Insomnio y cuidados de enfermería

31 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Marina Margelí Martín. Enfermera Generalista CRP Nuestra Señora del Pilar. Zaragoza, España.
  2. Paula Palacín Sales. Enfermera de Atención Primaria Centro de Salud Fernando el Católico. Zaragoza, España.
  3. Erika López Alcain. Enfermera del Servicio de Radiología en Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
  4. María Castiella Sanjoaquín. Enfermera Centro de Salud Delicias Sur. Zaragoza, España.
  5. Luna Rosa Bellosta López. EIR Pediatría del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  6. Natalia Muñoz Agudo. Enfermera de Urgencias Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

El insomnio es un trastorno del sueño que afecta la capacidad para iniciar o mantener el sueño, con consecuencias negativas durante el día. Su diagnóstico se basa en criterios internacionales como la ICSD-3 y la CIE-10, y su manejo debe considerar la coexistencia con otras afecciones físicas y mentales. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) es el tratamiento de primera línea, incluyendo componentes como la higiene del sueño, restricción del sueño, control de estímulos y técnicas de relajación. Enfermería desempeña un rol fundamental en la educación, apoyo, monitoreo y acompañamiento emocional del paciente, promoviendo hábitos saludables y asegurando un abordaje integral y multidisciplinario. La promoción de conductas diurnas adecuadas, como ejercicio regular, control de siestas, alimentación equilibrada y exposición a luz natural, contribuye a mejorar la calidad del sueño y el restablecimiento de los ritmos biológicos.

PALABRAS CLAVE

Insomnio, trastornos del sueño, cuidados de enfermería.

ABSTRACT

Insomnia is a sleep disorder characterized by difficulty falling asleep or maintaining sleep, leading to daytime impairment. Diagnosis relies on international criteria such as ICSD-3 and ICD-10, and it often coexists with physical and mental health conditions. Cognitive-behavioral therapy for insomnia (CBT-I) is the first-line treatment, involving sleep hygiene education, sleep restriction, stimulus control, and relaxation techniques. Nursing plays a crucial role in patient education, support, monitoring, and emotional care, promoting healthy habits and ensuring a comprehensive, multidisciplinary approach. Daytime behaviors such as regular exercise, controlled napping, balanced diet, and exposure to natural light help improve sleep quality and restore biological rhythms.

KEY WORDS

Insomnia, sleep disorders, nursing care.

DESARROLLO DEL TEMA

El trastorno de insomnio se presenta cuando hay dificultad para iniciar o mantener el sueño, o despertarse antes de lo deseado, a pesar de tener la oportunidad adecuada para dormir. La alteración identificada resulta en una disfunción diurna que no se puede explicar mejor por otro trastorno del sueño o no se puede explicar únicamente por otro trastorno. En la mayoría de los casos, un umbral clínicamente significativo para el diagnóstico es de 30 minutos: una latencia de inicio del sueño de más de 30 minutos, un despertar prolongado de al menos 30 minutos o un despertar terminal 30 minutos antes de la hora deseada para despertarse1.

La Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño (ICSD, por sus siglas en inglés) es el recurso diagnóstico principal para los profesionales de la medicina del sueño. La ICSD-3 distingue tres tipos de insomnio: trastornos de insomnio a corto plazo, trastornos de insomnio crónico y “otros” trastornos de insomnio, que no cumplen con los criterios de las dos categorías anteriores. Casi uno de cada cinco casos de insomnio a corto plazo evoluciona hacia un trastorno de insomnio crónico, muchos de los cuales pueden persistir durante años2.

Criterios diagnósticos del insomnio no orgánico (F51.0) según la CIE-10:

  • Alteración del inicio o del mantenimiento del sueño o mala calidad del sueño.
  • Los trastornos del sueño ocurren al menos tres veces por semana durante un período de 1 mes.
  • Las personas afectadas se centran extremadamente en su trastorno del sueño (especialmente durante la noche) y se preocupan por las consecuencias negativas del insomnio.
  • La insuficiente duración y calidad del sueño conlleva un alto grado de sufrimiento o perjudica las actividades diarias3.

