Intervenciones no farmacológicas para mejorar el sueño en personas mayores: revisión narrativa

18 junio 2026

 

AUTORES

  1. Sara Chocarro Arróniz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
  2. Saioa García Gorria. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
  3. Amaia Lacalle Martínez. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.

 

RESUMEN

Introducción: El sueño experimenta cambios fisiológicos con la edad, caracterizados por una mayor fragmentación y una disminución de su profundidad. Aunque estos cambios forman parte del envejecimiento, pueden afectar al bienestar físico y emocional de las personas mayores, haciendo necesario identificar estrategias que favorezcan un descanso adecuado¹⁻³.

Objetivo: Analizar intervenciones no farmacológicas, accesibles y basadas en hábitos cotidianos, que contribuyan a mejorar la calidad del sueño en personas mayores.

Metodología: Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica relacionada con el sueño en personas mayores y las intervenciones no farmacológicas orientadas a su mejora. Se consultaron artículos científicos, revisiones y documentos clínicos relacionados con hábitos de vida, factores ambientales y recursos naturales⁴˒⁵.

Resultados: Las principales intervenciones identificadas incluyen el mantenimiento de horarios regulares, la optimización del ambiente del dormitorio y la incorporación de rutinas relajantes antes de acostarse. Asimismo, una alimentación adecuada, la limitación de estimulantes y el uso prudente de recursos naturales pueden favorecer un descanso más reparador⁶⁻⁸.

Discusión- Conclusiones: Las intervenciones no farmacológicas representan una estrategia eficaz, segura y accesible para mejorar la calidad del sueño en personas mayores. La adopción de hábitos saludables y la adecuación del entorno pueden mejorar significativamente el bienestar y la calidad de vida⁹˒¹⁰.

PALABRAS CLAVE

Sueño, anciano, terapias complementarias, higiene del sueño, fitoterapia, enfermería.

ABSTRACT

Introduction: Sleep undergoes physiological changes during aging, including increased fragmentation, reduced sleep depth and greater frequency of nocturnal awakenings¹⁻³. Although these changes are considered part of the normal aging process, they may negatively affect physical, emotional and cognitive well-being in older adults.

Objective: To analyze accessible and non-pharmacological interventions aimed at improving sleep quality in older adults.

Methodology: A narrative review of the scientific literature related to sleep in older adults and non-pharmacological interventions to improve sleep quality was conducted⁴˒⁵. Scientific articles, reviews and clinical publications related to lifestyle habits, environmental factors and natural resources were included.

Results: The main interventions identified included maintaining regular sleep schedules, optimizing the sleeping environment and incorporating relaxing bedtime routines. In addition, adequate nutrition, limiting stimulant substances and the prudent use of natural resources may contribute to more restorative sleep⁶⁻⁸.

Discussion- Conclusions: Non-pharmacological interventions represent effective, safe and accessible strategies to improve sleep quality in older adults. The adoption of healthy habits and the adaptation of the environment can significantly improve well-being and quality of life⁹˒¹⁰.

KEY WORDS

Sleep, aged, complementary therapies, sleep hygiene, phytotherapy, nursing.

INTRODUCCIÓN

El sueño constituye una necesidad fisiológica fundamental para mantener el equilibrio físico, psicológico y emocional en todas las etapas de la vida¹. En las personas mayores, el descanso adquiere una especial relevancia debido a su estrecha relación con la funcionalidad, la calidad de vida y el bienestar general².

Con el envejecimiento se producen modificaciones fisiológicas en la arquitectura del sueño, caracterizadas por una disminución del sueño profundo, despertares nocturnos más frecuentes y una mayor fragmentación del descanso³. Además, suele observarse una reducción de la eficiencia del sueño y cambios en los ritmos circadianos que favorecen un despertar más temprano⁴. Los principales cambios fisiológicos asociados al envejecimiento se resumen en la Tabla 1.

Aunque estas modificaciones forman parte del proceso natural de envejecimiento, en numerosas ocasiones repercuten negativamente en la salud física y emocional de las personas mayores⁵. La alteración mantenida del sueño puede asociarse a fatiga, deterioro cognitivo, alteraciones del estado de ánimo, disminución de la capacidad funcional y aumento del riesgo de caídas⁶˒⁷.

