (CPO) en cirugía mayor constituyen un desafío crítico para los sistemas sanitarios globales, al incrementar significativamente la morbimortalidad, prolongar las estancias hospitalarias y elevar los costos asistenciales. Esta revisión sintetiza la evidencia actual sobre identificación de CPO, sus factores de riesgo y estrategias de mitigación efectivas, mediante análisis de meta-análisis, revisiones sistemáticas y estudios de cohorte amplios. Las CPO más prevalentes incluyen infecciones del sitio quirúrgico, complicaciones pulmonares, eventos tromboembólicos venosos, íleo postoperatorio y eventos cardiovasculares, con factores de riesgo multifactoriales que abarcan variables dependientes del paciente (edad avanzada, fragilidad, comorbilidades como diabetes/obesidad y malnutrición), relacionadas con el procedimiento (cirugía emergente, duración prolongada y alta complejidad), y asociadas al sistema sanitario (bajo volumen hospitalario y fallos en comunicación interdisciplinar). Estrategias basadas en evidencia —como protocolos ERAS, listas de verificación de seguridad quirúrgica de la OMS y optimización preoperatoria— han demostrado reducir la incidencia de CPO, complementadas por innovaciones tecnológicas prometedoras como la cirugía mínimamente invasiva y modelos predictivos con inteligencia artificial. En conclusión, la mitigación efectiva requiere un enfoque multimodal y personalizado, centrado en la estratificación de riesgo y la implementación rigurosa de protocolos estandarizados.

PALABRAS CLAVE

Complicaciones postoperatorias, factores de riesgo, cirugía general, protocolos clínicos, seguridad del paciente.

ABSTRACT

Postoperative complications (POCs) in major surgery present a critical challenge to global healthcare systems, driving increased morbidity and mortality, prolonged hospital stays, and heightened economic burdens. This review synthesizes current evidence on POC identification, associated risk factors, and effective mitigation strategies by analyzing meta-analyses, systematic reviews, and large-scale cohort studies. Prevalent POCs encompass surgical site infections, pulmonary complications, venous thromboembolic events, postoperative ileus, and cardiovascular events. Multifactorial risk factors include patient-specific variables (advanced age, frailty, comorbidities such as diabetes/obesity, malnutrition), procedure-related elements (emergency surgery, prolonged duration, high complexity), and systemic contributors (low hospital volume, interdisciplinary communication failures). Evidence-based interventions—enhanced recovery after surgery (ERAS) protocols, WHO surgical safety checklists, and preoperative optimization—demonstrate significant efficacy in reducing POC incidence, augmented by emerging innovations like minimally invasive surgery and AI-driven predictive models. Consequently, effective POC mitigation necessitates a personalized, multimodal strategy anchored in rigorous risk stratification and standardized protocol implementation.

KEY WORDS

Postoperative complications, risk factors, general surgery, clinical protocols, patient safety.

DESARROLLO DEL TEMA

La cirugía mayor constituye una intervención terapéutica fundamental en la medicina moderna, con un volumen estimado de más de 300 millones de procedimientos realizados anualmente en todo el mundo1. A pesar de los notables avances en técnicas quirúrgicas, anestesia y cuidados perioperatorios, las complicaciones postoperatorias (CPO) continúan siendo una causa principal de morbilidad, mortalidad y aumento del gasto sanitario. La evidencia demuestra que la aparición de una CPO, incluso una considerada menor, puede duplicar el riesgo de mortalidad a largo plazo y generar costos hospitalarios hasta tres veces superiores en comparación con un curso postoperatorio sin incidentes2. La incidencia de CPO severas después de una cirugía mayor se estima entre un 15% y un 40%, dependiendo de la complejidad del procedimiento y las características de la población de pacientes, lo que subraya la magnitud del problema a nivel global3,4.