 

Puede ser el síntoma de presentación de varios trastornos comunes del sueño, pero también suele presentarse de forma comórbida con afecciones mentales y físicas4. El insomnio tiene una alta prevalencia en la práctica clínica, presentándose hasta en el 50% de los pacientes de atención primaria. El insomnio puede presentarse de forma independiente o junto con otras afecciones médicas o trastornos de salud mental, y constituye un factor de riesgo para el desarrollo y la exacerbación de estos trastornos si no se trata5.

El insomnio está relacionado con un estado de hiperexcitación fisiológica, psicológica y cognitiva que dificulta desconectarse del entorno para dormir bien. Según el modelo “3P” (predisposición, precipitante y perpetuador), factores biológicos, psicológicos y sociales hacen que una persona desarrolle insomnio tras un evento estresante. Luego, pensamientos y comportamientos inapropiados mantienen el insomnio, como asociar la cama con ansiedad o pasar mucho tiempo intentando dormir, lo que genera ansiedad por el rendimiento o resignación a no poder dormir.

La perpetuación del insomnio está ligada a una alteración de la regulación del sueño según el modelo de dos procesos: el proceso circadiano, que marca el ritmo de vigilia, y el proceso homeostático , que acumula la necesidad de dormir. Factores como el consumo de cafeína, dormir en exceso, la inactividad y la mala exposición a señales ambientales (luz, horarios, temperatura, socialización nocturna) desincronizan estos procesos, empeorando la dificultad para dormir en personas con insomnio3.

La terapia cognitivo-conductual para el insomnio es el enfoque terapéutico preferido debido a su eficacia, seguridad y durabilidad de sus beneficios, pero los tratamientos farmacológicos se utilizan ampliamente para los síntomas del insomnio4. Se aplica en 4 a 8 sesiones, individuales o grupales, e incluye varias técnicas: restricción del sueño para consolidarlo, control de estímulos para asociar la cama solo con el sueño, terapia cognitiva para replantear pensamientos negativos, entrenamiento en relajación para reducir la activación nocturna y educación sobre higiene del sueño para mejorar hábitos. Aunque la higiene del sueño por sí sola no es suficiente, la combinación de todos estos componentes mejora eficazmente los síntomas del insomnio1.

La guía europea para el diagnóstico y tratamiento del insomnio, publicada en Journal of Sleep Research en 2017, establece que la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) es el tratamiento de primera línea para el insomnio crónico en adultos de cualquier edad. Esta recomendación se basa en evidencia de alta calidad y se considera una intervención eficaz y segura. La guía también señala que la TCC-I debe ser priorizada sobre los tratamientos farmacológicos debido a su efectividad y menor riesgo de efectos secundarios. Sin embargo, se reconoce que en casos donde la TCC-I no esté disponible o no sea suficiente, se pueden considerar intervenciones farmacológicas. Además, se recomienda evitar el uso de antihistamínicos, antipsicóticos, melatonina y fitoterápicos para el tratamiento del insomnio, ya que la evidencia sobre su eficacia es limitada o de baja calidad. En cuanto a terapias complementarias como la acupuntura o la homeopatía, la guía indica que no hay evidencia suficiente para respaldar su uso en el tratamiento del insomnio.

Por lo tanto, la TCC-I sigue siendo la intervención no farmacológica más respaldada para el manejo del insomnio crónico en adultos3.

 

Desarrollo: Cuidados de Enfermería para el Insomnio:

Enfermería juega un papel clave en la educación y apoyo para mejorar la higiene del sueño y restablecer los ritmos biológicos en pacientes con insomnio3.

1. Educación sobre higiene del sueño

La educación en higiene del sueño es un pilar fundamental para el manejo del insomnio, ya que promueve cambios conductuales y ambientales que favorecen un patrón saludable de sueño. Enfermería debe proporcionar información clara y adaptada al nivel cultural y educativo del paciente.

