- María Salinas Bariain. Hospital Universitario de Navarra (HUN), Pamplona (Navarra), España.
RESUMEN
Introducción: Los contextos vulnerables, caracterizados por pobreza, desigualdad y limitado acceso a servicios de salud, presentan altos índices de problemas relacionados con la salud sexual y reproductiva, incluyendo embarazos no planificados, infecciones de transmisión sexual (ITS) y violencia de género. Las matronas, con su formación integral y enfoque comunitario, son profesionales clave para implementar programas de salud sexual que aborden estas problemáticas, adaptándose a las particularidades culturales y sociales de estas poblaciones.
Objetivo: Realizar una revisión sistemática que evalúe el impacto de los programas de salud sexual diseñados y ejecutados por matronas en contextos vulnerables, enfocándose en resultados relacionados con el conocimiento, la conducta sexual y la prevención de riesgos.
Metodología: Se llevó a cabo una búsqueda en bases de datos como PubMed, Scielo, CUIDEN, LILACS y Google Scholar, seleccionando estudios publicados entre 2010 y 2025 que describieran intervenciones comunitarias o educativas lideradas por matronas en poblaciones vulnerables.
Resultados: Los resultados muestran que los programas liderados por matronas contribuyen significativamente a mejorar el conocimiento sobre salud sexual y reproductiva, desmontar mitos y fomentar actitudes responsables hacia el uso de métodos anticonceptivos. Además, se observa un aumento en la adherencia a controles sanitarios y una reducción en conductas sexuales de riesgo
Conclusiones: Los programas de salud sexual liderados por matronas en contextos vulnerables tienen un impacto positivo en la promoción de conductas saludables y en la prevención de riesgos. Es fundamental fortalecer su formación, mejorar recursos y promover políticas que apoyen la continuidad y expansión de estas intervenciones, para reducir inequidades en salud sexual y reproductiva.
PALABRAS CLAVE
Matrona, salud sexual, contextos vulnerables, prevención, educación comunitaria, salud reproductiva.
ABSTRACT
Introduction: Vulnerable contexts, characterized by poverty, inequality, and limited access to healthcare services, show high rates of sexual and reproductive health problems, including unplanned pregnancies, sexually transmitted infections (STIs), and gender-based violence. Midwives, with their comprehensive training and community-focused approach, are key professionals for implementing sexual health programs that address these issues while adapting to the cultural and social particularities of these populations.
Objective: To conduct a systematic review evaluating the impact of sexual health programs designed and implemented by midwives in vulnerable contexts, focusing on outcomes related to knowledge, sexual behavior, and risk prevention.
Methodology: A search was performed in databases such as PubMed, Scielo, CUIDEN, LILACS, and Google Scholar, selecting studies published between 2010 and 2025 that described community or educational interventions led by midwives in vulnerable populations.
Results: The findings show that midwife-led programs significantly improve knowledge of sexual and reproductive health, dispel myths, and promote responsible attitudes toward contraceptive use. Additionally, there is evidence of increased adherence to health check-ups and a reduction in high-risk sexual behaviors.
Conclusions: Sexual health programs led by midwives in vulnerable contexts have a positive impact on promoting healthy behaviors and preventing risks. Strengthening training, improving resources, and promoting policies that support the continuity and expansion of these interventions are essential to reducing inequities in sexual and reproductive health.
KEY WORDS
Midwife, sexual health, vulnerable contexts, prevention, community education, reproductive health.
INTRODUCCIÓN
Los contextos vulnerables, caracterizados por condiciones de pobreza persistente, desigualdad estructural, marginación geográfica y limitado acceso a servicios de salud de calidad, enfrentan desafíos alarmantes en materia de salud sexual y reproductiva¹. En estas comunidades, suele observarse una elevada incidencia de embarazos no planificados, infecciones de transmisión sexual (ITS), violencia basada en género y prácticas sexuales de riesgo que no solo afectan directamente la salud de las personas, sino que también perpetúan ciclos de desventaja social². Estos problemas se ven agravados por barreras como la falta de educación sexual adecuada, estigmas culturales, tabúes sociales, carencia de infraestructura sanitaria y recursos humanos insuficientes o no especializados³.