La relevancia de este problema es, por tanto, triple: clínica, por su impacto directo en la salud y la supervivencia del paciente, económica, por los costos directos (estancias prolongadas, reintervenciones, terapias adicionales) e indirectos (pérdida de productividad) asociados al tratamiento de las complicaciones, y social, por el deterioro funcional y la disminución de la calidad de vida que pueden sufrir los individuos. La prevención y el manejo de las CPO se han convertido en una prioridad para la seguridad del paciente a nivel global, impulsando la investigación y el desarrollo de estrategias preventivas basadas en la evidencia. La creciente comprensión de que los resultados quirúrgicos dependen de un continuo de cuidados —que abarca las fases preoperatoria, intraoperatoria y postoperatoria— ha llevado a un cambio de paradigma desde un enfoque reactivo, centrado en tratar las complicaciones una vez que aparecen, hacia uno proactivo y preventivo, enfocado en la estratificación del riesgo y la mitigación de factores modificables3-5.

Esta revisión de literatura se justifica por la necesidad de sintetizar el vasto y creciente cuerpo de conocimiento en este campo, proporcionando una visión integral y actualizada para clínicos, investigadores y gestores sanitarios. El objetivo principal de este artículo es analizar críticamente la evidencia científica disponible sobre la conceptualización, clasificación, factores de riesgo y estrategias de mitigación de las complicaciones postoperatorias en cirugía mayor, con un énfasis en los avances y las innovaciones de la última década.

Conceptualización y clasificación estandarizada de las complicaciones postoperatorias:

Para abordar de manera sistemática las complicaciones postoperatorias, es imprescindible partir de una definición estandarizada y un sistema de clasificación validado. Una CPO se define como cualquier desviación del curso postoperatorio ideal o esperado que no es inherente al procedimiento en sí y que afecta negativamente al paciente5. La ausencia histórica de una terminología y clasificación uniformes dificultó la comparación de resultados entre estudios e instituciones, obstaculizando el progreso en la mejora de la calidad quirúrgica. Para superar esta limitación, el sistema de clasificación de Clavien-Dindo se ha consolidado como el estándar de oro internacional para graduar la severidad de las CPO6. Este sistema clasifica las complicaciones en cinco grados, basándose en la intervención terapéutica necesaria para resolverlas: Grado I (cualquier desviación del curso normal sin necesidad de tratamiento farmacológico, quirúrgico, endoscópico o radiológico, como el íleo postoperatorio que se resuelve con medidas conservadoras), Grado II (requiere tratamiento farmacológico, como antibióticos para una infección del tracto urinario), Grado III (requiere intervención quirúrgica, endoscópica o radiológica, subdividido en IIIa si no requiere anestesia general y IIIb si la requiere), Grado IV (complicación que pone en peligro la vida y requiere cuidados intensivos, subdividido en IVa para disfunción de un solo órgano y IVb para disfunción multiorgánica), y Grado V (muerte del paciente). La amplia adopción de esta clasificación ha demostrado una alta fiabilidad y validez, permitiendo una evaluación objetiva de la morbilidad quirúrgica y facilitando la auditoría de calidad, la investigación comparativa y la evaluación de nuevas intervenciones3.

La frecuencia de las CPO varía considerablemente según el tipo de cirugía mayor. En cirugía colorrectal, una de las áreas más estudiadas, la tasa global de complicaciones puede alcanzar el 50%, siendo las más comunes la infección del sitio quirúrgico (ISQ), la fuga anastomótica —una de las más temidas por su alta mortalidad— y el íleo postoperatorio prolongado7. En cirugía torácica mayor, como la resección pulmonar por cáncer, las complicaciones pulmonares postoperatorias (CPP), que incluyen neumonía, atelectasia e insuficiencia respiratoria, son predominantes, afectando hasta al 30% de los pacientes y siendo la principal causa de mortalidad en este grupo8. Por su parte, en cirugía cardíaca, los eventos adversos mayores como el accidente cerebrovascular, la insuficiencia renal aguda que requiere diálisis y el síndrome de bajo gasto cardíaco son particularmente temidos por su alta mortalidad asociada y el impacto a largo plazo en la función del paciente9. La monitorización sistemática y el registro estandarizado de estas complicaciones, utilizando herramientas como la clasificación de Clavien-Dindo, son el primer paso esencial para comprender la magnitud del problema en un contexto local y evaluar la efectividad de las intervenciones preventivas.