  • Regularidad en los horarios: Se recomienda mantener horarios constantes para acostarse y levantarse, incluso en fines de semana, para fortalecer el ritmo circadiano y facilitar la sincronización del proceso circadiano y homeostático del sueño.
  • Evitar sustancias estimulantes: La cafeína, nicotina y el alcohol alteran la arquitectura del sueño y pueden reducir la eficiencia del mismo. El consumo de cafeína debe evitarse al menos 6 horas antes de acostarse.
  • Limitar la exposición a luz azul: La luz artificial proveniente de pantallas (móviles, tablets, televisión) inhibe la producción de melatonina y puede retrasar la fase circadiana, dificultando la conciliación del sueño. Se recomienda evitar estos dispositivos al menos 1 hora antes de dormir.
  • Ambiente propicio para el sueño: El cuarto debe estar oscuro, tranquilo y a una temperatura fresca para optimizar la calidad del sueño. La reducción de ruidos y estímulos visuales ayuda a disminuir la hiper excitación fisiológica.
  • Evitar actividades estimulantes en la cama: La cama debe reservarse exclusivamente para dormir y para las relaciones sexuales, lo que ayuda a mantener la asociación condicionada entre la cama y el sueño, evitando el condicionamiento a la vigilia.

 

Estos cuidados están alineados con las recomendaciones internacionales y forman parte de la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), cuyo éxito depende en buena medida de la higiene del sueño6.

2. Apoyo en la implementación de la Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (TCC-I):

La TCC-I es el tratamiento no farmacológico de primera línea para el insomnio crónico, y la enfermería juega un rol clave en la educación, apoyo y seguimiento del paciente durante este proceso.

  • Explicación clara del tratamiento: El enfermero debe explicar en qué consiste la TCC-I, incluyendo sus componentes: restricción del sueño, control de estímulos, terapia cognitiva, técnicas de relajación y educación en higiene del sueño. Esto facilita la colaboración activa del paciente.
  • Control de estímulos: Se instruye al paciente a usar la cama únicamente para dormir y evitar actividades que no estén asociadas con el sueño. Se debe enseñar a levantarse después de 20 minutos si no logra dormir, para evitar el insomnio condicionado.
  • Restricción del sueño: Consiste en limitar el tiempo en cama a la cantidad real de sueño que el paciente logra, incrementándose gradualmente para consolidar el sueño y evitar despertares nocturnos frecuentes. Esta técnica requiere supervisión para prevenir la excesiva somnolencia diurna.
  • Terapia cognitiva: Enfermería puede ayudar a identificar y desafiar pensamientos disfuncionales relacionados con el insomnio, como creencias erróneas sobre la necesidad absoluta de 8 horas de sueño o el miedo a no dormir. A través de psicoeducación y diálogo, se promueve un enfoque más realista y positivo.
  • Técnicas de relajación: El personal enfermero puede enseñar y practicar con el paciente ejercicios como la respiración diafragmática, relajación muscular progresiva o visualización guiada para reducir el estado de hiperalerta que dificulta el inicio del sueño.
  • Refuerzo positivo y seguimiento: Es importante motivar y reforzar los avances del paciente, así como detectar posibles dificultades o recaídas para ajustar el plan terapéutico.

 

La implementación adecuada de la TCC-I con apoyo profesional aumenta la eficacia y la adherencia al tratamiento, reduciendo el uso de medicación y mejorando la calidad de vida7.

3. Monitoreo y seguimiento del sueño

Un seguimiento riguroso permite evaluar la evolución del insomnio, identificar factores desencadenantes y perpetuadores, y adaptar las intervenciones.

  • Diario de sueño: Se solicita al paciente que registre horarios de acostarse y levantarse, número y duración de despertares, y sensación subjetiva de calidad y cantidad de sueño. Este registro es una herramienta esencial para el diagnóstico y seguimiento, facilitando la identificación de patrones problemáticos y progresos.
  • Evaluación de signos de hiperactivación: La enfermería debe observar signos físicos como taquicardia, sudoración, tensión muscular, y signos psicológicos como ansiedad o pensamientos acelerados que perpetúan el insomnio.
  • Detección de factores psicosociales: Identificación de comorbilidades médicas, trastornos mentales, uso de fármacos, estrés laboral o social, y hábitos diurnos que interfieran con el sueño. Esta información es clave para una intervención integral y personalizada.
  • Comunicación con el equipo interdisciplinar: Compartir hallazgos con médicos, psicólogos y otros profesionales para asegurar un abordaje coordinado y eficaz, favoreciendo un tratamiento integral y continuo.

 

La monitorización constante y estructurada del sueño permite ajustar las intervenciones terapéuticas en función de la respuesta del paciente, favoreciendo la prevención de la cronificación del insomnio y mejorando los resultados clínicos8.

