Intervención cognitiva breve en adolescentes sobre actitudes hacia la alimentación y la actividad física

18 noviembre 2024

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2024.77.14.001

 

 

AUTORES

  1. Ángel Cavazos Garza. Médico Adscrito de Psiquiatría, Hospital Regional No. 1 Orizaba, Instituto Mexicano del Seguro Social, México.
  2. Eduardo Antonio Treviño Barbosa. Médico Residente de Psiquiatría, Hospital Regional No. 1 Orizaba, Instituto Mexicano del Seguro Social, México.
  3. Karina Yazmín Balderas Osorio. Médico Residente de Psiquiatría, Hospital Regional No. 1 Orizaba, Instituto Mexicano del Seguro Social, México.
  4. Itzel Osorio Lezama. Médico Residente de Psiquiatría, Hospital Regional No. 1 Orizaba, Instituto Mexicano del Seguro Social, México.
  5. Sergio Ángel Hurtado Martínez. Médico Residente de Psiquiatría, Hospital Regional No. 1 Orizaba, Instituto Mexicano del Seguro Social, México.

 

RESUMEN

Introducción: Los malos hábitos de alimentación y actividad física, se gestan en la adolescencia por una actitud desfavorable hacia estos y tienen repercusiones negativas en la salud. El modelo cognitivo-conductual es eficaz en la modificación de las actitudes y hábitos. Objetivo: Estimar el efecto de una intervención cognitivo-conductual breve sobre la actitud de adolescentes ante la alimentación y actividad física. Material y métodos: Estudio cuasiexperimental, en secundarias de Orizaba, Veracruz, México. Se aplicaron somatometría y escalas de actitudes hacia la alimentación y la actividad física; posteriormente se llevó a cabo una intervención grupal cognitiva breve dividida en cinco sesiones, con ulterior aplicación de las mismas escalas de actitudes. Resultados: Tras la intervención se obtuvieron medias de 41.20 y 37.99 en las escalas, ante previas de 33.99 y 31.39 respectivamente, pruebas de Wilcoxon W = 128.5, r = 0.85, p < 0.001 para actitudes hacia alimentación y W = 875, r = 0.73, p < .001 hacia actividad física. Se encontró una asociación por chi cuadrada χ² = 33.28, p < 0.001 entre ambas escalas. Discusión y conclusión: Los adolescentes con tendencia hacia malas actitudes hacia alimentación, también las tienen actividad física, la intervención resultó efectiva en la modificación de las actitudes hacia la alimentación y actividad física.

PALABRAS CLAVE

Actitudes, hábitos, alimentación, actividad física, cognitivo-conductual.

ABSTRACT

Introduction: Poor eating and physical activity habits are established in adolescence due to unfavorable attitudes towards these and have negative health consequences. The cognitive-behavioral model is effectively modifying attitudes and habits. Objective: To estimate the effect of brief cognitive intervention on attitudes of adolescents towards eating and physical activity. Materials and methods: A quasi-experimental study was conducted in secondary schools in Orizaba, Veracruz, México. Attitude scales towards eating and physical activity, and somatometry were applied; subsequently, a brief cognitive group intervention divided into five sessions was carried out, with a subsequent application of the same attitude’s scales. Results: After the intervention average on survey scores were 41.20 and 37.99 from the previous 33.99 and 31.39, respectively, Wilcoxon test W = 128.5, r = 0.85, p < 0.001 in attitudes towards alimentation and W = 875, r = 0.73, p < 0.001 for physical activity. A chi square between attitude’s scales χ² = 33.28, p < 0.001 was found. Discussion and conclusion: Adolescents with tendency to have poor attitudes towards eating also have them towards physical activity; the intervention was effective modifying attitudes towards eating and physical activity.

KEY WORDS

Attitudes, habits, eating, physical activity, cognitive-behavioral.

INTRODUCCIÓN

Los malos hábitos de alimentación y actividad física tienen importantes repercusiones en la salud, particularmente la obesidad y condiciones relacionadas con esta (1). Estos hábitos comienzan a gestarse en la adolescencia, persisten en la edad adulta y vienen precedidos de una actitud desfavorable hacia la alimentación y la actividad física. La psicoeducación y el modelo cognitivo han demostrado ser herramientas útiles en la modificación de las actitudes hacia los alimentos y la actividad física, y por consecuencia tendrán también un impacto en la formación de los hábitos relacionados con estas2. Para el mismo autor, implementar intervenciones basadas en el modelo cognitivo en una etapa temprana de la vida tiene mejores resultados que en la vida adulta cuando los hábitos ya están consolidados.

La adolescencia es “el periodo de desarrollo físico, mental y social comprendido entre los 10 y los 24 años”3 en este periodo los individuos son influenciables para el aprendizaje social, emocional y el modelado conductual4. Las y los adolescentes comprendidos en edades entre 10 y 19 años componen el 16% de la población mundial y 90% de ellos viven en países de mediano o bajo desarrollo, constituyendo un grupo social crítico2.