Análisis multifactorial de los factores de riesgo:

El desarrollo de una CPO es un fenómeno multifactorial, resultado de una compleja interacción entre las características del paciente, los detalles del procedimiento quirúrgico y factores del sistema de salud. La estratificación del riesgo preoperatorio es, por tanto, fundamental para identificar a los pacientes de alto riesgo y personalizar el plan de cuidados perioperatorios10. Los factores de riesgo se pueden agrupar en tres dominios interrelacionados.

El primer dominio engloba los factores de riesgo dependientes del paciente, que son los más estudiados. La edad avanzada es un predictor independiente bien establecido de CPO, no solo por la disminución de la reserva fisiológica inherente al envejecimiento, sino también por la mayor prevalencia de comorbilidades11. Sin embargo, la evidencia más reciente sugiere que la edad cronológica es un predictor menos preciso que el estado de fragilidad, un síndrome clínico caracterizado por una mayor vulnerabilidad al estrés fisiológico. La fragilidad, evaluada mediante escalas específicas, se asocia con un riesgo duplicado de morbilidad, mortalidad y dependencia funcional postoperatoria, independientemente de la edad o las comorbilidades del paciente12. Comorbilidades específicas como la diabetes mellitus, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la enfermedad cardiovascular y la obesidad aumentan significativamente el riesgo de complicaciones. Por ejemplo, un control glucémico deficiente (HbA1c elevada) en pacientes diabéticos se asocia con un mayor riesgo de ISQ debido a la disfunción inmunológica y la alteración de la cicatrización13. El estado nutricional también juega un papel crucial, la malnutrición y la sarcopenia (pérdida de masa y función muscular, a menudo oculta en pacientes obesos) son predictores potentes de malos resultados quirúrgicos, incluyendo una mayor tasa de infecciones, fugas anastomóticas y una recuperación funcional más lenta14.

El segundo dominio corresponde a los factores relacionados con el procedimiento quirúrgico, que son igualmente determinantes. La naturaleza de la cirugía (de emergencia frente a electiva) es uno de los predictores más fuertes de CPO. Las cirugías de emergencia se realizan en pacientes fisiológicamente descompensados, con menos tiempo para la optimización preoperatoria, lo que resulta en tasas de mortalidad y morbilidad significativamente más altas, especialmente en entornos de bajos recursos4. La duración de la cirugía y la magnitud de la pérdida de sangre intraoperatoria son marcadores indirectos de la complejidad técnica y el trauma quirúrgico, y se correlacionan directamente con el riesgo de CPO, especialmente las infecciosas y tromboembólicas10. La complejidad inherente del procedimiento, como en las resecciones pancreatoduodenales (procedimiento de Whipple) o las esofagectomías, también conlleva un riesgo intrínseco elevado de complicaciones graves como las fístulas pancreáticas o las fugas anastomóticas, que requieren un manejo altamente especializado.

Finalmente, los factores del entorno hospitalario y del equipo quirúrgico, el tercer dominio, influyen de manera sustancial en los resultados. Se ha demostrado de forma consistente que los hospitales con un alto volumen de procedimientos complejos (por ejemplo, cirugía oncológica mayor) tienen tasas de mortalidad y complicaciones más bajas15. Este «efecto volumen-resultado» se atribuye a una mayor experiencia del equipo quirúrgico y de enfermería, la presencia de protocolos estandarizados, y una mejor infraestructura para reconocer y manejar precozmente las CPO cuando ocurren. La cultura de seguridad, la comunicación efectiva y el trabajo en equipo son componentes críticos. La falta de comunicación durante las transiciones de cuidado o dentro del quirófano es una causa raíz común de eventos adversos. Herramientas como la lista de verificación de seguridad quirúrgica (LVSC) han sido diseñadas específicamente para mejorar estos aspectos16.

