Intervenciones fisioterapéuticas en la tortícolis muscular congénita del lactante: revisión narrativa

26 septiembre 2026

 

AUTOR

  1. Sabela Meilán Vila. (Fisioterapeuta). Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA). Lugo. España. ORCID: 0009-0006-9533-2500

RESUMEN

Introducción: La tortícolis muscular congénita constituye una alteración musculoesquelética frecuente durante los primeros meses de vida, caracterizada por una inclinación lateral de la cabeza hacia el lado afectado y una rotación cervical hacia el lado contralateral. Puede asociarse a limitación de la movilidad cervical, asimetrías posturales, alteraciones del desarrollo motor y deformidades craneales como la plagiocefalia posicional. La fisioterapia constituye uno de los principales componentes de su tratamiento conservador, especialmente cuando se inicia de forma precoz.

Objetivo: Analizar las principales intervenciones fisioterapéuticas utilizadas en el tratamiento conservador de la tortícolis muscular congénita del lactante, así como su papel en la recuperación de la movilidad cervical, la simetría postural y el desarrollo motor.

Metodología: Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica sobre el abordaje fisioterapéutico de la tortícolis muscular congénita en lactantes. Se consultaron publicaciones relacionadas con la valoración, tratamiento conservador y seguimiento de esta alteración, prestando especial atención a guías de práctica clínica, revisiones y estudios sobre intervenciones fisioterapéuticas. Se analizaron principalmente estrategias relacionadas con la movilidad cervical, el ejercicio terapéutico, el control postural, el posicionamiento y la educación de padres y cuidadores.

Resultados: La literatura disponible respalda un abordaje fisioterapéutico multimodal e individualizado. Las intervenciones de primera elección incluyen el trabajo de la movilidad pasiva cervical cuando existe limitación, la movilidad activa de cuello y tronco, la promoción de movimientos simétricos, las adaptaciones del entorno y la educación de padres y cuidadores. La intervención precoz y la participación familiar mediante programas domiciliarios constituyen elementos relevantes del tratamiento. Otras técnicas complementarias pueden considerarse en determinados pacientes, aunque presentan un nivel de evidencia más variable.

Conclusión: La fisioterapia desempeña un papel fundamental en el manejo conservador de la tortícolis muscular congénita del lactante. El tratamiento debe iniciarse de forma precoz, individualizarse según las características clínicas y funcionales del niño e integrar diferentes estrategias orientadas a recuperar la movilidad cervical, favorecer la simetría y promover un desarrollo motor adecuado. La educación y participación activa de los cuidadores constituyen componentes esenciales del proceso terapéutico.

PALABRAS CLAVE

Tortícolis muscular congénita, lactante, fisioterapia, ejercicio terapéutico, rehabilitación, desarrollo motor.

ABSTRACT

Introduction: Congenital muscular torticollis is a musculoskeletal condition commonly identified during the first months of life and characterized by lateral head tilt toward the affected side and cervical rotation toward the contralateral side. It may be associated with restricted cervical range of motion, postural asymmetries, motor development alterations, and cranial deformities such as positional plagiocephaly. Physical therapy is a major component of conservative management, particularly when initiated early.

Objective: To analyze the main physical therapy interventions used in the conservative management of congenital muscular torticollis in infants and their role in improving cervical mobility, postural symmetry, and motor development.

Methodology: A narrative review of the scientific literature on physical therapy management of congenital muscular torticollis in infants was conducted. Publications addressing assessment, conservative treatment, and follow-up were considered, with particular attention to clinical practice guidelines, reviews, and studies evaluating physical therapy interventions. Strategies related to cervical mobility, therapeutic exercise, postural control, positioning, and parent and caregiver education were primarily analyzed.

Results: Current literature supports an individualized, multimodal physical therapy approach. First-choice interventions include cervical passive range of motion when restricted, active range of motion of the neck and trunk, promotion of symmetrical movement, environmental adaptations, and parent and caregiver education. Early intervention and family participation through home programs are relevant components of management. Other supplemental interventions may be considered in selected patients, although the supporting evidence is more variable.

