AUTOR
- Sabela Meilán Vila. (Fisioterapeuta). Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA). Lugo. España. ORCID: 0009-0006-9533-2500
RESUMEN
El estreñimiento funcional constituye uno de los trastornos gastrointestinales más frecuentes durante la infancia y puede afectar significativamente al bienestar físico, emocional y social del niño. Se caracteriza por alteraciones en la frecuencia y consistencia de las deposiciones, retención fecal, defecación dolorosa y, en algunos casos, incontinencia fecal. Aunque su abordaje convencional se basa principalmente en medidas educativas, dietéticas y farmacológicas, en los últimos años ha aumentado el interés por diferentes intervenciones fisioterapéuticas dirigidas a mejorar la función abdominopélvica y facilitar el proceso de defecación.
Objetivo: Analizar el papel de la fisioterapia en el abordaje conservador del estreñimiento funcional infantil, prestando especial atención a las intervenciones dirigidas al suelo pélvico, la coordinación abdominoperineal, el ejercicio terapéutico, el masaje abdominal y la educación en hábitos defecatorios.
Desarrollo: El estreñimiento funcional infantil presenta una etiología multifactorial en la que pueden intervenir factores conductuales, dietéticos, emocionales y funcionales. La retención voluntaria de las heces y la defecación dolorosa pueden favorecer la aparición de un círculo de retención y empeoramiento progresivo de los síntomas. Dentro de un abordaje multidisciplinar, la fisioterapia puede incorporar estrategias orientadas a mejorar la conciencia corporal, la coordinación de la musculatura abdominal y del suelo pélvico, la postura durante la defecación y la actividad física. Asimismo, determinadas intervenciones como el ejercicio terapéutico, el masaje abdominal y diferentes modalidades de fisioterapia del suelo pélvico han mostrado resultados favorables en algunos estudios, aunque existe heterogeneidad entre los protocolos terapéuticos y la calidad de la evidencia disponible.
Conclusión: La fisioterapia puede constituir una herramienta complementaria dentro del abordaje multidisciplinar del estreñimiento funcional infantil. Las intervenciones dirigidas a optimizar la coordinación abdominopélvica, favorecer hábitos defecatorios adecuados y promover la actividad física pueden contribuir a mejorar determinados síntomas y la calidad de vida. No obstante, son necesarios estudios de mayor calidad metodológica y protocolos más homogéneos que permitan establecer recomendaciones fisioterapéuticas específicas.
PALABRAS CLAVE
Estreñimiento funcional, fisioterapia pediátrica, suelo pélvico, ejercicio terapéutico, defecación, infancia.
ABSTRACT
Functional constipation is one of the most common gastrointestinal disorders during childhood and may significantly affect children’s physical, emotional and social well-being. It is characterised by alterations in stool frequency and consistency, faecal retention, painful defecation and, in some cases, faecal incontinence. Although conventional management is mainly based on educational, dietary and pharmacological measures, interest in physiotherapeutic interventions aimed at improving abdominopelvic function and facilitating defecation has increased in recent years.
Objective: To analyse the role of physiotherapy in the conservative management of childhood functional constipation, with particular attention to interventions targeting the pelvic floor, abdominopelvic coordination, therapeutic exercise, abdominal massage and education regarding appropriate toileting habits.
Development: Childhood functional constipation has a multifactorial aetiology involving behavioural, dietary, emotional and functional factors. Voluntary stool retention and painful defecation may contribute to a cycle of withholding and progressive worsening of symptoms. Within a multidisciplinary approach, physiotherapy may incorporate strategies aimed at improving body awareness, coordination of the abdominal and pelvic floor muscles, toileting posture and physical activity. Therapeutic exercise, abdominal massage and different pelvic floor physiotherapy modalities have shown favourable outcomes in some studies, although considerable heterogeneity remains regarding therapeutic protocols and the quality of available evidence.
Conclusion: Physiotherapy may constitute a complementary intervention within the multidisciplinary management of childhood functional constipation. Interventions aimed at optimising abdominopelvic coordination, promoting appropriate toileting habits and encouraging physical activity may contribute to improving certain symptoms and quality of life. Nevertheless, higher-quality studies and more standardised treatment protocols are required to establish specific physiotherapy recommendations.
KEY WORDS
Functional constipation, pediatric physiotherapy, pelvic floor, therapeutic exercise, defecation, childhood.
DESARROLLO DEL TEMA
El estreñimiento funcional constituye uno de los trastornos gastrointestinales más frecuentes durante la infancia y representa un motivo habitual de consulta en atención pediátrica. Se caracteriza por una alteración persistente del ritmo defecatorio que puede manifestarse mediante deposiciones infrecuentes, heces duras o de gran tamaño, defecación dolorosa, conductas de retención y, en niños que ya han adquirido el control de esfínteres, episodios de incontinencia fecal¹˒².
En la mayoría de los niños con estreñimiento no se identifica una enfermedad orgánica responsable de los síntomas, por lo que el cuadro se clasifica como estreñimiento funcional. Su diagnóstico es fundamentalmente clínico y puede establecerse mediante los criterios de Roma IV, que tienen en cuenta aspectos como la frecuencia defecatoria, la retención voluntaria de heces, la presencia de deposiciones dolorosas o duras, la existencia de una masa fecal rectal y el antecedente de heces de gran diámetro². Los criterios de Roma IV permiten realizar un diagnóstico basado en los síntomas tras una evaluación médica apropiada, sin que sea necesaria la exclusión exhaustiva de enfermedad orgánica en todos los pacientes.