El descanso nocturno está influido por múltiples factores relacionados entre sí. Entre ellos destacan los hábitos de vida, la actividad física, la alimentación, el estado emocional, las enfermedades crónicas y el entorno donde duerme la persona⁸. En la población mayor, la presencia de patologías asociadas, la polimedicación y los cambios sociales o familiares pueden aumentar aún más las dificultades para dormir⁹.

En este contexto, las intervenciones no farmacológicas adquieren una especial importancia como estrategia inicial para mejorar la calidad del sueño¹⁰. Estas medidas permiten abordar las alteraciones del descanso mediante hábitos saludables y cambios sencillos en la rutina diaria, evitando en muchos casos el uso innecesario de fármacos hipnóticos¹¹.

Diversos estudios han demostrado que las medidas relacionadas con la higiene del sueño constituyen una herramienta eficaz para mejorar el descanso nocturno¹². Mantener horarios regulares, limitar las siestas prolongadas, realizar actividad física moderada y crear un ambiente tranquilo en el dormitorio son algunas de las recomendaciones más utilizadas¹³.

Asimismo, las actividades relajantes previas al sueño pueden favorecer una disminución de la activación física y mental, facilitando la conciliación del sueño¹⁴. Entre ellas destacan la lectura ligera, la música suave, las técnicas de respiración y los ejercicios de relajación¹⁵.

Por otro lado, determinados recursos naturales como infusiones, preparados fitoterapéuticos o aromaterapia son utilizados frecuentemente por las personas mayores como complemento a las medidas conductuales¹⁶. Aunque su eficacia puede variar, algunos estudios sugieren beneficios leves en la reducción de la ansiedad y la mejora subjetiva del descanso¹⁷.

La enfermería desempeña un papel fundamental en la educación sanitaria y en la promoción de hábitos saludables relacionados con el sueño¹⁸. La identificación de factores que alteran el descanso y la aplicación de recomendaciones adaptadas a cada persona permiten mejorar la calidad del sueño desde un enfoque integral¹⁹.

El objetivo de este trabajo es analizar las principales intervenciones no farmacológicas orientadas a mejorar la calidad del sueño en personas mayores, destacando aquellas medidas accesibles y aplicables en el entorno cotidiano.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Analizar las intervenciones no farmacológicas que contribuyen a mejorar la calidad del sueño en personas mayores.

 

Objetivos específicos:

  • Describir los cambios fisiológicos del sueño asociados al envejecimiento.
  • Identificar factores cotidianos que influyen en la calidad del descanso.
  • Analizar intervenciones relacionadas con hábitos saludables y rutinas diarias.
  • Describir la utilidad de recursos naturales utilizados como apoyo al sueño.
  • Destacar el papel de enfermería en la educación sanitaria relacionada con el descanso nocturno.
  • Proponer recomendaciones prácticas adaptadas a las necesidades de las personas mayores.

 

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica relacionada con el sueño en personas mayores y las intervenciones no farmacológicas orientadas a su mejora²⁰. La búsqueda bibliográfica se efectuó mediante la consulta de bases de datos biomédicas como PubMed, Scopus, SciELO y CINAHL¹.

Se incluyeron artículos científicos, revisiones narrativas, revisiones sistemáticas y documentos clínicos publicados en español e inglés durante los últimos quince años relacionados con el envejecimiento, la higiene del sueño, las intervenciones conductuales y el uso de recursos naturales².

Los criterios de inclusión contemplaron publicaciones relacionadas con personas mayores de 65 años y estudios centrados en medidas no farmacológicas destinadas a mejorar la calidad del sueño³. Se excluyeron aquellos artículos centrados exclusivamente en tratamientos farmacológicos o patologías psiquiátricas graves⁴.

Tras la revisión de la literatura disponible, se seleccionaron las intervenciones con mayor aplicabilidad práctica en el ámbito domiciliario y comunitario⁵. Posteriormente, la información fue organizada en categorías temáticas relacionadas con hábitos de vida, ambiente del dormitorio, alimentación, rutinas relajantes y recursos naturales⁶.

El análisis tuvo un enfoque descriptivo y orientado a sintetizar recomendaciones sencillas y accesibles basadas en la evidencia científica disponible⁷.