Las cifras de sobrepeso y obesidad en la infancia y adolescencia en México se encuentran entre el 20-27%5, las cifras de obesidad en niños, niñas y adolescentes se encuentra in crescendo, desde un 1% en 1975 a un 18% en 2016, 11.3 % en Europa 20.5 % en Estados Unidos1. La obesidad es una enfermedad multifactorial que se ha convertido en una epidemia global con altos costos sanitarios y es un factor de riesgo conocido para una gran cantidad de patologías médicas, así mismo, la obesidad suele ser precedida por el conjunto de malos hábitos de alimentación y actividad física6.

Según distintos estudios, los malos hábitos de alimentación en las y los adolescentes tienen prevalencias entre el 49-65% dentro de este grupo etario7 y se calcula que entre 85-90% de las y los adolescentes no cumplen los requerimientos mínimos de actividad física recomendados por la OMS o bien, sólo aproximadamente 10-15% cumple con estas recomendaciones8. Los estudios revelan estadísticas similares en México, con una prevalencia de malos hábitos alimenticios de 67% en los adolescentes, y falta de actividad física hasta en un 89%5.

En función de género, las mujeres han demostrado tener mayor preocupación por llevar una dieta saludable y mayor adherencia a su control de peso que el grupo de los hombres, por otro lado, estos últimos tienen mayor tendencia a realizar mayor actividad física vigorosa a la semana9.

Las actitudes son una tendencia a la acción, intervienen en la formación de creencias y acciones, involucran una alta carga afectivo-emocional, son adquiridas, constituyen aprendizajes estables y pueden ser modificadas10. Dentro de los aprendizajes estables generados por las actitudes se encuentran principalmente los hábitos, estos son acciones llevadas a cabo automáticamente, que siguen pistas conductuales y suelen estar basadas en un condicionamiento de estímulo-respuesta11.

Un estilo de vida saludable abarca múltiples áreas, entre las cuales se encuentran dos principales: realizar actividad física y tener una dieta saludable12; la ausencia de buenos hábitos en estas áreas, se han asociado con consecuencias médicas como la obesidad, enfermedad coronaria, Hipertensión Arterial Sistémica (HAS), y Diabetes Mellitus 2 (DM2) así como consecuencias psicológicas como baja autoestima, trastornos depresivos y ansiosos, bajo desempeño escolar e incremento en el ausentismo y la deserción escolar13.

Los buenos hábitos de alimentación son un conjunto de conductas que contribuyen a llevar una dieta nutricionalmente balanceada14. Estas conductas están influenciadas por factores sociales, económicos y culturales15; a pesar de la gran cantidad de información disponible sobre buenos hábitos de alimentación, los adolescentes tienden al desbalance calórico16, esto puede ser secundario a la influencia social, de la familia y del grupo de amigos17, así como la influencia de la publicidad y las redes sociales18, entre otras se encuentran la falta de conocimiento práctico sobre hábitos saludables19, preferencia por la comida rápida, tendencia a dietas restrictivas, bajo consumo de alimentos nutritivos y sedentarismo4, también se menciona como factor de riesgo el exceso de tiempo pantalla20.

Buenos hábitos de actividad física para la población adolescente podrían definirse como la ejecución de al menos 60 minutos en actividad física de intensidad moderada a vigorosa diariamente3 evitando el sedentarismo, el cual es un comportamiento caracterizado por un gasto inferior a 1.5 equivalentes metabólicos mientras está sentado, reclinado o en postura relajada21. Los malos hábitos de actividad física y/o el sedentarismo se relacionan con un elevado peso, baja autoestima y múltiples molestias psicosomáticas22, el sedentarismo en adolescentes se ha visto vinculado principalmente al incremento del tiempo de uso de dispositivos electrónicos23, a las influencias del grupo de amigos y la familia17, y a la carencia de áreas adecuadas y accesibles para hacer actividad física particularmente en áreas urbanizadas8.

La falta de actividad física y las malas actitudes hacia la alimentación son factores modificables, y se consideran factores clave en todos los programas preventivos de obesidad, así como en aquellos que promocionan estilos de vida saludables24.

La aplicación de modelos psicoeducativos sobre estilos de vida saludables por sí mismos no favorecen en gran medida la actividad física ni la dieta equilibrada, pero al sumar técnicas de terapia cognitivo-conductual se mejoran los resultados obtenidos25. A diferencia de la psicoeducación, los modelos conductuales de intervención para modificar la alimentación y la actividad física, por sí mismos han demostrado ser efectivos26.