El desarrollo del estreñimiento funcional presenta un carácter multifactorial. Uno de los mecanismos más característicos durante la infancia es la aparición de conductas voluntarias de retención, frecuentemente iniciadas después de una experiencia de defecación dolorosa. El niño evita la evacuación, aumentando progresivamente la acumulación fecal y favoreciendo la formación de heces de mayor tamaño y consistencia, lo que puede incrementar nuevamente el dolor durante la defecación y perpetuar el problema¹˒³.
Este círculo de dolor, miedo y retención puede producir alteraciones progresivas en el patrón defecatorio y repercutir sobre el bienestar del niño. Además de los síntomas intestinales, el estreñimiento funcional puede acompañarse de dolor abdominal, distensión, disminución del apetito e incontinencia fecal, así como generar preocupación y dificultades en el entorno familiar¹˒³.
La defecación constituye un proceso fisiológico complejo que requiere la adecuada interacción entre la motilidad intestinal, la presión intraabdominal y la musculatura del suelo pélvico. Para conseguir una evacuación eficaz es necesaria una coordinación adecuada entre el incremento de la presión abdominal y la relajación de las estructuras implicadas en la salida de las heces. Las alteraciones de estos mecanismos pueden dificultar la evacuación y contribuir al mantenimiento de los síntomas en determinados pacientes⁴.
El tratamiento convencional del estreñimiento funcional infantil incluye habitualmente educación sanitaria, adquisición de hábitos defecatorios adecuados, recomendaciones nutricionales y tratamiento farmacológico cuando está indicado¹˒³. El entrenamiento para utilizar regularmente el inodoro y la adquisición de una postura apropiada durante la defecación constituyen también elementos relevantes dentro del manejo conservador.
En los últimos años ha aumentado el interés por el posible papel de diferentes intervenciones no farmacológicas como complemento del tratamiento convencional. Entre ellas se encuentran las intervenciones fisioterapéuticas dirigidas al suelo pélvico, el ejercicio terapéutico, determinadas técnicas de terapia manual, el masaje abdominal y los programas multimodales orientados a mejorar la función defecatoria⁵. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 identificó 13 ensayos clínicos aleatorizados con 997 niños y encontró resultados favorables para varias modalidades de fisioterapia, aunque los resultados no fueron uniformes para todas las técnicas⁵.
La fisioterapia del suelo pélvico puede incluir estrategias destinadas a mejorar la conciencia corporal y el reconocimiento de la musculatura implicada en la defecación, así como el aprendizaje de una adecuada coordinación entre la musculatura abdominal y perineal. Estas intervenciones pueden complementarse con ejercicios respiratorios, actividad física, educación postural y entrenamiento de hábitos relacionados con la evacuación⁶.
Sin embargo, la evidencia disponible no permite recomendar de forma indiscriminada la fisioterapia para todos los niños con estreñimiento funcional. Un ensayo pragmático realizado en atención primaria no encontró una mejora significativa del éxito terapéutico al añadir fisioterapia al tratamiento convencional, aunque los padres comunicaron una mayor mejoría global de los síntomas⁷. Por otra parte, revisiones más recientes señalan resultados prometedores para determinadas intervenciones fisioterapéuticas, pero destacan la heterogeneidad existente entre protocolos, duración de los tratamientos y herramientas de evaluación⁵˒⁸.
Desde una perspectiva fisioterapéutica, resulta por tanto relevante identificar aquellos componentes funcionales susceptibles de intervención y comprender que la fisioterapia debe integrarse dentro de un abordaje multidisciplinar, complementando y no sustituyendo el tratamiento pediátrico convencional⁵˒⁸.
Por ello, el objetivo del presente artículo monográfico es analizar el papel de la fisioterapia en el abordaje conservador del estreñimiento funcional infantil, con especial atención a la función del suelo pélvico y la coordinación abdominoperineal, el ejercicio terapéutico, el masaje abdominal, la reeducación de los hábitos defecatorios y la educación sanitaria dirigida al niño y su familia.
Fisiología de la defecación y función abdominopélvica:
La defecación constituye un proceso fisiológico complejo en el que participan de forma coordinada el colon, el recto, el canal anal, el sistema nervioso autónomo y somático y la musculatura del suelo pélvico. Para que la evacuación se produzca de manera adecuada es necesaria una correcta coordinación entre la actividad intestinal, el aumento de la presión intraabdominal y la relajación de las estructuras implicadas en la continencia y la evacuación⁴.
A medida que el contenido intestinal avanza hacia el colon distal, las heces alcanzan el recto y producen una distensión progresiva de sus paredes. Esta distensión genera la sensación de necesidad de defecar y desencadena mecanismos reflejos destinados a facilitar la evacuación. Sin embargo, la defecación no depende exclusivamente de mecanismos involuntarios, ya que el control progresivo de los esfínteres permite al niño posponer o facilitar voluntariamente la evacuación en función del contexto⁴.
