Impétigo: diagnóstico clínico, tratamiento y recomendaciones en atención primaria

30 junio 2025

AUTORES

  1. Susana Teresa Lacasa Viscasillas. Enfermera. Centro de Salud de Sabiñánigo (Huesca). España.
  2. Vanessa Pérez Gamazo. Enfermera. Centro de Salud de Jaca, Hecho y Berdún (Huesca). España.
  3. Alicia Mas Álvarez. Enfermera. Centro de Salud de Jaca, Hecho y Berdún (Huesca). España.
  4. Marta Mimbrera Jericó. Enfermera. Centro de Salud de Jaca, Hecho y Berdún (Huesca). España.
  5. Sonsoles María Iglesias Constante. Matrona. Hospital de Jaca (Huesca). España.
  6. Pablo Aguilar Baines. Enfermero. Centro de Salud de Sabiñánigo (Huesca). España.

 

RESUMEN

El impétigo es una infección cutánea superficial muy común, especialmente en niños, caracterizada por la aparición de lesiones ampollosas o costrosas, de rápida diseminación y alta contagiosidad. Sus principales agentes etiológicos son Staphylococcusaureus y Streptococcuspyogenes. Esta enfermedad supone un motivo frecuente de consulta en atención primaria y representa un desafío tanto clínico como epidemiológico debido a su capacidad de transmisión en entornos escolares y comunitarios.

El objetivo de este estudio es revisar los aspectos clínicos, epidemiológicos y terapéuticos más relevantes del impétigo, centrándose especialmente en las recomendaciones actualizadas para su manejo en atención primaria, el uso racional de antibióticos y las estrategias eficaces para prevenir recurrencias. Para ello, se ha llevado a cabo una revisión narrativa de la literatura científica publicada entre 2013 y 2024, seleccionando guías clínicas, artículos de revisión y documentos de consenso de sociedades científicas internacionales.

Los resultados destacan que el impétigo no ampolloso es la forma más frecuente y suele responder favorablemente al tratamiento tópico con mupirocina o ácido fusídico. En casos más extensos, recurrentes o con factores de riesgo, se indica tratamiento antibiótico oral. La aparición de cepas resistentes, como el Staphylococcusaureus resistente a meticilina (SARM), requiere especial atención y seguimiento. Las recomendaciones actuales insisten en la importancia del diagnóstico clínico, la higiene adecuada, la educación a las familias y la exclusión temporal de la escuela para evitar contagios.

En conclusión, el impétigo es una patología relevante en la práctica clínica diaria cuya correcta gestión permite controlar la transmisión, reducir complicaciones y prevenir resistencias antibióticas, mejorando la salud individual y comunitaria.

PALABRAS CLAVE

atención primaria de salud, diagnóstico, enfermedades de la piel, impétigo, infección bacteriana, pediatría.

ABSTRACT

Impetigo is a very common superficial skin infection, especially in children, characterized by the appearance of bullous or crusted lesions, rapid spread, and high contagiousness. The main causative agents are Staphylococcus aureus and Streptococcus pyogenes. This disease is a frequent reason for consultation in primary care and represents both a clinical and epidemiological challenge due to its transmission potential in school and community settings.

The aim of this study is to review the most relevant clinical, epidemiological, and therapeutic aspects of impetigo, with a special focus on updated recommendations for its management in primary care, the rational use of antibiotics, and effective strategies to prevent recurrences. A narrative review of the scientific literature published between 2013 and 2024 was conducted, selecting clinical guidelines, review articles, and consensus documents from international scientific societies.

The findings highlight that non-bullous impetigo is the most frequent form and usually responds well to topical treatment with mupirocin or fusidic acid. In more extensive, recurrent cases or in patients with risk factors, oral antibiotic treatment is indicated. The emergence of resistant strains, such as methicillin-resistant Staphylococcus aureus (MRSA), requires special attention and follow-up. Current recommendations emphasize the importance of clinical diagnosis, proper hygiene, family education, and temporary school exclusion to prevent further spread.

In conclusion, impetigo is a relevant condition in daily clinical practice, and proper management allows for controlling transmission, reducing complications, and preventing antibiotic resistance, ultimately improving both individual and community health.

KEY WORDS

Primary health care, diagnosis, skin diseases, impetigo, bacterial infections, pediatrics.

INTRODUCCIÓN

El impétigo representa una de las infecciones dermatológicas más comunes en la práctica pediátrica y comunitaria, especialmente en niños en edad preescolar y escolar. Se trata de una enfermedad superficial de la piel, de inicio agudo, que se manifiesta por lesiones ampollosas o costrosas con contenido purulento y formación de costras melicéricas. La elevada contagiosidad del impétigo, especialmente en entornos cerrados como guarderías y escuelas, lo convierte en una preocupación relevante para la salud pública.

