AUTORES
- Cristina Hernández Romano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Adrián Cubas Esteban. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Inés Gracia Abril. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Mari Mar Marco Martín. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Iratxe Goded Navarrete. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Ainoa Albiol Falcó. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El sueño durante la hospitalización se altera con frecuencia por ruido, luz, interrupciones asistenciales, dolor, ansiedad y cambios de rutina. La fragmentación del descanso puede afectar al bienestar, la recuperación y la experiencia del paciente. A pesar de ello, el sueño continúa siendo un aspecto de los cuidados que puede recibir menor atención que otros parámetros clínicos.
Enfermería puede intervenir sobre numerosos factores modificables mediante valoración del sueño, planificación de cuidados nocturnos, reducción de ruido y luz, control de síntomas, técnicas de relajación y adaptación de las rutinas. Revisiones recientes identifican beneficios potenciales de intervenciones ambientales, sensoriales, educativas y conductuales, aunque la heterogeneidad de los estudios limita la certeza de algunas conclusiones.
Esta revisión analiza las principales estrategias enfermeras para favorecer el descanso en adultos hospitalizados y propone un enfoque individualizado que integre las necesidades clínicas con la protección del sueño.
PALABRAS CLAVE
Sueño, hospitalización, cuidados de enfermería, descanso y calidad del sueño.
ABSTRACT
Sleep is frequently disrupted during hospitalization by noise, light, care interruptions, pain, anxiety and changes in routine. Sleep fragmentation may affect well-being, recovery and patient experience, yet sleep often receives less attention than other clinical parameters.
Nurses can modify many contributing factors through sleep assessment, planning of nighttime care, noise and light reduction, symptom control, relaxation techniques and individualized routines. Recent reviews identify potential benefits from environmental, sensory, educational and behavioral interventions, although study heterogeneity limits certainty.
This review analyzes major nursing strategies to promote sleep in hospitalized adults and proposes an individualized approach balancing clinical needs with sleep protection.
KEY WORDS
Sleep, hospitalization, nursing care, rest, sleep quality.
INTRODUCCIÓN
El sueño es una necesidad fisiológica fundamental y su alteración es frecuente durante el ingreso hospitalario. El entorno desconocido, la actividad nocturna, el ruido, la iluminación, las alarmas, las tomas de constantes, el dolor y la ansiedad pueden fragmentar el descanso1,2.
Una revisión sistemática de 229 estudios identificó como perturbadores habituales el ruido, la luz, las interrupciones relacionadas con cuidados, el dolor y la ansiedad2. Estos factores muestran que parte del deterioro del sueño está vinculado al entorno y a la organización asistencial y, por tanto, puede ser modificable.
Enfermería mantiene contacto continuado con el paciente y participa directamente en muchas actividades nocturnas. Una revisión específicamente centrada en intervenciones enfermeras seleccionó 13 estudios con 1.975 participantes y agrupó las estrategias en educación y comunicación, intervenciones sensoriales, planificación de actividad, control ambiental, alimentación, valoración del sueño, control de síntomas y cuidados individualizados1.
También se han estudiado intervenciones no farmacológicas como antifaces, tapones, ruido blanco, masaje, relajación y ejercicios respiratorios. Los resultados son prometedores, aunque la certeza de la evidencia oscila de moderada a muy baja y existe heterogeneidad en las herramientas de medición2,3.
Promover el sueño no significa omitir cuidados necesarios. El reto consiste en distinguir las interrupciones imprescindibles de aquellas que pueden reorganizarse y adaptar la atención a las necesidades clínicas de cada paciente.
OBJETIVOS
General:
- Analizar las intervenciones de enfermería dirigidas a mejorar el sueño en pacientes adultos hospitalizados.
Específicos:
- Identificar los principales factores hospitalarios que alteran el sueño.
- Describir intervenciones ambientales, sensoriales, conductuales y de control de síntomas.