Durante una defecación fisiológica se produce un incremento de la presión intraabdominal acompañado de una relajación coordinada de la musculatura del suelo pélvico y del esfínter anal externo. Esta coordinación permite disminuir la resistencia a la salida de las heces y favorecer su expulsión. La musculatura abdominal participa activamente en este proceso, contribuyendo al aumento de la presión intraabdominal necesaria para favorecer la propulsión del contenido rectal. Por este motivo, la interacción funcional entre musculatura abdominal, diafragma y suelo pélvico adquiere especial relevancia durante la evacuación⁴˒⁶.
La postura adoptada durante la defecación puede influir igualmente sobre la mecánica evacuatoria. Una posición estable, con apoyo adecuado de los pies y posibilidad de adoptar una ligera flexión de caderas, permite al niño realizar el esfuerzo defecatorio en mejores condiciones y evita la inestabilidad que puede producirse cuando los pies quedan suspendidos durante el uso del inodoro. El entrenamiento de hábitos relacionados con el uso regular del baño forma parte del manejo conservador del estreñimiento funcional infantil¹˒³.
Desde la perspectiva fisioterapéutica, comprender estos mecanismos resulta especialmente relevante para identificar posibles alteraciones funcionales relacionadas con la coordinación abdominopélvica y los hábitos defecatorios. La intervención no debe dirigirse únicamente a aumentar la frecuencia de las deposiciones, sino también a favorecer unas condiciones funcionales adecuadas para la evacuación y reducir aquellos patrones que puedan contribuir al mantenimiento de los síntomas⁵˒⁶.
Estreñimiento funcional infantil: características clínicas y factores asociados
El estreñimiento funcional constituye un trastorno frecuente durante la infancia caracterizado por dificultades persistentes relacionadas con la evacuación intestinal en ausencia de una causa orgánica que explique los síntomas. Su presentación clínica puede variar según la edad del niño y la duración del problema, pudiendo incluir disminución de la frecuencia de las deposiciones, heces duras o de gran tamaño, dolor durante la defecación, conductas de retención y episodios de incontinencia fecal¹˒².
Uno de los mecanismos más habituales implicados en su desarrollo es la retención voluntaria de las heces. Esta conducta puede aparecer después de una experiencia de defecación dolorosa, haciendo que el niño intente evitar nuevas deposiciones. Como consecuencia, las heces permanecen durante más tiempo en el colon, aumentando la absorción de agua y adquiriendo una consistencia progresivamente más dura, lo que puede dificultar todavía más su posterior expulsión¹˒³.
La repetición de este mecanismo puede generar un círculo de dolor y retención que contribuye a la cronificación del problema. Cuando la acumulación fecal se mantiene durante periodos prolongados, puede producirse distensión rectal y aparecer episodios de incontinencia fecal asociados a la retención, especialmente en niños con estreñimiento de mayor duración¹˒⁴.
El diagnóstico del estreñimiento funcional infantil es fundamentalmente clínico. Los criterios de Roma IV permiten establecer el diagnóstico atendiendo a diferentes manifestaciones relacionadas con la frecuencia defecatoria, la retención fecal, las deposiciones dolorosas o duras, la presencia de una gran masa fecal rectal y las heces de gran diámetro². La valoración clínica debe permitir además identificar signos de alarma que puedan hacer sospechar una causa orgánica y requieran una evaluación médica específica¹.
Los factores relacionados con el desarrollo y mantenimiento del estreñimiento funcional son diversos. Además de las experiencias de defecación dolorosa, pueden intervenir cambios en las rutinas diarias, dificultades durante el aprendizaje del control de esfínteres, rechazo a utilizar determinados baños, factores emocionales y conductuales y hábitos relacionados con la alimentación y la actividad física¹˒³.
La adquisición de hábitos defecatorios adecuados constituye, por tanto, uno de los componentes fundamentales del tratamiento. Las recomendaciones conjuntas de ESPGHAN y NASPGHAN publicadas en 2026 incluyen como buena práctica la explicación del problema, la educación y orientación para el entrenamiento en el uso del inodoro cuando sea apropiado para el desarrollo del niño. También recomiendan mantener una alimentación equilibrada, una ingesta de agua y fibra apropiada para la edad y niveles normales de actividad física⁹.
El estreñimiento funcional puede repercutir sobre diferentes dimensiones de la vida cotidiana del niño. El dolor abdominal, la defecación dolorosa, la incontinencia fecal y la preocupación asociada al uso del baño pueden interferir con las actividades escolares, recreativas y sociales. Por este motivo, el tratamiento debe contemplar no solamente la frecuencia de las deposiciones, sino también el impacto funcional y psicosocial que el trastorno puede generar³˒⁴.
El abordaje terapéutico es fundamentalmente multimodal. El tratamiento médico convencional continúa constituyendo la base del manejo del estreñimiento funcional, mientras que determinadas intervenciones fisioterapéuticas pueden plantearse como complemento en pacientes seleccionados. Las guías ESPGHAN/NASPGHAN de 2026 contemplan la fisioterapia del suelo pélvico como una intervención adyuvante, mediante una recomendación condicional sustentada en evidencia de baja certeza⁹.