 

RESULTADOS

La revisión realizada permitió identificar diferentes intervenciones no farmacológicas que influyen de manera significativa en la calidad del sueño de las personas mayores⁸. Las principales intervenciones no farmacológicas identificadas se resumen en la Tabla 2.

1. Rutinas y horarios regulares:

Uno de los aspectos más relevantes para mejorar el descanso es mantener horarios regulares de sueño y vigilia⁹. Acostarse y levantarse a la misma hora favorece la sincronización del ritmo circadiano y ayuda al organismo a reconocer los momentos de descanso¹⁰.

La irregularidad horaria puede alterar los mecanismos fisiológicos del sueño y favorecer despertares nocturnos o dificultad para conciliar el sueño¹¹. Asimismo, las siestas prolongadas durante el día pueden disminuir la presión homeostática del sueño y empeorar el descanso nocturno¹².

Diversos estudios señalan que limitar las siestas a menos de treinta minutos y evitar dormir en horarios tardíos mejora significativamente la calidad del sueño en personas mayores¹³.

2. Actividad física y exposición a la luz natural:

La realización de actividad física moderada se relaciona con una mejora de la calidad del sueño y una disminución del insomnio¹⁴. Caminar, realizar ejercicios suaves o participar en actividades grupales favorece el bienestar físico y psicológico¹⁵.

La exposición diaria a la luz natural también desempeña un papel fundamental en la regulación de los ritmos circadianos¹⁶. Permanecer tiempo al aire libre durante el día ayuda a mantener una adecuada sincronización del ciclo sueño-vigilia¹⁷.

Por el contrario, el sedentarismo y el aislamiento social se asocian con mayor fragmentación del sueño y peor percepción del descanso¹⁸.

3. Ambiente del dormitorio:

El entorno físico influye de forma directa en la calidad del sueño¹⁹. Un dormitorio silencioso, con temperatura confortable y baja intensidad lumínica favorece la conciliación del sueño y disminuye los despertares nocturnos²⁰.

La comodidad de la cama, el colchón y la almohada también constituye un factor importante¹. Asimismo, se recomienda limitar el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse debido a la exposición a luz azul y a la estimulación cognitiva asociada².

Las rutinas estables antes de dormir ayudan al organismo a asociar determinados estímulos con el momento de descanso³.

4. Actividades relajantes:

Las actividades relajantes previas al sueño constituyen una estrategia sencilla y eficaz para favorecer la conciliación del sueño⁴. Entre las más utilizadas destacan la lectura ligera, la música suave, la meditación, las técnicas de respiración y los baños templados⁵.

Estas actividades disminuyen la activación fisiológica y favorecen una sensación de bienestar y relajación⁶. La reducción del estrés y la ansiedad también se asocia con una mejora significativa del descanso nocturno⁷.

5. Alimentación y hábitos saludables:

La alimentación desempeña un papel importante en la calidad del sueño⁸. Las cenas ligeras y realizadas con suficiente antelación favorecen una mejor digestión y disminuyen las molestias gastrointestinales nocturnas⁹.

Se recomienda evitar bebidas estimulantes como café, té o bebidas energéticas durante la tarde y la noche¹⁰. Asimismo, el consumo de alcohol puede alterar la estructura del sueño y favorecer despertares frecuentes¹¹.

La hidratación adecuada y una alimentación equilibrada también contribuyen al bienestar general y al descanso nocturno¹².

6. Recursos naturales y fitoterapia:

El uso de recursos naturales constituye una práctica frecuente entre las personas mayores¹³. Las infusiones de valeriana, tila, pasiflora o melisa son utilizadas tradicionalmente como complemento relajante¹⁴.

Asimismo, algunos preparados fitoterapéuticos y aceites esenciales empleados en aromaterapia, especialmente la lavanda, pueden contribuir a generar una sensación subjetiva de relajación¹⁵.

No obstante, diversos autores señalan la necesidad de utilizar estos productos con prudencia debido al riesgo de interacciones farmacológicas en personas polimedicadas¹⁶. Por ello, se recomienda consultar con profesionales sanitarios antes de iniciar su utilización¹⁷.

