- Óscar Fernández Alquezar. Graduado en Enfermería. Graduado en Fisioterapia. Enfermero en Urgencias y Emergencias de la Gerencia 061 Aragón, España.
- Víctor Gracia Alonso. Graduado en Enfermería. Enfermero de Atención Continuada en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- M. Inmaculada Muniesa Navarro. Enfermera Especialista en Familiar y Comunitaria. Enfermera de Atención Primaria en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- Alberto Salesa Albalate. Enfermero Especialista en Familiar y Comunitaria. Enfermero de Atención Primaria en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- Lorena Chaves Bermejo. Graduada en Enfermería. Enfermera de Atención Continuada en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- Marta Pastor Sanz. Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Máster en Salud Pública por la Universidad de Zaragoza. Centro de Salud María de Huerva, Zaragoza, España.
RESUMEN
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad crónica, inflamatoria y desmielinizante del sistema nervioso central (SNC) e invalidante que afecta en la mayoría de los casos a adultos jóvenes, especialmente mujeres, entre los 20 y 40 años. Es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunológico ataca la mielina, una sustancia que recubre y protege las fibras nerviosas, provocando una alteración en la conducción de los impulsos nerviosos1.
PALABRAS CLAVE
Prevalencia, síntomas, tratamiento, desmielinizante, esclerosis múltiple, calidad de vida.
ABSTRACT
Multiple sclerosis (MS) is a chronic, inflammatory, and demyelinating disease of the central nervous system (CNS), leading to disability, that predominantly affects young adults, particularly women between 20 and 40 years of age. It is an autoimmune disorder in which the immune system targets myelin, the substance that insulates and protects nerve fibers, thereby disrupting the conduction of nerve impulses.
KEY WORDS
Prevalence, symptoms, treatment, demyelinating, multiple sclerosis, quality of life.
DESARROLLO DEL TEMA
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad crónica, inflamatoria y desmielinizante del sistema nervioso central (SNC) e invalidante que afecta en la mayoría de los casos a adultos jóvenes, especialmente mujeres, entre los 20 y 40 años. Es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunológico ataca la mielina, una sustancia que recubre y protege las fibras nerviosas, provocando una alteración en la conducción de los impulsos nerviosos1.
Por el momento, causa exacta aún no se conoce, se ha ido observando que factores genéticos, ambientales e inmunológicos influyen en su desarrollo. La EM es denominada como la “enfermedad de las mil caras”. Puede presentarse con síntomas muy diversos, dependiendo de las áreas del SNC afectadas, lo que la convierte en una enfermedad impredecible y heterogénea en su evolución2.
La prevalencia de la esclerosis múltiple varía significativamente según la región geográfica. Se ha observado una mayor incidencia en países del hemisferio norte, especialmente en Europa, América del Norte y partes de Oceanía, mientras que es menos común en Asia, África y zonas tropicales3. Esta distribución ha llevado a investigar el papel de factores ambientales como la exposición solar, los niveles de vitamina D e infecciones virales, como el virus de Epstein-Barr (Mononucleosis)4.
Se estima que más de 2,8 millones de personas en el mundo viven con EM, y en los últimos años, los avances en el diagnóstico han contribuido a un aumento en las cifras reportadas5. En España, por ejemplo, la prevalencia se sitúa entre 80 y 125 casos por cada 100.000 habitantes6.
La etiología de la EM es multifactorial. Aunque no se considera una enfermedad hereditaria, puede existir una predisposición genética. Por tanto, tener un familiar de primer grado con EM aumenta el riesgo de desarrollarla si se compara con la población general7. Se han identificado varios genes, especialmente los relacionados con el complejo mayor de histocompatibilidad (HLA), como el HLA-DRB1*15:01, que confieren susceptibilidad8.
Entre los factores ambientales, destaca la deficiencia de vitamina D, cuya producción depende en gran medida de la exposición solar. Se ha observado que personas que viven en latitudes altas tienen mayor riesgo de desarrollar EM, posiblemente debido a menores niveles de esta vitamina9. Asimismo, infecciones virales, como la mononucleosis infecciosa causada por el virus de Epstein-Barr, se asocia con un aumento significativo del riesgo10.
El tabaquismo también se ha identificado como un factor de riesgo importante, no solo para la aparición de la enfermedad, sino también para su progresión11.