Valoración fisioterapéutica del niño con estreñimiento funcional:
La valoración fisioterapéutica del niño con estreñimiento funcional debe integrarse dentro de un abordaje multidisciplinar y adaptarse a la edad, el nivel de desarrollo y las características clínicas de cada paciente. Su finalidad es identificar posibles factores funcionales relacionados con la mecánica defecatoria, la coordinación abdominopélvica, los hábitos posturales y la actividad física que puedan contribuir al mantenimiento de los síntomas⁵˒⁸˒⁹.
La anamnesis constituye un elemento fundamental de la valoración. Es importante recoger información sobre la frecuencia y características de las deposiciones, presencia de dolor durante la defecación, conductas de retención, episodios de incontinencia fecal y duración de los síntomas. Asimismo, resulta relevante conocer los hábitos relacionados con el uso del inodoro, la postura adoptada durante la evacuación, el nivel habitual de actividad física y la repercusión del problema sobre las actividades cotidianas del niño¹˒³.
La observación de las conductas de retención puede aportar información de interés. Algunos niños desarrollan estrategias destinadas a evitar la evacuación cuando anticipan una experiencia dolorosa, pudiendo adoptar determinadas posturas o realizar contracciones voluntarias para contener las heces. Su identificación permite orientar posteriormente la educación del niño y de sus cuidadores¹˒³.
Desde el punto de vista musculoesquelético y funcional, puede realizarse una valoración de la postura global, la movilidad y el control de la región abdominopélvica. También puede resultar de interés observar el patrón respiratorio y la capacidad del niño para coordinar la respiración con la activación y relajación de la musculatura abdominal y del suelo pélvico⁶.
La función del suelo pélvico adquiere especial importancia cuando existe sospecha de una alteración de la coordinación durante la defecación. La evaluación específica debe realizarse únicamente cuando esté clínicamente indicada, por profesionales con formación en fisioterapia pelviperineal pediátrica y respetando la edad, madurez y colaboración del niño. Las guías ESPGHAN/NASPGHAN de 2026 sugieren específicamente la derivación a un fisioterapeuta de suelo pélvico especializado en población infantil en niños con sospecha de defecación disinérgica y una edad de desarrollo de 6 años o superior⁹.
Cuando sea apropiado pueden utilizarse diferentes procedimientos para analizar la función muscular y la coordinación durante las maniobras de contracción y relajación. Los estudios sobre fisioterapia pelviperineal pediátrica han empleado, entre otras estrategias, valoración funcional de la musculatura del suelo pélvico y técnicas de biofeedback para proporcionar información al niño sobre su actividad muscular⁵˒⁸.
La participación de los padres o cuidadores resulta especialmente relevante en población pediátrica. La valoración debe considerar los hábitos cotidianos y posibles factores familiares que puedan influir en la adherencia, permitiendo establecer objetivos terapéuticos individualizados orientados a mejorar la coordinación abdominopélvica, favorecer una adecuada relajación durante la defecación, optimizar la postura en el inodoro y proporcionar al niño y su familia estrategias adaptadas a sus necesidades³˒⁸˒⁹.
Suelo pélvico y coordinación abdominoperineal:
En algunos niños con estreñimiento funcional pueden aparecer alteraciones en la coordinación entre el aumento de la presión intraabdominal y la relajación del suelo pélvico. La denominada defecación disinérgica se caracteriza por una contracción paradójica o una relajación insuficiente de la musculatura del suelo pélvico durante el intento defecatorio y/o por una generación inadecuada de presión intrarrectal. Esta alteración puede dificultar la evacuación y contribuir al mantenimiento de los síntomas⁴˒⁵.
Desde el ámbito de la fisioterapia, el tratamiento puede orientarse a mejorar la percepción y el control de la musculatura abdominopélvica, favoreciendo que el niño aprenda a diferenciar los mecanismos de contracción y relajación. El objetivo no consiste únicamente en fortalecer el suelo pélvico, sino principalmente en conseguir una utilización adecuada y coordinada de esta musculatura durante la defecación⁵˒⁸.
Los programas de fisioterapia pelviperineal pediátrica descritos en la literatura pueden combinar educación, entrenamiento de hábitos defecatorios, ejercicios respiratorios y de relajación, entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico y trabajo sobre los cambios de presión abdominal. En determinados programas se incorpora también biofeedback como herramienta para facilitar el aprendizaje y la conciencia de la actividad muscular⁵˒⁸.
La respiración y la postura pueden integrarse dentro de este entrenamiento funcional. El aprendizaje de un patrón respiratorio adecuado, la coordinación entre respiración, presión abdominal y relajación perineal y una posición estable durante la defecación pueden contribuir a facilitar el esfuerzo evacuatorio⁶˒⁹.
La evidencia disponible resulta prometedora, aunque no completamente uniforme. Un ensayo clínico multicéntrico realizado en niños de 5 a 16 años encontró mejores resultados con fisioterapia pelviperineal añadida al tratamiento médico estándar que con el tratamiento estándar aislado¹¹. Sin embargo, otro ensayo pragmático posterior realizado en atención primaria no encontró diferencias significativas en el criterio principal de éxito terapéutico al añadir fisioterapia al tratamiento convencional⁷.