Estrategias de mitigación basadas en la evidencia: el paradigma multimodal:

Ante la naturaleza multifactorial de las CPO, las estrategias de mitigación más exitosas son aquellas que adoptan un enfoque multimodal y abarcan todo el continuo de atención perioperatoria. Los protocolos de Recuperación Mejorada Después de la Cirugía (ERAS, por sus siglas en inglés) representan el paradigma actual en la atención quirúrgica moderna. ERAS no es una única intervención, sino un conjunto integrado de hasta 20 elementos basados en la evidencia, aplicados en las fases pre, intra y postoperatoria, con el objetivo de atenuar la respuesta fisiológica y metabólica al estrés quirúrgico, mantener la función de los órganos y acelerar la recuperación funcional17. Los componentes clave del preoperatorio incluyen el asesoramiento exhaustivo al paciente, la optimización de comorbilidades (control glucémico, manejo de la anemia), el cese del tabaquismo y el consumo de alcohol, y la abolición del ayuno prolongado mediante la carga de carbohidratos preoperatoria. Intraoperatoriamente, se promueve el uso de anestesia regional para reducir la necesidad de opioides, la gestión de fluidos orientada a objetivos para evitar la sobrecarga hídrica, el mantenimiento de la normotermia y la preferencia por técnicas mínimamente invasivas. En el postoperatorio, los pilares son la analgesia multimodal libre de opioides, la profilaxis rigurosa del tromboembolismo y de las náuseas y vómitos, la retirada temprana de sondas y drenajes, y, de manera crucial, la movilización y nutrición oral precoces18. La implementación de programas ERAS ha demostrado de manera consistente reducir las CPO en un 30-50%, acortar la estancia hospitalaria en 2-3 días y disminuir los costos, sin aumentar las tasas de reingreso, en una amplia gama de especialidades quirúrgicas, incluyendo cirugía colorrectal, ginecológica, urológica y torácica7,17.

Más allá de los protocolos ERAS, que son un marco integral, existen otras estrategias fundamentales. La Lista de Verificación de Seguridad Quirúrgica de la OMS es una herramienta simple pero extraordinariamente poderosa que, cuando se utiliza correctamente, ha demostrado reducir la mortalidad y las complicaciones mayores en casi un tercio¹⁶. Su eficacia no reside en la lista en sí, sino en el fomento de una pausa disciplinada para mejorar la comunicación del equipo, confirmar la identidad del paciente y el procedimiento, revisar las alergias, el riesgo de sangrado y los pasos críticos, garantizando que se completen los procesos de seguridad en tres momentos clave: antes de la inducción de la anestesia («Sign In»), antes de la incisión cutánea («Time Out») y antes de que el paciente salga del quirófano («Sign Out»)16.

Impacto de las innovaciones tecnológicas en la seguridad quirúrgica:

La optimización preoperatoria de los pacientes de alto riesgo, identificados mediante una evaluación exhaustiva, es otra área de creciente interés. Esto ha llevado al desarrollo de programas de «prehabilitación» que van más allá de la simple corrección de déficits. Estos programas multimodales combinan entrenamiento físico supervisado, apoyo nutricional (por ejemplo, suplementos de inmunonutrición) y manejo psicológico del estrés durante las semanas previas a la cirugía electiva. La evidencia emergente sugiere que la prehabilitación puede mejorar la capacidad funcional del paciente antes de la cirugía, permitiéndole tolerar mejor el estrés quirúrgico, lo que se traduce en una reducción de las CPO y una recuperación funcional más rápida, especialmente en pacientes frágiles o sarcopénicos19.