Conclusion: Physical therapy plays an important role in the conservative management of congenital muscular torticollis in infants. Treatment should be initiated early, individualized according to the infant’s clinical and functional characteristics, and combine different strategies aimed at restoring cervical mobility, promoting symmetry, and supporting appropriate motor development. Education and active participation of caregivers are essential components of the therapeutic process.

KEY WORDS

Congenital muscular torticollis, infant, physical therapy, therapeutic exercise, rehabilitation, motor development.

INTRODUCCIÓN

La tortícolis muscular congénita (TMC) constituye una de las alteraciones musculoesqueléticas más frecuentes durante los primeros meses de vida. Se caracteriza clínicamente por una posición asimétrica de la cabeza y el cuello, habitualmente con inclinación lateral hacia el lado afectado y rotación hacia el lado contralateral, asociada a alteraciones estructurales o funcionales del músculo esternocleidomastoideo (ECM)¹˒².

Desde el punto de vista anatómico y biomecánico, el músculo esternocleidomastoideo desempeña un papel relevante en la movilidad y el control postural cervical. Su contracción unilateral produce inclinación ipsilateral y rotación contralateral de la cabeza, mientras que su acción bilateral participa en diferentes movimientos y funciones de estabilización cervical. En la TMC, la afectación unilateral del músculo puede provocar una limitación de la movilidad cervical y favorecer el desarrollo progresivo de patrones posturales asimétricos¹˒³.

La etiología de la TMC no se encuentra completamente establecida y se considera multifactorial. Entre los mecanismos propuestos se encuentran factores relacionados con la posición intrauterina, condiciones asociadas al parto, alteraciones vasculares y procesos de remodelación y fibrosis del tejido muscular²˒³. Clínicamente pueden observarse diferentes grados de afectación, desde una preferencia postural sin restricción significativa de la movilidad hasta formas caracterizadas por limitación del rango cervical y presencia de una masa o engrosamiento del ECM¹.

La valoración del lactante debe contemplar no solo la movilidad cervical, sino también la postura y simetría de la cabeza, el cuello, el tronco y las extremidades, la presencia de deformidades craneales asociadas y el desarrollo motor. La plagiocefalia posicional constituye una de las alteraciones frecuentemente relacionadas con la TMC, pudiendo coexistir ambas condiciones y favorecer el mantenimiento de patrones posturales asimétricos¹˒⁴.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico y se basa en la historia y exploración física del lactante. La valoración incluye la observación de la postura cefálica, la movilidad cervical activa y pasiva, la presencia de asimetrías y la exploración del músculo esternocleidomastoideo. Las pruebas de imagen no son necesarias de forma rutinaria en todos los casos, aunque pueden estar indicadas cuando existen hallazgos atípicos, dudas diagnósticas o una evolución que no se corresponde con la esperada¹.

La detección y el tratamiento precoces adquieren especial relevancia debido a las posibles repercusiones de la persistencia de la asimetría. Además de las limitaciones de la movilidad cervical y las deformidades craneofaciales, algunos lactantes pueden presentar asimetrías del tronco y las extremidades o diferencias en la adquisición de determinadas habilidades motoras. Por ello, la valoración fisioterapéutica debe considerar al lactante de forma global y no limitarse exclusivamente a la movilidad del cuello¹˒⁴.

La fisioterapia constituye una de las principales estrategias de tratamiento conservador de la TMC. Las recomendaciones clínicas actuales proponen un abordaje multimodal que incluye cinco componentes de primera elección: mejora de la movilidad cervical pasiva cuando se encuentra limitada, promoción de la movilidad activa del cuello y el tronco, desarrollo de movimientos simétricos, adaptaciones ambientales y educación de los padres y cuidadores¹.

Dentro de este abordaje pueden utilizarse estrategias como los estiramientos cervicales, el ejercicio terapéutico, el posicionamiento, la facilitación del movimiento activo y las actividades destinadas a favorecer el control cefálico y la simetría postural. La participación de los cuidadores resulta especialmente importante, ya que gran parte del manejo se integra en las actividades cotidianas del lactante mediante cambios de posición, oportunidades de movimiento y programas domiciliarios¹˒⁵.