En niños con defecación disinérgica objetivada mediante pruebas funcionales también se han comunicado resultados favorables. Un estudio retrospectivo encontró mejoría de los síntomas en el 76% de los niños que recibieron fisioterapia del suelo pélvico frente al 25% de aquellos que recibieron únicamente tratamiento médico¹⁰. Estos resultados deben interpretarse con prudencia debido al carácter observacional del estudio y a las características específicas de la población analizada.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 incluyó 13 ensayos clínicos aleatorizados con un total de 997 niños y encontró resultados favorables de diferentes modalidades fisioterapéuticas sobre la frecuencia defecatoria, la defecación dolorosa, la incontinencia fecal y la calidad de vida. No obstante, el biofeedback analizado de forma independiente no mostró diferencias significativas frente al grupo control⁵.
Otra revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026, que incluyó siete ensayos clínicos y 775 participantes, encontró resultados favorables especialmente sobre la defecación dolorosa, la consistencia fecal y la calidad de vida. Sin embargo, destacó una considerable heterogeneidad entre los tipos de intervención, intensidad y duración de los tratamientos, instrumentos de valoración y tratamientos concomitantes⁸.
En consecuencia, la fisioterapia del suelo pélvico debe plantearse como una intervención complementaria e individualizada, especialmente cuando existen alteraciones funcionales de la defecación, adaptándose a las características del niño, su edad y capacidad de colaboración⁵˒⁹.
Ejercicio terapéutico y actividad física:
La actividad física regular constituye un componente importante de un estilo de vida saludable durante la infancia. Las recomendaciones conjuntas de ESPGHAN y NASPGHAN de 2026 aconsejan mantener niveles normales de actividad física adaptados a la edad como parte del manejo del estreñimiento funcional infantil. Sin embargo, no existe evidencia suficiente para recomendar cantidades de ejercicio superiores a las habituales como tratamiento específico del estreñimiento⁹.
Desde la fisioterapia, el ejercicio terapéutico puede plantearse de manera individualizada y adaptada a la edad, capacidad funcional y grado de colaboración del niño. Los programas descritos en la literatura incluyen ejercicios relacionados con la musculatura abdominal, la respiración y la coordinación de la región abdominopélvica⁵˒⁶˒⁸.
Un aspecto relevante es la coordinación entre la musculatura abdominal y el suelo pélvico. Por ello, determinados ejercicios pueden orientarse no tanto al fortalecimiento muscular aislado como al aprendizaje de patrones de activación y relajación adecuados. Los ejercicios respiratorios pueden incorporarse para favorecer la conciencia corporal y mejorar la coordinación entre respiración, pared abdominal y suelo pélvico⁴˒⁶.
En población pediátrica, las actividades deben adaptarse a la edad y capacidad de colaboración del niño para favorecer la adherencia al programa terapéutico. La evidencia reciente muestra resultados favorables para intervenciones fisioterapéuticas que incluyen ejercicio terapéutico, aunque los protocolos son heterogéneos y con frecuencia forman parte de programas combinados, dificultando determinar el efecto independiente del ejercicio⁵˒⁸.
Por este motivo, el ejercicio terapéutico debe considerarse una estrategia integrada dentro de un programa más amplio que incluya educación, hábitos defecatorios adecuados y el tratamiento médico indicado⁵˒⁹.
Masaje abdominal y terapia manual:
El masaje abdominal constituye otra de las intervenciones conservadoras estudiadas en niños con estreñimiento funcional. Puede integrarse dentro de programas fisioterapéuticos junto con entrenamiento de la musculatura abdominal, ejercicios respiratorios, educación y otras estrategias conservadoras⁶˒⁸.
Desde el punto de vista fisioterapéutico, estas técnicas deben adaptarse a la edad del niño, su tolerancia y las características clínicas individuales. Los programas publicados han utilizado el masaje abdominal fundamentalmente como parte de intervenciones combinadas, por lo que resulta difícil establecer de forma independiente la magnitud de su efecto⁶˒⁸.
Las revisiones disponibles muestran resultados potencialmente favorables para el masaje abdominal y otras modalidades de terapia manual, aunque destacan limitaciones metodológicas y una considerable heterogeneidad entre las intervenciones estudiadas⁵˒⁸.
Por tanto, el masaje abdominal puede considerarse una herramienta complementaria dentro del abordaje fisioterapéutico, pero la evidencia disponible no permite presentarlo como un tratamiento aislado de eficacia establecida. Su utilización debe individualizarse y formar parte de un programa terapéutico más amplio cuando esté clínicamente indicado⁵˒⁸.
Reeducación de los hábitos defecatorios y postura en el inodoro:
La adquisición de hábitos defecatorios adecuados constituye uno de los componentes fundamentales del abordaje conservador del estreñimiento funcional infantil. La instauración de rutinas regulares puede favorecer una relación más positiva con la defecación y contribuir a disminuir las conductas de retención que frecuentemente perpetúan el problema¹˒³˒⁹.
En niños con una edad de desarrollo adecuada para el control de esfínteres, puede establecerse un programa de entrenamiento que incluya momentos programados para sentarse en el inodoro. Uno de los momentos habitualmente recomendados es después de las comidas, aprovechando el reflejo gastrocólico, lo que puede contribuir al establecimiento progresivo de una rutina defecatoria¹˒³.
La postura constituye otro aspecto relevante. El niño debe encontrarse en una posición estable y relajada, evitando que los pies queden suspendidos cuando el tamaño del inodoro no se adapta a su estatura. El apoyo mediante un pequeño escalón o reposapiés puede proporcionar una base estable durante el esfuerzo defecatorio³˒⁹.