7. Papel de enfermería:

La enfermería desempeña un papel esencial en la promoción de hábitos saludables relacionados con el sueño¹⁸. La educación sanitaria permite identificar factores que alteran el descanso y ofrecer recomendaciones individualizadas adaptadas a cada persona¹⁹.

Además, el acompañamiento y el apoyo emocional favorecen la adherencia a las medidas no farmacológicas y contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas mayores²⁰.

 

DISCUSIÓN-CONCLUSIONES

Los resultados obtenidos muestran que las intervenciones no farmacológicas representan una herramienta eficaz y accesible para mejorar la calidad del sueño en personas mayores¹. La literatura científica actual destaca la importancia de adoptar un enfoque integral basado en hábitos saludables, modificaciones ambientales y educación sanitaria².

El mantenimiento de horarios regulares y la exposición adecuada a la luz natural son aspectos fundamentales para regular el ritmo circadiano y favorecer un sueño más estable³. Del mismo modo, la actividad física moderada ha demostrado beneficios tanto físicos como psicológicos relacionados con el descanso nocturno⁴.

Las medidas relacionadas con la higiene del sueño presentan una elevada aplicabilidad en el entorno domiciliario y constituyen una alternativa segura frente al uso prolongado de fármacos hipnóticos⁵. Aunque en algunos casos pueden ser necesarias intervenciones farmacológicas, las recomendaciones conductuales deberían considerarse la primera línea de actuación⁶.

Por otro lado, el uso de recursos naturales continúa siendo frecuente entre las personas mayores⁷. Aunque algunos preparados herbales pueden aportar beneficios subjetivos, la evidencia científica disponible todavía es limitada y debe considerarse con prudencia⁸.

La educación sanitaria realizada por enfermería resulta fundamental para promover hábitos saludables y prevenir conductas que alteren el sueño⁹. La valoración individualizada permite adaptar las recomendaciones a las necesidades específicas de cada persona y mejorar la adherencia a las medidas propuestas¹⁰.

Asimismo, el abordaje integral del sueño debe contemplar aspectos emocionales y sociales que pueden influir en el descanso nocturno, especialmente en situaciones de soledad, ansiedad o dependencia¹¹. Entre las limitaciones de esta revisión destaca el carácter narrativo del estudio y la heterogeneidad metodológica de algunas publicaciones incluidas.

El sueño constituye un elemento fundamental para la salud y el bienestar de las personas mayores¹². Aunque el envejecimiento se asocia a cambios fisiológicos en la arquitectura del sueño, existen múltiples estrategias no farmacológicas capaces de mejorar significativamente la calidad del descanso¹³.

Las medidas relacionadas con la higiene del sueño, el mantenimiento de rutinas estables, la actividad física moderada y la adecuación del entorno representan intervenciones sencillas, accesibles y eficaces¹⁴. Asimismo, las actividades relajantes y algunos recursos naturales pueden actuar como complemento dentro de un enfoque integral¹⁵.

La enfermería desempeña un papel clave en la educación sanitaria y en la promoción de hábitos saludables relacionados con el sueño¹⁶. La aplicación individualizada de estas recomendaciones permite favorecer un descanso más reparador y mejorar la calidad de vida de las personas mayores¹⁷. La promoción de intervenciones no farmacológicas desde enfermería puede contribuir a reducir el uso innecesario de hipnóticos en personas mayores.

 

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ANEXOS

Tabla 1. Principales cambios del sueño asociados al envejecimiento.
Cambios fisiológicos Consecuencias
Mayor fragmentación del sueño Despertares frecuentes
Disminución del sueño profundo Menor sensación reparadora
Despertar precoz Alteración del ritmo circadiano
Menor eficiencia del sueño Fatiga diurna

Fuente: elaboración propia a partir de la bibliografía revisada.

 

Tabla 2. Intervenciones no farmacológicas para mejorar el sueño.
Intervención Beneficio principal
Horarios regulares Regulación circadiana
Actividad física moderada Mejora del descanso
Rutinas relajantes Disminución de ansiedad
Ambiente adecuado Favorece conciliación
Cena ligera Reduce molestias nocturnas
Fitoterapia Sensación subjetiva de relajación

Fuente: elaboración propia a partir de la bibliografía revisada.

 

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