Impacto del edadismo en los servicios de salud: implicaciones para la práctica enfermera

9 septiembre 2025

 

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.74.20.001

 

 

AUTORES

  1. Carlota Clemente Ansón. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  2. Carla Álvarez Conde. Enfermera, Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  3. Raúl Calvera Rábanos. Enfermero, Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza. España.
  4. Elena Arquillué Familiar. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  5. Irene Carceller Ramírez. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.

 

RESUMEN

El edadismo, entendido como la presencia de estereotipos, prejuicios y discriminación hacia las personas por su edad, constituye un factor que influye negativamente en la calidad de los servicios de salud. En el ámbito de la enfermería, este fenómeno se refleja tanto en la atención brindada a pacientes mayores como en las condiciones laborales de los profesionales de más edad. La falta de formación en geriatría, la sobrecarga laboral y la persistencia de estereotipos negativos favorecen la reproducción de actitudes edadistas que afectan la seguridad del paciente, limitan el acceso a tratamientos adecuados y disminuyen la calidad de vida de quienes reciben cuidados. Si bien es cierto que la evidencia científica muestra que este problema se puede mitigar mediante tres estrategias principales: políticas y legislación antidiscriminación, intervenciones educativas en todos los niveles de formación y contacto intergeneracional positivo. Así pues, implementar programas estructurados de sensibilización y formación en edadismo dentro del currículo de enfermería y generar entornos laborales inclusivos para profesionales veteranos, son acciones esenciales para avanzar hacia un sistema de salud más justo, equitativo y centrado en la persona.

PALABRAS CLAVE

Edadismo, servicios de salud, enfermería geriátrica, discriminación.

ABSTRACT

Ageism, understood as the presence of stereotypes, prejudice, and discrimination against individuals because of their age, is a factor that negatively affects the quality of healthcare services. In the field of nursing, this phenomenon is reflected both in the care provided to older patients and in the working conditions of older professionals. Lack of training in geriatrics, work overload, and the persistence of negative stereotypes foster the reproduction of ageist attitudes that compromise patient safety, limit access to appropriate treatments, and decrease the quality of life of those receiving care. Scientific evidence shows that this problem can be mitigated through three main strategies: anti-discrimination policies and legislation, educational interventions at all levels of training, and positive intergenerational contact. Therefore, implementing structured programs for awareness and training on ageism within the nursing curriculum and creating inclusive work environments for senior professionals are essential actions to advance towards a fairer, more equitable, and person-centered healthcare system.

KEY WORDS

Ageism, health services, gerontological nursing, discrimination.

 

INTRODUCCIÓN

El edadismo es definido según la OMS como un conjunto de estereotipos, prejuicios y discriminación basados en la edad1. Este fenómeno está presente en diferentes niveles: institucional, interpersonal y autoinfligido y está muy presente en el sistema sanitario, manifestándose a su vez en políticas, normas sociales y en las interacciones cotidianas con las personas mayores1,2.

En el ámbito sanitario, este fenómeno es particularmente problemático cuando las personas mayores, que a menudo cuentan con necesidades de salud y sociales complejas, deben adaptarse a sistemas diseñados para pacientes más jóvenes con una sola afección, lo que conlleva resultados adversos para su salud2-3. Además, la exposición continua a estereotipos negativos sobre el envejecimiento puede llevar a que las propias personas internalicen creencias de deterioro inevitable, reproduciendo los efectos adversos del edadismo a lo largo de su vida3.

El edadismo también se puede expresar de manera sutil, por ejemplo, mediante una sobreacomodación hacia las personas mayores basada en la creencia de que son menos capaces4, o mediante el uso de un lenguaje paternalista conocido como “elder speak”5, lo que minimiza su autonomía3-5. Estas actitudes, aunque puedan parecer bienintencionadas, pueden afectar la relación enfermera-paciente, disminuir la comunicación efectiva y perpetuar desigualdades en la atención3.

En consecuencia, comprender la naturaleza y los mecanismos del edadismo es clave para implementar intervenciones que garanticen un cuidado equitativo, digno y basado en las necesidades reales de las personas en todas las etapas de la vida.

DETERMINANTES DEL EDADISMO EN ENFERMERÍA:

Estudios muestran que una formación insuficiente en geriatría, la falta de experiencia clínica con personas mayores y el contacto profesional negativo se asocian con mayores actitudes edadistas entre profesionales sanitarios6. La hipótesis de Allport resulta clave para explicar cómo las experiencias positivas mejoran actitudes, mientras que el contacto frecuente en entornos difíciles como residencias puede intensificar estereotipos negativos y, dado que el contacto cercano entre enfermeras y adultos mayores que reciben cuidados puede influir en si los ancianos experimentan edadismo, esta hipótesis también se utiliza para estudiar el edadismo en el contexto de la enfermería6.

Sumado a esto, otros factores como la sobrecarga laboral, el estrés o la escasez de personal incrementan la probabilidad de sufrir actitudes edadistas1,6,7.