Esta posición puede combinarse con el aprendizaje de una respiración adecuada y con la coordinación entre el aumento de la presión abdominal y la relajación del suelo pélvico⁶˒⁹.
El entrenamiento defecatorio debe plantearse de forma positiva y adaptada a la edad y desarrollo del niño. Deben evitarse situaciones de presión o castigo asociadas a la evacuación. Las estrategias de refuerzo positivo pueden utilizarse para favorecer la participación y adherencia a las rutinas establecidas¹˒³.
La utilización de calendarios o diarios puede resultar útil para registrar la frecuencia de las deposiciones, las características de las heces, la presencia de dolor o incontinencia y el cumplimiento de las rutinas, facilitando el seguimiento de la evolución¹˒³.
Desde la perspectiva fisioterapéutica, el entrenamiento postural y defecatorio puede integrarse con ejercicios respiratorios, técnicas de relajación y actividades destinadas a mejorar la conciencia de la musculatura abdominopélvica. Las guías ESPGHAN/NASPGHAN de 2026 incluyen estos componentes dentro de las intervenciones de fisioterapia pelviperineal pediátrica⁹.
Educación sanitaria y participación familiar:
La participación de los padres y cuidadores constituye un elemento fundamental en el tratamiento del estreñimiento funcional infantil. Debido a que gran parte de las intervenciones se desarrollan en el entorno cotidiano del niño, la comprensión del problema por parte de la familia puede favorecer la adherencia a las recomendaciones y la continuidad de las estrategias terapéuticas¹˒³.
Uno de los primeros objetivos de la educación sanitaria consiste en explicar de forma sencilla el mecanismo del estreñimiento. Comprender el círculo de defecación dolorosa–retención–acumulación fecal–nueva defecación dolorosa puede ayudar a los cuidadores a reconocer las conductas de retención y comprender los mecanismos que contribuyen al mantenimiento del problema¹˒⁹.
La educación debe adaptarse también al propio niño según su edad y nivel de comprensión. Explicaciones sencillas sobre el funcionamiento intestinal, la importancia de responder al deseo de defecar y la utilización adecuada del inodoro pueden favorecer su participación activa en el tratamiento³˒⁹.
Los cuidadores pueden colaborar estableciendo rutinas regulares, facilitando una postura estable durante la defecación y reforzando positivamente la participación del niño. El objetivo es favorecer un entorno tranquilo y evitar que el momento de la defecación se convierta en una situación de conflicto¹˒³.
Asimismo, la familia debe recibir recomendaciones generales sobre hábitos saludables. Las guías de 2026 aconsejan una alimentación equilibrada, con una ingesta de agua y fibra apropiada para la edad, junto con niveles normales de actividad física. No existe evidencia suficiente para recomendar un incremento de fibra, líquidos o actividad física por encima de las necesidades habituales como tratamiento específico del estreñimiento funcional⁹.
Desde fisioterapia, la educación familiar puede incluir orientaciones sobre postura durante la defecación, respiración, actividad física y realización de los ejercicios prescritos. Cuando se utilicen técnicas domiciliarias, los cuidadores deben recibir instrucciones adecuadas para garantizar una ejecución adaptada y segura⁶˒⁸.
El seguimiento resulta igualmente importante. El estreñimiento funcional puede requerir tratamientos prolongados y presentar periodos de mejoría y recaída. Por ello, mantener una comunicación adecuada entre la familia y los profesionales implicados permite adaptar las estrategias según la evolución y detectar aquellos casos que necesitan una valoración especializada¹˒³.
Papel del fisioterapeuta en el estreñimiento funcional infantil:
El fisioterapeuta puede desempeñar un papel complementario dentro del equipo multidisciplinar, especialmente en aquellos niños en los que se identifican alteraciones funcionales relacionadas con la coordinación abdominopélvica, la postura o la mecánica de la defecación⁵˒⁸˒⁹.
Su intervención puede integrar los hallazgos obtenidos durante la valoración para seleccionar y adaptar las estrategias terapéuticas a las necesidades del niño. Entre ellas se encuentran el entrenamiento funcional del suelo pélvico y la coordinación abdominoperineal, los ejercicios respiratorios, el ejercicio terapéutico, la reeducación postural y defecatoria y, cuando esté indicado, determinadas técnicas manuales⁵˒⁶˒⁸.
La educación constituye asimismo un componente relevante de su actuación. El fisioterapeuta puede proporcionar al niño y a sus cuidadores herramientas para incorporar las estrategias aprendidas a la vida cotidiana, favorecer la adherencia y promover progresivamente la participación y autonomía del niño⁸˒⁹.
La intervención debe coordinarse con el pediatra y, cuando sea necesario, con gastroenterología pediátrica y otros profesionales implicados. Esta coordinación resulta especialmente importante ante síntomas persistentes, sospecha de defecación disinérgica o respuesta insuficiente al tratamiento convencional⁹˒¹⁰.
En definitiva, el papel del fisioterapeuta no se limita a la aplicación de una técnica específica, sino que comprende la valoración funcional, selección individualizada de intervenciones, educación y seguimiento, dentro de un abordaje multidisciplinar en el que el tratamiento médico convencional continúa constituyendo la base del manejo del estreñimiento funcional infantil⁵˒⁸˒⁹.