En esta realidad, las matronas emergen como profesionales fundamentales para enfrentar estas brechas de salud. Su formación integral, que combina conocimientos clínicos, sensibilidad comunitaria y enfoque en derechos, las capacita para intervenir de manera efectiva. Su experiencia profesional y empatía les permiten construir puentes entre el sistema de salud y las comunidades, así como adaptar programas de salud sexual a las particularidades culturales, lingüísticas y normativas de cada población. Las matronas pueden identificar con precisión los factores de riesgo específicos del entorno, diseñar estrategias participativas y pertinentes, y generar cambios que trascienden la esfera clínica para incidir en las dinámicas sociales y culturales que condicionan la salud reproductiva.
Su rol en contextos vulnerables trasciende la atención individual: implica fortalecer redes comunitarias, formar agentes locales, promover el diálogo con actores sociales y liderar procesos sensibles que integran equidad, género y respeto por la autodeterminación. Así, la intervención de las matronas no solo aborda las necesidades sanitarias urgentes, sino que también construye las bases para transformaciones sostenibles y empoderadoras.
OBJETIVO
El propósito de esta revisión sistemática es evaluar de forma rigurosa el impacto de los programas de salud sexual diseñados y ejecutados por matronas en contextos vulnerables. Se pretende identificar en qué medida estos programas inciden en el nivel de conocimiento sobre salud sexual, en las prácticas conductuales de las personas beneficiarias y en la prevención de situaciones de riesgo como embarazos no planificados, ITS o violencia sexual. Asimismo, se busca extraer lecciones sobre las estrategias más efectivas y los obstáculos que condicionan el éxito y la continuidad de estas intervenciones.
METODOLOGÍA
Para alcanzar los objetivos planteados en esta revisión sistemática, se implementó un proceso de búsqueda exhaustivo y sistemático en múltiples bases de datos de prestigio y amplio reconocimiento en el ámbito de la salud pública, las ciencias sociales y la educación. Las bases de datos seleccionadas para la consulta fueron PubMed, Scielo, CUIDEN, LILACS y Google Scholar, las cuales proporcionan una cobertura extensa y diversa de literatura científica y técnica relevante a nivel internacional y regional. Esta selección permitió acceder a una amplia gama de estudios publicados en diferentes idiomas y contextos, garantizando así una perspectiva global y multicéntrica sobre el tema de interés.
El período de búsqueda abarcó desde el año 2010 hasta el año 2025, con el fin de incorporar los estudios más recientes y relevantes que reflejaran las prácticas actuales, avances metodológicos y tendencias emergentes en la intervención comunitaria liderada por matronas. Este rango temporal permitió evaluar la evolución y el impacto de estas intervenciones a lo largo de más de una década, un periodo suficiente para identificar patrones consistentes y evidencia robusta.
Se definieron criterios específicos para la inclusión de estudios, centrándose en aquellos que describieran explícitamente intervenciones comunitarias o educativas lideradas por matronas, con un enfoque particular en poblaciones vulnerables. Se consideraron como poblaciones vulnerables aquellas que enfrentan condiciones de pobreza extrema, desigualdad territorial severa, comunidades indígenas, grupos migrantes en situación de precariedad, adolescentes en situación de vulnerabilidad socioeconómica y comunidades rurales aisladas geográficamente. Estos criterios respondieron a la necesidad de focalizar el análisis en contextos donde las barreras sociales, económicas y culturales suelen limitar el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, y donde la acción de las matronas puede tener un impacto más significativo.
En cuanto a los tipos de estudios incluidos, se aceptaron investigaciones con diversos enfoques metodológicos para obtener una visión integral y multidimensional del fenómeno. Por un lado, se incorporaron estudios cuantitativos que evaluaban variables medibles y objetivas como la tasa de uso de métodos anticonceptivos, la prevalencia de infecciones de transmisión sexual, la frecuencia de embarazos no deseados o no planificados, y otros indicadores epidemiológicos y conductuales relacionados. Por otro lado, se integraron estudios cualitativos que exploraban en profundidad las percepciones, actitudes, experiencias, barreras culturales, dinámicas comunitarias y procesos de cambio social relacionados con la salud sexual y reproductiva. Esta combinación metodológica permitió no solo medir resultados, sino también comprender los procesos y contextos que influyen en ellos.