CONSECUENCIAS SOBRE PACIENTES MAYORES:

El edadismo en la atención sanitaria se asocia con menor acceso a tratamientos adecuados, menor inclusión en ensayos clínicos y una visión más centrada en la gestión de enfermedad que en la prevención2-3. Específicamente, se ha encontrado que en más del 95 % de los estudios el edadismo tuvo efectos adversos en la física y mental, incluyendo mayor riesgo de depresión y aislamiento, deterioro cognitivo y mortalidad prematura7. Además, la exclusión sistemática de personas mayores de ensayos clínicos limita la evidencia científica y genera decisiones clínicas sesgadas2. Mostrando el costo económico del edadismo en salud cifras billonarias8.

 

IMPACTO EN EL PERSONAL DE ENFERMERÍA MAYOR:

Sumándose a sus efectos en los pacientes, el edadismo también influye sobre los profesionales de enfermería de edad avanzada. Estos refieren que existen percepciones negativas sobre sus competencias, se les excluye de promociones y sienten presión para retirarse anticipadamente, lo que resulta en baja satisfacción, burnout y abandono del ejercicio profesional9,10. Dinámicas que a su vez debilitan los roles de mentor y formador que desempeñan enfermeras veteranas9. También se ha documentado cómo gestores y colegas minimizan el valor de estas enfermeras, lo que degrada la calidad asistencial y agrava la escasez de personal7.

 

ESTRATEGIAS PARA REDUCIR EL EDADISMO EN ENFERMERÍA:

El informe de la OMS propone tres estrategias para reducir la influencia del edadismo en salud1-2:

  • Realizar intervenciones educativas específicas en geriatría, fomentando la formación continua a través de programas combinados que mejoren el conocimiento, promuevan la empatía, contrarresten los estereotipos y mejoren las actitudes hacia esta población. Estrategias como el rol‑playing, las simulaciones y los módulos e‑learning en el currículo gerontológico se han mostrado eficaces8.
  • Fomentar contacto intergeneracional positivo mediante experiencias estructuradas con personas mayores mejora las actitudes si se dan en condiciones óptimas2. La experiencia virtual intergeneracional también ha mostrado resultados prometedores para reducir edadismo entre jóvenes8.
  • Elaborar políticas institucionales contra la discriminación por edad con protocolos claros, vigilancia y sanciones apropiadas³.

 

RECOMENDACIONES PARA GESTORES SANITARIOS:

  1. Integrar formaciones obligatorias en geriatría y edadismo en todos los niveles de educación en enfermería. Puesto que la evidencia indica dicha educación estructurada, combinada con experiencias clínicas supervisadas, disminuye las actitudes edadistas y mejora la calidad asistencial3, 8, 11.
  2. Implementar políticas institucionales explícitas contra la discriminación por edad, con protocolos de denuncia y seguimiento, así como comités de vigilancia que supervisen la cultura organizacional1.
  3. Diseñar entornos de trabajo inclusivos para enfermeras mayores, que incluyan ajustes ergonómicos, acceso a programas de formación y oportunidades de desarrollo profesional, para incrementar la retención del personal experimentado y mejorar el clima laboral6, 9.
  4. Promover intervenciones de contacto intergeneracional positivo, tanto entre profesionales como en la relación con pacientes2.
  5. Evaluar periódicamente las actitudes del personal hacia las personas mayores mediante encuestas de clima organizacional, estableciendo estos indicadores como parte de la evaluación de la calidad del servicio7.
  6. Incorporar la perspectiva del paciente mayor en la toma de decisiones institucionales, a través de comités de usuarios y participación en procesos de mejora de la atención4.
  7. Fomentar campañas de sensibilización dentro del sistema sanitario, que refuercen la importancia del envejecimiento saludable y la diversidad etaria en equipos de salud5.

 

Estas acciones, apoyadas en las estrategias propuestas por la OMS para reducir el edadismo1, podrían tener el potencial de transformar la cultura institucional, mejorar la satisfacción de los profesionales y optimizar los resultados en salud de las personas mayores.

 

CONCLUSIÓN

El edadismo en los servicios sanitarios no es únicamente un problema de actitudes individuales, sino una cuestión estructural que atraviesa políticas, formación profesional y cultura institucional.

En el caso de la enfermería, su impacto se hace especialmente relevante debido a la cercanía del cuidado y a la influencia directa sobre la calidad de vida de los pacientes y no solo influye en estos, si no que también repercute en el propio personal.

Debido a esto, combatir el edadismo exige un enfoque integral que combine la educación gerontológica, la transformación de la cultura institucional y la creación de entornos de trabajo inclusivos, estrategias esenciales para avanzar hacia una atención equitativa, de calidad y centrada en todas las edades1,2.

Finalmente, cabe destacar que reconocer el valor de las personas en todas las etapas de la vida y de los profesionales en todas las fases de su trayectoria laboral no solo mejora la equidad y la justicia social, sino que también contribuye a un sistema de salud más eficiente, humano y sostenible. Y, tal como señala la OMS, se trata de una responsabilidad compartida que debe reflejarse en la práctica clínica, la gestión de los servicios y la formulación de políticas públicas1.

 

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