El avance tecnológico está desempeñando un papel cada vez más importante en la mejora de la seguridad quirúrgica. La cirugía mínimamente invasiva (CMI), que incluye la laparoscopia y la cirugía asistida por robot, ha revolucionado el campo quirúrgico en las últimas tres décadas. Al realizar procedimientos a través de pequeñas incisiones, se reduce significativamente el trauma tisular, la pérdida de sangre y la respuesta inflamatoria sistémica. Esto se traduce clínicamente en una menor incidencia de dolor postoperatorio, una reducción de las ISQ y las complicaciones pulmonares (debido a una mejor función diafragmática), y una recuperación más rápida con una reincorporación más temprana a las actividades normales, en comparación con la cirugía abierta tradicional para muchos procedimientos10. La cirugía robótica, una evolución de la laparoscopia, ofrece ventajas adicionales como una visión tridimensional de alta definición, mayor rango de movimiento de los instrumentos (superando las limitaciones de la muñeca humana) y filtrado del temblor. Estas características pueden facilitar procedimientos técnicamente complejos en espacios confinados, como la prostatectomía radical o la resección rectal baja, y potencialmente reducir las tasas de complicaciones como la disfunción nerviosa o las fugas anastomóticas.

En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automático (machine learning) han surgido como herramientas prometedoras para la predicción y prevención de CPO. Se están desarrollando algoritmos capaces de analizar grandes volúmenes de datos heterogéneos del historial clínico electrónico (datos demográficos, comorbilidades, resultados de laboratorio, notas clínicas) para crear modelos de predicción de riesgo altamente precisos y personalizados. Estos modelos pueden superar a las calculadoras de riesgo tradicionales al identificar patrones complejos y no lineales en los datos, permitiendo identificar a pacientes con alto riesgo de desarrollar una complicación específica, como una sepsis, una lesión renal aguda o un reingreso no planificado18. Esta predicción temprana permite una vigilancia más estrecha y la implementación de intervenciones preventivas dirigidas. Por ejemplo, sistemas de alerta temprana basados en IA pueden monitorizar continuamente los signos vitales y los datos de laboratorio de un paciente en el postoperatorio y alertar al equipo clínico ante los primeros signos sutiles de deterioro fisiológico, a menudo horas antes de que sean clínicamente evidentes, facilitando una «misión de rescate» temprana y eficaz20.

Discusión: hacia una medicina perioperatoria de precisión y centrada en el paciente:

La literatura de la última década confirma un consenso creciente sobre la necesidad de un enfoque holístico, protocolizado y centrado en el paciente para la gestión perioperatoria. Mientras que en el pasado el enfoque se centraba de forma casi exclusiva en la habilidad técnica del cirujano en el quirófano, la evidencia actual subraya que la excelencia quirúrgica es un constructo de equipo y sistema, que depende de un proceso de atención bien coordinado, fiable y estandarizado15. La implementación exitosa de programas como ERAS es el testimonio más claro de este cambio de paradigma. Sin embargo, persisten desafíos significativos en su aplicación. La adherencia a todos los elementos de los protocolos ERAS es a menudo subóptima y su implementación puede ser compleja, requiriendo un cambio cultural profundo, un liderazgo clínico fuerte y un equipo multidisciplinario comprometido y coordinado17. Estudios recientes se centran ahora en identificar las barreras para la implementación y en cómo personalizar los componentes de ERAS para poblaciones específicas, como los pacientes frágiles, oncológicos o de edad muy avanzada, quienes pueden no beneficiarse o incluso ser perjudicados por ciertos elementos del protocolo estándar, como la restricción de fluidos12.

Un área de debate activo y de gran interés actual es el equilibrio entre la estandarización del cuidado y la personalización del mismo. Si bien los protocolos estandarizados como la LVSC y ERAS son cruciales para reducir la variabilidad injustificada y mejorar la fiabilidad del sistema, la inherente heterogeneidad de los pacientes quirúrgicos exige un grado de personalización. Aquí es donde las tecnologías emergentes, como los modelos predictivos de IA, pueden jugar un papel transformador. Al proporcionar una estratificación de riesgo precisa a nivel individual, estas herramientas pueden ayudar a los clínicos a decidir qué intervenciones de un protocolo son más beneficiosas para un paciente en particular, o qué pacientes requieren una vigilancia postoperatoria más intensiva, avanzando hacia una era de «medicina perioperatoria de precisión»18.