DISCUSIÓN
El estreñimiento funcional constituye un problema frecuente durante la infancia y presenta un origen multifactorial en el que pueden intervenir factores fisiológicos, conductuales, dietéticos y ambientales. La presencia de defecación dolorosa y las consiguientes conductas de retención pueden favorecer la perpetuación de los síntomas, generando un círculo de dolor, evitación de la evacuación y acumulación fecal que puede mantenerse en el tiempo¹˒³˒⁴.
El tratamiento convencional continúa constituyendo la base del abordaje del estreñimiento funcional infantil e incluye educación, entrenamiento de hábitos defecatorios y tratamiento farmacológico cuando está indicado. Las recomendaciones actuales también destacan la importancia de mantener una alimentación equilibrada, una ingesta de líquidos y fibra adecuada para la edad y niveles normales de actividad física. La fisioterapia debe, por tanto, entenderse como una intervención complementaria integrada dentro de este abordaje global y no como sustituta del tratamiento médico establecido¹˒⁹.
En los últimos años ha aumentado el interés por las intervenciones fisioterapéuticas dirigidas a diferentes componentes funcionales relacionados con la defecación. El entrenamiento del suelo pélvico y de la coordinación abdominopélvica, el ejercicio terapéutico, determinadas técnicas manuales y la educación postural constituyen algunas de las estrategias estudiadas en población pediátrica⁵˒⁶˒⁸.
La fisioterapia del suelo pélvico representa una de las intervenciones de mayor interés, especialmente en aquellos niños que presentan dificultades de coordinación durante la defecación. Desde una perspectiva funcional, el objetivo no consiste únicamente en incrementar la fuerza muscular, sino en favorecer la capacidad para relajar adecuadamente el suelo pélvico y coordinar esta relajación con el incremento de la presión intraabdominal necesario para facilitar la evacuación⁴˒⁵.
Los resultados de los ensayos clínicos, sin embargo, no son completamente homogéneos. El ensayo multicéntrico de van Engelenburg-van Lonkhuyzen et al. encontró mejores resultados al combinar fisioterapia pelviperineal con el tratamiento médico convencional que con el tratamiento convencional aislado11. Estos hallazgos apoyan la posible utilidad de una intervención específicamente dirigida a los mecanismos funcionales implicados en la defecación.
En contraste, el ensayo pragmático de van Summeren et al., desarrollado posteriormente en atención primaria, no encontró una mejora estadísticamente significativa del criterio principal de éxito terapéutico al añadir fisioterapia al tratamiento convencional, aunque la mejoría global comunicada por los padres fue mayor en el grupo de fisioterapia⁷. Esta discrepancia sugiere que los efectos de la intervención pueden depender de factores como la selección de los pacientes, las características del tratamiento aplicado y los criterios utilizados para definir el éxito terapéutico.
En pacientes con alteraciones específicas de la coordinación defecatoria, los resultados también resultan de interés. El estudio retrospectivo realizado en niños con defecación disinérgica encontró mejoría de los síntomas en el 76% de quienes recibieron fisioterapia del suelo pélvico frente al 25% de los tratados únicamente con tratamiento médico¹⁰. No obstante, su diseño observacional impide establecer conclusiones con el mismo nivel de certeza que un ensayo clínico aleatorizado.
La evidencia global más reciente ofrece resultados prometedores. Una revisión sistemática y metaanálisis de 2025 que incluyó 13 ensayos clínicos aleatorizados y 997 niños encontró efectos favorables de distintas modalidades de fisioterapia sobre variables como la frecuencia de las deposiciones, la defecación dolorosa, la incontinencia fecal y la calidad de vida. No obstante, el análisis específico del biofeedback no mostró diferencias significativas frente a los grupos control⁵.
Este último aspecto resulta especialmente relevante, ya que pone de manifiesto que no todas las modalidades fisioterapéuticas pueden considerarse igualmente eficaces. La utilización de técnicas específicas debe responder a las necesidades funcionales del niño y apoyarse en una valoración individualizada, evitando generalizar los resultados obtenidos con una intervención determinada al conjunto de pacientes con estreñimiento funcional.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026, que incluyó siete ensayos clínicos y 775 participantes, encontró también resultados favorables sobre determinados desenlaces clínicos, especialmente la defecación dolorosa, la consistencia fecal y la calidad de vida. Sin embargo, los autores destacaron una considerable heterogeneidad entre los estudios en relación con el tipo de intervención, duración e intensidad de los programas, tratamientos concomitantes e instrumentos utilizados para evaluar los resultados⁸.
El ejercicio terapéutico y la promoción de la actividad física pueden incorporarse dentro del abordaje fisioterapéutico, especialmente como parte de programas multimodales. Sin embargo, las recomendaciones actuales aconsejan mantener niveles normales de actividad física adecuados para la edad y no permiten afirmar que incrementar el ejercicio por encima de dichas recomendaciones constituya por sí mismo un tratamiento específico del estreñimiento funcional⁹.
