AUTORES
- Marina Domingo Crespo. Enfermera, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Carmen Aznar Sabaté. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Natalia Cáncer Sáez. Enfermera, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Aroa Cardiel Hernández. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Diego de Mingo Gargallo. Enfermero, Hospital Royo Villanova, Zaragoza, España.
- Marina Aliaga Calvo. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
CARTA AL EDITOR
Sr. Editor:
La inteligencia artificial (IA) se ha incorporado progresivamente al ámbito sanitario, generando nuevas oportunidades para mejorar la calidad asistencial y transformar la práctica clínica. En el contexto enfermero, estas herramientas pueden contribuir al análisis de datos clínicos, la identificación precoz de riesgos, la planificación de cuidados y la optimización de los recursos disponibles. Sin embargo, su rápida expansión requiere una reflexión crítica que permita integrar la innovación tecnológica sin perder la esencia humanista que caracteriza a la profesión enfermera.
La evidencia disponible señala que la IA puede actuar como una herramienta de apoyo en la toma de decisiones clínicas, favoreciendo la detección temprana del deterioro del paciente y mejorando determinados procesos asistenciales¹. Estas aplicaciones no deben entenderse como una sustitución del razonamiento enfermero, sino como un recurso complementario que facilite una atención más segura y personalizada.
Uno de los ámbitos con mayor potencial es la reducción de la carga administrativa. La documentación clínica, la gestión de información y otras tareas burocráticas ocupan una parte importante del tiempo profesional. La incorporación de sistemas inteligentes podría favorecer una mayor disponibilidad para el cuidado directo, permitiendo que las enfermeras centren sus esfuerzos en aquellas intervenciones donde el componente humano resulta imprescindible².
No obstante, el avance tecnológico también plantea importantes desafíos. La IA puede presentar limitaciones relacionadas con la calidad de los datos utilizados, la aparición de sesgos algorítmicos, la falta de transparencia en algunos sistemas y la protección de la información sanitaria. Estos aspectos adquieren especial relevancia en una disciplina basada en la valoración integral de la persona, donde las decisiones no dependen únicamente de variables clínicas, sino también de factores emocionales, sociales y familiares³.
Por este motivo, la inteligencia artificial debe considerarse una herramienta de apoyo y no un sustituto del profesional de enfermería. La relación terapéutica, la empatía, la comunicación y la capacidad de comprender las necesidades individuales del paciente continúan siendo competencias esenciales que ninguna tecnología puede reproducir completamente. El reto no consiste únicamente en desarrollar sistemas cada vez más avanzados, sino en garantizar que estos permanezcan al servicio de un cuidado ético y centrado en la persona.
La reciente expansión de herramientas de inteligencia artificial generativa supone un nuevo escenario para la profesión. Aplicaciones capaces de generar textos, resumir información científica o facilitar la educación sanitaria pueden ofrecer nuevas posibilidades en la práctica clínica y académica. Sin embargo, también pueden producir información incorrecta o descontextualizada, por lo que requieren supervisión profesional y una utilización responsable⁴.
Ante esta transformación digital, resulta fundamental que las enfermeras participen activamente en el diseño, evaluación e implementación de estas tecnologías. La experiencia enfermera aporta una visión imprescindible para garantizar que las soluciones digitales respondan a necesidades reales de pacientes y profesionales. Además, la formación en competencias digitales e inteligencia artificial debería incorporarse progresivamente en los planes formativos y en la actualización profesional, favoreciendo un uso crítico y seguro de estas herramientas⁵.
En definitiva, la inteligencia artificial representa una oportunidad para fortalecer la práctica enfermera, siempre que su incorporación se realice desde una perspectiva ética, responsable y humanizada. La cuestión no es si la IA formará parte del futuro de la enfermería, sino cómo conseguirá la profesión participar activamente en su desarrollo para que la tecnología contribuya a mejorar el cuidado sin modificar aquello que lo hace único: la capacidad de acompañar, comprender y cuidar a las personas.
BIBLIOGRAFÍA
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- Buchanan C, Howitt ML, Wilson R, Booth RG, Risling T, Bamford M. Predicted influences of artificial intelligence on the domains of nursing: Scoping review. JMIR Nurs. 2020;3(1):e23939.
- Castrillón Isaza KA, Arboleda Posada GI, Castaño Molina DA. Risks and opportunities of artificial intelligence in nursing care: A scoping review. Invest Educ Enferm. 2025;43(1):e13.
- Badawy W, Janjua M, Fenwick J, Alotaibi YK. Navigating ethical considerations in the use of artificial intelligence for patient care: A systematic review. Int Nurs Rev. 2024.
- Park Y, Cho E, Lee H. Artificial intelligence in critical care nursing: A scoping review. Aust Crit Care. 2025;38(3):458-469.