El momento de inicio de la intervención constituye un factor relevante para el pronóstico. La evidencia disponible indica que el inicio temprano de la fisioterapia se relaciona con episodios de atención más breves y mejores resultados, mientras que una mayor edad al comienzo del tratamiento, una mayor limitación inicial de la movilidad cervical y determinadas características clínicas pueden asociarse con tratamientos más prolongados¹˒⁶.

A pesar del papel establecido de la fisioterapia en el tratamiento conservador de la TMC, existe variabilidad en las características de las intervenciones utilizadas, su dosificación, frecuencia y duración. Asimismo, determinadas técnicas complementarias presentan un respaldo científico menor que los componentes considerados de primera elección, por lo que resulta necesario interpretar la evidencia disponible atendiendo tanto a los beneficios potenciales como a sus limitaciones¹˒⁷.

Desde una perspectiva clínica, el fisioterapeuta pediátrico desempeña un papel relevante en la detección de alteraciones funcionales, la valoración de la movilidad y simetría, la planificación del tratamiento y la educación de los cuidadores. La intervención debe individualizarse de acuerdo con la edad del lactante, la gravedad de la afectación, las posibles alteraciones asociadas y la respuesta al tratamiento, favoreciendo la participación activa del niño en actividades apropiadas para su desarrollo¹.

OBJETIVO

Por ello, el objetivo del presente trabajo es realizar una revisión narrativa de la literatura científica sobre las principales intervenciones fisioterapéuticas empleadas en el abordaje conservador de la tortícolis muscular congénita del lactante, analizando su aplicación sobre la movilidad cervical, la simetría postural y el desarrollo motor, así como la importancia de la intervención precoz y de la participación de los padres y cuidadores.

METODOLOGÍA

Diseño del estudio:

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica con el objetivo de analizar las principales intervenciones fisioterapéuticas empleadas en el abordaje conservador de la tortícolis muscular congénita (TMC) durante la lactancia.

La revisión se orientó a identificar y sintetizar la información disponible sobre la valoración fisioterapéutica, las estrategias terapéuticas conservadoras, la intervención precoz, la educación de los cuidadores y los principales resultados funcionales relacionados con la movilidad cervical, la simetría postural y el desarrollo motor.

Estrategia de búsqueda bibliográfica:

Se realizó una búsqueda bibliográfica en las bases de datos PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science y Cochrane Library. De forma complementaria, se consultaron las referencias bibliográficas de publicaciones relevantes con el objetivo de localizar otros trabajos de interés relacionados con el abordaje fisioterapéutico de la TMC.

La búsqueda se centró principalmente en publicaciones en español e inglés comprendidas entre enero de 2000 y marzo de 2026. Se utilizaron términos relacionados con la patología, la población y las principales intervenciones fisioterapéuticas, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR.

Entre los términos empleados se incluyeron: “congenital muscular torticollis”, “infant”, “physical therapy”, “physiotherapy”, “rehabilitation”, “stretching”, “range of motion”, “therapeutic exercise”, “postural asymmetry”, “manual therapy”, “motor development”, “parent education” y “plagiocephaly”.

Se prestó especial atención a guías de práctica clínica, revisiones sistemáticas y estudios clínicos que aportaran información relevante sobre la valoración, tratamiento conservador, evolución y seguimiento de los lactantes con TMC.

Selección de la literatura

Para la elaboración de la revisión se consideraron publicaciones centradas en lactantes con diagnóstico de TMC y trabajos que abordaran intervenciones fisioterapéuticas o estrategias conservadoras relacionadas con la movilidad cervical, el ejercicio terapéutico, el control postural, el posicionamiento, la promoción de movimientos simétricos y la educación de los padres o cuidadores.

Asimismo, se tuvieron en cuenta publicaciones que analizaran aspectos relacionados con la valoración fisioterapéutica, la edad de inicio del tratamiento, la duración de la intervención, el desarrollo motor y la presencia de asimetrías craneales o posturales asociadas.