En el manual Oxford de terapia cognitivo-conductual27, se describe el modelo cognitivo delimitando su núcleo como: “un pensamiento influencia una emoción o comportamiento”. Este modelo de intervención se basa en la detección de pensamientos y creencias que subyacen a determinada emoción y conducta, con el fin de poder reestructurarlas y con ello generar un cambio en el comportamiento. Las intervenciones basadas en el modelo cognitivo para el cambio en actitudes y hábitos saludables priorizan las técnicas para reestructuración de pensamientos y creencias, así como técnicas conductuales con el fin de incrementar las actitudes saludables y desalentar las que no lo son21.

Las intervenciones de consciencia plena (mindfulness) según algunos estudios han demostrado tener buenos resultados para controlar la alimentación externa, la alimentación emocional, la insatisfacción corporal y la restricción alimenticia28. Entre las técnicas de consciencia plena más empleadas se encuentran la comida intuitiva y el comer conscientemente, sin embargo, los resultados de otras investigaciones muestran desenlaces muy variables, esto puede ser secundario a la falta de mediciones adecuadas aplicables en esta modalidad de intervención29.

OBJETIVOS

Lo anterior culmina con el siguiente objetivo principal: Estimar el efecto de una intervención cognitiva breve sobre la actitud de los adolescentes escolarizados ante la alimentación y actividad física. Aunado al objetivo principal se presentan los siguientes objetivos de trabajo secundarios: determinar la actitud hacia los tipos de alimentación y actividad física, pre y post intervención, en adolescentes escolarizados entre 12 y 14 años, obtener el Índice de masa corporal (IMC) de las y los participantes en el estudio, analizar la asociación entre las actitudes de la alimentación con las de las actitudes hacia la actividad física, así como analizar la relación existente entre estas actitudes, el IMC y el género.

MATERIALES Y MÉTODO

Diseño de estudio, Sujetos y Sitios:

Se trata de un estudio longitudinal cuasiexperimental con muestreo probabilístico por conglomerados, realizado en adolescentes en edades comprendidas entre 12 y 14 años, de cualquier género, que cuenten con el consentimiento informado de sus padres o tutores y el suyo propio para su participación en el estudio y que se encuentren cursando cualquier año en escuelas secundarias públicas de Orizaba, Veracruz, México, se llevó a cabo en el periodo comprendido entre febrero de 2022 y marzo del 2024.

Instrumentos y Mediciones:

Se utilizó un cuestionario de datos sociodemográficos creado por el investigador de donde se obtienen por parte de los sujetos de estudio: nombre completo del (la) participante, género expresado como hombre, mujer u otros; fecha de nacimiento en formato día / mes / año; escolaridad expresada con número arábigo que refleja el grado escolar en curso del sujeto; tipo de escuela que puede ser: pública, privada o militarizada y posibilidad de embarazo con opción de respuesta si/no.

En el mismo formato se plasmó el peso y altura de las y los participantes, expresados en unidades de kilogramos (kg) y metros (m), respectivamente; con estos datos se procedió a calcular el IMC numérico de las y los participantes, para posteriormente obtener el IMC categórico expresado como bajo peso, peso saludable, sobrepeso u obesidad, según las curvas de percentiles de IMC de la OMS para niñas y niños de 5 a 19 años.

Las actitudes hacia la alimentación fueron medidas mediante la escala de actitudes hacia la alimentación de Lima-Serrano et al.30, validada con un α-Cronbach de 0.72 para población española. Consiste en una escala auto aplicada tipo Likert con los siguientes 10 ítems: creo que comer sano es importante para mi salud general; los alimentos preparados en casa son mejores que los preparados en hamburgueserías y pizzerías; me siento mejor comiendo sano; la comida sana es aburrida; mi dieta es saludable; las comidas son menos cómodas (menos sencillas de hacer, de llevárselas, etc.); es normal saltarse el desayuno; el sabor de la comida es más importante para mí que su beneficio para la salud; no tengo la autodisciplina necesaria para comer sano; para llevar una alimentación saludable he de tomar alimentos variados (cereales, verduras, carne, lácteos, etc.). El puntaje por obtener se encuentra entre 10 y 50 puntos, para fines descriptivos y estadísticos se categorizaron las actitudes como malas para puntajes inferiores a 30, regulares para puntajes entre 30 y 39 y buenas para puntajes iguales o mayores a 40.