Del mismo modo, el masaje abdominal y determinadas técnicas de terapia manual han mostrado resultados potencialmente favorables, pero la heterogeneidad de las intervenciones estudiadas aconseja interpretar estos resultados con prudencia. Estas estrategias deben considerarse herramientas complementarias dentro de programas individualizados y no tratamientos aislados con eficacia establecida⁵˒⁶˒⁸.
Otro aspecto especialmente relevante es la reeducación de los hábitos defecatorios. La instauración de rutinas, una postura estable durante la defecación y la educación del niño y de sus cuidadores forman parte del manejo conservador. La participación familiar resulta fundamental para mantener estas medidas y favorecer la adherencia al tratamiento¹˒³˒⁹.
Desde la perspectiva fisioterapéutica, la combinación de educación, entrenamiento postural, respiración, conciencia corporal y coordinación abdominopélvica permite abordar diferentes componentes funcionales que pueden estar alterados en determinados niños. No obstante, la intervención debe individualizarse según la edad, capacidad de colaboración y características clínicas del paciente⁵˒⁶˒⁸.
Las recomendaciones conjuntas de ESPGHAN y NASPGHAN de 2026 reflejan la necesidad de mantener una interpretación prudente de la evidencia al considerar la fisioterapia del suelo pélvico como una intervención adyuvante mediante una recomendación condicional sustentada en evidencia de baja certeza. Asimismo, plantean considerar la derivación a fisioterapia pelviperineal pediátrica cuando exista sospecha de defecación disinérgica en niños con una edad de desarrollo igual o superior a seis años⁹.
Entre las principales limitaciones de la evidencia disponible destaca la heterogeneidad de las intervenciones fisioterapéuticas estudiadas. Bajo el concepto de fisioterapia se agrupan protocolos diferentes que pueden incluir ejercicio terapéutico, entrenamiento del suelo pélvico, biofeedback, técnicas manuales, electroestimulación, educación o combinaciones de varias estrategias. Esta diversidad dificulta determinar qué componentes son responsables de los beneficios observados⁵˒⁸.
Asimismo, existen diferencias en las edades de los participantes, duración de los tratamientos, características clínicas, tratamientos concomitantes y variables utilizadas para evaluar los resultados. Estas limitaciones dificultan la comparación directa entre estudios y la elaboración de protocolos fisioterapéuticos estandarizados aplicables a toda la población pediátrica⁵˒⁸.
En conjunto, la evidencia disponible sugiere que la fisioterapia puede desempeñar un papel complementario dentro del abordaje multidisciplinar del estreñimiento funcional infantil, particularmente en pacientes seleccionados y cuando existen alteraciones funcionales relacionadas con la mecánica defecatoria o la coordinación del suelo pélvico. Sin embargo, resulta necesario continuar desarrollando ensayos clínicos de mayor calidad metodológica que permitan identificar qué pacientes pueden beneficiarse especialmente de estas intervenciones y establecer protocolos terapéuticos más homogéneos⁵˒⁸˒⁹.
CONCLUSIONES
El estreñimiento funcional infantil constituye un trastorno frecuente y de origen multifactorial que puede repercutir sobre el bienestar físico, emocional y social del niño. La defecación dolorosa y las conductas de retención pueden contribuir al mantenimiento de los síntomas, favoreciendo un círculo de dolor, evitación de la evacuación y acumulación fecal.
El abordaje terapéutico debe ser individualizado y multidisciplinar, manteniendo como pilares fundamentales la educación sanitaria, la adquisición de hábitos defecatorios adecuados y el tratamiento médico cuando esté indicado. Dentro de este contexto, la fisioterapia puede desempeñar un papel complementario, especialmente en aquellos niños que presentan alteraciones funcionales relacionadas con la mecánica de la defecación y la coordinación abdominopélvica.
Las intervenciones fisioterapéuticas pueden incluir el entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico y de su adecuada relajación durante la evacuación, la coordinación entre musculatura abdominal y perineal, el ejercicio terapéutico, los ejercicios respiratorios, la reeducación postural y, en determinados casos, técnicas como el masaje abdominal. La educación del niño y de sus cuidadores constituye asimismo un componente relevante para favorecer la adherencia y la incorporación de hábitos adecuados en la vida cotidiana.
La evidencia científica disponible muestra resultados prometedores para algunas modalidades fisioterapéuticas, particularmente cuando se integran dentro de programas multimodales. Sin embargo, los resultados no son uniformes para todas las intervenciones y existe una considerable heterogeneidad en los protocolos terapéuticos estudiados, las características de los participantes y las variables utilizadas para evaluar los resultados.
Por ello, la fisioterapia no debe considerarse un tratamiento sustitutivo del manejo pediátrico convencional, sino una intervención adyuvante e individualizada que puede resultar beneficiosa en pacientes seleccionados y que debe adaptarse a la edad, capacidad de colaboración y características funcionales de cada niño.
Finalmente, resulta necesario continuar desarrollando investigaciones de mayor calidad metodológica que permitan determinar qué intervenciones fisioterapéuticas presentan mayor eficacia, identificar los perfiles de pacientes que pueden beneficiarse especialmente de ellas y establecer protocolos terapéuticos más homogéneos para el abordaje del estreñimiento funcional infantil.
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ANEXOS
TABLA 1. Principales características del estreñimiento funcional infantil:
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TABLA 2. Principales intervenciones fisioterapéuticas en el estreñimiento funcional infantil:
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