Se excluyeron los trabajos centrados exclusivamente en modelos animales, tratamiento farmacológico o procedimientos quirúrgicos sin relación con el manejo fisioterapéutico conservador, así como aquellas publicaciones que no aportaran información relevante para el objetivo de la revisión.

Análisis y síntesis de la información:

La información obtenida se organizó de acuerdo con los principales componentes del abordaje fisioterapéutico de la TMC. Se analizaron aspectos relacionados con la valoración funcional, la intervención precoz, la movilidad cervical, los estiramientos, el ejercicio terapéutico y control postural, el posicionamiento, las adaptaciones ambientales, las intervenciones complementarias y la educación de los padres y cuidadores.

Los hallazgos fueron integrados mediante una síntesis narrativa, comparando las principales recomendaciones y resultados descritos en la literatura y prestando especial atención a su aplicabilidad dentro de la práctica fisioterapéutica pediátrica.

DESARROLLO

Valoración fisioterapéutica de la tortícolis muscular congénita:

La valoración fisioterapéutica constituye un elemento fundamental para establecer las características clínicas de la tortícolis muscular congénita (TMC), determinar su gravedad y orientar la planificación del tratamiento. Las recomendaciones actuales destacan la necesidad de realizar una evaluación global del lactante que no se limite exclusivamente a la movilidad cervical, sino que contemple también la postura, la simetría corporal, el desarrollo motor y la presencia de posibles alteraciones asociadas¹.

La exploración debe incluir la observación de la posición espontánea de la cabeza y el cuello, así como la medición de la movilidad cervical activa y pasiva, especialmente de la rotación y la flexión lateral. También resulta relevante valorar las características del músculo esternocleidomastoideo, la presencia de inclinación cefálica persistente y las posibles asimetrías de la cara, el cráneo, el tronco y las extremidades¹˒².

La presencia de plagiocefalia posicional debe considerarse durante la evaluación, debido a su frecuente asociación con la TMC. Asimismo, la valoración del desarrollo motor permite identificar posibles diferencias en la adquisición de habilidades y patrones de movimiento asimétricos que puedan requerir una intervención específica¹˒⁴.

La información aportada por los padres y cuidadores resulta igualmente relevante. Aspectos como la posición habitual durante el sueño y la vigilia, las preferencias de orientación cefálica, el tiempo en prono, la alimentación, el transporte y las oportunidades de movimiento permiten conocer factores ambientales que pueden influir sobre la evolución del lactante¹.

Importancia de la intervención precoz:

El inicio precoz del tratamiento constituye uno de los aspectos más relevantes en el manejo fisioterapéutico de la TMC. La evidencia disponible indica que los lactantes que comienzan fisioterapia durante los primeros meses de vida presentan generalmente una evolución más favorable y requieren periodos de intervención más cortos que aquellos en los que el tratamiento se inicia de forma tardía¹˒⁶,8.

La edad de inicio no es el único factor relacionado con la duración del tratamiento. La gravedad inicial de la limitación cervical, la presencia de una masa en el esternocleidomastoideo, el grado de inclinación cefálica, las asimetrías asociadas y la adherencia al programa domiciliario pueden influir igualmente sobre la evolución clínica¹.

La identificación precoz permite intervenir durante una etapa en la que comienzan a desarrollarse patrones de movimiento y control postural, favoreciendo experiencias motoras más simétricas y reduciendo la persistencia de posiciones preferenciales. Por ello, las recomendaciones clínicas actuales destacan la importancia de la derivación temprana a fisioterapia cuando se detectan signos compatibles con TMC¹.

Movilidad cervical y estiramientos:

La recuperación de la movilidad cervical constituye uno de los principales objetivos del tratamiento cuando existe una limitación del rango de movimiento. Los estiramientos y las movilizaciones dirigidas a mejorar la rotación y la flexión lateral cervical han formado tradicionalmente parte del tratamiento conservador de la TMC¹˒⁵.

Los ejercicios deben individualizarse según la dirección y magnitud de la restricción, la edad del lactante y su tolerancia. La guía de práctica clínica de 2024 incluye la mejora de la movilidad pasiva cervical, cuando se encuentra limitada, entre los componentes de primera elección del tratamiento fisioterapéutico¹.