Las actitudes hacia la actividad física fueron medidas mediante la escala de actitudes hacia la actividad física de Lima-Serrano et al.30, validada con un α-Cronbach de 0.86 para población española, consiste en una escala auto aplicada tipo Likert que contiene los siguientes 8 enunciados: hacer deporte hace que me sienta bien; por las tardes me gusta realizar alguna de las siguientes actividades de forma regular: pasear, bailar, hacer deporte, etc.; me aburren las actividades deportivas; la actividad física alivia el estrés; por las tardes, después de estudiar, prefiero quedarme en casa viendo la televisión, leyendo, jugando a los videojuegos; no me gusta realizar actividad física porque me resulta muy cansado; no tengo autodisciplina necesaria para hacer ejercicio físico; me gusta realizar actividad física porque es beneficiosa para la salud. El puntaje por obtener se encuentra entre 8 y 40 puntos, para fines descriptivos y estadísticos se categorizaron las actitudes como malas para puntajes inferiores a 24, regulares para puntajes entre 24 y 31 y buenas para puntajes iguales o mayores a 32.

Procedimiento:

Se realizó el reclutamiento de la población en las escuelas de educación pública en nivel secundaria en el municipio de Orizaba, Veracruz, México. En las escuelas que aceptaron participar, por acuerdo verbal con el cuerpo directivo de estas instituciones, (se les dio copia de identificación y del protocolo) se recabó el consentimiento informado de los padres o tutores de las y los menores, así como el consentimiento informado de los sujetos para que pudieran participar en el estudio.

A quienes se les permitió, y decidieron participar, se les realizó medición antropométrica de peso y altura, se les aplicó el cuestionario de datos sociodemográficos y las escalas de Lima-Serrano et al. de actitudes hacia la alimentación y actividad física previas a la intervención.

Posteriormente se realizó una intervención cognitiva breve enfocada en la modificación de las actitudes hacia la alimentación y actividad física., en modalidad grupal escolarizada con 8-12 adolescentes por sesión con actividades individuales complementarias. La intervención se realizó en 5 sesiones, desglosadas en la tabla 1, en las que se expusieron técnicas de psicoeducación, detección de pensamientos automáticos, reestructuración de creencias y consciencia plena. Se solicitaban por grupos a las y los participantes, se procuró llevar el mismo número de sesión en todos los grupos, siendo consecutivas las sesiones para los distintos grupos.

Un mes después al término de la quinta sesión, se aplicaron nuevamente las escalas de Lima-Serrano et al. de actitudes hacia la alimentación y la actividad física (escala post-intervención) para comparar los puntajes pre y post-intervención. El tiempo transcurrido entre la aplicación de la escala preliminar y la escala posterior fue variable para los grupos, siendo para el menor de ellos un periodo de 2 meses y medio, y para el mayor de ellos de 7 meses.

Análisis Estadístico:

Una vez aplicadas las escalas, se recolectaron los datos y se vaciaron en una base de datos de Microsoft Office Excel, para posteriormente realizar estadística descriptiva mediante SPSS 25.0 para conocer las características de la muestra y sustentar la elección de las pruebas estadísticas posteriores para valorar asociaciones. Posteriormente se procedió a realizar las pruebas de asociación y medición del efecto de la intervención mediante el uso de Datatab® (versión en línea).

En base a la distribución de las pruebas y el tipo de variables, se utilizaron distintas herramientas estadísticas, inicialmente se utilizó estadística descriptiva general en las fases pre y post intervención para poder valorar los hallazgos encontrados con respecto a las escalas, el género y el IMC. Se utilizó prueba de chi cuadrada para valorar la asociación entre escalas de actitudes hacia la alimentación y actividad física pre-intervención entre sí, y los resultados de estas escalas con respecto al género y el IMC. La evaluación del efecto entre las escalas pre y post intervención, se realizó mediante la prueba no paramétrica de Wilcoxon por ser dos variables discretas de datos emparejados.

CONSIDERACIONES ÉTICAS

La intervención se apega al Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Investigación, fue una intervención de riesgo mínimo (Art. 17.II), se realizó en menores de edad, considerados una población vulnerable. Existió apego a las normas éticas de la Ley General en Materia de Investigación para la Salud, la declaración de Helsinki y sus enmiendas en todas las fases del estudio.

Para garantizar la confidencialidad de la información y protección de datos personales se identificaron los sujetos en las bases de datos mediante un número consecutivo, el investigador no tuvo acceso a la lista de grupo.

Se solicitó consentimiento informado por parte del investigador, este fue generado en el Instituto Mexicano del Seguro Social con la aprobación del comité de ética bajo el Registro R – 2022 – 3101 – 018 y clave 2810-009-013. Se pidió consentimiento verbal ante las escuelas para poder realizar la intervención en la institución, explicando ampliamente el protocolo y dejando copia de este ante la institución. Se solicitó la autorización a los padres y madres o tutores de los menores mediante un consentimiento informado en que se autoriza la participación de su hijo, hija o tutorado (a), así como el consentimiento informado de las y los adolescentes participantes en cuestión. El consentimiento informado a los padres se solicitó desde 15 días previos a la intervención, y fue girado por la escuela correspondiente; el consentimiento de las y los adolescentes se recabó por el investigador previo a la aplicación de las pruebas preliminares.