- Analizar la importancia de individualizar y reorganizar los cuidados nocturnos.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica. La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre julio y agosto de 2026 en PubMed/MEDLINE, CINAHL, Scopus, SciELO y Dialnet, complementándose con la consulta de revisiones sistemáticas y documentos científicos relevantes.
Se utilizaron descriptores DeCS/MeSH relacionados con el problema estudiado y con los cuidados de enfermería, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos, estudios observacionales y trabajos de implementación con aplicabilidad clínica.
Se incluyeron publicaciones en español o inglés, centradas en población adulta hospitalizada y relacionadas con intervenciones de enfermería. Se excluyeron estudios pediátricos y trabajos cuyo contenido no permitía responder a los objetivos. La evidencia seleccionada se sintetizó de forma narrativa, señalando las áreas en las que existía heterogeneidad o certeza limitada.
La pregunta de investigación se estructuró mediante el modelo PICO:
¿En pacientes adultos hospitalizados, las intervenciones no farmacológicas de enfermería, comparadas con los cuidados habituales, mejoran la calidad y la cantidad del sueño?
- P: pacientes adultos hospitalizados.
- I: intervenciones enfermeras no farmacológicas para promover el sueño.
- C: cuidados habituales.
- O: mejora de calidad, duración o continuidad del sueño y experiencia del paciente.
RESULTADOS
Valoración del sueño:
La promoción del descanso comienza preguntando al paciente cómo duerme habitualmente y qué factores están interfiriendo durante el ingreso. Deben valorarse latencia, despertares, descanso percibido, somnolencia diurna y síntomas que dificultan dormir3.
La valoración permite diferenciar problemas ambientales de causas clínicas como dolor, disnea, tos, náuseas, prurito, ansiedad o necesidad frecuente de orinar. El abordaje debe dirigirse al factor predominante y reevaluarse al día siguiente4.
Las revisiones enfermeras incluyen la evaluación y documentación del sueño como una categoría específica de intervención1. Registrar el problema favorece que el descanso forme parte del plan de cuidados.
Reducción de ruido y luz:
El ruido hospitalario procede de conversaciones, puertas, carros, alarmas y actividad asistencial. Reducir el volumen de las conversaciones, cerrar puertas con suavidad y revisar alarmas evitables son medidas organizativas sencillas5.
La luz nocturna debe limitarse cuando no sea necesaria, manteniendo condiciones seguras para desplazamientos. Durante el día, la exposición a luz y actividad ayuda a conservar la diferenciación circadiana.
Metaanálisis recientes encuentran efectos favorables para medidas ambientales y ayudas como antifaces y tapones, aunque la certeza varía6,7. Estas medidas deben ofrecerse según preferencias y seguridad.
Planificación de los cuidados nocturnos:
Las interrupciones relacionadas con cuidados son uno de los principales perturbadores2. Cuando la situación clínica lo permite, pueden agruparse actividades para evitar despertares repetidos.
No todos los pacientes requieren la misma frecuencia de controles nocturnos. Cualquier reorganización debe respetar prescripciones, nivel de riesgo y necesidad de vigilancia. La protección del sueño nunca debe retrasar una intervención clínicamente indicada.
Evitar traslados nocturnos no imprescindibles y coordinar horarios entre profesionales puede reducir perturbaciones. Mendoça et al señalan que las políticas hospitalarias también pueden contribuir a crear entornos más favorables1.
Control del dolor y otros síntomas:
El dolor, la ansiedad y otros síntomas alteran la capacidad para conciliar y mantener el sueño. Enfermería debe valorar su intensidad antes del periodo nocturno y comprobar la respuesta a las medidas prescritas.
Medidas de confort, posicionamiento, higiene, control de temperatura y reducción de estímulos pueden complementar el tratamiento. En pacientes con disnea o tos, la posición y la planificación de cuidados deben individualizarse2.
El objetivo es evitar que el paciente llegue a la noche con síntomas previsibles no abordados. La revisión del descanso al día siguiente permite ajustar el plan.
