AUTOR
- Irish Puértolas Pau. ORCID: 0009-0004-6411-8881. Médica Especialista MFyC. Centro de Salud Jaca (Huesca). España.
RESUMEN
Los quistes epidérmicos, también conocidos como quistes de inclusión, son lesiones subcutáneas benignas resultantes de la implantación de células epidérmicas en la dermis. Aunque su diagnóstico clínico puede resultar desafiante debido a su similitud con otras entidades subcutáneas, tanto benignas como malignas, el análisis histopatológico sigue siendo el método definitivo para su diagnóstico. No obstante, la ecografía clínica ha emergido como una herramienta esencial en atención primaria (AP), permitiendo la identificación temprana y caracterización precisa de estas lesiones. Esta accesible prueba complementaria, además de dilucidar el diagnóstico diferencial, reducir derivaciones innecesarias y optimizar consiguientemente los tiempos diagnósticos, permite favorecer la tranquilidad del paciente, fortaleciendo la relación bidireccional médico-paciente.
El caso presentado ejemplifica la relevancia del uso de la ecografía clínica desde AP en el diagnóstico y manejo de los quistes epidérmicos, subrayando la necesidad de integrar esta herramienta en la práctica clínica diaria para promover una atención médica eficiente, accesible y centrada en el paciente.
PALABRAS CLAVE
Quistes epidérmicos, atención primaria, ecografía clínica.
ABSTRACT
Epidermoid cysts, also known as inclusion cysts, are benign subcutaneous lesions resulting from the implantation of epidermal cells into the dermis. Although their clinical diagnosis can be challenging due to their similarity with other subcutaneous entities, both benign and malignant, histopathological analysis remains the definitive method for diagnosis. However, clinical ultrasound has emerged as an essential tool in primary care (PC), enabling the early identification and precise characterization of these lesions. This accessible complementary test, in addition to clarifying the differential diagnosis, reducing unnecessary referrals, and consequently optimizing diagnostic times, also enhances patient reassurance, strengthening the bidirectional physician-patient relationship.
The presented case exemplifies the relevance of using clinical ultrasound in primary care for the diagnosis and management of epidermoid cysts, emphasizing the need to integrate this tool into daily clinical practice to promote efficient, accessible, and patient-centered medical care.
KEY WORDS
Epidermoid cysts, primary care, clinical ultrasound.
INTRODUCCIÓN
Los quistes de inclusión, son lesiones benignas caracterizadas por la formación de un saco cerrado que contiene material queratínico, rodeado por un epitelio escamoso. Estas lesiones son una de las causas más frecuentes de masas subcutáneas en adultos y, aunque se localizan comúnmente en áreas como la cara, el cuello o el tronco, pueden desarrollarse en cualquier región anatómica que contenga queratina1.
El diagnóstico y manejo adecuado de estas lesiones es crucial para evitar complicaciones y ofrecer un tratamiento oportuno, lo que resalta la importancia de herramientas como la ecografía clínica en atención primaria (AP).
Este caso clínico ilustra el abordaje diagnóstico y terapéutico de un quiste epidérmico en un paciente, haciendo hincapié en la relevancia de la ecografía como herramienta complementaria en AP.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Varón de 57 años, sin antecedentes personales ni familiares de interés, que consulta en su centro de salud por la aparición progresiva, durante los últimos seis meses, de una lesión nodular sólida localizada en la región anterior del tórax. El paciente niega sintomatología acompañante, incluyendo prurito, dolor, excoriaciones, episodios de sangrado, supuración, traumatismos o contusiones previas en la zona afectada. Tampoco refiere clínica constitucional: niega fiebre, sudoración nocturna, pérdida ponderal o cualquier otro síntoma sugestivo de síndrome sistémico. La anamnesis dirigida descarta además disnea, disfagia u odinofagia, así como lesiones similares en otras localizaciones. No existen antecedentes personales de neoplasias cutáneas ni episodios recientes de exposición solar.
A la exploración física, se objetivó una lesión nodular de aproximadamente 1.8 cm de diámetro, de consistencia firme, móvil respecto a planos profundos, pero adherida a planos cutáneos superficiales. La piel suprayacente no mostró signos inflamatorios ni alteraciones aparentes. La palpación por su parte, fue indolora y no se palparon adenopatías cervicales locorregionales.
Ante la sospecha clínica y con el fin de caracterizar con mayor precisión la lesión, se realizó en el mismo centro una ecografía clínica de partes blandas; la imagen ecográfica mostró una formación nodular hipoecoica, bien delimitada, de contornos regulares y contenido heterogéneo, sin evidenciar vascularización interna en la secuencia Doppler color (0.46*0.31cm). No se identificaron signos de infiltración de planos profundos ni adenopatías laterocervicales o en hueco axilar bilateralFig.1. Estos hallazgos fueron altamente sugestivos de quiste de inclusión epidérmico.
Tras informar al paciente, proporcionándole información detallada sobre el carácter benigno de la lesión y su evolución habitualmente indolente, y tras resolver las dudas planteadas en relación a la misma, se alcanzó un consenso sobre el manejo terapéutico. El plan se centró en el seguimiento clínico periódico en AP, con la opción de derivación a dermatología para exéresis electiva en caso de crecimiento progresivo, aparición de signos inflamatorios, complicaciones locales o indicaciones estéticas o funcionales en el futuro. Con una actitud calmada y segura, manifestó su acuerdo con el enfoque propuesto, optando por continuar con el control clínico bajo la supervisión de su médico de AP y evaluando la evolución clínica conforme a la estrategia asistencial establecida.