No existen conflictos de interés en el presente estudio.

RESULTADOS

Se obtuvo una muestra total de 221 individuos, todos ellos voluntarios y con consentimiento informado correctamente requisitado, de estos, 115 alumnos (52%) fueron mujeres y 106 (48%) hombres. Todos comprendidos en el marco de escuela secundaria pública, las edades de la población oscilan entre 12 y 14 años, estando la mayoría de ellos en un promedio de los 13 años.

Con respecto al IMC se obtuvieron medias de 20.8 kg/m2 para mujeres y de 23.34 kg/m2 en hombres, con unas desviaciones estándar de 2.86 y 3.04 respectivamente. En el grupo de mujeres, los puntos extremos del IMC fueron 14.98 y 34.01 kg/m2, mientras que para hombres fueron de 17.38 y 35.71 kg/m2. Al considerar el IMC de forma cualitativa y en base a las curvas de la OMS para clasificación del IMC con respecto a la edad de las y los adolescentes, se encontró que 89 adolescentes (40.27%) caen dentro la categoría de peso saludable, 89 (40.27%) en sobrepeso y 43 (19.46%) en obesidad, sin haberse presentado bajo peso en ninguno de los participantes.

Los resultados de la escala de actitudes hacia la alimentación pre-intervención revelaron que 139 individuos (62.9%) categorizan como regulares sus actitudes, 37 como buenas (16.74%) y 45 (20.36%) como malas; la media registrada en el instrumento de medición fue de 33.99 y la mediana 34 puntos (la suma de puntaje está dentro de 10 a 50 puntos). Con respecto a la variable “actitudes hacia la actividad física” se encontró que 105 personas (47.51%) categorizaron sus actitudes como regulares, 60 personas (27.15%) como buenas y 56 (25.34%) como malas. La media obtenida respecto al puntaje de la escala fue 29.39 y mediana de 28 puntos (la suma de puntaje está dentro de 8 a 40 puntos).

Con respecto a las actitudes hacia la alimentación y su relación con el IMC, para malas actitudes hacia la alimentación se encontraron frecuencias de 14 individuos (06.33%) que se encontraban en peso saludable, 21 (9.5%) en sobrepeso y 10 (04.52%) con obesidad; para actitudes regulares hacia a la alimentación, 60 individuos (27.15%) se encontraban en peso saludable, 55 (24.89%) en sobrepeso y 24 (10.86%) en obesidad; por último, las buenas actitudes hacia la alimentación se encontraron en 15 (6.79%) individuos en peso saludable, 13(5.88%) en sobrepeso y 9 individuos (4.07%) en obesidad. Al valorar los resultados de la escala de actitudes hacia la actividad física en función del IMC, se encontró que de los 83 individuos que tienen peso saludable, 42 (19.0% del total) presentaban actitudes regulares hacia la actividad física, 24(10.86%) tenían buenas actitudes y 23 (10.41%) tuvieron malas actitudes; entre la población con sobrepeso, 23 estudiantes (10.41%) tuvieron malas actitudes hacia la actividad física, 44 (19.91%) regulares y 22 (9.95%) buenas; de los adolescentes obesos se encontraron 10 individuos (04.52%) con malas actitudes, 19 (19.86%) con actitudes regulares y 14 (06.33%) con buenas actitudes hacia la actividad física. En la tabla 2 se encuentran desglosados los valores generales obtenidos en la primera aplicación de las escalas de actitudes hacia la alimentación y actividad física (pre-intervención) en relación con el IMC.

Con respecto al IMC y su asociación con las actitudes hacia la alimentación, la prueba de Chi cuadrada reveló valores χ² = 2.91, p = 0.572, con respecto a los resultados de la escala de actitudes hacia la actividad física y su asociación con el IMC se encontró una chi cuadrada χ² = 0.92, p = 0.922.

Fragmentando la muestra por género, las mujeres adolescentes categorizaron las actitudes hacia alimentación como regulares en 70 de ellas (31.67%), en 20 (09.05%) como buenas y en 25 como malas (11.37%); por otro lado, en el grupo de hombres se obtuvieron resultados categorizados como actitudes regulares en 69 hombres (31.22%), como buenas en 17 (07.69%) y en 20 de ellos como malas (09.05%). Sobre las actitudes hacia la actividad física se encontró que 54 mujeres (24.43%) y 51 hombres (23.08%) tenían actitudes regulares hacia la actividad física; por otro lado 27 mujeres (12.22%) y 33 hombres (14.93%) tenían buenas actitudes hacia la actividad física, las malas actitudes están representadas por un total 34 mujeres (15.38%) y 22 hombres (9.95%). En la tabla 3 se encuentran desglosados los valores generales obtenidos en la primera aplicación de las escalas de actitudes hacia la alimentación y actividad física (pre-intervención) en relación con el género.