Intervenciones de relajación y sensoriales:
Las técnicas de respiración, relajación muscular, música, masaje y otras intervenciones sensoriales han mostrado resultados favorables en algunos estudios2,3. Son estrategias de bajo riesgo cuando se adaptan a preferencias y contraindicaciones.
No todas las personas encuentran relajante la misma intervención. Preguntar por hábitos previos y ofrecer opciones aumenta la individualización.
La evidencia sobre aromaterapia y otras técnicas presenta variabilidad metodológica, por lo que deben considerarse complementarias y no sustituir el control ambiental o de síntomas.
Actividad diurna y hábitos:
La inactividad prolongada durante el día puede favorecer la somnolencia diurna y dificultar el sueño nocturno. Cuando sea clínicamente posible, debe promoverse movilización, exposición a luz natural y participación en actividades4.
Las siestas prolongadas o tardías pueden interferir con el descanso nocturno, aunque deben respetarse las necesidades de pacientes fatigados o con enfermedad aguda. La planificación debe evitar reglas rígidas.
Las intervenciones enfermeras revisadas incluyen planificación de actividad y educación sobre hábitos de sueño como componentes de un enfoque integral1.
Individualización y educación:
Las preferencias habituales de sueño, horarios, postura, temperatura y necesidad de oscuridad varían entre personas. Incorporar estas preferencias cuando sean compatibles con la atención clínica puede mejorar la experiencia.
La educación debe explicar qué medidas puede utilizar el paciente: pedir control del dolor, utilizar antifaz o tapones si son seguros, practicar relajación y mantener actividad diurna2,3.
El enfoque más coherente con la evidencia es combinar varias intervenciones según los factores presentes, en lugar de aplicar un paquete idéntico a todos1,2.
DISCUSIÓN
Las revisiones recientes coinciden en que el sueño hospitalario está afectado por factores ambientales, asistenciales y propios del paciente1,2. Esto ofrece múltiples oportunidades de intervención enfermera, pero también explica la heterogeneidad de los programas estudiados.
Los resultados más prometedores corresponden a intervenciones ambientales, sensoriales y de relajación, así como a estrategias enfermeras avanzadas2. Sin embargo, las diferencias en poblaciones y medidas de sueño limitan la certeza y dificultan establecer un protocolo único.
Mendonça et al refuerzan una visión específicamente enfermera y multidimensional, incorporando comunicación, planificación diaria, valoración, síntomas y cuidados individualizados1. Esta amplitud es importante porque el sueño no depende únicamente del ruido.
Una limitación práctica es el conflicto entre descanso y vigilancia clínica. La mejora no consiste en reducir controles de manera indiscriminada, sino en revisar qué interrupciones son necesarias, agrupar las que puedan coordinarse y proteger periodos de descanso sin comprometer la seguridad.
Los hallazgos de otras síntesis son concordantes: las intervenciones no farmacológicas pueden mejorar el sueño hospitalario, especialmente las dirigidas al entorno y a la reducción de estímulos nocturnos5. En pacientes críticos, los metaanálisis sobre antifaces y tapones muestran beneficio sobre medidas subjetivas de calidad del sueño, aunque los resultados varían según la intervención y el instrumento de medida6,7. Un ensayo aleatorizado en pacientes sometidos a cirugía abdominal también apoya la utilidad de estas medidas sencillas en contextos seleccionados8.
CONCLUSIONES
- Enfermería puede modificar numerosos factores mediante valoración, control ambiental, planificación nocturna y manejo de síntomas.
- La alteración del sueño es frecuente durante la hospitalización y tiene causas ambientales, asistenciales y clínicas.
- Antifaces, tapones, relajación, masaje y otras intervenciones no farmacológicas muestran beneficios potenciales, aunque la certeza es variable.
- La agrupación de cuidados debe individualizarse y nunca comprometer la vigilancia clínica necesaria. Integrar el sueño en la valoración y el plan de cuidados favorece una atención más centrada en la persona.
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