Asimismo, se incluyeron revisiones sistemáticas previas que sintetizaban la evidencia existente sobre intervenciones similares, facilitando la identificación de tendencias generales, vacíos de conocimiento y áreas prioritarias para futuras investigaciones y políticas.
Se establecieron también criterios estrictos de exclusión para garantizar la calidad y pertinencia de los datos analizados. Fueron excluidos aquellos estudios que no especificaban de forma clara y explícita el liderazgo o protagonismo de las matronas en las intervenciones descritas, ya que la revisión buscaba destacar el rol específico y diferenciador de estas profesionales. De igual manera, se descartaron investigaciones centradas en poblaciones con mejores condiciones socioeconómicas o en entornos clínicos o hospitalarios sin componente comunitario, para mantener el enfoque en contextos de vulnerabilidad y acciones de base comunitaria.
El proceso de selección de los estudios siguió un protocolo riguroso basado en criterios metodológicos sólidos, que consideraron la validez interna y externa de los estudios, la calidad en el diseño y la ejecución de las intervenciones, la relevancia temática en relación con los objetivos de la revisión y la claridad en la identificación de las matronas como agentes principales de la intervención. Este enfoque garantizó la inclusión de evidencia confiable, pertinente y representativa que sustente conclusiones robustas y aplicables a la realidad de los contextos vulnerables analizados.
RESULTADOS
Los hallazgos revisados muestran que los programas de salud sexual y reproductiva liderados por matronas en contextos vulnerables generan un impacto significativo y multidimensional en diversos indicadores clave relacionados con la salud sexual⁴⁻⁶. En primer lugar, uno de los resultados más evidentes es el aumento sustancial en el nivel de conocimiento que adquieren los participantes de estos programas⁷⁻⁹. Temas esenciales como el funcionamiento de los métodos anticonceptivos, la prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS), la anatomía y fisiología reproductiva, los derechos sexuales y reproductivos, el concepto y la importancia del consentimiento, así como la comunicación afectiva y responsable en las relaciones interpersonales, se vuelven mucho más accesibles y comprensibles para la población beneficiaria¹⁰. Este avance en la información no solo se traduce en la adquisición de datos, sino que promueve una verdadera deconstrucción activa de mitos, prejuicios, tabúes y falsas creencias profundamente arraigadas en muchas comunidades, que hasta entonces habían sido un obstáculo para la adopción de prácticas preventivas, la toma de decisiones informadas y el acceso oportuno y adecuado a los servicios de salud sexual y reproductiva¹¹.
Además de la mejora en el conocimiento, la intervención de las matronas contribuye a un cambio significativo en las actitudes y comportamientos de las personas, especialmente en grupos vulnerables como adolescentes, mujeres jóvenes y poblaciones marginadas¹². Estos cambios incluyen la promoción de prácticas más responsables y conscientes en materia sexual, el desarrollo de actitudes respetuosas hacia uno mismo y hacia los demás, así como una mayor autonomía para tomar decisiones informadas. En particular, se registran incrementos en la tasa de uso consciente y adecuado de métodos anticonceptivos, un aumento en la frecuencia y calidad de las consultas médicas y controles sanitarios, y una disposición más activa para identificar señales de alerta o riesgos relacionados con la salud sexual. En varios estudios se documenta una reducción en las conductas sexuales de alto riesgo, como las relaciones sin protección, la promiscuidad sin medidas preventivas o la aceptación de situaciones de coerción o violencia sexual⁶⁻⁸. Paralelamente, se evidencia un fortalecimiento notable de la autoeficacia personal, entendida como la confianza en la propia capacidad para manejar situaciones complejas y negociar prácticas seguras⁵, una dimensión especialmente relevante en jóvenes y mujeres en situación de vulnerabilidad social.
Un componente fundamental para el éxito de estos programas es la confianza establecida entre las matronas y las comunidades a las que atienden¹⁰. Las matronas logran construir vínculos sólidos y duraderos gracias a su presencia constante en el territorio, su práctica de la escucha activa, su respeto profundo por las particularidades culturales y su enfoque no discriminatorio y libre de prejuicios. Esta cercanía y confianza posibilitan que las personas se sientan seguras y acompañadas, creando espacios donde es posible abordar temas sensibles y tabú, lo que muchas veces resulta difícil en otros ámbitos formales o institucionales⁴. Además, esta relación favorece una mayor participación comunitaria, fortalece los canales de apoyo social y emocional, y promueve entornos inclusivos donde las personas pueden expresar sus dudas, temores, experiencias o inquietudes sin temor a ser juzgadas o sancionadas, facilitando así un diálogo abierto y constructivo.