Se buscó asociación entre la escala pre-intervención de actitudes hacia la alimentación y actividad física en función del género. Se obtuvieron pruebas de Chi cuadrada con valores χ² = 0.44, p = 0.802 para la asociación con actitudes hacia la alimentación y con respecto a las actitudes hacia la actividad física se encontró una chi cuadrada χ²= 2.9, p= 0.235.

Pasando a otro de los objetivos del estudio que fue determinar la existencia de asociación entre las escalas pre-intervención de las actitudes hacia la alimentación y la actividad física se encontró una asociación positiva y estadísticamente significativa con una chi cuadrada χ² = 33.28, p < 0.001 y V de Cramer de 0.27. En la figura 1 se observa un gráfico en el cual se ponen en perspectiva los puntajes obtenidos en ambas escalas, en el eje de las x se encuentran las actitudes hacia la alimentación y en el eje de las y las actitudes hacia la actividad física, obsérvese cómo la tendencia de distribución es ascendente, esto es, las personas con bajos puntajes suelen tenerlo en ambas escalas, así como los que tienen altos puntajes suelen tenerlo en ambas.

Con respecto al foco central del estudio, que es medir el efecto de la intervención, se encontraron los siguientes resultados en la evaluación post-intervención en forma descriptiva: una disminución notable en los valores de malas actitudes hacia la alimentación, del 20 al 1%, regulares, del 63 al 29%, y un incremento en las buenas, del 17 al 70%; sobre las actitudes hacia la actividad física se observa una disminución de las actitudes malas del 25 al 5%, incremento en las buenas del 27 al 50%, y un mantenimiento porcentual de las regulares en torno al 45%.

Al valorar estas variables cuantitativamente, se observó que en la segunda medición para la escala de actitudes hacia la alimentación se obtuvo una media de 41.2 (previa de 33.99), mediana de 41 (previa de 34) con una desviación estándar de 4 (previa de 5.51), indicando mayor uniformidad en la muestra; para la escala de actitudes hacia la actividad física se obtuvo en la medida post intervención una media de 31.39 (previa de 37.39), mediana de 31 (previa de 28) y una desviación estándar de 4.86 (previa de 6.45), estos resultados se pueden observar gráficamente en la Figura 2.

Para estimar el efecto de la intervención mediante la diferencia entre las medianas de las evaluaciones pre y post intervención de las actitudes hacia la alimentación y la actividad física se utilizó la prueba no paramétrica de Wilcoxon (usada para pruebas de variables discretas, emparejadas y de distribución no normal). Con respecto al cambio en las actitudes hacia la alimentación se obtuvieron valores de la prueba de Wilcoxon W = 128.5, r = 0.85, p < 0.001. Los valores respectivos referentes al cambio en las actitudes hacia la actividad física fueron de W = 875, r = 0.73, p < 0.001.

DISCUSIÓN-CONCLUSIÓN

Los valores de Índice de masa corporal (IMC) encontrados en los participantes en la primera fase del estudio fueron relativamente amplios, sin embargo, al clasificar el IMC obtenido por peso y talla mediante la categorización con las curvas de los percentiles de IMC la OMS ajustadas para edad, se evidenció que el 40% de los adolescentes participantes tenían un peso saludable, 40% de ellos sobrepeso y 19% de los participantes se encontraban con un IMC correspondiente a obesidad, el 1% faltante corresponde a las cifras faltantes por redondeo de las cifras. Esto parece respaldar la tendencia ascendente de la prevalencia de la obesidad en este grupo etario1,3,7.

A partir del análisis descriptivo de los resultados de la escala pre intervención de Lima-Serrano et al. de actitudes haca la alimentación y la actividad física, se encontró que un 20.4 % de los adolescentes participantes tienen malas actitudes hacia la alimentación y 25.3% tienen malas actitudes hacia la actividad física, esto contrasta con estimaciones previas de prevalencia encontradas en México, con malos hábitos alimentarios en un 50% y de actividad física hasta en un 85%6, sin embargo, estos estudios están hechos sobre hábitos, lo que haría reflexionar sobre el impacto de las actitudes en la consolidación de los hábitos hacia la actividad física y la alimentación, y si estos son modificables. Sería un buen campo de estudio validar el impacto de las actitudes a largo plazo en la consolidación de los hábitos, y con ello, en el estilo de vida considerado saludable10.

Según el análisis de resultados, un adolescente que presenta malas actitudes hacia la alimentación también tendrá malas actitudes hacia la actividad física, y viceversa, aquellos con buenas actitudes hacia la alimentación, tenderán a tenerlas sobre la actividad física, esto quedó validado por medio de la prueba de correlación de chi cuadrada con valores χ²= 33.28 V de Crámer de 0.27 y p<0.001, datos que respaldan una correlación positiva y estadísticamente válida, esto es acorde a los resultados encontrados en diversos estudios sobre alimentación y actividad física16.