Aunque el diagnóstico clínico suele ser evidente por la apariencia típica de las lesiones, es fundamental establecer un manejo adecuado para prevenir tanto la propagación como las recurrencias. Un tratamiento inapropiado o tardío puede derivar en complicaciones, como celulitis, linfangitis o glomerulonefritis postestreptocócica, y contribuir al desarrollo de resistencias antimicrobianas. Por ello, las guías clínicas actuales insisten en la necesidad de un enfoque racional en el uso de antibióticos, priorizando el tratamiento tópico en los casos localizados y reservando los antibióticos sistémicos para situaciones más extensas o con riesgo de complicación.

Además, la intervención desde la atención primaria permite implementar medidas preventivas eficaces, como la educación sanitaria familiar, la promoción de la higiene personal y la exclusión temporal de la escuela, cuando esté indicado. Así, un abordaje integral del impétigo no solo mejora el pronóstico individual, sino que también reduce la carga de enfermedad a nivel comunitario1.

METODOLOGÍA

Se llevó a cabo una revisión narrativa de la literatura con el objetivo de identificar y sintetizar la información más relevante y actualizada sobre el impétigo en el contexto de la atención primaria. La búsqueda se realizó en las bases de datos biomédicas PubMed, Scopus y Cochrane Library, utilizando como descriptores controlados los términos “impétigo”, “tratamiento antibiótico”, “resistencia bacteriana” y “atención primaria”, según la terminología estandarizada del MeSH y DeCS. Se emplearon operadores booleanos para optimizar los resultados y limitar la búsqueda a publicaciones en inglés y español comprendidas entre los años 2010 y 2024.

Los criterios de inclusión contemplaron estudios originales, revisiones sistemáticas, artículos de revisión narrativa, guías de práctica clínica, consensos de sociedades científicas y documentos de organismos internacionales de salud. Se excluyeron aquellos trabajos con población exclusivamente hospitalaria, series de casos con bajo nivel de evidencia, y publicaciones duplicadas o sin acceso al texto completo.

La selección de los documentos se realizó mediante lectura crítica de los títulos y resúmenes, seguida de una revisión exhaustiva del texto completo de los estudios potencialmente relevantes. Se priorizaron las fuentes con mayor rigor metodológico y aplicabilidad clínica, con el fin de garantizar una visión actual, coherente y basada en la evidencia científica. Los datos extraídos se organizaron temáticamente para facilitar su análisis y discusión posterior, con especial atención a las recomendaciones prácticas en el manejo del impétigo en el primer nivel asistencial.

RESULTADOS

Clasificación clínica:

El impétigo es una infección cutánea que se clasifica clínicamente en dos formas principales, en función de sus manifestaciones morfológicas y el agente etiológico predominante2:

Impétigo no ampolloso (también denominado costroso): representa aproximadamente el 70% de los casos, siendo la variante más frecuente tanto en población pediátrica como en adultos jóvenes. Se caracteriza por la aparición inicial de máculas eritematosas que progresan a pápulas y pústulas, las cuales se rompen fácilmente y dan lugar a costras amarillentas con aspecto melicérico, comúnmente descritas como “en pan de miel”. Estas lesiones suelen localizarse en áreas expuestas como cara, brazos y piernas, y cursan con prurito moderado. Generalmente están causadas por Streptococcuspyogenes, Staphylococcusaureus, o una coinfección de ambos.

Impétigo ampolloso: menos prevalente, pero clínicamente distintivo, es causado exclusivamente por cepas de S. aureus productoras de toxinas exfoliativas (especialmente ETA y ETB). Esta toxina induce una separación intraepidérmica, generando la formación de ampollas flácidas de contenido claro o turbio, que se rompen fácilmente dejando erosiones superficiales delimitadas. Las lesiones suelen presentarse en el tronco, axilas y zonas intertriginosas, y son más comunes en lactantes y niños pequeños. Aunque habitualmente cursa sin fiebre ni afectación sistémica, puede coexistir con adenopatías locales dolorosas.

Ambas formas son altamente contagiosas y comparten una rápida evolución clínica, por lo que su reconocimiento temprano es fundamental para instaurar un tratamiento adecuado y evitar complicaciones o brotes comunitarios.

Diagnóstico:

El diagnóstico del impétigo es eminentemente clínico y se basa en la observación directa de las lesiones cutáneas características, junto con la historia médica y el contexto epidemiológico del paciente. En la mayoría de los casos, no se requieren pruebas complementarias, ya que la presentación clínica del impétigo —especialmente la forma no ampollosa— es fácilmente reconocible por sus costras melicéricas, localización típica en áreas expuestas y rápida progresión desde máculas eritematosas hasta pústulas y costras3.