DISCUSIÓN
Los quistes epidérmicos, también conocidos como quistes de inclusión, son lesiones benignas localizadas en el tejido subcutáneo, resultado de la implantación de células epidérmicas en la dermis. Están caracterizados por una cápsula epitelial que alberga un contenido pastoso rico en queratina, producto de la proliferación de células epidérmicas superficiales. Estas lesiones, son comunes en áreas como el cuero cabelludo, la cara, el cuello, el tronco y la espalda, siendo poco frecuentes en las zonas acras, particularmente en las palmas y plantas, localizaciones inusuales donde su aparición puede asociarse con antecedentes de traumatismos, intervenciones quirúrgicas o infecciones por el virus del papiloma humano (VPH)2.
Es importante señalar la frecuente confusión terminológica entre los quistes dermoides y los quistes epidermoides, ya que, aunque ambos tipos de lesiones son benignas y de origen ectodérmico, presentan diferencias sustanciales en su composición histológica. Los quistes dermoides por su parte, se caracterizan por estar revestidos por epitelio escamoso estratificado e incluir, además, estructuras anexas tales como folículos pilosos, glándulas sebáceas y glándulas sudoríparas, las cuales no están presentes en los quistes epidermoides, lo que constituye una diferencia clave para su clasificación. A pesar de su relevancia patológica, esta distinción no siempre es fácilmente discernible en la práctica clínica, por lo que el diagnóstico definitivo requiere de estudios adicionales, como la histopatología o el uso de técnicas de imagen especializadas3.
Aunque los quistes epidermoides suelen ser adquiridos, su aparición también puede asociarse a trastornos genéticos como el Síndrome de Gardner, variante autosómica dominante de la poliposis adenomatosa familiar (PAF), caracteizada por la presencia de pólipos adenomatosos en el colon y una serie de manifestaciones extracólicas, entre ellas los quistes epidermoides, localizados predominantemente en el cuero cabelludo, la cara y el cuello. La identificación de múltiples quistes en un mismo paciente, debe suscitar una alta sospecha de esta entidad, especialmente en el ámbito de la AP, donde su detección precoz permite una derivación oportuna y un manejo multidisciplinar que optimice su pronóstico global4.
Siguiendo la línea argumental expuesta, el diagnóstico diferencial de los quistes de inclusión, debe considerar a un amplio espectro de lesiones benignas y malignas de localización subcutánea. Entre las primeras, destacan los lipomas, neoplasias de tejido adiposo que se presentan como formaciones blandas, móviles y sin adherencia cutánea; los pilomatricomas, nódulos subcutáneos firmes con tendencia a la calcificación, más frecuentes en la edad pediátrica; y los quistes dermoides congénitos, habitualmente situados en las líneas de fusión embrionaria. Asimismo, deben incluirse en esta valoración los tumores anexiales benignos, como los siringomas y tricoepiteliomas. En cuanto a las lesiones malignas, es preciso considerar el carcinoma basocelular, el carcinoma epidermoide y el melanoma nodular, además de las metástasis cutáneas, que se manifiestan como nódulos firmes, indurados, de crecimiento rápido, múltiples y adheridos a planos profundos. Finalmente, las adenopatías, especialmente en localización cervical, pueden corresponder a procesos reactivos, linfoproliferativos o metastásicos, por lo que requieren un enfoque diagnóstico cuidadoso para evitar errores en la interpretación clínica5. En este contexto, la ecografía clínica se erige como una herramienta de primer orden en AP, al permitir una caracterización precisa de las lesiones subcutáneas.
Los quistes de inclusión epidérmica muestran hallazgos específicos en materia ecográfica; se trata de lesiones bien delimitadas, avasculares en modo Doppler, con contenido heterogéneo y ecos internos de queratina, sin evidencia de infiltración en profundidad6. La capacidad diagnóstica proporcionada por esta accesible prueba complementaria, facilita un abordaje resolutivo desde el primer nivel asistencial, evitando derivaciones innecesarias, reduciendo los tiempos diagnósticos y optimizando los recursos sanitarios.
Por otra parte, y más allá de su eficacia técnica, la ecografía realizada por el especialista en Medicina de Familia y Comunitaria (MFyC), refuerza la dimensión ética y humanista de la AP puesto que, al confirmar la sospecha clínica permitiendo compartir visualmente los hallazgos con el paciente, no solo aporta certeza diagnóstica al clínico, sino que genera tranquilidad al paciente fortaleciendo consecuentemente la relación de confianza entre ambas partes. Este acto sitúa al paciente en el centro del proceso asistencial, como protagonista activo de su propio cuidado.
Ejemplificamos un modelo asistencial, basado en la continuidad, la integralidad y la centralidad de la persona, que debería constituir la esencia de la medicina familiar y comunitaria. Por ello, la formación sistemática en técnicas ecográficas y su integración plena en la práctica diaria en AP, no solo eleva la calidad técnica de la atención, sino que potencia y aúne los valores fundamentales de la AP: eficiencia, accesibilidad, personalización y longitudinalidad.
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ANEXOS
Figura 1 (Fig.1). Imagen ecográfica realizada por el autor con sonda lineal de alta frecuencia, que muestra un quiste de inclusión epidérmico. Se observa una lesión subcutánea bien delimitada, hipoecoica, de contornos regulares y ecos internos heterogéneos, sin signos de vascularización en modo Doppler ni infiltración de planos profundos.