La dosificación de los estiramientos constituye un aspecto de interés clínico. Un ensayo clínico realizado en lactantes con TMC comparó diferentes frecuencias de estiramiento domiciliario y observó mejorías en ambos grupos, con resultados más favorables en determinadas variables cuando se utilizó una mayor frecuencia de ejercicios⁷. Estos resultados sugieren que la dosificación puede influir sobre la evolución, aunque debe adaptarse a la tolerancia del lactante y a las características individuales.

Asimismo, otro ensayo clínico comparó los estiramientos realizados por un fisioterapeuta con los efectuados por los padres tras recibir instrucciones. Ambos grupos presentaron mejoría, aunque los lactantes tratados por el fisioterapeuta alcanzaron antes determinados criterios relacionados con la movilidad y la simetría⁵. Estos hallazgos refuerzan la importancia tanto de la intervención especializada como de una adecuada formación de los cuidadores.

Movimiento activo, fortalecimiento y control postural:

El tratamiento de la TMC no debe limitarse a las técnicas pasivas. La promoción del movimiento activo del cuello y el tronco constituye otro de los componentes de primera elección recomendados en el manejo fisioterapéutico¹.

Las actividades terapéuticas pueden orientarse a estimular la rotación activa hacia el lado menos utilizado, favorecer el enderezamiento cefálico y promover un control postural progresivamente más simétrico. Para ello pueden emplearse estímulos visuales, auditivos y táctiles que motiven al lactante a orientar activamente la cabeza hacia diferentes direcciones¹˒³.

El fortalecimiento debe entenderse dentro del contexto del desarrollo motor del lactante y no como un entrenamiento muscular aislado. Las actividades en prono, el control cefálico, los cambios de posición y las oportunidades de movimiento activo permiten trabajar de forma funcional la musculatura cervical y del tronco mientras se favorece la adquisición de habilidades motoras apropiadas para la edad¹.

La promoción de movimientos simétricos constituye igualmente un componente fundamental. La persistencia de una preferencia postural puede favorecer que el lactante utilice de manera desigual ambos lados del cuerpo, por lo que las actividades terapéuticas deben proporcionar oportunidades para explorar y moverse en ambas direcciones¹˒⁴.

Posicionamiento terapéutico y adaptaciones ambientales:

Las modificaciones del entorno constituyen una parte importante del tratamiento fisioterapéutico y permiten incorporar los objetivos terapéuticos a las actividades cotidianas del lactante. La posición de juguetes, estímulos visuales, fuentes de luz o la propia ubicación de los cuidadores puede utilizarse para favorecer la rotación activa hacia el lado menos utilizado¹.

El posicionamiento durante los periodos de vigilia puede emplearse también para reducir la permanencia prolongada en posiciones preferenciales y favorecer una distribución más simétrica de las cargas. El tiempo supervisado en decúbito prono o “tummy time” proporciona oportunidades para desarrollar el control cefálico, fortalecer la musculatura cervical y del tronco y favorecer experiencias motoras variadas¹˒⁴.

Estas estrategias adquieren especial interés cuando existe plagiocefalia posicional asociada. La reducción del tiempo de presión mantenida sobre una misma región craneal y la promoción de posiciones variadas durante la vigilia pueden contribuir al manejo conservador de las asimetrías craneales, siempre respetando las recomendaciones de sueño seguro¹˒⁴.

Las adaptaciones ambientales deben plantearse de manera sencilla para que puedan incorporarse a las rutinas familiares. El objetivo no consiste únicamente en realizar ejercicios durante determinados momentos del día, sino en proporcionar al lactante oportunidades frecuentes de movimiento activo y simétrico durante sus actividades habituales¹.

Desarrollo motor y simetría:

La TMC puede asociarse a diferencias en el desarrollo motor y a patrones de movimiento asimétricos, especialmente cuando la limitación cervical o la preferencia postural persisten en el tiempo. Por este motivo, la valoración y seguimiento del desarrollo motor forman parte del abordaje fisioterapéutico global¹˒⁴,9.