4. Apoyo emocional y psicológico:

El insomnio suele estar asociado a altos niveles de estrés y ansiedad, por lo que el cuidado emocional es fundamental para su abordaje integral.

  • Escucha activa y empatía: Brindar un espacio seguro para que el paciente exprese sus miedos, frustraciones y preocupaciones relacionados con la dificultad para dormir.
  • Orientación psicológica básica: Facilitar herramientas para manejar la ansiedad anticipatoria al momento de dormir, como el uso de pensamientos positivos o técnicas de mindfulness.
  • Refuerzo de la autoeficacia: Incentivar la confianza del paciente en su capacidad para mejorar su sueño mediante el cumplimiento de las recomendaciones y la paciencia durante el proceso.
  • Derivación oportuna: Ante signos de trastornos mentales significativos o resistencia al tratamiento, referir a servicios especializados en salud mental para evaluación y tratamiento complementario.

 

La intervención psicológica complementaria potencia los efectos de la TCC-I y contribuye a la mejora del bienestar global del paciente8.

5. Promoción de hábitos saludables durante el día:

Las conductas diurnas influyen directamente en la calidad y la capacidad para conciliar el sueño.

  • Actividad física regular: Fomentar ejercicio moderado, preferiblemente en horas tempranas del día, para favorecer la regulación del sueño y disminuir el estrés.
  • Control de las siestas: Limitar las siestas a no más de 30 minutos y evitar hacerlas tarde en el día para no interferir con el sueño nocturno.
  • Alimentación equilibrada: Orientar sobre una dieta saludable, evitando comidas pesadas o estimulantes antes de acostarse, así como la ingesta excesiva de líquidos para reducir despertares nocturnos.
  • Exposición a luz natural: Promover la exposición a la luz solar durante el día para reforzar la sincronización circadiana3.

 

CONCLUSIÓN

El abordaje del insomnio requiere una intervención integral donde la enfermería tiene un papel clave en la educación, apoyo y seguimiento del paciente. La implementación de la terapia cognitivo-conductual y la promoción de hábitos saludables permiten mejorar la calidad del sueño y prevenir la cronificación del trastorno, reduciendo la dependencia de tratamientos farmacológicos y favoreciendo el bienestar general del paciente. El trabajo interdisciplinario y la atención personalizada son esenciales para optimizar los resultados terapéuticos.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Conway EE, Muench J, McCarty D, et al. A randomized trial of a digital intervention for insomnia in patients with multiple sclerosis. Neurology. 2018;90(15):e1326–e1334. doi:10.1212/CON.0000000000001283.
  2. López-Solà, M., et al. Psychiatric and somatic comorbidity in patients with eating disorders during pregnancy: A systematic review. Journal of Psychosomatic Research. 2022;154:111010. doi:10.1016/j.jpsychores.2022.111010.
  3. Morin CM, Benca R. European guideline for the diagnosis and treatment of insomnia. J Sleep Res. 2017 Dec;26(6):675–700. doi: 10.1111/jsr.12594. PMID: 28875581.
  4. Sutton EL. Insomnia. Ann Intern Med. 2021 Mar;174(3):ITC33–ITC48. doi:10.7326/AITC202103160. PMID: 33683929.
  5. Riemann D, Perlis ML. The treatments of chronic insomnia: a review of benzodiazepine receptor agonists and psychological and behavioral therapies. Sleep Med Rev. 2009 Jun;13(3):205–14. doi: 10.1016/j.smrv.2008.06.001
  6. Morin CM, Benca R. Clinical practice guidelines for the management of chronic insomnia in adults: an update. J Clin Sleep Med. 2017 Jul 15;13(7):1351–1354. doi:10.5664/jcsm.6576. PMID: 28875581.
  7. Espie CA. “Stepped care”: a health technology solution for delivering cognitive behavioral therapy as a first line insomnia treatment. Sleep. 2009 Dec;32(12):1549–58. doi:10.1093/sleep/32.12.1549. PMID: 20041591.
  8. Riemann D, Perlis ML. The treatments of chronic insomnia: a review of benzodiazepine receptor agonists and psychological and behavioral therapies. Sleep Med Rev. 2009 Jun;13(3):205–14. doi:10.1016/j.smrv.2008.08.002. PMID: 19200683.

 

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