La EM se caracteriza por una respuesta inmune anómala en la que los linfocitos T autorreactivos atraviesan la barrera hematoencefálica e inducen una cascada inflamatoria que daña la mielina y, en fases más avanzadas, también el axón12. El resultado es la formación de placas o lesiones en distintas áreas del SNC, especialmente en la sustancia blanca del cerebro, el tronco encefálico y la médula espinal13.
Con el tiempo, el proceso inflamatorio cede paso a una neurodegeneración progresiva, lo que explica la aparición de síntomas más permanentes y discapacitantes en fases avanzadas14.
La EM se clasifica en varios tipos, según su curso clínico:
Esclerosis múltiple remitente-recurrente (EMRR): es la forma más común, presente en aproximadamente el 85 % de los casos al momento del diagnóstico. Se caracteriza por la aparición de brotes o recaídas seguidos de períodos de remisión15.
Esclerosis múltiple secundaria progresiva (EMSP): puede desarrollarse tras años de EMRR. Se produce un empeoramiento progresivo con o sin brotes16.
Esclerosis múltiple primaria progresiva (EMPP): afecta a cerca del 10-15 % de los pacientes. Desde el inicio, la enfermedad progresa sin períodos de remisión17.
Esclerosis múltiple progresiva con recaídas (EMPR): es una forma menos común, con progresión desde el inicio, pero con brotes evidentes18.
Los síntomas de la EM son variados y dependen de la localización de las lesiones en el SNC. Algunos de los más comunes incluyen:
- Fatiga intensa y persistente.
- Problemas de visión, como neuritis óptica.
- Debilidad muscular.
- Dificultades en la coordinación y el equilibrio.
- Espasticidad.
- Trastornos cognitivos y del estado de ánimo.
- Alteraciones en el control vesical e intestinal19.
La evolución de los síntomas es impredecible. En algunos pacientes, los síntomas pueden desaparecer completamente tras un brote, mientras que en otros pueden dejar secuelas de manera permanente20.
El diagnóstico de EM se logra mediante la resonancia magnética (RM), que permite visualizar las lesiones activas y antiguas21. Los criterios de McDonald han mejorado la sensibilidad diagnóstica, permitiendo confirmar la enfermedad con una mayor rapidez22.
Otras pruebas diagnósticas incluyen el análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR), en busca de bandas oligoclonales, y los potenciales evocados visuales o somatosensoriales23.
Actualmente esta enfermedad no tiene cura, pero sí hay diversos tratamientos que modifican el curso de la enfermedad, reducen la frecuencia y gravedad de los brotes y ralentizan la progresión del daño neurológico24.
Los tratamientos se dividen en:
- Tratamientos modificadores de la enfermedad. (interferones beta, acetato de glatiramero, fingolimod, natalizumab, ocrelizumab.
- Fármacos inmunomoduladores.
- Inmunosupresores25.
Tratamientos sintomáticos: orientados a controlar la espasticidad, el dolor, la fatiga o los problemas urinarios26.
Rehabilitación: fisioterapia, terapia ocupacional y apoyo psicológico son fundamentales para mantener una buena calidad de vida27.
El abordaje terapéutico debe ser individualizado
El pronóstico y la calidad de vida en la EM ha mejorado notablemente gracias a los avances en el diagnóstico precoz y en el tratamiento. No obstante, sigue siendo una enfermedad crónica con impacto físico, emocional y social significativo28. La progresión de la discapacidad, especialmente en las formas progresivas, puede llevar a una pérdida importante de autonomía29.
El apoyo multidisciplinar, la adherencia al tratamiento y los estilos de vida saludables (como la actividad física, el descanso y la eliminación del tabaco) son clave para mejorar la calidad de vida de los pacientes30.
CONCLUSIÓN
La esclerosis múltiple es una enfermedad que plantea importantes desafíos tanto en su diagnóstico como en su tratamiento. Los cuidados para mejorar la calidad de vida de estos pacientes deben ser individualizados y abordando toda la esfera biopsicosocial, ya que es la “enfermedad de las mil caras”. La investigación continúa siendo esencial para encontrar nuevas terapias, identificar biomarcadores y, eventualmente, alcanzar una cura definitiva.
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