El tratamiento debe favorecer experiencias motoras simétricas y apropiadas para la edad, incluyendo actividades relacionadas con el control cefálico, el apoyo en prono, los cambios de posición y posteriormente otras habilidades que vayan apareciendo durante el desarrollo. La finalidad no consiste únicamente en normalizar el rango cervical, sino en favorecer que el lactante utilice de manera funcional la movilidad recuperada durante la exploración y el movimiento¹.

La evolución del desarrollo motor debe interpretarse de forma individualizada. La presencia de diferencias o retrasos no implica necesariamente una alteración permanente, pero sí puede justificar un seguimiento más estrecho y la adaptación de las actividades terapéuticas a las necesidades del lactante¹˒⁴.

Educación de padres y cuidadores y programa domiciliario:

La educación de los padres y cuidadores constituye uno de los componentes fundamentales del tratamiento fisioterapéutico de la TMC y forma parte de las intervenciones de primera elección recomendadas actualmente¹.

El fisioterapeuta debe proporcionar información comprensible sobre la alteración, los objetivos del tratamiento y las estrategias que pueden incorporarse al entorno domiciliario. Estas pueden incluir ejercicios de movilidad cuando estén indicados, posicionamiento durante la vigilia, promoción del movimiento activo, modificaciones ambientales y oportunidades de juego y actividad motora simétrica¹˒⁵.

La correcta enseñanza de las actividades domiciliarias resulta especialmente importante. Los cuidadores deben conocer cómo realizarlas de forma adecuada y adaptarlas a las rutinas del lactante, evitando que el tratamiento se convierta exclusivamente en una sucesión de ejercicios aislados.

La participación familiar permite aumentar las oportunidades terapéuticas fuera de las sesiones presenciales y facilita la integración del tratamiento en actividades como el juego, el transporte, la alimentación y los cambios de posición. No obstante, el programa debe individualizarse y revisarse periódicamente por el fisioterapeuta de acuerdo con la evolución clínica¹.

Intervenciones complementarias:

Además de los componentes considerados de primera elección, se han estudiado otras intervenciones como determinadas técnicas de terapia manual, kinesiotaping y modalidades físicas. Sin embargo, el respaldo científico de estas estrategias es más limitado y heterogéneo que el existente para las intervenciones básicas del tratamiento fisioterapéutico¹˒⁷.

Estas modalidades no deberían sustituir a los componentes fundamentales del tratamiento. Su utilización, cuando se considere apropiada, debe integrarse dentro de un programa individualizado y estar justificada por las características y evolución del lactante¹.

En los casos en los que la evolución no sea la esperada pese a una adecuada adherencia al tratamiento, resulta necesario reconsiderar la valoración, descartar otras posibles causas de la postura asimétrica y valorar conjuntamente con otros profesionales la necesidad de estrategias adicionales¹.

Seguimiento y criterios de finalización:

El seguimiento fisioterapéutico permite valorar la evolución de la movilidad cervical, la simetría postural y el desarrollo motor, así como modificar progresivamente el programa de intervención de acuerdo con las necesidades del lactante¹.

La finalización del tratamiento no debe basarse exclusivamente en la mejoría del rango articular. Las recomendaciones clínicas consideran diferentes aspectos, como la movilidad cervical pasiva y activa, la ausencia de inclinación cefálica visible, la simetría de los patrones de movimiento, el desarrollo motor apropiado para la edad y la capacidad de los cuidadores para reconocer posibles signos de recurrencia¹.

Tras la finalización del tratamiento puede resultar conveniente realizar una reevaluación posterior, especialmente durante periodos en los que se produzcan cambios importantes en el desarrollo motor, con el objetivo de comprobar que se mantiene la simetría y que no reaparecen alteraciones funcionales¹.

DISCUSIÓN

La literatura disponible respalda la fisioterapia como un componente fundamental del tratamiento conservador de la tortícolis muscular congénita (TMC). Sin embargo, el abordaje actual no debe entenderse como la aplicación aislada de estiramientos cervicales, sino como una intervención multimodal dirigida a mejorar la movilidad activa y pasiva, favorecer patrones de movimiento simétricos, adaptar el entorno del lactante e implicar activamente a los padres y cuidadores¹.