Contrario a lo esperado, no pareció existir una asociación estadística entre el IMC y las actitudes hacia la alimentación y la actividad física. En base al marco teórico, esto puede tener varias explicaciones, entre las cuales se encuentra que a pesar del conocimiento de los adolescentes sobre las conductas deseables en materia actividad física y alimentación, no las llevan a cabo por falta de implicación en sus propias actividades17, otra explicación es el papel que juegan los medios externos, como puede ser el económico15, el entorno familiar y de amistades, así como los medios publicitarios y redes sociales6.

En la presente muestra no pareció haber asociación entre el sexo y las actitudes hacia la alimentación o la actividad física. Hablando en función de género, tanto mujeres como hombres puntuaron similar en las escalas de actitudes hacia la alimentación; sin embargo, las mujeres parecen tener mayor riesgo a desarrollar malas actitudes con respecto a la actividad física, esto queda respaldado sólo por la estadística descriptiva, las pruebas estadísticas parecen no reflejar esta asociación, sobre este punto refieren que la fácil localización de medios y sitios para realizar deporte, especialmente para las y los niños y adolescentes favorece estas conductas, mismas que suelen favorecer más la actividad física para hombres que para mujeres8, por otro lado, existen mejores actitudes hacia la alimentación por parte de las mujeres, explicando esto por un modelo cognitivo basado principalmente en la presión social existente a este género10.

Con respecto al efecto de la intervención, la mayor parte del marco teórico sustenta que una intervención cognitiva combinada con el modelo psicoeducativo es la que tiene mejor resultado en la mejoría de actitudes y hábitos hacia la alimentación y la actividad física21,28,29, modelo que se siguió en esta línea de investigación agregando una intervención en materia de consciencia plena. Para confirmar estos datos, se validó la hipótesis mediante la prueba no paramétrica de Wilcoxon, obteniendo valores con igual significancia estadística, manteniendo el mismo valor p<0.001, y un impacto medido con r de Rosenthal de 0.85 y 0.73 para las actitudes hacia la alimentación y la actividad física, respectivamente.

Con lo anterior se evidenció que una intervención cognitiva breve, de modalidad grupal, basada en psicoeducación, mindfulness y reestructuración cognitiva, permitió un cambio en las actitudes hacia la alimentación y la actividad física, validando la hipótesis central del estudio, con buenos resultados, sería un campo de oportunidad, realizar un estudio prospectivo de mayor alcance temporal para valorar si el cambio es duradero y tiene impacto sobre el IMC.

Para nombrar las limitaciones de este estudio, se debe nombrar principalmente la situación sociocultural en el cual se desarrolló, ya que este fue realizado en escuelas públicas de Veracruz, México, se desconoce su capacidad para poder generalizar los resultados a otros contextos o grupos etarios.

Los hallazgos del presente estudio son esenciales para comprender mejor la salud y bienestar de las y los adolescentes en contextos escolares públicos, estos resultados pueden ser útiles para generar nuevas intervenciones dirigidas a mejorar las actitudes hacia la alimentación y la actividad física en este grupo particular, y con ello, favorecer la creación de nuevos hábitos que ayuden al sector público y privado en la disminución del gran problema de salud pública que representan el sobrepeso y la obesidad.

 

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ANEXOS

Tabla 1. Esquema de intervenciones (sesiones) aplicadas en los sujetos de la investigación.

Sesión Núcleo Metas de la sesión Técnicas
1 Importancia de la actividad física y la alimentación. Realizar psicoeducación general sobre buenos hábitos en materia de alimentación y actividad física. Psicoeducación.

Modelo grupal: competencia mediante preguntas dirigidas entre los miembros.

Modelo individual (actividad para casa): ¿por qué creo que cumplo / no cumplo con las recomendaciones generales sobre hábitos de alimentación saludables y de actividad física?

2 Pensamientos automáticos hacia la actividad física y la alimentación. Aproximar al modelo cognitivo a los adolescentes, brindarles aplicaciones prácticas de este.

Poner en perspectiva la actividad para casa de la sesión anterior.

Identificar, por parte de cada sujeto, sus propios pensamientos automáticos, enjuiciarlos y ponerlos en perspectiva.

Psicoeducación breve de modelo cognitivo.

Modelo grupal: ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza al pensar en comida / ejercicio /comida rápida / vegetales /comida en casa /actividad física /comida chatarra /deportes /sedentarismo.

Discusión grupal de ideas.

Modelo individual (actividad para casa): ¿cuáles son todos los pensamientos automáticos que identificó con respecto al comer y a la actividad física?