La forma ampollosa, aunque menos frecuente, también presenta un patrón clínico distintivo con aparición de ampollas flácidas y contenido claro que evolucionan a erosiones superficiales. La ausencia de síntomas sistémicos suele ayudar a diferenciarla de otras dermatosis infecciosas más graves.

No obstante, en determinadas circunstancias está indicada la realización de pruebas microbiológicas. Estas incluyen el cultivo de una muestra de la lesión y, en algunos casos, un antibiograma, y se reservan para pacientes con impétigo recurrente, lesiones extensas o de difícil control, ausencia de respuesta al tratamiento empírico, sospecha de infección por cepas resistentes como Staphylococcusaureus resistente a meticilina (SARM), o en contextos de brotes comunitarios o institucionales. En estas situaciones, el diagnóstico microbiológico permite confirmar la etiología y orientar un tratamiento más específico.

Tratamiento:

El abordaje terapéutico del impétigo depende de la extensión, la severidad de las lesiones y el estado general del paciente. En la mayoría de los casos no complicados y con afectación localizada, el tratamiento tópico es la primera línea de elección. Se recomienda la aplicación de antibióticos tópicos como el ácido fusídico o la mupirocina durante un periodo de 5 días4. Estos fármacos han demostrado alta eficacia frente a Staphylococcusaureus y Streptococcuspyogenes, siendo bien tolerados y fáciles de administrar, lo que favorece la adherencia al tratamiento.

En los casos en los que las lesiones son extensas, existe fiebre o afectación del estado general, está indicado el tratamiento sistémico. Los antibióticos orales recomendados incluyen amoxicilina-clavulánico, cefalexina o clindamicina durante 7 días5. La elección dependerá del perfil del paciente, las resistencias locales y la sospecha clínica de SARM, en cuyo caso se debe considerar la clindamicina como opción de primera línea.

Es importante evitar el uso reiterado o indiscriminado de antibióticos tópicos, especialmente en entornos con alta prevalencia de resistencia bacteriana, ya que esto puede contribuir al desarrollo de cepas resistentes y limitar la eficacia futura de estos fármacos. Por ello, se recomienda restringir su uso a episodios justificados y valorar siempre la indicación según las guías clínicas actuales6.

En cualquier caso, las medidas higiénicas, el lavado de manos frecuente y la educación sobre el uso correcto del tratamiento son esenciales para evitar recurrencias y la diseminación de la infección.

Prevención y medidas higiénicas:

Las estrategias preventivas son fundamentales en el manejo del impétigo, especialmente para controlar su alta contagiosidad en entornos escolares y comunitarios. Las medidas de higiene deben iniciarse en cuanto se sospeche la infección y mantenerse durante todo el tratamiento.

El lavado frecuente de manos con agua y jabón es la principal medida para limitar la diseminación del impétigo, tanto en el paciente como en sus convivientes. Asimismo, mantener las uñas cortas reduce el riesgo de autoinoculación y de propagación a otras zonas del cuerpo o a terceros. Es recomendable limpiar cuidadosamente las lesiones con agua y jabón neutro antes de aplicar el tratamiento tópico.

Se debe evitar compartir toallas, ropa, juguetes u otros utensilios de uso personal, ya que pueden actuar como vectores indirectos de transmisión. Del mismo modo, se aconseja el lavado frecuente de sábanas y prendas de vestir a alta temperatura, así como la desinfección de superficies en el entorno cercano al paciente.

En el ámbito escolar, una medida preventiva clave es la exclusión temporal del niño afectado hasta pasadas al menos 24 horas desde el inicio del tratamiento antibiótico7. Esta medida ayuda a reducir significativamente el riesgo de brotes, especialmente en guarderías y centros educativos con alta densidad de niños pequeños, donde el contacto físico es frecuente.

Además, la educación a las familias sobre la naturaleza del impétigo, su carácter contagioso y la importancia del cumplimiento terapéutico y de las normas de higiene es esencial para prevenir recurrencias y cortar la cadena de transmisión en la comunidad.

Complicaciones:

Aunque el impétigo suele tener un curso benigno y autolimitado, especialmente cuando se diagnostica y trata adecuadamente, en ciertos casos puede dar lugar a complicaciones locales o sistémicas que requieren atención médica más intensiva. Estas complicaciones son poco frecuentes, pero es importante reconocerlas precozmente para evitar consecuencias mayores.

Una de las complicaciones más comunes es la celulitis, una infección más profunda de la dermis y del tejido subcutáneo que puede originarse a partir de una lesión de impétigo mal controlada. Se manifiesta con enrojecimiento, edema, calor y dolor local, y puede acompañarse de fiebre y malestar general. En casos graves, puede progresar hacia abscesos o bacteriemia.