Uno de los aspectos con mayor relevancia clínica es el inicio precoz de la intervención. Las recomendaciones actuales señalan que una menor edad al comienzo del tratamiento se relaciona generalmente con una menor duración de la atención y una evolución más favorable, mientras que los lactantes que presentan una mayor limitación inicial de la movilidad, mayor inclinación cefálica o comienzan el tratamiento más tarde pueden requerir intervenciones más prolongadas¹˒⁶,10. Estos datos refuerzan la importancia de la identificación temprana de las asimetrías y de una derivación adecuada a fisioterapia.

La recuperación de la movilidad cervical continúa siendo uno de los principales objetivos terapéuticos cuando existe una restricción del rango articular. Los estiramientos constituyen una estrategia ampliamente utilizada, aunque su dosificación óptima continúa siendo objeto de estudio. Un ensayo clínico que comparó dos frecuencias de estiramientos domiciliarios encontró mejorías en ambos grupos, con resultados más favorables en algunas variables en el grupo que realizó una mayor frecuencia de ejercicios⁷. Estos hallazgos sugieren una posible relación entre la dosificación y la respuesta terapéutica, aunque la tolerancia del lactante y las características individuales deben considerarse al establecer el programa.

También resulta relevante quién realiza y supervisa estas intervenciones. Öhman et al. compararon un programa de estiramientos realizado por fisioterapeutas con otro desarrollado por los padres después de recibir instrucciones. Ambos grupos mostraron evolución favorable, aunque los lactantes tratados por el fisioterapeuta alcanzaron antes determinados criterios relacionados con la movilidad y la simetría⁵. Este resultado no disminuye la importancia del programa domiciliario, sino que pone de manifiesto la necesidad de una adecuada valoración, enseñanza de las técnicas y seguimiento por parte del fisioterapeuta.

No obstante, el tratamiento de la TMC no debe centrarse exclusivamente en recuperar el rango articular. Las recomendaciones actuales consideran también componentes de primera elección la promoción de la movilidad activa del cuello y el tronco, el desarrollo de movimientos simétricos, las adaptaciones ambientales y la educación de los cuidadores¹. Esta concepción resulta especialmente relevante durante la lactancia, ya que la movilidad cervical debe integrarse funcionalmente en las actividades y experiencias motoras propias del desarrollo.

La asociación entre TMC y plagiocefalia posicional refuerza asimismo la necesidad de un abordaje global. Las preferencias mantenidas de orientación cefálica pueden favorecer distribuciones asimétricas de la presión sobre el cráneo, mientras que la presencia de una deformidad craneal puede contribuir al mantenimiento de determinados patrones posturales¹˒⁴. En este contexto, el posicionamiento durante la vigilia, el tiempo supervisado en prono y las modificaciones ambientales pueden integrarse dentro del programa terapéutico, respetando siempre las recomendaciones de sueño seguro.

La participación de los padres y cuidadores constituye otro elemento esencial. La mayor parte del tiempo del lactante transcurre fuera de las sesiones de fisioterapia, por lo que las oportunidades de movimiento, posicionamiento y estimulación proporcionadas en el entorno cotidiano adquieren especial importancia¹. El fisioterapeuta debe enseñar estrategias que puedan incorporarse de forma realista a las rutinas familiares y comprobar periódicamente su correcta realización y adaptación a la evolución del niño.

Por otra parte, no todas las intervenciones utilizadas en fisioterapia presentan el mismo grado de respaldo científico. Mientras que la movilidad cervical, el movimiento activo, el entrenamiento de la simetría, las adaptaciones ambientales y la educación de los cuidadores constituyen componentes fundamentales del tratamiento, otras estrategias complementarias presentan evidencia más limitada o heterogénea¹. Por ello, su incorporación debería individualizarse y no desplazar los componentes de primera elección.