Sin embargo, pese a los logros constatados, los estudios también evidencian una serie de desafíos persistentes que limitan la cobertura, efectividad y sostenibilidad de las intervenciones⁵⁻⁷. Entre estos desafíos, las barreras culturales emergen como uno de los obstáculos más complejos y arraigados. Normas sociales restrictivas, creencias conservadoras, la resistencia al abordaje de ciertos contenidos relacionados con la sexualidad y la reproducción, así como tabúes que dificultan la apertura y la discusión franca sobre estos temas, generan tensiones y ralentizan los procesos de cambio. A esto se suma la insuficiencia de recursos materiales, financieros y logísticos, que impide que muchos programas puedan extenderse de manera continua y sistemática. En muchos casos, estas iniciativas dependen de financiamientos temporales, donaciones o proyectos piloto, lo que pone en riesgo su continuidad a largo plazo y limita la posibilidad de consolidar aprendizajes y resultados.
Además, existe una necesidad crítica de un mayor apoyo institucional. Los estudios señalan la carencia de protocolos claros que definan el rol y las responsabilidades de las matronas en el ámbito comunitario, así como la falta de capacitación continua para actualizar y fortalecer sus competencias específicas en salud sexual, educación comunitaria y manejo de dinámicas socioculturales complejas⁹⁻¹². También se destaca la necesidad de establecer sistemas de evaluación rigurosos y periódicos que permitan monitorear el impacto real y sostenible de los programas, identificar áreas de mejora y optimizar los recursos disponibles. Finalmente, es fundamental avanzar en la integración formal de estas intervenciones dentro de los sistemas locales de salud y educación, para asegurar que las acciones lideradas por matronas cuenten con respaldo institucional, coordinación intersectorial y mecanismos efectivos de seguimiento.
CONCLUSIÓN
En conclusión, los programas de salud sexual y reproductiva liderados por matronas en contextos vulnerables demuestran un impacto altamente positivo en la promoción de conductas saludables y en la prevención de riesgos asociados, al generar mejoras evidentes en el conocimiento, las actitudes y las prácticas relacionadas con la sexualidad y la reproducción. Su enfoque comunitario, adaptado a las realidades culturales y sociales específicas de cada población, junto con el compromiso profesional y humano de las matronas, posiciona a estas intervenciones como herramientas eficaces y estratégicas para avanzar hacia la equidad y justicia en salud sexual y reproductiva.
Para potenciar y sostener estos impactos, resulta imprescindible fortalecer la formación continua de las matronas en áreas críticas como el enfoque intercultural, la comunicación efectiva, el acompañamiento psicosocial comunitario y las metodologías de evaluación y monitoreo de programas. Paralelamente, es necesario mejorar las condiciones materiales, organizativas y de gestión que faciliten la continuidad, la expansión y la calidad de las intervenciones. Se debe fomentar que las políticas públicas reconozcan y respalden estas iniciativas a través de su integración curricular en planes de salud y educación, la asignación de financiamiento permanente, la creación de alianzas intersectoriales sólidas y la implementación de sistemas robustos de monitoreo y evaluación.
De igual manera, es fundamental promover marcos normativos inclusivos que garanticen la participación activa y equitativa de las comunidades, el establecimiento de sistemas de apoyo comunitario efectivos y mecanismos participativos que permitan articular el trabajo de las matronas con líderes locales, organizaciones sociales y actores clave en el territorio. Estas acciones contribuirán no solo a consolidar los logros alcanzados, sino también a superar las persistentes inequidades estructurales que afectan la salud sexual y reproductiva de poblaciones históricamente desatendidas.
En última instancia, fortalecer y consolidar el rol de las matronas como protagonistas en la promoción de la salud sexual y reproductiva en contextos vulnerables representa una inversión estratégica y necesaria para avanzar hacia sociedades más justas, dignas, equitativas y saludables, donde el bienestar integral de todas las personas, especialmente de quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad, sea una prioridad ineludible.
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