3 Actitudes y creencias vinculadas con los pensamientos automáticos. Aproximar al modelo cognitivo-conductual a los adolescentes, brindarles aplicaciones prácticas de este.

Identificar las creencias y actitudes vinculadas con los pensamientos automáticos, en base al modelo cognitivo-conductual mediante tabla ABCD*

Psicoeducación breve de modelo cognitivo-conductual.

Modelo grupal: en base a actividad en casa anterior, tomar un ejemplo (diferente para individuo), se realiza en grupo el modelo ABCD bajo guía, se deja a libre discusión entre los miembros.

Modelo individual (actividad para casa): hacer al menos 5 análisis ABCD de conductas que crea problemáticas que tenga con respecto al comer o la actividad física.

4 Consciencia plena en el comer y en la actividad física. Abordar temas generales en materia de consciencia plena referentes a la materia.

Abordar la parte conductual de la respuesta a las creencias de la sesión anterior.

Brindar psicoeducación en materia de: mindful eating; identificar y hacer caso a sensaciones corporales de hambre, antojo y saciedad; comida intuitiva y disparadores de comida externa; consciencia en el ejercicio, sensaciones corporales, técnicas de relajación y disfrutar el presente.

Psicoeducación general.

Modelo grupal: abordaje en que se brinda espacio para dialogar sobre disparadores, sensaciones corporales propias, así como actividades físicas gratas.

Modelo individual (actividad para casa): describir propias sensaciones, hacer el experimento, qué actividades recreativas pueden ser deportivas, qué tipo de deporte es para mí.

5 Aplicación integral de técnicas a la vida diaria Retomar las sesiones previas con las actividades realizadas en forma individual por los sujetos para integrar técnicas y fomentar el cambio. Modelo grupal: discutir resultados y expectativas; reducción a marco de acción mediante modelo de activación conductual de lo planteado por cada sujeto en actividades.

Nota: En el modelo ABCD empleado se considera que consiste en antecedente (A) como un evento que genera pensamientos o sentimientos, creencias (B) desencadenadas por el antecedente, consecuencia o conducta (C) es la acción o consecuencia desencadenada por B, discusión (D) como pensamientos o conductas por reemplazar en A, B o C.

 

Tabla 2. Distribución general de frecuencias en función del IMC.

Tipo de actitudes* Características Peso saludable Sobrepeso Obesidad
Alimentación Mala 14 6.33% 21 9.50% 10 4.52%
Regular 60 27.15% 55 24.89% 24 10.86%
Buena 15 6.79% 13 5.88% 9 4.07%
Total 89 40.27% 89 40.27% 43 19.46%
Actividad física Mala 23 10.41% 23 10.41% 10 4.52%
Regular 42 19.00% 44 19.91% 19 19.86%
Buena 24 10.86% 22 9.95% 14 6.33%
Total 89 40.27% 89 40.27% 43 19.46%

Nota. En la tabla se muestran las frecuencias obtenidas para los resultados en las encuestas, clasificadas como buenas, malas o regulares en función del género y del IMC. *Escalas de actitudes hacia la alimentación y actividad física de Lima-Serrano et al.

 

Tabla 3. Distribución general de frecuencias en función del género.

Tipo de actitudes* Características Hombre Mujer Total
Alimentación Mala 20 9.05% 25 11.31% 45 20.36%
Regular 69 31.22% 70 31.67% 139 62.90%
Buena 17 7.69% 20 9.05% 37 16.74%
Total 106 47.96% 115 52.04% 221 100.00%
Actividad física Mala 22 9.95% 34 15.38% 56 25.34%
Regular 51 23.08% 54 24.43% 105 47.51%
Buena 33 14.93% 27 12.22% 60 27.15%
Total 106 47.96% 115 52.04% 221 100.00%

Nota. En la tabla se muestran las frecuencias obtenidas para los resultados en las encuestas, clasificadas como buenas, malas o regulares en función del género. *Escalas de actitudes hacia la alimentación y actividad física de Lima-Serrano et al.

 

Figura 1. Actitudes hacia la alimentación y la actividad física.

Gráfico, Gráfico de dispersión Descripción generada automáticamente

Nota. En la figura se observan los puntajes obtenidos en la escala de actitudes hacia la alimentación de Lima-Serrano et al. (eje de las x), contra los obtenidos en la escala de actitudes hacia la actividad física, (eje de las y), se marcó la línea de tendencia central para tener una aproximación visual de ésta.

 

Figura 2. Resultados de la intervención.

Nota. Se muestran diagramas de caja correspondientes a los datos obtenidos en las escalas de Lima-Serrano et al. sobre las actitudes hacia la alimentación (Al.) y la actividad física (A.F.). En gris se encuentran los resultados de la escala pre-intervención (Al.1 y A.F.1) y en negro los resultados post-intervención (Al.2 y A.F.2) de las escalas.

 

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