Otra posible complicación es la linfangitis, una inflamación de los vasos linfáticos que suele presentarse con enrojecimiento lineal y sensibilidad a lo largo del trayecto de los vasos afectados, acompañada también de fiebre. Su aparición indica una diseminación de la infección y exige tratamiento antibiótico sistémico urgente.

Una complicación poco común, pero de gran relevancia es la glomerulonefritis postestreptocócica, que puede surgir tras una infección por Streptococcuspyogenes del grupo A. Se presenta típicamente una o dos semanas después del impétigo, y sus síntomas incluyen hematuria, edema, hipertensión y disminución de la función renal. Aunque suele ser autolimitada en niños, requiere seguimiento clínico y control de las funciones renales8.

La vigilancia activa de la evolución clínica del impétigo y la educación a los cuidadores sobre los signos de alarma son fundamentales para detectar estas complicaciones tempranamente y evitar desenlaces adversos.

DISCUSIÓN

El impétigo continúa siendo una de las infecciones cutáneas más prevalentes en el ámbito pediátrico y comunitario, con una elevada tasa de transmisibilidad, especialmente en entornos escolares y de convivencia estrecha. Esta característica lo convierte en un reto significativo para los profesionales de atención primaria, no solo por su frecuencia, sino también por las implicaciones epidemiológicas y terapéuticas que conlleva.

Uno de los principales puntos críticos en el manejo del impétigo es el uso racional de antibióticos. Las recomendaciones actuales priorizan el tratamiento tópico con antibióticos como mupirocina o ácido fusídico en las formas leves y localizadas, reservando el tratamiento sistémico para casos más extensos, con afectación general o antecedentes de recurrencias frecuentes9. Esta estrategia permite reducir la presión antibiótica y minimizar el riesgo de desarrollo de resistencias.

Sin embargo, la emergencia de cepas resistentes, especialmente Staphylococcusaureus resistentes a meticilina (SARM) y la mupirocina, ha sido reportada en diversos estudios, lo que pone en evidencia la necesidad de vigilancia microbiológica en determinados contextos y de limitar el uso indiscriminado de antibióticos tópicos10. Asimismo, los profesionales deben estar atentos a los signos de infección complicada o atípica, donde podría ser necesario un abordaje más amplio.

La educación sanitaria a las familias y al entorno escolar también juega un papel fundamental en la prevención de nuevos contagios. Fomentar medidas higiénicas sencillas y efectivas, junto con una comunicación clara sobre los tiempos de exclusión escolar, contribuye a frenar la diseminación de la infección.

 

CONCLUSIONES

El impétigo constituye una de las infecciones dermatológicas más comunes en la infancia, caracterizada por su elevada transmisibilidad, presentación clínica reconocible y evolución habitualmente benigna. Su diagnóstico es eminentemente clínico, lo que permite una actuación rápida y efectiva desde el primer nivel asistencial, evitando complicaciones y limitando su diseminación en entornos escolares y comunitarios.

El tratamiento debe ser individualizado, considerando la forma clínica, la extensión de las lesiones, la sintomatología sistémica y los antecedentes del paciente. En la mayoría de los casos leves, el uso de antibióticos tópicos como mupirocina o ácido fusídico resulta eficaz. Sin embargo, en situaciones más extensas o con factores de riesgo, está indicada la antibioterapia oral. La elección del tratamiento debe tener en cuenta la posible aparición de resistencias y la necesidad de evitar su uso innecesario.

Las medidas higiénicas básicas, como el lavado frecuente de manos, el recorte de uñas y evitar compartir objetos personales, son esenciales para prevenir nuevos contagios. Además, la exclusión temporal de la escuela durante las primeras 24 horas tras el inicio del tratamiento antibiótico es una recomendación clave para limitar la transmisión.

Por último, la vigilancia del uso adecuado de antimicrobianos y la educación sanitaria dirigida a las familias son pilares fundamentales en el abordaje del impétigo. Una atención integral, basada en el conocimiento clínico actualizado y en estrategias de prevención, contribuye significativamente a mejorar la salud individual del paciente y la salud pública en general.

 

BIBLIOGRAFÍA

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  6. Eichenfield LF, et al. Infectious skin disorders. Pediatr Clin North Am. 2021;68(5):1019–1034.
  7. Centers for Disease Control and Prevention. Impetigo. 2022.
  8. Koning S, et al. Impetigo: incidence and treatment in general practice in the Netherlands. Scand J Prim Health Care. 2006;24(4):231–235.
  9. Antoniou K, Kontopoulou T. Resistance to topical antibiotics in impetigo: an emerging concern. J Infect Dev Ctries. 2023;17(2):150–158.
  10. European Centre for Disease Prevention and Control. Surveillance of antimicrobial resistance. ECDC; 2022.

 

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