Finalmente, la literatura reciente también ha puesto de relieve la importancia de medir lo que realmente le importa al paciente, lo que ha llevado a la integración de los resultados reportados por los pacientes (PROMs, por sus siglas en inglés) como una métrica clave para evaluar el éxito quirúrgico. Más allá de las métricas tradicionales de morbilidad y mortalidad, los PROMs capturan el impacto de la cirugía y sus complicaciones en la calidad de vida, el estado funcional, la carga de síntomas y el bienestar general del paciente, proporcionando una visión mucho más completa y significativa del valor de la atención quirúrgica19. Una complicación clasificada como «menor» según Clavien-Dindo (Grado I o II) puede, no obstante, tener un impacto duradero y debilitante en la capacidad del paciente para volver al trabajo o a sus actividades cotidianas. La integración sistemática de los PROMs en la práctica clínica y la investigación es, por tanto, fundamental para asegurar que las estrategias de mitigación de CPO se traduzcan en mejoras que sean verdaderamente significativas desde la perspectiva del paciente, redefiniendo el éxito quirúrgico no solo como la ausencia de morbilidad, sino como la restauración de la salud y el bienestar en su sentido más amplio19,20.

CONCLUSIONES

Esta revisión de la literatura subraya que las complicaciones postoperatorias en cirugía mayor continúan siendo un desafío clínico y de salud pública de primer orden. La evidencia analizada demuestra de forma concluyente que el riesgo de CPO es el resultado de una interacción compleja entre factores intrínsecos del paciente, la naturaleza del procedimiento quirúrgico y elementos del sistema de salud. La adopción de un enfoque proactivo, multidisciplinario y multimodal, que abarque todo el continuo de la atención perioperatoria, es la estrategia más eficaz para su mitigación.

Las implicaciones clínicas de estos hallazgos son claras e instan a la acción. Las instituciones sanitarias deben priorizar la implementación sistemática y la monitorización de la adherencia a protocolos basados en la evidencia, como ERAS y la Lista de Verificación de Seguridad Quirúrgica de la OMS. La estratificación del riesgo preoperatorio, incluyendo la evaluación de la fragilidad y el estado nutricional, debe ser una práctica estándar para identificar a los pacientes más vulnerables, permitiendo la aplicación de intervenciones de optimización y prehabilitación dirigidas. Además, la inversión estratégica en tecnologías como la cirugía mínimamente invasiva y la integración de herramientas de soporte a la decisión basadas en inteligencia artificial pueden mejorar aún más la seguridad y la eficacia de la atención quirúrgica, conduciendo a una medicina perioperatoria más precisa y personalizada.

Las futuras líneas de investigación deberían centrarse en varias áreas clave para continuar avanzando en este campo. Primero, es necesario realizar más estudios prospectivos a gran escala para validar y refinar los modelos predictivos de IA en poblaciones diversas y entornos clínicos del mundo real, así como para evaluar su impacto real en la reducción de CPO. Segundo, la investigación sobre la personalización de los protocolos ERAS para subgrupos de pacientes específicos, como los ancianos frágiles o aquellos con múltiples comorbilidades, es crucial para maximizar sus beneficios y minimizar posibles riesgos. Tercero, se debe profundizar en el estudio del impacto a largo plazo de las CPO en la calidad de vida, la supervivencia y los costos, utilizando los resultados reportados por los pacientes (PROMs) como métricas primarias. Finalmente, la investigación en ciencias de la implementación es fundamental para explorar estrategias efectivas que superen las barreras a la adopción de las mejores prácticas a nivel sistémico, con el fin de reducir la brecha entre el conocimiento científico y la práctica clínica diaria, garantizando que todos los pacientes que se someten a una cirugía mayor reciban el cuidado más seguro y efectivo posible.

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