La heterogeneidad de los protocolos continúa siendo una de las principales dificultades para comparar las intervenciones. Existen diferencias en la edad de inicio, gravedad de la TMC, frecuencia y duración del tratamiento, dosificación de los ejercicios, participación familiar y variables utilizadas para determinar la recuperación¹˒⁷. Esta variabilidad dificulta establecer una pauta terapéutica única aplicable a todos los lactantes y refuerza la necesidad de individualizar la intervención.

Además, parte de la literatura disponible procede de estudios con muestras relativamente pequeñas, y algunas intervenciones específicas cuentan con un número limitado de ensayos clínicos. En consecuencia, aunque el papel general de la fisioterapia conservadora se encuentra bien establecido, existe menor certeza respecto a cuestiones como la dosificación óptima de determinados ejercicios o la utilidad adicional de algunas técnicas complementarias¹˒⁵˒⁷.

Desde el punto de vista clínico, los resultados disponibles apoyan un modelo de intervención en el que el fisioterapeuta no se limita al tratamiento de la musculatura cervical. La valoración del desarrollo motor, la simetría global, las características del entorno y la participación familiar permite establecer objetivos funcionales y adaptar progresivamente el tratamiento a las necesidades del lactante¹.

Al tratarse de una revisión narrativa, el presente trabajo presenta las limitaciones inherentes a este tipo de diseño. La búsqueda y selección de la literatura no siguen el mismo procedimiento exhaustivo y reproducible de una revisión sistemática y no se realizó una evaluación formal del riesgo de sesgo de cada estudio. Por ello, las conclusiones deben interpretarse como una síntesis clínica de la evidencia disponible y no como una estimación cuantitativa de la eficacia de las diferentes intervenciones.

En conjunto, la literatura analizada apoya la utilización de un abordaje fisioterapéutico precoz, individualizado y multimodal, dirigido tanto al lactante como a sus cuidadores. La recuperación de la movilidad cervical debe acompañarse de estrategias destinadas a favorecer el movimiento activo, la simetría postural y el desarrollo motor, mientras que la educación familiar permite trasladar los objetivos terapéuticos al entorno cotidiano¹.

Finalmente, son necesarios estudios de mayor calidad metodológica que permitan definir con mayor precisión la dosificación óptima de las intervenciones, comparar diferentes estrategias terapéuticas y conocer mejor sus resultados a medio y largo plazo.

CONCLUSIONES

La tortícolis muscular congénita constituye una alteración musculoesquelética frecuente durante los primeros meses de vida que puede asociarse a limitación de la movilidad cervical, asimetrías posturales, deformidades craneales y alteraciones en el desarrollo motor cuando persiste en el tiempo¹˒⁴.

La literatura disponible respalda la fisioterapia como un componente fundamental del tratamiento conservador. El abordaje debe ser individualizado y multimodal, combinando estrategias dirigidas a mejorar la movilidad cervical activa y pasiva, favorecer patrones de movimiento simétricos, promover el control postural y adaptar el entorno del lactante¹.

La intervención precoz constituye uno de los principales factores relacionados con una evolución favorable y una menor duración del tratamiento. Por ello, la identificación temprana de las asimetrías y la derivación a fisioterapia resultan especialmente relevantes durante los primeros meses de vida¹˒⁶.

La participación de los padres y cuidadores constituye asimismo un componente esencial del proceso terapéutico. La educación familiar y la incorporación de actividades y ejercicios domiciliarios permiten integrar los objetivos de la fisioterapia en las rutinas cotidianas y favorecer la continuidad de la intervención¹˒⁵.

Aunque las estrategias fundamentales del tratamiento conservador presentan un respaldo clínico consistente, persisten diferencias en la dosificación de los ejercicios y en la utilización de determinadas intervenciones complementarias. Por ello, el tratamiento debe adaptarse a las características clínicas y funcionales de cada lactante y modificarse según su evolución.

En conjunto, la evidencia disponible apoya un abordaje fisioterapéutico precoz, individualizado, multimodal y centrado tanto en el lactante como en su entorno familiar. Son necesarios nuevos estudios que permitan establecer con mayor precisión la dosificación óptima de las diferentes intervenciones y conocer sus resultados a medio y largo plazo.

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